martes, 27 de julio de 2021

Cuentos del hada jubilada (cuadragésimo cuarto)


La tarde se desliza por el tejado de la casa con la sonrisa infantil de quien irrumpe en territorio prohibido. Mofletes colorados, frente perlada, nariz que moquea. Hago como que no la veo. Me entretengo con las flores que nacen en los márgenes del huerto, contemplo las hojas del limonero, aseguro las cañas que sujetan las tomateras, persigo con la mirada la mariposa que inspecciona mi trabajo de hortelano. Acabo de regar y se expande el olor a tierra húmeda. La tarde brilla en las tejas antes de irse. Me acerco a la cornisa, por cogerla al vuelo si resbala.

viernes, 23 de julio de 2021

Cuentos del hada jubilada (cuadragésimo tercero)


La tarde extiende una alfombra de verdor bajo la sombra del limonero. Florecen las ramas en el jarrón del níspero. El cielo aparece presidido por un plato de porcelana china, unas nubes blancas con dibujos tradicionales en azul cobalto. Lo reflejan con entusiasmo de aprendiz los dorados de madera de cómoda en el estanque al sol. El tocadiscos interpreta las sinfonías ornitológicas más selectas de la historia del pinar. Los cuadros del mantel ordenan las viandas y las desordenan en ágiles jugadas ajedrecísticas. En el sofá del heno, vibra la siesta. El verano, un interior que se expande por fuera.

lunes, 19 de julio de 2021

Cuentos del hada jubilada (cuadragésimo segundo)


Oigo que alguien afirma: «El amor es un viaje». Hay frases que dicen también lo contrario de lo que parecen decir. Intuyo que por viaje se entiende aventura, descubrimiento, qué sé yo, huida de lo cotidiano… Pero los medios a través de los que se viaja, que son en sentido literal los que más viajan —trenes, barcos, aviones— van y vuelven. Una y otra vez. El mismo viaje, pero con personas diferentes. Desde este punto de vista, el viaje que el amor sea se realiza repitiendo la misma vida, pero modificando la compañía. Una suerte de rutina de la variedad.

miércoles, 14 de julio de 2021

Cuentos del hada jubilada (cuadragésimo primero)


Le pusieron fecha y decidieron un lugar neutral para el encuentro. Lo urdieron a mi espalda, mientras como un lirón dormía, no sé si por la juerga o tras una ardua jornada laboral, porque tampoco he conseguido determinar cuándo tuvo lugar la cumbre bilateral entre Costumbre y Fiesta en mi biografía. Tampoco conozco los términos del acuerdo que alcanzaron, pero los sospecho. Últimamente no consigo, por más que me empeñe en intentarlo, rechazar ninguna invitación festiva, y sumo días por celebraciones. ¿No será que las dos mitades mías se han fusionado en una sola, la Costumbre de ir de Fiesta?

sábado, 10 de julio de 2021

Cuentos del hada jubilada (cuadragésimo)


La rosa que florece en día de lluvia cree que la melancolía es la condición de la vida vegetal. Que el universo está pintado en tonos grises. Que del llanto emerge la luz. Que no hay paisaje sin humedad. Está convencida de que la tristeza de sus pétalos, tan deslucidos, se viste con una rara túnica sin saber por qué. El aguacero que la hunde, el viento que la abate, la oscuridad que la oculta. La rosa que nace en mañana de tormenta dedica todos sus pensamientos a lo que no conmueve. Lo único que en vida alcanza a conocer.

lunes, 5 de julio de 2021

Cuentos del hada jubilada (trigésimo noveno)


Un rectángulo de luz en mitad de la sala. Por un lado, se extiende sobre el banco de madera, junto al alféizar, por el otro sobre las losas de cerámica oscura. Una mancha que reproduce las dimensiones de la ventana y el dibujo de sus travesaños. Tumbados sobre el frescor del suelo, una parte del cuerpo aparece iluminada por los rayos que entran, la otra parte queda oscurecida por la penumbra. Al cambiar de postura, la luz recorre otros lugares de la piel desnuda. Descubren una manera de volver a jugar, la de vestirse con las sombras de la tarde.

jueves, 1 de julio de 2021

Cuentos del hada jubilada (trigésimo octavo)


Tu pie deja en la arena una huella. Me sorprende la perfección del bajorrelieve. La forma exacta, su alma abandonada en un lugar cualquiera, al albur de las olas. Este prodigio artístico merece un museo. Mejor, un templo con columnas de mármol blanco. Me llamas desde lejos y, a gritos, te cuento que hay una obra de arte en la playa. Te oigo decir: Hay más. Una línea de huellas continúa hasta tu pie con idéntica maestría escultórica. Ya pienso en una ciudad de museos o una acrópolis que recoja el conjunto del paseo. Pero añades: El original está aquí.

domingo, 27 de junio de 2021

Imaginería | 07 | Realista


Detrás de estas paredes escondidas entre paredes, de los muros, de las cercas, de la noche que envuelve al día, hay algo que no entra nunca en la realidad. En la realidad solo cabe lo que hay a este lado del ladrillo a la vista de lo acabado deprisa, del punzón que graba fechas en sillares enmohecidos, del latón hiriente en el cerrojo cerrado, de la niebla que expande la palmatoria encendida. Una vez constatado, la imaginación busca grietas, descubre fisurases, amplía sonidos, abre puertas que no existen para que lo inexistente cobre alguna corporeidad, siquiera, entre unas cuantas palabras.

martes, 22 de junio de 2021

Imaginería | 06 | Conceptual


La trashumancia de las nubes la pastorea el viento. Las briznas de hierba arrancadas por sus dientes blancos, trenes y autopistas las transportan hacia el centro de las ciudades, depósito de las deposiciones. Las ideologías ahí las recogen en sacos de arpillera y las secan al sol para que, en su día, el poder concentrado fertilice la floración electoral. Es el ciclo de la vida, aunque la vida solo se manifieste en forma de bacterias que descomponen las ideas. Un ejército diminuto que actúa incluso cuando el pastor, exhausto de montes y vaguadas, se queda dormido y, qué paradoja, ronca.

sábado, 19 de junio de 2021

Imaginería | 05 | Expresionista


La vehemencia del foco que dispara su haz de intensidades en mitad de la noche enloquece los colores alcanzados, que de súbito desconocen cuál es su viveza serena, qué superficie les corresponde, dónde aplican los matices. Amontonados en el interior del círculo inflexible, se confunden y revuelven unos con otros, pierden atributos y ganan los que nunca les han correspondido. Los pigmentos, semblantes que el resplandor desorienta. Extraviado el gesto, una moneda mugrienta en los ojos, un vertedero por posesiones. Bajo el ardor lumínico, los colores derrotan el reposo de los adagios sobre la belleza que se repiten de memoria.

lunes, 14 de junio de 2021

Imaginería | 04 | Neoclásica


La misma sombra que sordamente desaparece en puertas y persianas descubre al mismo tiempo los rasgos de las figuras inertes. La desnudez de la ninfa desnuda, los ojos de piedra blanca del soldado, los pliegues académicos de su túnica. Con el mismo impudor íntimo con el que las personas acuden al espejo con los ojos por abrir, las estatuas delatan la impiedad del tiempo con el escultor que las talló. Su aspiración a un arte elevado que se quedó en adorno de jardín. La luz que borra las aspiraciones del manto nocturno revive día a día la escasez de talento.

miércoles, 9 de junio de 2021

Imaginería | 03 | Mística


Las oraciones con las que se pide luz a lo sagrado tienen vocación nocturna. La ceguera lánguida en el brillo lunar, entre las cuentas de rumores apagados, bajo el destello oloroso del jazminero. El trenzado de palabras que es el rezo se realiza mejor sobre la melena de la noche, un dios más receptivo que los visibles. Lo oculto de sus mensajes en sillares recónditos de iglesias antiguas renace. Un nombre a veces, un signo indescifrable, un adagio esculpido con cincel poco diestro. En lo que no puede ser visto el bisbiseo de las plegarias despliega su condición de epifanía.

sábado, 5 de junio de 2021

Imaginería | 02 | Medieval


El temblor de la llama en el candil, azuzado por cualquier mínima corriente de aire, provoca que la realidad se tambalee. Se ondulan las paredes. Las líneas, antes rectas, pierden la cordura. La vasija con flores sobre la mesa levita proyectada en su sombra. La ley de la penumbra asimila cualquier locura. Un tiempo que, en brazos de la melancolía, encuentra el remedio que anhela. Las heridas se parecen al dorado de la lengua que parpadea en la palmatoria cuando le falta el aceite. Es un estado de tenues murmullos, los sutiles gemidos del barro en las manos del alfarero.

martes, 1 de junio de 2021

Imaginería | 01 | Egipcia


Los ojos del río no se cansan de mirar. Se enamoran de las matas de papiro que cortejan el cauce, un sfumato de pintor delicado, bufanda de angorina en el cuello del paisaje. Le impresiona el sudor de los marineros que transportan piedras más altas que ellos mismos mientras las cuerdas que acompañan la navegación desde tierra azotan la superficie. En su espejo refulge el sol que agosta la llanura. Tampoco cesa de imaginar tras el crepúsculo. El resplandor de las hogueras, sobre el lomo de su discurrir, convierte los asnos que pastan por la orilla en gigantescos animales mitológicos.

viernes, 28 de mayo de 2021

Cuentos del hada jubilada (trigésimo séptimo)



Cuando se publica un libro, todo es alrededor silencio. Estoy contenta con la edición, pero soy la única. Bueno, se lo mandé a mi prima de Uruguay y le encantó recibirlo. La empleada de Correos, que me tiene vista, me preguntó si hacía el envío a mi hija. «No, a mi prima», le dije, pero me inquietó la vida que hubiera ocurrido si escribiera a Uruguay a la hija que no tengo. El hijo que tengo está en Londres, pero no se lo he enviado. Le mandé una foto por wassap. Me dijo: enhorabuena, mami; así, todo escrito en minúscula.

lunes, 24 de mayo de 2021

Cuentos del hada jubilada (trigésimo sexto)



Un traje colgado en un extremo del armario, cubierto con una tela blanca y bolas de alcanfor en los bolsillos. Lo llamaba Decisión. Se lo cortaron a medida hace años, después de ahorrar durante meses, contrastar precios en los sastres de la ciudad y consultar calidades del paño. Lo estrenó el día en el que se cumplía lo que había sido su gran decisión. De ahí el nombre de su traje. Meditada durante años y tomada para que, beneficiándole a él, no perjudicara a nadie. En el armario aguardaba otra decisión, aquella que ya no le correspondía tomar a él.

miércoles, 19 de mayo de 2021

Cuentos del hada jubilada (trigésimo quinto)



Iniciar una frase posee sus reglas, eso lo sé. Nunca empezar por un adverbio. Tampoco con un verbo queda bien. También hay que evitar las repeticiones, redundancias, aliteraciones, etcétera. No conviene usar palabras genéricas, como cosa, todo o etcétera, etcétera. Y puede que queden mal, aunque a veces quiera evitarlas sin conseguir verlas, las perífrasis. Nada de incisos, ningún paréntesis, sin abusar tampoco de las negaciones, en absoluto. Iniciar una frase teniendo en cuenta, o no, alguna de las reglas, otras las habré olvidado, sin duda, es una tarea la mar de sencilla, facilona incluso, claro. Cosa de un periquete.

viernes, 14 de mayo de 2021

Cuentos del hada jubilada (trigésimo cuarto)



Aprovecho que has ido a la peluquería a que te corten las puntas para escribirte un poema de amor. Un poema que no ha de ser ni demasiado largo, porque entonces no parecería un poema, sino una novela; ni tampoco demasiado corto, porque el sentido innovador podría no quedar claramente reflejado. En verso libre, por supuesto, pero con medidas petrarquistas, obligadas si se trata de un poema de amor, obviamente. Sin rimas, que suenan repipis. Con un ritmo lento, pero no tanto como para incitar al lector a dormirse, con algún giro, así, más... Ah, eres tú, ¿ya has vuelto?

lunes, 10 de mayo de 2021

Saul Leiter's hideout. Snow, 1960


La escritura sobre cristales es prueba determinante de que lo de fuera posee una naturaleza diferente a lo de dentro. Desde dentro, solo existen garabatos en lugar del mensaje que fuera ni se inmutan por leer. Dentro, en invierno, se respira en la cápsula del aire respirado, una atmósfera cada vez más familiar, como el haber recibido un premio por una redacción escolar. Mientras fuera lo real se vierte en el lienzo de un pintor expresionista que nunca se preocupó por aprender la mínima caligrafía del dibujo y prefiere las brochas a los pinceles, dentro el artista se ha dormido.

miércoles, 5 de mayo de 2021

Saul Leiter's hideout. Boy, 1960


De lo que se haya quedado ahí sentado, en la acera de una calle con tránsito incesante, envuelto en el papel de estraza de pensamientos cotidianos y temores ahora resueltos por la vida hace tiempo, no ha quedado ni siquiera la imagen que suscita esta inquietud. El resto, permanece. La valla que cerca el precario acceso a la luz del semisótano. El reflejo de las fachadas de los turismos que pasan al sol, otros modelos, pero idéntico cristal en el parabrisas. Las ondas que se abrazan a las antenas para llenar de vacíos la memoria. Solo lo superfluo resulta inmutable.

sábado, 1 de mayo de 2021

Saul Leiter's hideout. Horn & Hardart, 1959


Desde el interior de los grandes almacenes lo que el escaparate muestra, a la venta, es la ciudad. Prodigiosos maniquíes móviles que saben, igual que los de madera, quedarse perfectamente inmóviles bajo la lluvia, arbolillos de plástico en el fondo de la pecera. Rocas vivas, calcáreas, porosas, higienizadas por las corrientes de opinión, que albergan tras las ventanas especies aún por conocer. Hay enormes escualos que atraviesan el cristal, taciturnos, de aquí para allá. Son los reyes de la creación. Carecen de depredadores que no sean ellos mismos y se dejan conducir por sus capturas. A la venta quien mire.

martes, 27 de abril de 2021

Saul Leiter's hideout. Woman Waiting, 1958


A quienes les gusta perorar sobre la cotidiana felicidad que reside en los detalles de la vida suelen olvidar este principio: Hay que llegar antes que la persona esperada. Y luego caminar sobre este lío conceptual sin tropiezos: hacer como que la persona a quien se espera no ha llegado cuando en realidad el motivo de la espera está escondido enfrente, en espera también de la persona que no ha llegado, y mientras espere se colmará la presencia que habrá de concluir con la llegada de la persona esperada y el abandono de aquella espera esperanzada en que nadie llegue.

jueves, 22 de abril de 2021

Saul Leiter's hideout. Cracks, 1957


La hendidura de la uña en el revestimiento de yeso que señala el transcurso de un día por la celda que carece de luz. La oquedad que erosiona las rocas calizas desde el interior tras el paso de las lluvias o después de las heladas. Las resquebrajaduras que usan el barro y la cerámica para anotar con disciplina de escribanos sus horas de servicio. Las fisuras en las vigas que sostienen el tejado cuando testimonian largos períodos de abandono. Las grietas que las décadas dibujan con extremada paciencia sobre la pintura reseca, en superficies que nadie se detiene a mirar.

domingo, 18 de abril de 2021

Saul Leiter's hideout. Red Curtain, 1956


Alguien siempre es nadie al otro lado de la ventana alta. Y al mismo tiempo, entrevisto por la ranura que dejan los dobleces de la cortina, ese nadie siempre es alguien que posee la extraña virtud de ser otro, ajeno por completo a cualquier vicisitud desde la que se mire. Solo el otro y el que contempla coinciden cuando uno de los dos no exista. Bien si sale a la calle el observador y no es observado; bien si se da media vuelta, regresa a la mesa donde escribía este texto y continúa redactándolo, tras haber olvidado cuanto ha visto.

miércoles, 14 de abril de 2021

Saul Leiter's hideout. Haircut, 1956


Cuanto parece igual reflejado en un espejo es, en verdad, diametralmente opuesto. La antípoda de lo real. Que quien se sienta en el sillón del barbero para un corte de pelo crea que es él quien ve reflejado delante puede considerarse un error común. También sus convicciones políticas o religiosas, el trato que dispensa a los subordinados, el colegio elegido para sus hijos, el tiempo que dilapida frente al televisor, etcétera, posiblemente también lo sean. En el conjunto de errores que cualquier persona acumula en su vida cotidiana, el de identificarse con su imagen antagonista resulta inapreciable. Es decir, simbólico.

sábado, 10 de abril de 2021

Saul Leiter's hideout. Dog in Doorway, Paterson, 1952


Nada hay tan verde como un perro tumbado sobre la alfombra, junto a la puerta. Nada tan fugaz como lo que las cortinas ocultan. Rara vez se descubre algo en el encuadre de la ventanilla trasera de un taxi. Se paga para que aleje pensando que acerca. La ciudad es así, amante secreta de las paradojas. Cuanto más multitudinaria una avenida, más solitarios congrega. Nada hay tan perro como un verde expandido por toda la fachada. Nada tan escasamente locuaz como una cortina. Se paga la tarifa del taxímetro para rasurar la experiencia. Como quien entra en la peluquería rapado.

lunes, 5 de abril de 2021

Saul Leiter's hideout. Mannequin, 1952


Bajo la gabardina a destiempo de la época dicen que hay un filósofo. No quiero parecer escéptico, pero tampoco reconozco su cara, la verdad, de las portadas de revista que cuelga el quiosquero. Lo he visto renquear cuando camina y me he imaginado que tumbado leyendo, sí, quizá, estuviera más a gusto. Pero lo que me ha hecho dudar ha sido que al pasar frente al escaparate del anticuario ni ha mirado. No le ha dicho nada que haya quien le pinte las uñas de rojo al maniquí sosteniendo en su mano la rigidez y el silencio de la madera.

jueves, 1 de abril de 2021

Saul Leiter's hideout. Footprints, 1950


«Invidïosa sobre nieve, / claveles deshojó la Aurora en vano», escribió Góngora la mañana de invierno en la que se asomó a la ventana de la calle de las Huertas y vio pasar al obispo con la mitra puesta. En busca de aventuras, Perceval vio cómo del cuello de una oca caían tres gotas sobre la nieve que le recordaron el fresco color en el rostro de la amada. «El tiempo es sangre», escribió con la suya en el helor de la madrugada Miguel Hernández. Huellas rojas que ve Francisco José Martínez Morán tras haber «pisado cristales con los pies / descalzos».

sábado, 27 de marzo de 2021

Cuentos del hada jubilada (trigésimo tercero)

De la poción mágica, me cuenta el viejo druida junto a la cancela de acceso a su casón de aire primitivo, mantengo solo el hábito de la primera parte: la búsqueda de los ingredientes, su tratamiento, la elaboración, el fuego, el humo, el sabor, el tiempo. La magia de lo perceptible. Me gusta más que la moderna ingeniería tecnológica. Las puertas que se abren sin que nadie las abra, los teléfonos que hablan con las personas, los convoyes de metro que prescinden de conductor, las vacas que se ordeñan solas, máquinas que aprenden. La magia ya no tiene ninguna gracia.

martes, 23 de marzo de 2021

Cuentos del hada jubilada (trigésimo segundo)

Los poemas eróticos poseen un serio problema conceptual. Pueden ser del pasado, reminiscencias de acciones que ocurrieron en un instante que desapareció. Desde este punto de vista, se convierten en elegíacos. No celebran el amor, sino el amor que ocurrió. También pueden ser de futuro. Presagian un instante de acción que, obviamente, no está sucediendo. Son poemas de deseo, pero no eróticos, porque el erotismo es una propiedad del presente. Aunque resulta difícil, acaso imposible, escribir un poema erótico en un presente erótico. O se escribe o se abraza. Este es el problema de los poemas eróticos, resultan demasiado teóricos.

viernes, 19 de marzo de 2021

Cuentos del hada jubilada (trigésimo primero)

La O tiene el 0. También la a. El de la o es más grande. Los de la a y de la e son breves. I y u no tienen. Bueno, los tienen de otra manera. Son grietas en sí mismas. Una i, una ranura. Una u, una hendidura. Pero la o, o la O mayúscula, son oquedades que se pierden al otro lado de la palabra. Resquicios en la opacidad blanca de la hoja. Fisuras a través de las cuales se vislumbra. Bien aquello que se busque, bien lo que necesite una rendija para ser descubierto en la palabra.

domingo, 14 de marzo de 2021

Cuentos del hada jubilada (trigésimo)

Se diría, si observo en el plano el itinerario de los recorridos que he realizado en los últimos meses para desplazarme mientras cumplo las tareas de repartidor de paquetería, que prefiero los atajos que alargan el camino. Elijo aquellos que acortan el trayecto hacia un lugar que se encuentra distante de la dirección a la que me dirijo. De modo que llegue lo antes posible muy lejos del sitio a donde voy. Es una forma de abreviar la ruta de la manera más dilatada. Así retraso el hecho de entregar, al mismo tiempo que apresuro el hecho de no entregar.

miércoles, 10 de marzo de 2021

Cuentos del hada jubilada (vigésimo noveno)


Jugar es la forma de tomarse en serio el mundo. El espíritu infantil que no desparece con la infancia, sino que se transforma en una manera de sentir que no cree que la realidad sea la única responsabilidad del alma. La lectura imaginaria del tiempo es posible. La risa como crítica es viable. El lenguaje entendido como carrusel deleita. Uno monta un caballo blanco, con las crines al viento; otro, un camión de bomberos, con su campana enloquecida. Y las vueltas del tiovivo escriben un presente puro, que ni siquiera va a necesitar memoria, por su cualidad de tiempo continuo.

viernes, 5 de marzo de 2021

Cuentos del hada jubilada (vigésimo octavo)



El batín que viste el paisaje en mañanas de invierno. Despeinado, aún. Sin el dorado del sol en las mejillas, prefiere que nadie lo vea. Las nubes le son solidarias. Los pájaros le cantan desde la nada. Entre matorrales que no existen, al moverse hace ruido algún animal. Desde el porche de la casa, con una taza de café en la mano, busco ver algo tras la tela que lo cubre. Algún destello del paisaje. Una rama aislada, el color de una flor que desafía grisuras, un brote de lechuga entre los terrones del huerto. Nada, todo borrado. Solo niebla.

lunes, 1 de marzo de 2021

Reflejos | 8



Dibuja con negros. Matiza con grises. El blanco no rayado simula los movimientos. Le gustan las capas. Por los pliegues y, sobre todo, por la sensación de frío que transmite. Y también de inseguridad, pero fuera de la capa, en los lugares donde la mirada, pájaro que ha perdido el norte, trata de posarse sin conseguirlo. Resbala. Dos bultos, tres. Transitan por una angosta cañada. Fisuras blancas sobre la superficie cubierta a carboncillo evocan el reflejo, gélido, de la luna, en lo más alto. Con los dedos, impregnados de polvo, oscurece el contorno del dibujo. Con una chincheta lo cuelga.

viernes, 26 de febrero de 2021

Reflejos | 7



Los constructores de piscinas suelen sentarse a media mañana en el borde, con el papel de estraza que envuelve el bocadillo en las manos y las piernas al aire. Durante media hora. Al sol, si es en invierno. Dejen en un costado una cerveza, que van bebiendo de sorbo en sorbo. Lanzan después los envoltorios y botellines al saco donde se acumulan los escombros que extraen para crear el vacío que necesita una piscina para existir. Cuando los bañistas se sienten en el borde, sus piernas permanecerán sumergidas. Y tampoco podrán comer junto al agua porque las normas lo impiden.

domingo, 21 de febrero de 2021

Reflejos | 6



En invierno, el turno de noche concluye antes que la oscuridad. En el momento de salida de los operarios, a la puerta de la fábrica acuden las luciérnagas que ya se han extinguido en los bosques. Diminutas bolas de fuego que aumentan su incandescencia a cierta altura y luego, al descender, se debilitan. Con un paso más apresurado llegan los empleados del primer turno. Apenas bultos que se apresuran ante quienes continúan fumando, sin prisa por regresar. Un cruce de trenes en una estación, mientras aguarda el más lento en el andén secundario, el rápido circula en persecución del destino.

miércoles, 17 de febrero de 2021

Reflejos | 5



Por debajo de la gabardina, abotonada, una cenefa de la bata de andar por casa y la caña de algodón aterciopelado del pijama. Confía en no cruzarse con nadie, pero siempre hay alguien que al pasar baja los ojos y sonríe por dentro al descubrir la bola de plumas sobre el empeine de la zapatilla. En la negrura de la bolsa de basura, la luna. Es lo que ve desde la ventana del autobús la mujer que regresa del turno de tarde en la caja. La ha visto también en el cartelón de un anuncio y estampada en un escaparate.

sábado, 13 de febrero de 2021

Reflejos | 4



La hiedra que asciende por la tapia como un vestido de invierno asiste desinteresada a la charla del encuentro casual. Está acostumbrada a los sonidos. Hay pájaros que se emboscan entre sus ramas al atardecer, antes de acabar sus cánticos. Menos costumbre tiene del humo del cigarrillo que uno de los dos bultos ha encendido. Lo ha extraído del paquete, que ofrece compartir. La otra persona lo rechaza con un movimiento de cabeza. La llama del mechero, un corazón diminuto, ha brillado lo justo. Alzan los brazos al conversar. Solo la enredadera de las flores blancas sabe de qué hablan.

martes, 9 de febrero de 2021

Reflejos | 3



La tipografía iluminada del bar nocturno esparce pigmentos rojizos sobre la melena de quienes, en pie sobre la acera, charlan. Azules difuminados en la ropa que ha extraviado los colores, algún amarillo que dibuja brillos desparejados en lo oscuro. De repente, la magia cromática desaparece. El dueño, a continuación, impulsa la persiana con un estruendo que zanja la conversación, y con un crujido seco cierra el candado. La noche se espesa sobre los bultos que permanecen donde estaban, ahora en la condición de sombras. Solo de vez en cuando, si los faros de un automóvil los encaran, cobran momentánea realidad.