sábado, 21 de febrero de 2026

Quinto libro de odas (6)



Que la casa donde se llama está vacía se sabe desde el instante mismo de golpear la puerta y percibir detrás del gesto una clara resonancia a hueco, seguida de un intenso silencio alrededor. Aun así, quien ha caminado hasta el lugar con la ilusión de un abrazo y quizá, también, de alzar una copa de vino por el encuentro, no puede asumir la idea de que frente a su propósito no haya nadie. E insiste. Y recibe el mismo retumbo y exacta desgastada quietud. Se da la vuelta. El cielo, nublado. La senda de regreso, fastidiosa. El ánimo, hirsuto.