viernes, 17 de mayo de 2024

Estalactitas 05



En el comedor, presidiéndolo, contempla un paisaje pintado al óleo con un pincel de abanico. Un miope que hubiera perdido las gafas no sería tan preciso en la destrucción de los detalles. Pero no había acudido a aquel domicilio para una tarea artística, sino para subsanar un problema de fontanería, seguramente ocasionado por el operario que había trabajado en las tuberías con anterioridad. Es posible que provocado por alguna reparación incluso anterior. Cómo explicarle al propietario, que había avisado a su seguro, de la presumible contribución suya a esta cadena de desaguisados. O, entonces, ¿qué ley moral ampara los silencios?

lunes, 13 de mayo de 2024

Estalactitas 04



Le gusta a la florista del barrio invadir con macetas la acera. En pizarrines escribe a mano el nombre de cada planta. Sin dudarlo, creo que son más atractivas las flores que las palabras, y cuando me detengo a mirarlas, me cuesta relacionar unas con otras. Me sorprende el precio al que las vende. No solo el hecho de que lo tengan, sino también lo poco que cuesta llevarse a casa algo hermoso. Me pregunto si no le ocurrirá a la belleza lo mismo que padece su par, la verdad, otro producto de consumo que nadie se interesa por adquirir.

jueves, 9 de mayo de 2024

Estalactitas 03



Dos tipos duros en la puerta, como un negativo de las figuras de alabastro que custodian los jardines romanos. En sendos brazos al descubierto, un muestrario de tatuajes. Cada cual más sombrío. Las vibraciones del ritmo rebotan en paredes, suelos y sobre las cortinas de la entrada. En el interior de la discoteca, solo una sordera aguda podría orientar los pasos. Gotas de sudor fulgen sobre la piel de quienes bailan. Creía que el ocio era allí el único lenguaje, hasta que averigüé que se trataba solo de un rito más de exaltación ante la tenacidad de la muerte.

domingo, 5 de mayo de 2024

Estalactitas 02



Se detienen delante del puesto. Apartan unos para ver los títulos que hay debajo. Y los amontonan de otra manera. A veces se detienen en alguno. Lo abren. Parece que les atraiga, pero lo cierran y cae sobre los demás. Entre tantos libros es imposible, me digo, que ninguno interese. El que les guste, respondo, seguro que ya lo tienen. Cuando se colocan uno bajo el brazo, ya cuento con la venta. Si lo leen o no, eso no se incluye en el precio. Hubo un tiempo en el que Dios estuvo en uno de estos, ahora está en todos.

miércoles, 1 de mayo de 2024

Estalactitas 01



Con la bandeja llena de bebidas sobre el equilibrio de una mano, el camarero se detiene y con la otra deposita en la mesa una taza que sujeta por el platillo. Después se adentra en el barullo de la sala a rebosar. El café aún tiembla en su recipiente de porcelana cuando me miro en él como haría una efigie en el estanque que decora. La luz negra en tan diminuto sol no da qué pensar. Al lado, sin abrir, el sobrecito del azúcar mantiene su condición acolchada. Ejemplifica la tentación constante, una manera de ser menos que proporciona identidad.

lunes, 29 de abril de 2024

14 Miradas



Qué ridículo. Ni siquiera consigo evocar aquel momento, la circunstancia, el patinazo. Cada día que pasa lo pienso como una palada de olvido sobre mi idiotez de entonces que de inmediato se deshace igual que lo haría un cubo de nieve vertido sobre un hierro incandescente. Así se mantiene, desde entonces, lo ocurrido. Bajé los escalones confiando. Me había quitado el abrigo al entrar, lo llevaba doblado en el brazo. Aquella tarde me sentía el dueño del mundo. Miraba solo para que me vieran mirar, ¿quién?, no importa, la ciudad. Te diste la vuelta y una marioneta actuó por mí.

jueves, 25 de abril de 2024

13 Miradas



Qué silencio cuando me sumerjo hasta el fondo de la piscina. Lo que daría porque la apnea pudiera alargarse no ya minutos, sino horas, la tarde entera aquí abajo. De repente siento la necesidad de salir. Y salgo a una algarabía de cuerpos, bebés que lloran, niños que corren, adolescentes hablándose a gritos de una punta a la opuesta, gente contándose la vida por todas partes. Respiro, vuelvo a tomar aire y me impulso hacia el pavimento de la piscina en busca de un sumidero secreto hacia otro mundo más leve. Que no exista no significa que no pueda encontrarlo.

viernes, 19 de abril de 2024

12 Miradas



Qué extraño se me hace ver a tanta gente arremolinada en torno a las mesas con libros en el mercado de ocasión y que ningún gesto al alargar el brazo hasta un volumen sepultado por otros, del que solo asoma una mínima esquina, no sea el tuyo de sorpresa por la edición que acabas de rescatar del insomnio. También te observo mientras extraes del monedero las escasa monedas que el librero te pide y se las entregas con una sonrisa, de repente compartida por la otra parte que realiza la transacción. Otros repiten los mismos movimientos, pero ninguno soy yo.

lunes, 15 de abril de 2024

11 Miradas



Qué sensación la de entrar el primero en el cine, tras haber encabezado la cola de acceso, y admirar después la geometría de los asientos vacíos, dar una vuelta a la sala y no saber desde dónde ver la película. Poco a poco va entrando el público de la sesión. Hablan unos con otros. No se entretienen en trazar rectas y diagonales sobre las butacas, les basta con interrumpirlas sentándose en cualquiera al buen tuntún. Continúo en pie, observando cómo se va completando el aforo desde el centro. Al final ha de quedar por fuerza un lugar libre, el mío.

miércoles, 10 de abril de 2024

Cuentos del hada jubilada (nonagésimo)



Una gasolinera abierta en mitad de la noche, junto a una carretera por donde transitan camiones taciturnos, es lo más parecido a un oasis en el desierto. Lo que allí ofrece el agua, aquí lo entrega una combinación enfática de luces eléctricas. Las palmeras de la iconografía infantil se transforman en postes de combustible y en un pequeño comercio donde la tentación se ofrece convertida en galletas bañadas en chocolate. Una vez que he detenido el coche, no lo arrancaría nunca. Me quedaría a vivir como una beduina cansada de serlo, que hornea pan por las mañanas para los peregrinos.

viernes, 5 de abril de 2024

Cuentos del hada jubilada (octogésimo noveno)



En la noche que ha limpiado el viento durante el día, la luna. Una brillante C de decreciente. Como la mía al escribir estos Cuentos con descuento de palabras. Menos que breves, ajenos al trinomio de presentación + nudo + desenlace. Eso da siempre algo más que la nada de tristes paradojas entre opuestos que se llevan bien. Quedan para tomar unas copas, se cuentan intimidades y muestran su compresión con leves inclinaciones de cabeza. ¿Qué contrarios son estos que tanto se quieren? Contemplo la luna detrás de la ventana. La invitaría a cenar para que no esté tan sola.

lunes, 1 de abril de 2024

Cuentos del hada jubilada (octogésimo octavo)



Entre las citas poéticas que habré leído en mi vida sobre las rosas, me quedo con el verso de William Blake: “¡Oh, rosa, estás enferma!”. La primera vez que lo leí pensé en Heráclito, aunque no estoy segura de que el clima de Éfeso sea propicio para los jardines. Resulta frecuente que, siendo hada, a una la relacionen con símbolos de la belleza. Es verdad que las rosas combinan sus pétalos con elegancia y saturan muy bien el color en las fotografías. Y nadie piensa en gusanos cuando percibe su fragancia. Excepto yo, que las aprecio solo cuando se marchitan.

miércoles, 27 de marzo de 2024

Cuentos del hada jubilada (octogésimo séptimo)



El vecino ha instalado una chimenea de metal brillante junto a la vieja, que era de teja. Cuando regreso veo humear la reciente y contemplo la antigua silenciosa. Me pregunto por qué el no lanzar humo a la atmósfera lo identifico con no hablar. Podría haber dicho improductiva o estropeada. Sin embargo, la columna que emborrona el azul del cielo me ha parecido locuacidad y mudez la inútil. Me inquieta qué hay detrás de metáforas tan simples. Que me identifique con la que está llena de grietas antes que con la que reluce no es significativo; que prefiera callar, quizá.

sábado, 23 de marzo de 2024

Cuentos del hada jubilada (octogésimo sexto)



Uno de los artistas plásticos que más aprecio es el humo. No todos los humos, claro. Me obnubila el de los cigarrillos rubios. Tan hialino y estilizado cuando emerge directo del tabaco, quieto sobre un cenicero. Es un lenguaje puro. En una época incluso estuve estudiándolo. Cómo sería la lengua que hablamos si los órganos de fonación pudieran emitirla desasistida de cualquier semántica. Una columna de sonido, parecida a la del humo, ascendería desde las bocas con idéntica inocencia. Lo malo es que enseguida el fumador retoma el cigarrillo, aspira y devuelve un humo lleno de significados pérfidos y egocéntricos.

martes, 19 de marzo de 2024

Cuentos del hada jubilada (octogésimo quinto)



Nada hay que deje un poso tan agridulce como la jornada de hoy. Una no se acostumbra a que llegue como un día sin más, por sorpresa. Aunque parezca abultado el número, nunca parece suficiente. Por sortearlo me escondería en un tren de los que cruzan planicies inabarcables para la mirada. Me sentaría, luego, en una piedra, junto a una finca de cultivo, a contemplar las maniobras del tractor y aplaudiría después al labriego. Si lo hace bien, claro. Juzgaría el mundo por lo que ocurre en su esquina más remota, y tal vez saliera así indemne de esta fecha.

jueves, 14 de marzo de 2024

Cuentos del hada jubilada (octogésimo cuarto)



Colecciono personas de las que desconozco el nombre. Inicié la recopilación cuando di por concluido el repertorio de aquellas cuyo nombre podía recordar. Al inicio no sabía a qué me enfrentaba. De hecho, cualquier ser humano vivo podría formar parte de mis preocupaciones; propósito que me asustaba, no porque no me interesara, sino por el abultado número de elementos del grupo. Con el tiempo he conseguido encauzar las dimensiones de mi nueva colección, que ya no me abruma, en absoluto. La forman las mismas personas que integraban la anterior, solo que ahora ya no me acuerdo de cómo se llaman.

sábado, 9 de marzo de 2024

Cuentos del hada jubilada (octogésimo tercero)



En las películas de piratas me inquietaba, de niña, el contraste perpetuo en el que se desarrollaba la vida de los marineros. Un lugar tan pequeño para poder moverse, dentro de una inmensidad alrededor tan inútil para dar un paseo. Luego, de joven, la inquietud no dejó de crecer y empezaron a preocuparme los efectos que debía de producir el olor en la convivencia, el de los cuerpos encerrados y el de los espacios interiores del barco, sobre todo después de que descubriera la palabra «sentina». Hay vidas que, quizá por parecer inviables, me hacen soñar con otra vida diferente.

martes, 5 de marzo de 2024

10 Miradas



Cada vez que entra o sale alguien, la campanilla lo avisa. Es la señal que desvía levemente la mirada de la conversación que se mantenga, sin importar con quien sea, hacia la puerta. Apenas un instante, el preciso para saber si el vacío que deja quien abandona la sala resulta relevante en la geografía de aquel momento en el Café, o si, tal vez, se incorpora aquel a quien merece la pena agregar a la constante vigilancia de los ojos, a la espera, quizá, de una palabrita casual que dé pie a, quizá, una tímida respuesta como promesa de continuidad.

viernes, 1 de marzo de 2024

09 Miradas



La trashumancia antes que un oficio parece el castigo de un dios soberbio. No por la soledad de los parajes que se atraviesan, un regalo de quien sea que mande en el cielo, sino por lo opuesto, el ajetreo de ciertas noches, cuando paso cerca de una población. Con las ovejas en el aprisco, me aseo y bajo a patear las calles hasta el último bar abierto. Conozco a gente. Me divierto. En cada pueblo busco encontrar un motivo para quedarme, pero al amanecer retiro el candado del redil. El día que no lo haga, tampoco lo echaré de menos.

lunes, 26 de febrero de 2024

08 Miradas



La senda acaba cuando se llega a un barranco, cortado a cuchillo, entre una loma y la siguiente. Ante ese final, a nadie le gusta caminarla porque luego ha de volver sobre sus pasos. Los excursionistas prefieren las rutas en círculo. Regresan al mismo lugar, pero sin repetir sendero. Aunque no se dan cuenta de que repiten sentido. Hay más contraste en la ida —admirando lo que aparezca delante— y vuelta, que en seguir una ruta siempre ciega para lo que se deja atrás. Estaba a punto de decírselo cuando me lo explicó, sentado en una peña ante la quebrada.

jueves, 22 de febrero de 2024

07 Miradas



En los soportales que hay en el exterior del mercado, allí donde los campesinos de la zona venden frutas de la época y verduras de sus huertos, tenía su tenderete. Lo cuidaba con esmero. Fue lo primero que me llamó la atención, con qué gracia y armonía de colores ponía a la venta lo que le habían traído, de madrugada, hortelanos poco hábiles para el comercio. Iba a diario. Las lechugas conservaban gotas de rocío en sus hojas. En los pedúnculos de las manzanas se podían ver restos de savia. Nunca en mi vida he comido tanta verdura como entonces.

domingo, 18 de febrero de 2024

06 Miradas



Al sastre de la familia le preguntaba, cuando venía a tomar medidas, por los tejidos de los chaqués elegantes, por los secretos que hacían triunfar al pantalón, por el trazo de la sisa en las camisas. Se diría que la moda masculina despierta mi interés, pero no es así. Indago solo para documentar mis suspiros. Aquel que ha de llegar no puede aparecer desnudo. Igual que imagino las palabras y el tono que usará cuando me hable, también lo engalano conforme a las razones de esta época. Tal vez por eso cuando llegó de verdad no supe, en absoluto, reconocerlo.

martes, 13 de febrero de 2024

05 Miradas



Un desdibujado sendero conduce a la gruta y aunque aparezca en las guías no es fácil descubrirla. De vez en cuando algún grupo de excursionistas la busca entre la columnata de álamos negros que la protege. Los visitantes suelen perder la orientación fácilmente y aparecen al otro lado del bosque, en el prado donde las vacas los miran con repentina curiosidad. Preguntan a voces, desde lejos, si me ven rondar por ahí. Les digo que no sé nada. Que no conozco la zona. Desazonados, se dan media vuelta. También desaparezco entre árboles. Si no fuera tan esquivo quizás la encontrara.

viernes, 9 de febrero de 2024

04 Miradas



Tal como se entiende comúnmente, creía que las ventanas sirven para contemplar el exterior desde un interior. Hasta la luz colabora en este propósito anulando con reflejos la transparencia de los cristales. Y al anochecer, ahí están las persianas para solucionarlo. Por eso me sorprendió tanto verle asomado a la ventana del taller de costura desde el patio. Con ojos atentos, como si buscara dentro algo o alguien en concreto. Me pareció que su mirada no admitía dudas, pero éramos veinte chicas trabajando y mi probabilidad solo una. Menos mal que la matemática es una ciencia ciega. Como los cristales.

lunes, 5 de febrero de 2024

03 Miradas



No vi resplandor alguno. Ningún brillo que llegara de lejos como un presagio. Tampoco claridad que no fuera la escasa que los nubarrones de tormenta imponen al día. Ni siquiera llameaban candelas en el pequeño altar excavado en la piedra al pie del camino. Aunque ocurriera en invierno, no ardían por los campos vecinos restos de alguna poda. Hasta el riachuelo que corre por el lugar se agazapaba bajo la maleza para no provocar destellos. No existió ninguna señal aquella tarde que se apresuraba a entregarse entera a las sombras. Y sin embargo solo recuerdo de su rostro la luz.

jueves, 1 de febrero de 2024

02 Miradas



De jovencita mostraba mi rebeldía cada vez que al inicio del verano me compraban sandalias nuevas. Iba al río, me sentaba junto al cauce y sumergía los pies hasta el tobillo. Luego, chapoteando al andar, regresaba justo a la hora en que la casa había sido fregada de punta a punta. Mi madre me obligaba a permanecer en la puerta hasta que el calzado, que chorreaba, se secara. No sé por qué me puse tan nerviosa cuando lo vi aparecer. De haber sabido lo que ocurriría entonces me hubiera sentado a encender un cigarrillo de los que tenía prohibido fumar.

sábado, 27 de enero de 2024

01 Miradas



Con aspavientos los peregrinos al llegar se dejan caer sobre la arena. Y luego, arrodillados, con los brazos en cruz, los bártulos por el suelo, braman sus plegarias al santo. Les espuma la boca. Miran con ojos opacos. Cada grupo que alcanza la puerta del monasterio es un alboroto de voces y una tétrica danza de cuerpos malolientes. Algún monje sale para arrastrarlos hasta el cobertizo donde los fieles se amontonan en la fe de una fútil esperanza. Traía la frente sudorosa, pero se mantuvo en pie, cerró los ojos para rezar en silencio. Sus manos hablaban, cómo no escucharlas.

martes, 23 de enero de 2024

Microlecturas | 37 | O livro do absurdo



Desde el título hasta el último verso, donde se cita el gato de Schrödiger, el que al mismo tiempo está y no está, el libro de Maria Azenha recrea, mediante pequeñas dramatizaciones poéticas, la lógica del absurdo que rige en el mundo contemporáneo. Habla de «la multiplicación de los perros» en la ciudad o de «una baguette / con los labios pintados / en el último verso». En el poema «Mamografía» se lee: «he dejado el poema a la mitad / no recuerdo nada más solo sé / que tengo los dedos hundidos en la Creación / mis manos aspiran a la eternidad // mis tetas no».

viernes, 19 de enero de 2024

Microlecturas | 36 | Fábula del fragmento



Francisco José Martínez Morán (1981) da un giro en su obra poética y en su séptimo libro no solo toma el fragmento de texto como métrica, sino que lo convierte en el protagonista secreto de su Fábula. Escritos con una compleja simbiosis de elementos narrativos y líricos, los fragmentos desarrollan una historia donde se alternan tres núcleos de conflicto que evocan una ruptura: la conciencia de un protagonista que actúa como una máquina compactadora; un segundo personaje que abre heridas ya abiertas y un punto de fuga, la infancia. Una impecable mecánica que convierte la lectura en una intensa experiencia.

miércoles, 17 de enero de 2024

Microlecturas | 35 | Vaho



Tras dos títulos, Sergio Berrocal (1978) «considera que Vaho es su primer libro», y es posible, pues esta colección de tankas y haikus posee un claro aire inaugural, no sé si de una obra poética o de un universo. Delicados versos que se deslíen con la mirada mientras se leen. El poeta utiliza la palabra «efímero» en alguna ocasión y la sugiere en otras, pero hablar de una poética de lo efímero resulta insuficiente. Un poema da la clave que desentraña su sentido: «Poco dura lo eterno». Es una poética de lo que permaneciendo se percibe como pájaro en vuelo.

domingo, 14 de enero de 2024

Microlecturas | 34 | Castigado sin dibujos



Julio José Ordovás (1976) recrea su infancia en un pequeño pueblo aragonés como quien abre una vieja caja de hojalata y descubre el diamante con el que de niño jugaba a las canicas. Con la ingenuidad de la edad, aderezada con la mirada irónica del adulto que prefiere aparecer poco, el autor evoca con delicadeza los sentidos que fue atribuyendo al mundo que iba descubriendo: «¿Cómo podía uno aburrirse habiendo tantos misterios por explorar? En el pueblo solo se aburrían los perros. Y los veraneantes». De fondo, se trasluce la infancia de la Democracia. Libro escrito en estado de gracia.

jueves, 11 de enero de 2024

Microlecturas | 33 | La ciudad sin imágenes



«Pasado, presente e imaginación comparten plano». Desde este punto de vista, más propio de la creación que de la didáctica, Juan Gallego Benot (1997) escribe sus ensayos de bolsillo. Los aborda con la voluntad de comprender la ciudad como propósito de fondo y con un diagnóstico por delante, la imposibilidad de recordar el rostro de las personas que conoce. Es decir, una aleación ensayística entre investigación y biografía. Simbiosis de erudición y diario que logra diagnosticar con lucidez la ciudad contemporánea: «El futuro de estas calles parece negarse a aparecer, todo se repite en un pasado que nunca ha existido».

lunes, 8 de enero de 2024

Microlecturas | 32 | La fuerza mayor



Clément Rosset (1939) es un extraordinario pequeño filósofo. Siempre que puede, elige citar a Tintin o cualquier película antes que a Heidegger. Sabe, como Nietzsche, que «toda palabra [es] también una máscara», y prefiere que la suya luzca la sonrisa perpetua de quien cubre el boquete de la precariedad existencial con el yeso de la alegría. En La fuerza mayor se convierte, a posteriori, en exegeta de Nietzsche, de quien no se sirve para desarrollar sus ideas, sino que son estas las que sacan a bailar a las del filósofo alemán a despecho de todos sus discípulos de ceñudo gesto.

viernes, 5 de enero de 2024

Teatrillo de la noche de Reyes



—¿Qué le has pedido a los Reyes? 
—Un libro. 
 —Anda ya, un libro. Esas cosas no son de pedir a los Reyes. 
—Ya. 
—Una muñeca. Eso sí. Y un cochecillo para pasearla. 
—Pero es que. 
—O se les pide alguna ropita. Un conjunto mono. Una chaquetilla guay. Ahora hay cosas preciosas. 
—Sí, es cierto. 
 —De acuerdo, volvamos a empezar. ¿Qué les pides a los Reyes este año? 
—Un libro. 
—¿Solo? ¿O también alguna cosilla más? 
—No es poca cosa. 
—Bueno, hay libros y libros, ¿y de qué autor lo quieres? 
—Mío. 
—¿Tuyo? 
—Sí, les pido que me ayuden a escribirlo.

lunes, 1 de enero de 2024

Teatrillo de Año Nuevo



—¿Empezamos? 
—Cuando quieras. 
—Bueno, si lo prefieres no empezamos todavía. 
—Ah, ¿es que podemos no empezar? 
—Creo que no. 
—¿Entonces? 
—Empecemos. ¿Te va bien? 
—Bien, bien, no del todo. 
—¿Cómo? Explícate. 
—Lo dejaría para más adelante. 
—¿El qué? 
—Nada, el empezar. 
—Ah. Vale. Lo tengo en cuenta. Pero lo cierto es que no sé si es posible. 
—¿No? 
—Lo tendría que preguntar. 
—¿A quién? 
—Ese es el caso, que no sé a quién puedo dirigirme. ¿Tú tienes alguna idea? 
—En absoluto. 
—¿Entonces? 
—¿Entonces qué? 
 —Pues que no nos va a quedar más remedio. 
—¿Más remedio de qué? 
—Pues de empezar.

viernes, 29 de diciembre de 2023

Bye bye 2023



Cuando llegue el día en el que tenga que irse, sé lo que haré para que no ocurra. No me daré por enterado. Prohibido diarios, noticieros, relojes y teléfonos con exceso de información. Nada de citas o compromisos, ni siquiera con las personas próximas. Se acabó el programar actividades, viajes, también el permanecer atento a cualquier acontecimiento que pudiera ocurrir. Vedaré el paso al año que entra. A su intrínseca incertidumbre. Si este había sido un buen año, completo, soberbio, histórico, a qué echarlo a perder y a lo tonto cambiarlo por otro nuevo. Me planto. Y sé cómo hacerlo.

domingo, 24 de diciembre de 2023

Pequeño cuento de Navidad



De la vela cuya mecha apenas consigue mantener la llama sobre los chorreones secos de la cera consumida solo se espera que sea capaz de prender la nueva que, enhiesta, anhela sustituirla en breve. Su intensidad revivirá la luz sobre el presente. A este paso hay quien lo denomina rito y celebra, con el tránsito, una creencia: la certeza de que es posible la permanencia. Y, de hecho, lo es. Aunque quien incline la antigua vela sobre la incólume no logre que esta se encienda mientras la primera se apaga. Aun quemándose los dedos en la operación, tampoco nada significará.

lunes, 18 de diciembre de 2023

Cuentos del hada jubilada (octogésimo segundo)



No conozco a nadie que se sienta inmune ante el misterio de las costureras. Ni hada, ni duende. Cerca de los cuarenta años, Velázquez pintó una que fija el semblante que las convierte en enigmáticas. Las manos, capaces de lidiar con lo nimio y restaurar el daño que parecía irreversible. La ausente mirada, cautiva de la tarea, que impide a quien la contempla entrar en contacto con su ser, en cuya apariencia discreta nada desentona. Velázquez, incapaz de resolver el arcano, no ocultó hacia dónde huía su mirada: toda la luz de su paleta baña el escote de la costurera.

jueves, 14 de diciembre de 2023

Cuentos del hada jubilada (octogésimo primero)



Anoche olvidé llevar al punto de residuos orgánicos los restos de la cena, entre los que había un huevo que se me había roto al tratar de abrirlo. Para colmo, tampoco cerré, como acostumbro, la puerta de la cocina que comunica con el patio. La tormenta perfecta. Así que esta mañana he tenido que enfrentarme a una invasión de hormigas en toda regla. Estaba con la guardia baja porque no habían asomado desde hacía mucho tiempo. El hormiguero habitual había desaparecido. Estas han llegado de otro, más distante. ¿Cómo se han enterado las hormigas de que ayer cometí tantos errores?

domingo, 10 de diciembre de 2023

Cuentos del hada jubilada (octogésimo)



Cualquier cosa era siempre más alta que yo. Para elegir la fruta que va a comprar, mi madre abandona la mano que me daba y al instante siento cómo mi cuerpo se desdibuja ante la madera del mostrador, un muro que mis ojos no consiguen rebasar, rodeado por una penumbra no menos densa. El vendedor es una voz que llega desde el otro lado e informa de precios entre silencios. Mi madre también calla, con lo que disfruta hablando. A través de la cortina de filamentos metálicos contemplo la luz de la calle como una salvación. ¿Qué me estaba perdiendo?