viernes, 15 de septiembre de 2017

Coro de ausentes \ TURBA


Animal irritado,
el invierno desvela.
Las ráfagas de agua
contra los vidrios. Viento que enloquece
la copa de los árboles en las calles.
La cama se transforma en balsa
que las olas someten
a su capricho. El sueño, un invitado
cuya ausencia abandona
el mantel extendido,
en orden los cubiertos,
los platos limpios, gélido
y lleno el cuenco de la sopa.

Un animal herido que despliega

su nihilismo por las noches.
Revuelve sábanas y pensamientos,
altera percepciones. Desorienta.
Destierra los silencios.

En la memoria busco un mástil

de velero abismándose
que me sujete como a náufrago
de cómic infantil.

lunes, 11 de septiembre de 2017

1903

Antonín Dvořák se siente enfermo 

Ya mayor y fatigado, el músico cruza al anochecer el Puente Carlos en dirección a la Ciudad Vieja. Con frecuencia llueve. Pero el chasquido del agua contra los adoquines, el chapoteo de sus pasos y la música que en su cabeza tararea, un movimiento de cierta sinfonía que recuerda con agrado, quedan ocultos bajo el fragor de la corriente del Moldava al impactar contra los pilares. Camina hasta una iglesuela donde le aguardan un órgano y la soledad. El párroco le ha dejado la llave. Ahí se recoge a veces por encontrar quien fue y regresar a su interior.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Coro de ausentes \ XILÓFONO


Del paciente observar
cómo las aves se detienen
en el alféizar, un instante,
igual que ellas viven detenidas,
y luego echan a volar con gesto
simple, sin aspavientos,
sin contorsiones, se despliegan
las alas, vuelan, las campanas
aprenden a sonar.
                            Un vuelo
que no las mueve del lugar
donde están aunque se desprendan
de lo que vuela, los sonidos.

No vuelan las campanas

para que vuele su hablar. La voz.
Mejor, su exacto decir.
En el soñarse aves, con paciencia,
afinan las campanas
la música que acoge al tiempo,
ese volar. El ya no estoy.
Las aves que han partido.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Coro de ausentes \ WOLFRAMIO


La lámpara ilumina
las páginas del libro, el resto queda
en penumbra.
Las palabras, actrices en escena,
interpretan y cantan para dos
ojos. Su público de sombras
lo forman el armario, un cuadro, apliques,
las mesillas de noche, las cortinas
y la alfombra. Platea idéntica
a cualquier patio de butacas
de un teatro cualquiera donde
una sola persona vea lo que acontece.
Es el pequeño
milagro de la poesía.
No existen los plurales.

Lo que alguien escribió, quizá
a la luz de una vela en otro siglo,
quedó escrito solo para un lector.
Cuando lo lee, cobra luz. Y arrojo.

jueves, 31 de agosto de 2017

31 de agosto


Nunca he sentido nostalgia los domingos por la tarde ni cuando acaban las fiestas, aunque siempre tuve un leve pesar al final de agosto. Un recuerdo que me queda de niño. Tras pasar un mes entero lejos de la ciudad, en el campo, la familia emprendía la tarea de recogerlo todo e iniciar el gran viaje de regreso. Aquellos días aprendí algo sobre el ciego caminar del tiempo, al que nada le importa que uno esté bien o mal. Él, a lo suyo. Descubrí con melancolía que el tiempo no solo quita tiempo, sino, y sobre todo, nos arrebata lugares.

martes, 29 de agosto de 2017

Teoría de la brevedad | 2


El ojo que no pestañea, ¿no ve cuando nos está mirando? El ojo quieto sobre el trípode. Mudo, aunque registre el sonido. ¿Nos estará escuchando cuando nos oiga? No hay nadie dentro ni fuera de la cámara; ella, ciega que ve y muda que oye. ¿Ojos, oídos de quién? La has colocado donde nadie nos ve. No te he dicho nada. Pero me he preguntado si es la misma soledad que sin ella. ¿Es la misma intimidad? Has dicho que sí. Lo argumentas: es como un circuito cerrado. No entiendo, he musitado. La intensidad no se pierde, continúa sin nosotros.

viernes, 25 de agosto de 2017

Coro de ausentes \ GLOSA


Cruza el bosque
por las sendas donde los jabalíes
han removido las raíces
y la maleza borra
la tierra apretada por la memoria
de los caminantes. La acémila
le sigue con dificultad.
Los cascos
rebotan con un ritmo
pausado. Como el de su andar.

El hombre de los tintes
de vez en cuando se detiene
en un claro. Desata
el barreño,
que por el suelo traza círculos
en la hojarasca.
Suelta los sacos, los que guardan
los colores que mima. Ocres,
granates y dorados.
La mula busca brotes verdes
entre la hierba seca.

La tarde se resiente de la herida.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Coro de ausentes \ CALIGRAFÍAS


A veces llueve. Otras, el sol se tumba 
sobre el llano. Baldeo con el cubo 
que ha de limpiar las losas. Pasan nubes
para que existan nombres en el cielo:
cirros, estratos, cúmulos. Las flores
que impregnan con aromas los instantes.
Matas, breñas y árboles, arbustos.
Hay hormigas, hay ciervos y una águila.
Caminos de guijarros, un talud
con florecillas, puentes de metal
por donde pasan cóncavos los trenes.
Sopla el viento, a veces. Otras, vibra
la americana al son de la ventisca.
O nieva en las páginas del libro
donde despacio, lento, con cuidado,
camino por la blanca porosidad.

lunes, 21 de agosto de 2017

Becqueriana / 115


No siempre las cartas cruzan distancias hasta que llegan y son abiertas y leídas. No siempre invierten horas, días, en el trayecto, y no siempre el tiempo separa la mano que las escribió y los ojos que se descubren en los renglones que leen. Hay cartas instantáneas. Cartas, porque se escriben, aunque no utilicen palabras que están en el diccionario. Instantáneas, porque su desprecio del tiempo las convierte en recíprocas. Quien la escribe es quien la lee, y quien la está leyendo es quien la ha escrito. Cartas en las que mandar y recibir se funde en el mismo gesto.

sábado, 19 de agosto de 2017

Las Ramblas


Barcelona cuenta con dos ríos. Ambos distantes, desangelados, inútiles para un paisajista. Pero nunca ha echado en falta uno que atraviese la ciudad regalando perspectivas. Tiene Las Ramblas. Torrente que sube y baja al mismo tiempo, metáfora viva del arroyo que fue. La conversión en cauce de quien pone un pie en el paseo arbolado es más inmediata que la del guijarro que se lanza a las aguas. El caminar se cede a los andares pausados de la multitud. Y el caminante experimenta la sensación de estar. No en cualquier parte, sino en Las Ramblas. Un río. Hoy, una elegía.

jueves, 17 de agosto de 2017

Coro de ausentes \ PERMANENCIA


Estar. Sin otra cosa 
que hacer. El viento insólito 
que admira un mar en calma. 
La nieve que disfruta 
en lo alto del día 
sereno. Solo estar. 
Sin preocupación. 
Pájaro entre las ramas 
que canta la belleza 
de la nada. Las olas 
que salpican las aguas 
que la arena absorbe. 
Estar y al estar, ser. 
Paloma, campanario, 
guijarro, brisa, fuente. 
Ajenos al correr, 
a la premura, afán, 
ansia. Canción que entona  
una niña que baila, 
asceta en el jardín. 
Botes de la pelota 
contra la tapia, el niño 
que juega en un estadio 
de naranjos. Estar. 
Viviendo lo que es.

martes, 15 de agosto de 2017

Coro de ausentes \ MIRAR


El cielo encierro en un cuadrado.
O mejor, en un cubo. Cada vez
que rueda por la alfombra de los días,
se detiene y exhibe diáfano
una cara. La miro.
Vuelve a girar. Se inmoviliza.
La contemplo. Voltea.
Se para.
La observo. No repite cara el cubo
que muestra el cielo porque la mirada
nunca es la misma. Cada instante
nace en la cara que descubro
en la imagen del cielo
que miro, nunca en el mirar.
Por eso la mirada es otra,
es siempre diferente a la que vio
el cielo que precede.

Hablo del tiempo que me vive.

domingo, 13 de agosto de 2017

Teoría de la brevedad | 1


Y me dejo fotografiar. Sentada, con la taza de café en la mano y una sonrisa compuesta en los labios. La tarde se disfraza de compañía de titiriteros que anuncia su espectáculo por toda la plaza. Nada parece ocurrir más allá de sus cantos interrumpidos por exclamaciones de alegría. Visten de naranja. He tenido que sostener el gesto mientras encuadraba y después agradecer su guiño de agradecimiento. No entiendo qué más ha ocurrido. El oleaje de la multitud se lo ha llevado con su cámara. De este lugar quedará un instante que no ha existido cuya existencia se podrá demostrar.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Dietario de sensaciones, 34


Los poemas eróticos empiezan en las puntas del cabello y cuando concluyen los pies se sienten plumas de ave. En su inicio congregan un caudal de lenguajes capaz de desbordar cauces e inundar cualquier terreno, pero conforme avanzan van perdiéndolo. Desaparecen las palabras y los ojos se cierran. Se simplifican también todos los gestos y solo queda en el rostro un único signo. Las manos se convierten en intérpretes de una sola nota y el poema se deshace en las sábanas como un hielo fuera de la nevera, sobre el mármol. Es cuando los versos resultan más intensos, menos literarios.

lunes, 7 de agosto de 2017

Becqueriana / 114


Lo imita la cigarra en tardes de verano entre matas de salvia. La alfombra de pinaza que cubre el bosque de coníferas cuando al caminar por encima los pasos van recordándolo. El canto de la abubilla, oculta entre las ramas, lo evoca con mayor dulzura. El agua que baja por el arroyo, algo precipitada, le copia ímpetu y resonancia. La pequeña cascada en el desnivel del terreno perfecciona el duplicado que imagina su despeñarse y de nuevo encontrar el cauce. Lo presagia la voz cuando regresa al bosque de los símbolos y los brazos cuando empiezan a rodear la cintura.

sábado, 5 de agosto de 2017

Dietario de sensaciones, 33


A primera hora de la tarde las palabras están tumbadas en el sofá. Unas ven una película en blanco y negro; otras leen un libro con un pájaro y una flor dibujados en la cubierta. Hay algunas que se han levantado y he oído cómo batían algo en la cocina y luego un aroma a delicia antigua ha inundado la sala. Veo también otras que se preparan para salir a pasear, con gorra, gafas de sol y camiseta. O las que regresan, que van subiendo por la escalera. Hay quien piensa que las palabras están en el diccionario, qué ingenuidad.

jueves, 3 de agosto de 2017

Un ovillo en el Laberinto


Una blusa con corazones bordados. De color verde desvaído. Algo grandes, quizá. ¿Quién la habrá elegido? Camina despacio, en línea recta. Sonríe. También cuando avanza sola por el pasillo. Si la llamo, sonríe con un gesto aún más abierto. «¿Has visto al dire?», le pregunto y su sonrisa responde que está en su despacho. Y continúa por los corredores que tan bien conoce. Cuando ya no la veo continúo escuchando el chasquido del bastón abriéndole paso. Sonríe, pero está triste. Se va, ya se lo han dicho. Es difícil saber qué significa tristeza para quien solo ha aprendido a sonreír.

martes, 1 de agosto de 2017

Dietario de sensaciones, 32


Hay un momento en el que el agua pierde su habitual serenidad. Dan ganas de bajar a la farmacia para comprar algún medicamento contra la tensión, aunque sería más fácil desconectar el fuego de la cocina, claro. El agua empieza a inquietarse. Tiembla. Una erupción de mínimas burbujas le cubre como eccema todo el interior. Sufro por su estado. Pienso en una crema para la piel, pero arruinaría el sabor. De repente empieza a dar saltos, ¿serán de alegría? No da tiempo a averiguarlo, inmediatamente le lanzo dos bolsas de té verde con limón. Y dejo que vuelva a serenarse.

sábado, 29 de julio de 2017

Coro de ausentes \ SEMÁNTICA


Bajo la piel hay otra piel.
En los ojos hay otros ojos.
Lo que se oye de las voces,
una envoltura, un uniforme,
oculta los sentidos
que las palabras tienen para quien
las escucha. Las manos se entrelazan
con otras manos y las piernas bailan
con otras piernas. En los labios
hay otros labios y el aliento
se confunde con otro aliento.
Nada de lo visible corresponde
al río que en el interior discurre
por los cuerpos.
                           Si la montaña
donde las cabras saltan
entre breñas empieza a arder
nadie habla del mismo humo
que asciende oscuro hacia los cielos.

martes, 18 de julio de 2017

Coro de ausentes \ ESPEJISMO


Florece entre las hierbas 
silvestres y los matorrales. Tiene 
tallo menudo, quebradizo, 
y una flor diminuta 
que en el aire se multiplica 
en racimos cuando la brisa sopla. 
A veces no se ve, 
de tan disimulado 
que anda entre vegetación 
sin prestigio. Y cuando se aprecia, 
cuesta arrancar como recuerdo 
un pétalo siquiera. 

Salgo en su busca algunas tardes, 

sin otro propósito que ver 
cómo crece en parajes 
conocidos que desconozco. 
Cómo salpica los caminos 
con su acento. Brevísimos destellos.  
Cuando regreso siempre creo 
hacerlo con un ramillete 
en las manos. El tiempo 
que florece entre piedras 
y guijarros.

sábado, 15 de julio de 2017

Destinos


Paso el día en Málaga. Encuentro un rato para visitar dos librerías de viejo que me gustan. En el nuevo local de Abadía, nadie. En Códice, alguien pregunta por algo. Reviso estantes unos diez minutos en cada una. En la primera el librero ha de salir porque una mujer trae un 4x4 hasta arriba de libros. Vuelve diciendo que no valen nada. En la segunda entran tres veinteañeras con sendos carros de la compra llenos de libros. Escrutinio que interrumpo para que me cobre Cosmología fílmica (Valladolid, 1976), una alucinada teoría del cine que en el avión de regreso leo.

miércoles, 12 de julio de 2017

Coro de ausentes \ HISTORIA


Un ruiseñor que canta entre los árboles, 
así la poesía 
un tiempo. Antes fue un cuerno 
entre almenas dorado. 
Después, la delicada ave 
en prados de sosiego. 
Lugar que el ruido y lodo han anegado. 
Soldados con las mantas en la hierba 
dormían el cansancio 
y soñaban la púrpura. 
Campo que no es ya campo, 
convertido en recinto. 
Frutales que los vientos no aireaban. 
Añoranza de aquella dulce ave, 
aunque sonaran las bandurrias. 
O no sonara nada dentro. 
Ni siquiera la nada. 

Regresan los vencejos 

una vez cada año. 
En el cielo aún sostengo inmóvil 
el verso que no escribo.

sábado, 8 de julio de 2017

Coro de ausentes \ RUTA


El camino que asciende en la ladera  
poco a poco se torna agreste. 
Algunas rocas 
irrumpen en la tierra oscura, 
se acentúan los desniveles 
repentinos. La fronda muerde el paso 
y hay raíces que brotan por la senda. 
Los árboles se abrazan unos 
a otros, forman un escudo, 
umbría que reparte 
la luz con impurezas. La humedad 
baña el instante. Pájaros 
emboscados decoran la mañana 
con cantos. Con las manos 
también a veces se superan 
los trechos. Se divisa ya la cumbre. 
Arriba, con el viento,  
la mirada se entorna 
para ver en la lejanía 
desde dónde se ha partido.

martes, 4 de julio de 2017

Dietario de sensaciones, 31


Tiene el color de la tierra labrada. De la piel del campesino que la cava y esponja para que quede como miga de una hogaza. El color de la azada y del palo de madera que la sujeta. Del agua que corre por la acequia en busca de su destino y de la simiente que la espera con sed de crecer. Tiene el color de la albarda, que ha dejado en el suelo, y de la mula que la llevaba encima, que ahora come hierba en la vaguada. El mismo color del pan de centeno que cruje en las manos.

sábado, 1 de julio de 2017

Dietario de sensaciones, 30


Del sombrero olvidado bocabajo en el banco del jardín el pájaro que se ha acercado a picotear en el ala vuelta del revés ha extraído del hueco un señor vestido con frac y pajarita y una vara de mago, que nada más aparecer le ha preguntado la hora a un tilo cuya sombra había quedado atrapada en el columpio donde niñas y niños aprenden pronto a ser temerarios. Al ver tan extraña figura en el parque infantil lo han rodeado de inmediato y le han pedido a coro un mismo truco: que les regale piruletas y les apruebe los exámenes.

jueves, 29 de junio de 2017

Dietario de sensaciones, 29


Planean un instante en las corrientes de aire y descienden luego hacia el papel donde se posan. En orden. Mejor, en fila. Una tras otra. Aunque expliquen el desorden, aunque hablen de laberintos, pese a que a veces no se entiendan entre sí. Descienden planeando un instante y se posan. Como hacen las golondrinas en los tendidos eléctricos, una al costado de la otra, formando la partitura de la tarde. La que se interpreta a coro cuando asombra contemplarlas. Una hilera que cruza el aire, las palabras, un trazado de hormigas en la arena. Escritas a lápiz en este papel.

martes, 27 de junio de 2017

Dietario de sensaciones, 28


Cuanto más arrecia el viento, mejor vuela la cometa. El papel tiembla con estrépito, la cuerda se tensa y los colores realizan movimientos imposibles en un fondo de día gris y alterado. La cometa asciende y gira y cae en picado para inmediatamente elevarse y de nuevo girar en sentidos imprevistos por quien sostiene el vuelo desde la arena. En días de ventisca muchos la guardan, no arriesgan su fragilidad, prefieren verla presidir un cielo claro, sin brisa, inerte, una fotografía antes de disparar la cámara. Pero quien decide lanzarla descubre la vehemente pasión de la cometa por la intemperie.

domingo, 25 de junio de 2017

Coro de ausentes \ LUCES


Charlatana irredenta, 
la luz no cesa nunca 
de hablar. Habla, 
habla, habla. Tantas 
veces sin que la oiga nadie 
ni nadie quiera ya escucharla. 
A la luz no le importa. 
Habla sola. En las azoteas, 
por los bosques en soledad, 
sobre las muchedumbres en las calles. 
Sin que le condicione dónde. 
Habla. A su hablar incluso 
hay quien llama silencio. 
Ni siquiera en las noches calla. 
Una luciérnaga, estrellas, 
la ventana en lo alto de una casa,  
el monólogo de un farol urbano, 
cualquier lugar le sirve para decir. 
Y, a veces, dice sin hablar. 
Y entonces sí la escucho.

viernes, 23 de junio de 2017

Coro de ausentes \ NOCTURNO


La noche lo ilumina. 
Su terciopelo. Adagio. 
Tan sincero violín. 
El instante. Subida  
la persiana. Anudados 
los visillos. Respiración 
alterada. La sencillez 
del momento. La oscuridad 
tenue sobre las sábanas, 
el gris basalto de los cuerpos 
entregados. Lo comprendía 
la sinrazón, la estela de un cometa, 
el salto de agua. 

Lo decoraban los silencios. 

Su azul. Aquel aroma. 
Lo imperceptible en la línea del tiempo. 
Lo veía la brisa, 
las nubes que blanquean el cielo. Su dulzor. 
El gemido. Una brizna 
en la pradera de la noche, 
en el bosque 
de la noche, en el océano 
íntimo 
de la noche.

miércoles, 21 de junio de 2017

Coro de ausentes \ ALBOROZO


Llueve. La leña 
amontonada y en el cobertizo. 
La sierra y herramientas del jardín se han quedado 
abandonadas en la carretilla. 
Los gatos buscan un rincón 
donde no alcance el aluminio 
de la luz. Los gorriones  
se han escondido entre las ramas 
hospitalarias 
del níspero. 
Hojas que son pequeños ríos. 

Los colores permanecen estáticos,  

tan atentos al concierto del agua, 
al batir sobre las tejas, 
los peldaños 
de la escalera, 
la barandilla o las losas. Incierta 
armonía. 

La tristeza presenta 

en su hoja de examen 
idéntica respuesta que lo alegre. 
La diferencia 
se halla en la inflexión de las palabras.

lunes, 19 de junio de 2017

Coro de ausentes \ IDILIO


Con las piernas cruzadas, 
casi estira la falda hasta que deja 
una visera sobre las rodillas, 
en el asiento vacío del tranvía. 
Un leve zarandeo. 

En ocasiones me acerco. Le digo 

mi nombre, 
siempre le digo mi nombre. 

También la he visto parada 

ante el escaparate de una tienda 
de ropa de bebé. Entonces 
me detengo en la acera 
de enfrente mientras flexiona 
la pierna izquierda con gesto 
de impaciencia. ¿Me estará 
viendo, 
me pregunto, en el reflejo 
del vidrio donde yo no me distingo, 
tapado por su cuerpo? 
La veo 
asomada a una ventana. 

Siempre mira hacia otra parte.

sábado, 17 de junio de 2017

Becqueriana / 113


Suena una música tenue, apenas la repetición de una única nota, que poco a poco va ganando intensidad. La cámara se ensimisma en un primerísimo primer plano, una mano, el cuello o quizá el leve zarandeo de un pendiente. La frase que ella empezaba a pronunciar queda ahogada en la garganta. Un rostro sin voz que mira, y las palabras, que él había dicho justo antes, resuenan en la escena. Campanas que han anunciado una hora ya definitiva. La imagen pasa a un plano medio en el que las dos cabezas se acercan tan despacio que dan ganas de empujarlas.

jueves, 15 de junio de 2017

2001-«El libro de las mariposas»


Señor, yo… —balbucea Arnaldo, sorprendido en su labor sobre la cubierta del Teste— solo fumigo.  Se quita los lentes de sol el Almirante Paul Valéry, encara al empleado. Cuanto haya de retórico en mi buque —sentencia— nada dejeSeñor, yo… nada dejo. En la escollera sur del puerto del Mar del Plata, a lo lejos, los pescadores remiendan las redes bajo los toldos. Ni por asomo quiero ver en mi barco —dictamina— un rastro de noche.  El sol de febrero chilla desde el aluminio de los techos en los galpones. Señor, yo… solo luz. El Almirante sonríe. Arnaldo, ahora, también. 

lunes, 12 de junio de 2017

2000-«Todos contentos y yo también»


Escribamos juntos una balada grita el hermeneuta François Villon por encima de bullicio al muchacho que acaba de asomar el flequillo por el portón de la taberna. Pensaba —musita el mozo— que aquí se venía a beber vino. Las jarras vuelan en las manos de la tabernera que, como un diosecillo arquero, las reparte a ciegas y acertando siempre en mitad del gentío. Tienes cara de poeta, jovenzuelo —insiste Villon. He venido solo a beberme el mundo, ¿no es aquí donde lo sirven? —afirma Manuel. Villon descubre un cartapacio oculto bajo su capa y se lo ofrece: Empieza por aquí.

viernes, 9 de junio de 2017

1999-«Desgracia»


Ostensiblemente cojean. Todos, de raso y terciopelo. Un rizo caracolea en la frente de cada uno. Pasaba unos días en Atenas y su viaje coincide con el festival Byron. Decenas de byrons recorren las calles de Vyronia. Empieza a marearse. Una pesadilla no le hubiera resultado tan exasperante. Unos, corsarios de opereta; otros, donjuanes de tebeo; algún manfred estudiadamente despeinado. Solo intuye complicidad en la única persona que mira con gesto aún más sorprendido que el suyo. Piensa que se deben echar un cable. Se acerca, «John Maxwell», dice alargando la mano, que al instante es aceptada. «George Gordon, encantado».

miércoles, 7 de junio de 2017

1998-«El poeta de Pondichéry»


Madame, le susurra desde el fondo del pasillo Denis Diderot, conserje del Collège de France, 11 Place Marcelin Berthelot, distrito quinto, Paris, y añade con amabilidad: Madame, s'il vous plaît. Adília siente un escalofrío que recorre su espalda, un metro con las luces apagadas que no se detiene en ninguna estación. Suda bajo del abrigo, una tensión en las piernas a punto de brincar, zozobra en la mirada de animal acorralado que busca un escondrijo en los vetustos pasillos. La plúmbea atmósfera del saber, sin embargo, sin huida posible. Diderot insiste: Madame, la salle de conférence est pleine. Ils attendent.

lunes, 5 de junio de 2017

1997-«Doble ciego»


«¡Ay qué pereza!», exclama para sí el agente Mário de Andrade, sargento de guardia en el barrio de Urca, al tiempo que por el rabillo del ojo ve pasar una sombra. Y en la mano de la sombra, la sombra de un aerosol. Se da la vuelta y se transforma en sombra perseguidora. Una gira a la izquierda, otra gira a la izquierda. Cruza la avenida, la rotonda, el parque y Armando llega a la playa. Amanece. El agente cruza y cruza. Armando agita el bote. El agente pita. Armando escribe. El agente grita. Sobre la arena queda el chillido.

sábado, 3 de junio de 2017

1996-«La más que viva»


«Ven, no te quedes ahí, con este tiempo», le grita Teresa de Ávila desde el interior del puesto callejero. «¿Yo?». «Claro, resguárdate aquí, bajo la marquesina; no hay mañana en la que no te vea detenerte delante». «Me gustan las flores; gracias, solo soy un estudiante». «Y yo una florista de barrio. ¿Qué flor te gusta más?». «Ninguna hay que me disguste». El anorak de Christian aún gotea, una nota a pie de páginas del tratado que redacta la lluvia. «Te enseñaré mis preferidas». «Son preciosas». «Son algo más. Tras marchitarse no desaparecen. Se quedan para siempre en la memoria».

jueves, 1 de junio de 2017

1995-«La princesa manca»


Los hermanos Grimm trabajaron durante años en el tiovivo que había en Gala Placidia. Jacob cubría el horario matinal. Limpiaba, vendía tickets y estudiaba los variados acentos de las canguros que cuidaban niñas y niños. Wilhelm venía tarde por la tarde. Era algo caótico. De las acompañantes prefería observar otros aspectos, pero contaba en cada ronda un cuento. Cuando Gustavo lo descubrió no dejó que lo llevaran a otra plaza. Disfrutaba, siempre, del último viaje, en el que Wilhelm cambiaba la dirección, los caballos avanzaban por su grupa y tras clamar: Y este cuento se ha acabado, el cuento empezaba.

martes, 30 de mayo de 2017

Becqueriana / 112


El argumento y los personajes de la película que ven esta noche poco a poco se irán diluyendo en la memoria y cuando un día reaparezca el título al acaso y busquen en el gran armario de los recuerdos alguno que se la evoque, una secuencia, una imagen o un diálogo, estirando de ese hilo —como si la pantalla se hubiera convertido de repente en cámara y, en lugar de mostrar, registrara lo que tiene delante— evocarán al instante las piernas revueltas, los brazos por el cuello, por la cintura, y cómo tantas veces en lugar de mirar, se miran.