He soñado que en un viaje a Verona compro en un librero anticuario un cuaderno desvencijado y comido por las polillas. Incluye en el abultado precio prolijas explicaciones sobre la antigüedad del objeto. También amplias conjeturas sobre el noble de la ciudad que fue su dueño. Sin ver el modo de acortarlas, me voy acostumbrando a la cifra que pide y no va a rebajar. He leído, al hojearlo, una fecha y un fugaz comentario, escritos ambos en inglés, que me han hecho temblar: «6 de febrero de 1594. Hoy cumple mi vida treinta años». El resto del cuaderno, vacío.
