Velo el sueño de mi dama. Escucho su respiración tranquila y soy el caballero que, con la armadura encajada y el yelmo cerrado, se arrodilla junto a su lecho. En una mano sostiene la lanza y en la otra un pañuelo bordado con encajes que tomó de ella como prenda. Nada se acercará a perturbar el sosiego, me digo con acento de otro siglo. La noche será el castillo de silencios que lo defienda y mis ojos los fieles, y feroces, guardianes. Al rato me quedo dormido, y menos mal que la armadura no retumba al caer sobre el colchón.
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sábado, 23 de julio de 2016
martes, 9 de febrero de 2016
Dietario de sensaciones, 8
Los sueños nos cuidan. Estiran el edredón sobre el cuerpo si se destapa. Mantienen alejados los ruidos y desvían las luces estridentes. Acarician la espalda para que la sangre la recorra con más entusiasmo. Calientan los pies cuando se quedan fríos. Esparcen aromas de flores en la almohada. Nos besan en las mejillas para que cobren color. Provocan cosquillas en la cara interior del brazo que se mueve. Colocan el pelo en su lugar si se alborota. Nos susurran al oído melodías armoniosas que imitan el silencio. Cuelan bajo los párpados imágenes sosegadas, dulces, para que se encandile el sueño.
domingo, 5 de julio de 2015
Café Lehmitz #9
La tarjeta que se rasga tras la visita incómoda y al poco se descubre un posible interés y se rescata y se unen los pedazos con cinta adhesiva sin que aparezca el que contenía el número de teléfono, así las tardes en el Café. El jarrón que al desenvolverlo se golpea y agrieta y se disimula contra la pared, pero ya nunca lucirá las flores que presagiaba ni albergará el agua que les dé vida, así las noches en el Café. El libro que ha perdido sus cubiertas, muchas páginas y el índice, y no se sabe quién lo escribió.
sábado, 4 de julio de 2015
Café Lehmitz #8
Los números impares suelen ser
más locuaces. Quieren que pase desapercibida su condición. Su soledad diluida
en la camarilla que reclama al camarero una ronda gratis. Aunque no todos. A quienes les gusta gustar se
transforman en columnas adosadas a la pared maestra y miran con mirada adquirida
en cines de sesión doble. No ven al que se acerca sino como una oportunidad de
verse a sí mismos. Sueñan con convertirse un día en la persona que se proponga
conquistarlos. Que se acerque con un espejo en el rostro. Amarán solo a quien
los admire tanto como ellos se admiran.
jueves, 2 de julio de 2015
Café Lehmitz #7
Abrir los brazos. Levantarlos. La cabeza hacia atrás. El pecho franco. Los ojos cerrados que miren al cielo. Abrazar a un dios que acaba de entrar en el Café de improviso con un halo de frío en la voz. Alzar los brazos. Celebración solitaria. Elevarlos para beber y ser bebido. Un momento único, antes de recoger sobre la mesa los pedazos del vaso roto o por el suelo los desperdicios de un deseo. Erguir el cuerpo. Los brazos. Haberlo dado todo por bailar una música que nadie escucha. El precio más alto que pueda pagar quien nada ha dejado atrás.
domingo, 28 de junio de 2015
Café Lehmitz #6
En las sílabas no pronunciadas,
en el trago que se relega, en el cigarrillo sin encender sobre la mesa crepita
la noche. Se besan. Arduamente. Ellas. Se besan. Anudan el cordel de los labios
que tanto han dicho, han bebido, han fumado. Y que solo ahora tiemblan, indemnes
a los años. Una única respiración para las dos, ferrocarril que se aleja de la
estación sin moverse, ave que abandona el tejado sin extender las alas. Estupor
antiguo, ahora recuperado. Indemnes, las dos, a la saliva tragada, a las frases
silenciadas, al tabaco dicharachero. Crepitación. Noche que anuda dedos, bocas,
gargantas.
jueves, 25 de junio de 2015
Café Lehmitz #5
La piel es una bandera rival en los días de invierno. Quien se quita la camisa para ser abrazado como un niño. El mismo mohín. O para iniciar una revolución igualitaria. La misma ingenuidad. Quien alza, o se alza, la falda para descubrir la ingeniería de un liguero. La firmeza de un enigma tantas veces desvelado y aún por desvelar. Una piel encontrada en el fondo de un armario donde han anidado las polillas. Y que no importe. Que ondee, pirata, a la hora del telediario. Irreverente solo para quien jamás tendrá la oportunidad de verla. La piel, una conquista.
martes, 23 de junio de 2015
Café Lehmitz #4
La pared contra la que se apoyan narra. Con la punta de un capuchón de bolígrafo raspada o con un alfiler de corbata, son palabras tan ilegibles como los gestos que sostienen. Escritura ágrafa contra amor fortuito. Hay fechas, esa obsesión por no perder algo en el naufragio, hay ranuras sin sentido, hay arañazos silenciosos. La espalda que se mece contra el tabique se impregna del yeso que lo escrito libera. Polvo sobre ropas arrugadas. Manos que trazan huecos de desnudez. Pero la narración es ciega. Nada ve más allá de lo que iluminan los rasguños en el tramo oscuro.
viernes, 19 de junio de 2015
Café Lehmitz #3
Se orina con ojos místicos. El ventanuco de ventilación. La cisterna. Cañerías que aparecen de la nada y hacia ella se encaminan. Con ojos, se diría, colgados del palo mayor. Oración. Se bebe la cerveza mientras se comparte el tiempo, se reparte, se obsequia. Una cenefa de espuma seca alrededor del vaso es lo único que permanece. Se orina alzando la mirada hacia donde no alcanza el rasguño de quien se repite su nombre en el yeso. Cántico, tal vez. Mirada, se diría, cegada por su ensimismamiento. Cuadrado de aguas ambarinas donde queda atrapado el ser que no se entrega.
miércoles, 17 de junio de 2015
Café Lehmitz #2
Donde las miradas convergen. Las
monedas. El gorjeo metálico al ser tragadas, al caer en el depósito con un
chasquido. Cuando liberan una de las columnas del templo acristalado. Zigaretten.
Tirar y que la brusquedad del cajón lo extraiga. Celofán. Romper un cuadrado en
el envoltorio. Golpear por la parte inferior. Sentirse otra persona por el mero
hecho de haber encendido el mechero y acercarlo. Un oficiante frente al altar. Zigaretten. Un mago ante la magia. Donde
las miradas cuentan monedas. Las revuelven en el bolsillo con la mano izquierda
mientras se hace un cálculo de la noche por llegar.
domingo, 14 de junio de 2015
Café Lehmitz #1
El idioma, una cuba donde se vuelcan las entrañas de los animales sacrificados que quien habla remueve con una pala de madera. Y sin apartarse el cigarrillo hurga o dice. Humo que se restriega por la mejilla, ciega un ojo, serpentea entre los rizos, desaparece. Igual que desde los mismos labios humea la voz, órgano extraído de un cuerpo recién despachado. Impregna camisas sin botones y faldas arrugadas en los muslos con un hedor a sangre que ya jamás las abandona. Café o matadero, ni quien escucha lo sabe. En el suelo se confunden las colillas pisoteadas con las promesas.
lunes, 1 de septiembre de 2014
Café il tempo 00
Igual que los espejos, las botellas de vidrio oscuro y etiqueta descolorida, las falsas cornisas y la pajarita del camarero, a menudo igualmente engañosa, el reloj que preside la sala del Café solo lo decora. No señala el minuto que rige dentro, se limita a informar de que al otro lado de las cristaleras, en ese terrario que se puede mirar donde se mueven personas y vehículos y resulta tan parecido a la realidad, transcurren las horas. Nunca en el interior. El formol de las palabras y, de vez en cuando, de una mirada conserva intacto el cadáver del tiempo.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra / Hotel Tívoli
Es curioso que una cama revuelta y sin nadie muestre un bulto mayor que una cama ocupada por un cuerpo. Dormido, su relieve apenas muestra volumen en la estepa nevada —o florida, depende de la estética— de la colcha. Inmóvil se diría que se acomoda en el espacio con la discreción de quien se ha marchado. Pero cuando se va deja constancia fehaciente y crecida de que ha estado. Allí donde apenas tuvo conciencia de estar. Es curioso. Cuánta importancia le damos a perpetuar pompas donde fuimos apenas contorno. Cuánto empeño para que vean lo que ya no podremos ver.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Una habitación de hotel en Málaga
Para o JLBG
No es por el color mustio del papel pintado, tampoco por el tacto acrílico en las cortinas, pero siempre impregnan con su tristeza. Digo yo que quizá sea porque las habitaciones de hotel son lo más parecido que exista a nosotros mismos por dentro. El huésped que acogió ayer nuestra alma, sus emociones o pensamientos, ya no está hoy, cuando entra otro con un presente que dejará de serlo cuando salga mañana por el pasillo arrastrando una maleta. E igual que en la memoria, del visitante quedará solo la melladura en el mueble donde se dio el golpe al pasar.
lunes, 28 de enero de 2013
Grosziana / Rooms
George Grosz
Cuando desenvuelvo el bombón que deja el servicio sobre el cenicero salta el gusano que se me ha adelantado. Al descorrer las cortinas me alcanza un ácido olor a tabaco. Con la navaja de las uñas hago una melladura en la mesita. Creí que me consolaría sentirme en la mente de alguien el huésped que se dio aquel golpe. Las sábanas, húmedas. La calefacción hace gárgaras. El retumbar de pasos sobre la madera trae el corredor hasta el centro del cuarto. La ventana da a una hilera de coches aparcados. En el parabrisas de uno cualquiera leo mi destino: «Habitaciones».
sábado, 3 de noviembre de 2012
1524
El viento del norte acuchilla los rostros, los llaga. Febrero. Por el cauce del Bidasoa discurre plomo. Las manos, amoratadas, prefieren la suciedad a sus aguas. Los centinelas patean el suelo por desentumecerse. Humean ascuas en las cocinas. El cielo abotagado amuralla ojos y pensamientos. Por una grieta el mío aún huele los orines en las callejas de Nápoles. Ante la evocación de su bochorno extiendo las manos para ofrecerles un poco de calor. Este silencio invernal se puebla de voces que convierten la grisura en bosque; la nada, en espera de contemplarla. De que me sonría. Que la bese.
martes, 27 de septiembre de 2011
El sueño de la metamorfosis
Como sé que la comparación es el único modo de comprender la realidad, tras ojear el periódico entretengo mi abulia con el sudoku de metáforas del tren. Se diría que es de crisálida su encapsulamiento radical en la velocidad, aunque dudo que exista transformación alguna entre quien sube en una estación y baja en otra, ambas replicantes. Acaso se anhele una alteración no del interior, sino del exterior. Se parte de la ciudad oruga para llegar a la ciudad mariposa. Es posible que esa sea su metamorfosis. En todo caso, mera sugestión, porque el tren va de gusano a gusano. jueves, 4 de noviembre de 2010
Les nymphéas, 2
En el cibercafé de Rue du Colombier, Giverny, Pierre Restrepo imparte por las mañanas un curso de navegación para jubilados. Les ha enseñado a entrar en You tube y los viejecitos se pasan horas viendo vídeos: «Si hubiera conocido esto de joven». Les cobra una miseria, pero lo recupera con horas de alquiler para prácticas. La mayoría ha abierto cuentas en Facebook y se escriben recados unos a otros, en la misma sala. Menos el señor Monet que, aparte de llenar el teclado con los pelos sueltos de su barba, se pasa las horas muertas contemplando fotografías de flores acuáticas.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Tríptico valenciano (2)
martes, 10 de noviembre de 2009
Habitación 134
Los huéspedes de este huidizo hospedaje no lo abandonan, sino es para salir y no querer volver. Hay un número en la puerta de cada habitación y dentro los atributos de la noche. Por los corredores idénticos pasean raras parejas de ser humano y palo con ruedas y botella invertida, cogidos del brazo. Sombras blancas van arriba y abajo continuamente. A veces una entra en el cuarto sin llamar y desaparece sin despedirse. Domina una quietud de acuario: todo se mueve, pero nada parece avanzar; el tiempo, menos que nada. La vida dormita; una enfermera la despierta jeringuilla en mano.
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