Quién sabe por dónde andará. Se le hacía tan pequeño su cuarto, este patio donde había aprendido a caminar, las puertas de la casa, la calle que conduce a la plaza y la torre desde donde el sonido de las campanas describe con exactitud el vacío de cada una de las horas que retrata. Basta emprender camino en dirección opuesta al pueblo para que el mundo empiece a hablar. Pero también a discutir y a pelearse. De eso nos hemos protegido siempre en la comunidad. Paz a cambio de quietud. A su avidez nada de lo nuestro, ay, le servía.
jueves, 14 de mayo de 2026
sábado, 9 de mayo de 2026
42 Miradas
Quienes levantaron este muro que ahora nos protege nadie sabe dónde están. No porque un día partieran hacia una colonia, sino sencillamente porque su época ya ha pasado. De quienes lo derribarán un día, porque no hay obra humana que se sostenga en pie con el paso de las edades, por más que lo inquiera, nadie pronuncia una respuesta satisfactoria. Cuando se lo pregunto a los sabios, responden que su sabiduría solo alcanza el presente. Pero si en la realidad no se funde lo que ha sido con lo que tendrá que ocurrir, ¿qué extraño grano en las nalgas es?
lunes, 4 de mayo de 2026
41 Miradas
¿O es que crees tú que yo había soñado ser como soy ahora? Vivir dentro de este malhumor constante y darle vueltas a la cabeza por ver si descubro en mí algo que reconozca como mío, una viruta donde permanezca el ápice de un deseo. Ya lo ves. La vida es una película que te dedican donde cualquiera, siempre que no sea una misma, es la protagonista. Para mí se han inventado los personajes secundarios, los de un único trazo, los que se olvidan rápido, los que se desprecian pronto. ¿O crees que a tu edad me soñaba como soy?
viernes, 1 de mayo de 2026
40 Miradas
El día del estreno ni siquiera llovió. Una tarde apacible. Daba gusto ir paseando por el parque. Tránsito escaso, entonces aquello me pareció buen augurio; cielo estrellado. Las luces sobre las cuatro puertas abiertas componían mi nombre, y en el rótulo brillaba: Astro desterrado. «Qué buen título», me dijo el empresario un día que le saludé de pasada. «Augura éxito», remató y se dio la vuelta. Es posible que estuviera riéndose de mí. A la hora, un día con el teatro cerrado hay más personas sentadas en la escalinata. Los cuatro gatos que fueron aplaudieron, pero no hubo segunda función.
lunes, 27 de abril de 2026
Sexto libro de odas (7)
Es quien deja la pelliza sobre el respaldo de la primera silla que encuentra al entrar, se despreocupa y corre a sentarse en la mesa que hay al fondo. Sonríe y baraja los naipes con la vista alzada mientras encara el rostro de quienes aún permanecen en pie, a su lado, dudando. Una lámpara industrial, que cuelga desde el techo hasta situarse justo encima del tapete verde, ilumina sus manos diestras y ágiles al mezclar las cartas, el resto de la habitación permanece en penumbra, no existe. La realidad se va reduciendo a una sola dimensión y un único instante.
miércoles, 22 de abril de 2026
Sexto libro de odas (6)
Llevo un tiempo discutiendo con él a diario. Se empeña en decirme, a cualquier hora en la que nos crucemos, que soy yo ese. Y me señala con el dedo, como hacían en la escuela los niños maleducados. Si lo sabré, que no soy yo quien se empeña en indicar. Le da lo mismo lo que le diga. Las pruebas que deje encima de la mesa. Aquellas pilas de fotografías en papel que lo demuestran. Ni las mira. Incluso algún recorte de periódico donde salgo especialmente favorecido. Nada, lo desprecia igual. Me desespera tanto su empecinamiento; ah, este maligno espejo.
viernes, 17 de abril de 2026
Sexto libro de odas (5)
Mi padre trabajó en una estación que queda alejada de la ciudad que le da nombre. Ahí teníamos nuestra vivienda. Toda la gente que vi durante mi infancia estaba en tránsito. O esperaba para irse, o regresaba, también yéndose de inmediato. O se asomaba a la ventanilla para pedir que le llenara la cantimplora en el grifo del andén. Eran unos minutos efervescentes. Estruendo de locomotoras, precipitación de personas, voces, bultos, confusión. Después, la nada. Me hice una idea extraña de la vida de los demás, que solo duraba unos instantes. Nacían para esa vorágine y desaparecían después para siempre.
lunes, 13 de abril de 2026
Sexto libro de odas (4)
Zumba el viento en la vela y la proa no teme a las olas que va cortando decidida con su impulso. Bajo el toldo que me cubre el cuerpo, mantengo aferrado el timón y miro a lo lejos la costa, indiferente, sin atender a nada en concreto. Los dos remos permanecen acosados en un lateral, ociosos como mis brazos. Ignoro qué pesca se dará hoy. De vez en cuando, el agua salpica sobre la madera como si tarareara una canción de juventud, de esas que se quedan en la cabeza sin que uno ni siquiera supiera que le habían gustado.
miércoles, 8 de abril de 2026
Sexto libro de odas (3)
Entre las piedras que trazan la circunferencia del pozo han prendido algunas matas que crecen muy finas y se estiran tratando de alcanzar el brocal, donde aún llega un ápice de luz. Cuando subo un cubo de agua, a veces su vaivén arranca una hoja que la humedad pega al zinc. Al alcanzar la altura de la polea, su verdor se ilumina con un rayo justo antes de que mis dedos la arranquen y la dejen caer al suelo, donde llega mariposeando como quien va donde no quiere ir. No puedo decir que no sepa que es mi exacto retrato.
sábado, 4 de abril de 2026
Sexto libro de odas (2)
Hay un momento de la larga tarde del verano en el que la luz entristece. Aunque, por mi parte, me alegro. La mula, que ha pasado el rato rebañando hierbas entre arena reseca, comparte sentimientos con la claridad del aire. El carro, quieto bajo una sombra, sin embargo, está a punto de confirmar mis impresiones. Engancho el animal y solo con sus movimientos de ajuste los cascabeles empiezan a cantar. El camino de regreso a la aldea desoye cualquier pensamiento. Por más honda que asome la noche tras los montes por donde el sol se oculta, nada queda por decir.
miércoles, 1 de abril de 2026
Sexto libro de odas (1)
Con frecuencia he oído hablar de sacerdotes sin fe y de médicos que pierden la aptitud. No sé si mi caso resulta en algo similar. Soy orfebre. O lo fui durante años. Tuve un pequeño taller con una tienda minúscula. Pero un día aborrecí el oro. Sentía disgusto ante la plata. El lapislázuli ya no me encandilaba. Y tuve que abandonarlo porque los materiales que he empezado a utilizar para mis joyas —madera, pizarra, avellanas— carecen de prestigio. Ahora extiendo un trapo en el suelo y ordeno las piezas que nadie mira. Quizá sean los compradores quienes carezcan de vocación.
sábado, 28 de marzo de 2026
Intemperies / siete
He soñado que en un viaje a Verona compro en un librero anticuario un cuaderno desvencijado y comido por las polillas. Incluye en el abultado precio prolijas explicaciones sobre la antigüedad del objeto. También amplias conjeturas sobre el noble de la ciudad que fue su dueño. Sin ver el modo de acortarlas, me voy acostumbrando a la cifra que pide y no va a rebajar. He leído, al hojearlo, una fecha y un fugaz comentario, escritos ambos en inglés, que me han hecho temblar: «6 de febrero de 1594. Hoy cumple mi vida treinta años». El resto del cuaderno, vacío.
martes, 24 de marzo de 2026
Intemperies / seis
De camino a alguna parte que no recuerdo, o quizá yendo a ningún lugar, lo veo a diario. Sobre un montículo, en mitad de un solar lleno de abandono. Ahora que lo pienso, el espacio es un cúmulo de contradicciones en las que tampoco reparo. Hay una verja metálica alrededor de la parcela, con una puerta sin cerradura ni candado, por la que nadie entra, ni siquiera para que el perro husmee un rato. Y sobre la elevación, un enorme panel publicitario. Anclajes sujetos a una placa de hormigón, iluminación superior y un tablero en blanco con la pintura cuarteada.
jueves, 19 de marzo de 2026
Intemperies / cinco
A veces la pluma de un cuervo aparece sobre el pedregal en el cauce seco. En el margen, entre los juncos, brillan tres solitarias margaritas amarillas. Como vecinas que han subido a la azotea en un día de sol, las nubes permanecen tendidas sobre una toalla blanca, adormiladas. Se compone la mañana con retales. Un vendedor del mercadillo con escaso género al que de pronto siento la necesidad de comprarle un significado. Le inquiero y con desgana me responde que ha agotado las existencias. Me agacho por elegir un guijarro como moneda para sufragar hoy el alumbrado de tales prodigios.
sábado, 14 de marzo de 2026
Intemperies / cuatro
Reventados los cojines, sucio, un sofá en mitad del vertedero se yergue como una desbaratada utopía. No hay ninguna lámpara encendida a un costado, con una mesita de madera debajo, ni un reposapiés con el mismo tapizado delante. Nadie suspira al sentarse, con la mano toma el libro que descansa en el lateral y estira las piernas. Quien camina entre bolsas de plástico y sacos de escombros tampoco se detiene. Desaparece tras un montículo. Se diría que cuando se le desprecia así, el sofá pierde su sentido, sin embargo, permanece erguido, honesto, ignora el abandono. Confía en el próximo caminante.
martes, 10 de marzo de 2026
Intemperies / tres
Zarandea la puerta, hace temblar los cristales de la ventana, aúlla en los rincones como un animal enfurecido y si existe paso, revuelve cuanto encuentra. Las hojas del manuscrito sobre la mesa, convertidas en una nevada por toda la sala. Las ropas del día, que se doblan sobre el respaldo de una silla, dibujan cuerpos imposibles por el suelo. Los jarrones temen por su integridad. Los marcos con fotografías de recuerdo caen desmemoriados bocabajo, con el caballete erguido como aleta de un tiburón asustado. Tanta ira que, en el momento en el que cesa la ventisca, no sirve para nada.
jueves, 5 de marzo de 2026
Intemperies / dos
Entre los paneles de cañizo del techo se abre una grieta que encuadra, en un cachito del cielo nocturno, un puñado de estrellas de alguna galaxia. Tumbado sobre la alfombra de bambú, quien descansa permanece ajeno a la araña que acecha al insecto que pueda colarse por el orificio. Ulula una lechuza en algún rincón frondoso. Tampoco lo oye el durmiente. Lo mismo ocurre con las líneas que trazo a diario sobre la mesa de dibujo, ante una ventana que suelo mantener cerrada para evitar los sonidos urbanos. No me sirven para despertar en la cabaña junto a un bosque.
domingo, 1 de marzo de 2026
Intemperies / uno
Tantas veces como he intentado escribir una simple palabra sobre la hosquedad de la roca, con el bolígrafo corriente que llevo en el bolsillo interior de la americana. Sobre las losas en el atrio de los edificios antiguos que visito. Sobre el asfalto de las avenidas, a la sombra de los plátanos, entre coche y coche aparcado. Aquello que en el papel tembloroso y efímero hubiera permanecido legible, la simple caligrafía de un vocablo que lo inmutable se niega a aceptar. Me agacho, fricciono con rabia, pero al levantarme nadie ha dejado ningún mensaje en la piedra. Sobre lo áspero.
miércoles, 25 de febrero de 2026
Quinto libro de odas (7)
El viejo aprendió a tocar la mandolina para animar las fiestas cuando era joven. Y con
eso ya le basta. Se conforma con marear los tres únicos acordes que conoce. Va
cambiando las letras, pero la melodía es siempre la misma. Cuando se olvida el
instrumento en casa, alguien desde la puerta de la taberna asoma la cabeza y manda a
un chaval cualquiera que vaya y lo traiga. El viejo ameniza las tardes y hace llorar a los
de su quinta. A los demás nos atraviesa los tímpanos con inmisericordia. Menudo
fastidio, sin el que sería más tedioso vivir.
sábado, 21 de febrero de 2026
Quinto libro de odas (6)
Que la casa donde se llama está vacía se sabe desde el instante mismo de golpear la
puerta y percibir detrás del gesto una clara resonancia a hueco, seguida de un intenso
silencio alrededor. Aun así, quien ha caminado hasta el lugar con la ilusión de un
abrazo y quizá, también, de alzar una copa de vino por el encuentro, no puede asumir
la idea de que frente a su propósito no haya nadie. E insiste. Y recibe el mismo
retumbo y exacta desgastada quietud. Se da la vuelta. El cielo, nublado. La senda de
regreso, fastidiosa. El ánimo, hirsuto.
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