domingo, 19 de noviembre de 2017

Becqueriana / 119



Solo algo de lo que decimos lo dicen las palabras. Una parte, no sé, «un tanto por ciento» dirá algún filósofo del presente, es decir, cualquier periodista o cualquier economista. Nosotros no decimos nada sobre lo que hemos dicho, simplemente decimos. A veces con palabras. Otras, las más locuaces, con gestos, sonrisas, apretones, miradas o caricias. Casi siempre las más, diría. Con la respiración decimos. Con el aroma del cuerpo. Con el tacto de los dedos. Con el baile de los brazos. Con el lenguaje adusto de las piernas. Y en ocasiones, también con palabras repetimos lo que hemos dicho.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Becqueriana / 118



La mejor biblioteca, un banco en el jardín público. Una pareja sentada frente a un único libro. Una mano sostiene las hojas que han leído; la otra, las que quedan por leer. A veces uno pregunta por una palabra, o le pide con un gesto que aguarde un instante a que acabe un párrafo. Son como notas a pie de texto que le añaden a la página que leen. En otras ocasiones canta un pájaro entre los árboles y se incorpora también a la lectura. Luego, cierran el libro, se levantan y de camino van explicándose lo que han vivido.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Coro de ausentes | ORACIONES


La ventana del cuarto me lo muestra.
Lo dibuja la luz con pulso firme,
la claridad lo colorea
con manchas de pintor impresionista
sobre un lienzo de arena.
Lo enseña, pero no lo entrega.
El espacio. El olor a tierra húmeda,
hojas dispersas por el cauce,
destello de limón maduro,
fragancia de las rosas
cuando amanece, sinfonía
caótica de pájaros, canción
de la lluvia en las cañerías
y en los cristales. El espacio
está en mí
aunque no lo posea. En mí pervive
si lo contemplo desde esta ventana.
No me muestra lo que estoy viendo,
sino aquello que soy.

lunes, 13 de noviembre de 2017

«La mirada», en FCE (díptico)



1 
Se ha de sostener en la mano, si acaso el libro se le lee. De ahí que empiece por el tacto la lectura. La mirada devuelve la leve aspereza del papel verjurado. El color del pliego, sábana donde el poema se acuesta, ahuesado. Casi atardecer de octubre sobre una pared blanca. Casi duna frente al océano de las guardas. La mirada ronda antes de detenerse. Se deja mecer por el libro. Antes del poema. Su exactitud en la página. El artesano modelar uno a uno, hoja a hoja. La precisión tipográfica. El paspartú de silencio, alrededor. La gratitud del carácter. 

2
Reunir poemas es pensarlos de nuevo. Elegirlos otra vez. Componer un paisaje con sus voces diversas. Armonizarlos. Un golpe de batuta sobre el atril que sostiene una partitura nunca escrita. Descoser los poemas de los viejos libros para tejer un libro nuevo. Y con el cambio de lugar, la mudanza de voz. Reunir junto a los poemas antiguos los poemas recientes es añadirle a la sinfonía que se sabe tararear pasajes que aún no se han escuchado. No basta, entonces, con pensarlo. Habrá que escuchar uno a uno a los miembros del coro para saber quién será ahora el solista.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Coro de ausentes | KILÓMETROS


El silencio, un pañuelo
blanco anudado al deseo con pespuntes
mínimos de color. El tinte azul
de quien respira, la tonalidad
cobriza de las horas
en un distante campanario,
el amarillo piar de pájaros
fugaces, el pigmento cálido
del roce de una mano
sobre la piel, la vibración
gris del papel cuando se pasa
de página o el susurro verde
de las copas de árboles frondosos
si el viento las agita.
Colección de sonidos que conservo
en un tarro de vidrio.
Contemplado al trasluz el que he elegido
me entrega en su silencio
las sensaciones que dan forma
al presente.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Coro de ausentes | FIGURAS


El río. Por la carretera,
en la otra orilla, el bulto
del autobús de línea
sobresale entre la vegetación.
Mientras circula ni da tiempo
a apreciar, en la ventanilla,
el rostro del viajero que contempla
lo mismo que estoy viendo.
El cauce oscuro, lenguas
de arena que lo pautan,
bosque de juncos. 
                            Enseguida
desaparece. Estoy solo, lanzando
piedras al río como quien remienda
metáforas en las palabras
que nadie quiere oírle usar.
El agua fluye con rumor
ilegible, el presente se desplaza
al otro lado con fragor mecánico,
la luz remite
y aquí sentado ni siquiera
puedo afirmar que permanezca.

martes, 7 de noviembre de 2017

2010 - «Un toldo rojo»



Chof. La cesta de mimbre en mitad de la corriente. Fuera cestas, clama Dylan Thomas, el barquero. Fuera manteles a cuadros. Paf, paf, aletea arrastrado por el viento. El remero ve volar su mantel favorito y rema. Fuera el termo lleno de hirviente té, brama colérico. Plaf. El timón enloquece con los desacompasados gestos. El aprendiz se aflige, atado al remo. Cuanto había preparado para la excursión en barca, ahora desperdigado por la superficie. El río, solo el río, vocifera el barquero con el pote del plumcake de zanahoria en la mano. ¡Fuera! Plas. Joaquim Manuel gime y sigue remando.

domingo, 5 de noviembre de 2017

2009 - «Ángel de las olas»



En cada esquina. Rua Curupati debería leer y no Cypress Road como lee. Y de vez en cuando él. El Inspector de Alcantarillas Harold Pinter. Barrio de Tristeza y no Forest Hill. Y súbita la tapa de un sumidero que se entorna y requiere. El muchacho, João Gilberto, asustado, lo entrega. Lo que sea. Una mano. Primero fue una mano y dejó de escribir cartas. Un pie. Ahora cojea por Trinity Street y en cada esquina busca el letrero —Avenida Guaíba— mientras el Inspector no emerja de un hueco y le solicite los ojos. Con los que continúa no viendo.

viernes, 3 de noviembre de 2017

2008 - «Alrededores del paraíso»



«Mamá, mamá —corría asustado por el pasillo—, me ha salido bigote». «¿Dónde, hijo?» «Mamá, en el espejo». Cada vez que José Luis se miraba, el cristal le devolvía la imagen de un señor con bigote, gesto melancólico, sombrero y gafas. Se quitaba sus gafas rectangulares y seguía contemplándose con las redondas. Un día le preguntó: «Y tú ¿quién eres?» Y el tipo del bigote le dijo algo de Campos, pero al día siguiente le respondió que un tal Reis. Y al otro que Caeiro, al otro que Soares, y así. «¿Eres persona?», se atrevió a plantearle. «Claro, chico listo».

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Coro de ausentes | UBICACIONES


Ha llovido mientras dormía. Lluvia
solitaria y desangelada, fúnebre,
sobre caminos que no cruza nadie.
Repiqueteo en el tejado,
alboroto en los vidrios, en las losas
y por los escalones que descienden
al huerto. 
            Quienes esperaban
cada día de sol su entrega
se acogen a las gotas con agrado.

Una lluvia nocturna, persistente,

trabajadora. Mientras
dormía ajeno al brillo
de la humedad
y al sonido. Mejor será decir,
pensando en otros brillos y en sonidos
que golpean el empedrado
del sueño. Pasos
que imagina quien duerme
solitario y desangelado,
aunque vital porque la lluvia
que no oye ni ve le abraza.

lunes, 30 de octubre de 2017

2007 - «La visita y otros libros»



Las paredes blancas, la tarde añil. La respiración de la piedra en el gorjeo de los pájaros. Sor Juana Inés sube las escaleras hacia la celda y el manteo suena con los acentos de un endecasílabo petrarquista. Ana los cuenta en voz baja: De la beldad-ad de La-laura ena-na-mora-ra-dos. Los cielos se abren como una inmensa A, principio y final. Ensimismada, la muchacha sigue el reflejo blanco de la monja por el corredor alto. Columna tras columna. Bajo un arco de medio punto desaparece. La voz de su madre desconcierta el cristal del tiempo: Ana, entregada la aportación. Nos vamos.

sábado, 28 de octubre de 2017

2006 - «Parménides»



«No lo entiendo, —se queja César, las botas de fútbol al hombro, meneándose los cordeles con los gestos de la protesta— si yo compro una botella de agua y una magdalena de chocolate por qué he de pagar esa barbaridad». «Es la parte alícuota del total de las ventas realizadas durante la semana, —le responde con didáctica confuciana el chino Parménides, dueño del colmado que hay junto al campo de deportes de Coronel Pringles— no existen clientes, sino El Cliente; no hay compras, sino La Compra». «Pues ahí se queda la botella y el bollo, me largo al de Heráclito».

jueves, 26 de octubre de 2017

Dietario de sensaciones, 36



Dormida aún en sus dobleces descubro la chaqueta en el fondo del armario. Se estira, cuando la despliego, un poco incrédula de que las haya despertado de su letargo, pero se aviene enseguida a cubrir los brazos de la súbita caída de las temperaturas. Qué recuerdos afloran con la chaqueta: los días en que saludaba el ir olvidando prendas en casa a la hora de salir. Ahora agradezco el frescor del día que la ventana cuela como aviso de que una camisa no va a ser suficiente. Contenta de abrigarme y yo de que me abrigue, partimos hacia el otoño.

lunes, 23 de octubre de 2017

2005 - «Soliloquio para dos»



Ni la profusión de la lluvia chorreando en las cristaleras lograba ser más rápida colocando gotas en el cuadrilátero que Walt Whitman insertando tipos en la forma. Hubo quien se había jugado el jornal por incrédulo. Bastaba que llegara desde la puerta su voz a la sala sucia, húmeda, de la imprenta para que los empleados se irguieran de golpe temiendo ya la avalancha de pliegos por calzar bajo el tórculo. No quiero aprendices, le gruñó de espaldas a Eduardo, mozalbete grandullón aficionado a las cajas tipográficas, pero se dio la vuelta y se sorprendió a sí mismo pidiéndose trabajo.

sábado, 21 de octubre de 2017

2004 - «Paradoja del interventor»



—Billetes, por favor… ¿Me muestra el suyo, joven?
—Me llamo Gonzalo.
—Me parece perfecto. ¿Y su bono?
—Antes deberíamos presentarnos.
—El interventor, un placer. ¿Y ahora, su boleto?
—Ah, ya lo veo en su placa: Bernhard T. ¿Qué es T.?
—¿Título de Transporte, tal vez?
—Lo dudo, nadie se llama así.
—Tampoco nadie viaja sin billete en mi tren.
—Bueno… Claro… Verá…
—Veo.
—El caso es que no quería ir a ninguna parte, pero tampoco quería quedarme en cualquier sitio. No sabían qué billete venderme.
—Ya.
—Solo me sienta bien ir de un lado al otro, en su tren, Thomas.

jueves, 19 de octubre de 2017

2003 - «Mirar la Nada, ver a Dios»



Ah, la mañana en la que Rui entra en el autobús, ve un asiento libre junto a la ventanilla y va a sentarse. Ah, de la parada en la que sube un muchacho con camisa y pantalones de lino blanco y la pierna vendada. Tan joven y con tan agotado gesto. Ah, del instante en el que Rui le ve renquear entre asientos ocupados y al instante le cede el suyo, donde ha estado contemplando la nada. Por favor. Arthur Rimbaud le saluda con toda la claridad que atesora su mirada. Y agradece heredar lo que había dejado en herencia.

lunes, 16 de octubre de 2017

2002 - «Ciego Montero, ¿dónde te metes?»



No habla con nadie. Se sienta solo en un banco y deja que los tilos, desde su abulia, le contemplen. Dicen que es jubilado de los ferrocarriles. De la línea del Norte. Pero no sé si es cierto. Samuel, dicen también que se llama, Samuel Beckett. Quién sabe. Nadie lo trataba hasta que apareció por los columpios aquella niña pizpireta. Isabel, su nombre. Subía, bajaba por el tobogán sin descanso. Fue necesario que se acercara, le arrebatase la mano y se fueran los dos a pasear por el sendero de las petunias para que supiéramos que el viejo sabía sonreír.

jueves, 12 de octubre de 2017

Coro de ausentes | JILGUERO


De las palabras que ha sembrado
la escritura en macetas
nacen días o noches,
un tiempo tan fugaz y evanescente
como las frases que germinan son
difíciles de concretar.
Un sin tiempo, mejor,
y un sin significado que se unen
para trenzar antiguas
umbrías en lo que una fuente escribe.
Un no tiempo y un no lenguaje.
Un sentido que solo reconozca
acaso quien lo vio nacer.
O que ese nacimiento sea
su único sentido. Una manera
de comprender la vida en el vivir.
Una forma de estar aquí,
a solas, pero junto a los demás.
Cerca y más lejos.

martes, 10 de octubre de 2017

Coro de ausentes | DESCUBRIMIENTO


Encontrar. A lo largo
del día y a lo ancho de la noche.
En cualquier sitio donde esté
encontrar algo que ya sea propio.
El vuelo de una garza
sobre el cañaveral. La luz
del poniente que juega al escondite
detrás del campanario. Un brote
de pino que se fuga
del bosque. A veces veo
palabras. Unas son desconocidas;
otras, sucias. Se limpian con fervor,
se les devuelve su significado
y se colocan dentro de una frase
de nuevo. Así, encontrar
es la manera 
de sentir el latido
de la vida. Y cuando atardece,
cada día, encontrarse
uno consigo mismo.

lunes, 9 de octubre de 2017

Coro de ausentes | VELETA


El viento habla con el muro
de vez en cuando. Le propone
ir de aquí para allá,
no asentarse en ningún lugar,
abandonarlo todo.
Disfrutar la aventura
del movimiento que no cesa.
No tener una casa
para entrar en la de cualquiera.
El muro escucha, sí, pero no presta
atención, porque ya conoce
su monserga, tan vieja como el alma.
Le preocupe más la vida
de las flores menudas
que entre sus ranuras crecen en abril
y trata el viento de arrastrarlas
en su parranda. Ingenuas
quisieran admirarlo. Al que se va
cuando los días permanecen,
y no se sabe a dónde.

sábado, 7 de octubre de 2017

Becqueriana / 117



El dulzor de la saliva ha dejado sobre la piel un poema. Leve rastro de humedad que traza sensaciones y estremecimientos. Médula que da vida a los versos. Rayo que vierte su luz sobre el papiro de los cuerpos y deja un cuenco de silencio al pie del tiempo. Laberinto de brazos y piernas que caligrafían la letra de un alfabeto desconocido, que se aprende en cada abrazo para poder leer los instantes sin texto. Caracola del deseo que ha recorrido las voces con ojos cerrados y a su paso ha dejado por escrito lo que no ha necesitado escritura.

jueves, 5 de octubre de 2017

Becqueriana / 116



Sobre el tendido eléctrico los pájaros revelan la partitura musical de la mañana en la pared donde la sombra del primer sol los dibuja. Si emprenden el vuelo, su escritura se expande por el cielo y se convierte en un morse que transmite urgentes citas de Heráclito en el frontispicio del mediodía. Entre las ramas, su piar menudo inaugura la tarde con la métrica hexasilábica de una canción tradicional donde una muchacha habla de amores emboscada entre las hojas de las metáforas. Y al anochecer, aves oscuras describen con la caligrafía de los encuentros el instante de entrelazar las manos.

martes, 3 de octubre de 2017

Coro de ausentes | BANDEJA


Cien palabras para un poema.
Se seleccionan y se limpian
sentidos figurados,
se secan con el paño
de la fonética. Se distribuyen
en frases, se sazonan con diversos
signos de puntuación.
Se cocinan a fuego lento.
En otro recipiente más pequeño
se hierve una mirada.
Lo que los ojos ven sobre la mesa
donde se escribe, lo que se contempla
por la ventana, lo que evocan
las imágenes en el escenario
de la memoria. En este punto
de ebullición su contenido
se vierte en las palabras.
Se sirve con caligrafía
enrevesada, cejijunta.
Por encima, unas gotas de café sin azúcar.

domingo, 1 de octubre de 2017

La vendimia


Al caer la noche los cestos apilados esperan el último viaje del tractor. Forman un bulto de sombra en mitad del camino. Los hombres se sientan en el suelo y algunos sacan un cigarrillo y fuman. Las vendimiadoras ríen en corro mientras los últimos rayos del día les iluminan el cansancio del rostro. Las vides parecen levitar, sin frutos entre las hojas y ahora, ya, solitarias tras un día de trasiego. Exultante, el dueño va de unos a otras, saluda y reparte sonrisas. Ha contado los cestos y ha multiplicado. Solo para él, es la noche de fin de año.

jueves, 28 de septiembre de 2017

El dependiente


Por norma general un minuto antes de cerrar entra un cliente. Aquella tarde, dubitativo. Y para colmo con las prisas la persiana del colmado se atascó. Llamé al dueño: «Número desconectado o fuera de cobertura». ¿Quién se larga pensando que desvalijarán la tienda? Compré un kebab, me senté en el suelo a vigilar. Se acercó a husmearme un chucho. La correa. Detrás, la chica. Me sonrió al ver que le sonreía al perro. Me dijo: Cuéntame algo. No iba a contarle mi vida, así que eché mano de la imaginación. Se quedó conmigo y luego todas las noches desde entonces.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Coro de ausentes | ZAGUÁN


La partitura de los versos son
las sílabas, mínimos
granos de luz que emiten
destellos. Cuando se consigue
dominar la secuencia del vaivén
lumínico, el poema suena
como un arroyo al descender
apresurado en la ladera.

La partitura del arroyo es

la mirada de quien contempla.
En su fugacidad constante
descubre la quietud de un ritmo y ve,
en lo perdido, lo que permanece.
El día.

La partitura de los días son

las palabras, las mismas siempre
y siempre diferentes.
El gesto de la mano al escribirlas,
de los ojos cuando se cierran
para ver lo que están ahora viendo.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Dietario de sensaciones, 35




Aquel tableteo había sido la música de la escritura. Una melodía áspera, tumultuosa, que acababa con un rumor ronco de rodillo al arrojar el silencio en el que quedaba lo mecanografiado entre las manos. Cada letra había producido una hendidura en la hoja; mientras la vista la repasaba por delante, las yemas de los dedos que la sujetaban la sentían por el reverso. Hoy, ya olvidada para el quehacer, se ha convertido sobre un estante en objeto decorativo, el destino de cualquier máquina que la época haya abandonado. Con pantallas se escribe ahora mucho más rápido, pero deja menos tiempo.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Coro de ausentes | TURBA


Animal irritado,
el invierno desvela.
Las ráfagas de agua
contra los vidrios. Viento que enloquece
la copa de los árboles en las calles.
La cama se transforma en balsa
que las olas someten
a su capricho. El sueño, un invitado
cuya ausencia abandona
el mantel extendido,
en orden los cubiertos,
los platos limpios, gélido
y lleno el cuenco de la sopa.

Un animal herido que despliega

su nihilismo por las noches.
Revuelve sábanas y pensamientos,
altera percepciones. Desorienta.
Destierra los silencios.

En la memoria busco un mástil

de velero abismándose
que me sujete como a náufrago
de cómic infantil.

lunes, 11 de septiembre de 2017

1903

Antonín Dvořák se siente enfermo 

Ya mayor y fatigado, el músico cruza al anochecer el Puente Carlos en dirección a la Ciudad Vieja. Con frecuencia llueve. Pero el chasquido del agua contra los adoquines, el chapoteo de sus pasos y la música que en su cabeza tararea, un movimiento de cierta sinfonía que recuerda con agrado, quedan ocultos bajo el fragor de la corriente del Moldava al impactar contra los pilares. Camina hasta una iglesuela donde le aguardan un órgano y la soledad. El párroco le ha dejado la llave. Ahí se recoge a veces por encontrar quien fue y regresar a su interior.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Coro de ausentes | XILÓFONO


Del paciente observar
cómo las aves se detienen
en el alféizar, un instante,
igual que ellas viven detenidas,
y luego echan a volar con gesto
simple, sin aspavientos,
sin contorsiones, se despliegan
las alas, vuelan, las campanas
aprenden a sonar.
                            Un vuelo
que no las mueve del lugar
donde están aunque se desprendan
de lo que vuela, los sonidos.

No vuelan las campanas

para que vuele su hablar. La voz.
Mejor, su exacto decir.
En el soñarse aves, con paciencia,
afinan las campanas
la música que acoge al tiempo,
ese volar. El ya no estoy.
Las aves que han partido.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Coro de ausentes | WOLFRAMIO


La lámpara ilumina
las páginas del libro, el resto queda
en penumbra.
Las palabras, actrices en escena,
interpretan y cantan para dos
ojos. Su público de sombras
lo forman el armario, un cuadro, apliques,
las mesillas de noche, las cortinas
y la alfombra. Platea idéntica
a cualquier patio de butacas
de un teatro cualquiera donde
una sola persona vea lo que acontece.
Es el pequeño
milagro de la poesía.
No existen los plurales.

Lo que alguien escribió, quizá
a la luz de una vela en otro siglo,
quedó escrito solo para un lector.
Cuando lo lee, cobra luz. Y arrojo.

jueves, 31 de agosto de 2017

31 de agosto


Nunca he sentido nostalgia los domingos por la tarde ni cuando acaban las fiestas, aunque siempre tuve un leve pesar al final de agosto. Un recuerdo que me queda de niño. Tras pasar un mes entero lejos de la ciudad, en el campo, la familia emprendía la tarea de recogerlo todo e iniciar el gran viaje de regreso. Aquellos días aprendí algo sobre el ciego caminar del tiempo, al que nada le importa que uno esté bien o mal. Él, a lo suyo. Descubrí con melancolía que el tiempo no solo quita tiempo, sino, y sobre todo, nos arrebata lugares.

martes, 29 de agosto de 2017

Teoría de la brevedad \ 2


El ojo que no pestañea, ¿no ve cuando nos está mirando? El ojo quieto sobre el trípode. Mudo, aunque registre el sonido. ¿Nos estará escuchando cuando nos oiga? No hay nadie dentro ni fuera de la cámara; ella, ciega que ve y muda que oye. ¿Ojos, oídos de quién? La has colocado donde nadie nos ve. No te he dicho nada. Pero me he preguntado si es la misma soledad que sin ella. ¿Es la misma intimidad? Has dicho que sí. Lo argumentas: es como un circuito cerrado. No entiendo, he musitado. La intensidad no se pierde, continúa sin nosotros.

viernes, 25 de agosto de 2017

Coro de ausentes | GLOSA


Cruza el bosque
por las sendas donde los jabalíes
han removido las raíces
y la maleza borra
la tierra apretada por la memoria
de los caminantes. La acémila
le sigue con dificultad.
Los cascos
rebotan con un ritmo
pausado. Como el de su andar.

El hombre de los tintes
de vez en cuando se detiene
en un claro. Desata
el barreño,
que por el suelo traza círculos
en la hojarasca.
Suelta los sacos, los que guardan
los colores que mima. Ocres,
granates y dorados.
La mula busca brotes verdes
entre la hierba seca.

La tarde se resiente de la herida.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Coro de ausentes | CALIGRAFÍAS


A veces llueve. Otras, el sol se tumba 
sobre el llano. Baldeo con el cubo 
que ha de limpiar las losas. Pasan nubes
para que existan nombres en el cielo:
cirros, estratos, cúmulos. Las flores
que impregnan con aromas los instantes.
Matas, breñas y árboles, arbustos.
Hay hormigas, hay ciervos y una águila.
Caminos de guijarros, un talud
con florecillas, puentes de metal
por donde pasan cóncavos los trenes.
Sopla el viento, a veces. Otras, vibra
la americana al son de la ventisca.
O nieva en las páginas del libro
donde despacio, lento, con cuidado,
camino por la blanca porosidad.

lunes, 21 de agosto de 2017

Becqueriana / 115


No siempre las cartas cruzan distancias hasta que llegan y son abiertas y leídas. No siempre invierten horas, días, en el trayecto, y no siempre el tiempo separa la mano que las escribió y los ojos que se descubren en los renglones que leen. Hay cartas instantáneas. Cartas, porque se escriben, aunque no utilicen palabras que están en el diccionario. Instantáneas, porque su desprecio del tiempo las convierte en recíprocas. Quien la escribe es quien la lee, y quien la está leyendo es quien la ha escrito. Cartas en las que mandar y recibir se funde en el mismo gesto.

sábado, 19 de agosto de 2017

Las Ramblas


Barcelona cuenta con dos ríos. Ambos distantes, desangelados, inútiles para un paisajista. Pero nunca ha echado en falta uno que atraviese la ciudad regalando perspectivas. Tiene Las Ramblas. Torrente que sube y baja al mismo tiempo, metáfora viva del arroyo que fue. La conversión en cauce de quien pone un pie en el paseo arbolado es más inmediata que la del guijarro que se lanza a las aguas. El caminar se cede a los andares pausados de la multitud. Y el caminante experimenta la sensación de estar. No en cualquier parte, sino en Las Ramblas. Un río. Hoy, una elegía.

jueves, 17 de agosto de 2017

Coro de ausentes | PERMANENCIA


Estar. Sin otra cosa 
que hacer. El viento insólito 
que admira un mar en calma. 
La nieve que disfruta 
en lo alto del día 
sereno. Solo estar. 
Sin preocupación. 
Pájaro entre las ramas 
que canta la belleza 
de la nada. Las olas 
que salpican las aguas 
que la arena absorbe. 
Estar y al estar, ser. 
Paloma, campanario, 
guijarro, brisa, fuente. 
Ajenos al correr, 
a la premura, afán, 
ansia. Canción que entona  
una niña que baila, 
asceta en el jardín. 
Botes de la pelota 
contra la tapia, el niño 
que juega en un estadio 
de naranjos. Estar. 
Viviendo lo que es.

martes, 15 de agosto de 2017

Coro de ausentes | MIRAR


El cielo encierro en un cuadrado.
O mejor, en un cubo. Cada vez
que rueda por la alfombra de los días,
se detiene y exhibe diáfano
una cara. La miro.
Vuelve a girar. Se inmoviliza.
La contemplo. Voltea.
Se para.
La observo. No repite cara el cubo
que muestra el cielo porque la mirada
nunca es la misma. Cada instante
nace en la cara que descubro
en la imagen del cielo
que miro, nunca en el mirar.
Por eso la mirada es otra,
es siempre diferente a la que vio
el cielo que precede.

Hablo del tiempo que me vive.

domingo, 13 de agosto de 2017

Teoría de la brevedad \ 1


Y me dejo fotografiar. Sentada, con la taza de café en la mano y una sonrisa compuesta en los labios. La tarde se disfraza de compañía de titiriteros que anuncia su espectáculo por toda la plaza. Nada parece ocurrir más allá de sus cantos interrumpidos por exclamaciones de alegría. Visten de naranja. He tenido que sostener el gesto mientras encuadraba y después agradecer su guiño de agradecimiento. No entiendo qué más ha ocurrido. El oleaje de la multitud se lo ha llevado con su cámara. De este lugar quedará un instante que no ha existido cuya existencia se podrá demostrar.