martes, 23 de septiembre de 2008

Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (y 7)

No sabía de qué hablar. Había entregado la traducción y me quedé mirando aquel desorden como un idiota. En el calendario, 1984. Sonó el timbre. El cartero trajo un montoncito de giros: suscripciones a la revista. «Mira por donde vas a cobrar hoy», y me entregaron aquellos billetes, tal cual, como ya sólo negocian los libreros de viejo. A los pocos días regresé a Lisboa y en la librería de Campo Grande donde fui tan feliz compré los libros de Machado de Assis que no tenía. Por Esaú e Jacó pagué 450 escudos; no me importó que fuera tan caro.


lunes, 22 de septiembre de 2008

Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (6)

Montse: ese señor bigotudo es Machado de Assis. Un escritor magnífico. Mulato, feo, pobre, tartamudo, huérfano. Su vida es un milagro. No para la literatura, que siempre es milagrosa, sino porque llegó a ser Secretario General del Ministerio de Agricultura, donde entró como empleado. Eso sí resulta una heroicidad habiendo nacido para obrero en una época en la que la sociedad no admitía bromas. Es cierto, la fotografía nos interroga a nosotros mismos. A nuestra fragilidad de memoria de números, aún más endeble que la memoria de ácidos y grasas que contiene el instante que captó y ya no está.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (5)

Pasadas las siete, la noche sigue aferrada a árboles, fachadas y aceras solitarias por donde ni siquiera camino yo hacia la panadería, absorto como voy en cuadrar la bolsa de arena agujereada que es el arte narrativo en Machado de Assis. Cada vez estoy más convencido de que el epicentro de su singularidad he de buscarlo en el narrador. Ese narrador insatisfecho, incómodo con su papel, hiperactivo, desconcertado —el humor delata el fuego de una incomprensión—, huérfano en busca de complicidades imposibles: «La nada sobre lo invisible es la más sutil obra de este mundo, y acaso del otro».

Casa de Cosme Velho

jueves, 18 de septiembre de 2008

Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (4)

Es cierto que, como dice la crítica, Machado de Assis es en primera persona un narrador más intenso, incisivo e innovador. Pero los encantos no se quedan atrás en la omnisciencia. En Quincas Borba el lector comparte la incapacidad del narrador para impedir el destino trágico de los personajes que ama («Si me preguntáis por los remordimientos de Sofía, no sé qué deciros»). Se desespera tratando de encauzar los pasos de quienes le caen bien, los honestos y de buen corazón; inútil propósito, porque siempre medran los antipáticos y calculadores. Exactamente al contrario de lo que ocurre en las películas.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (3)

Cuando murió en la madrugada del 29 de septiembre de 1908, en su casa de Cosme Velho, dejó como herencia una obra donde laten aspectos que la modernidad convertiría pronto en los conceptos que la identifican: nihilismo, fragmento, metaliteratura, heterónimo, pastiche, intertextualidad, minimalismo, hasta el blog está presente (en Memorial de Aires)…Pero legó también una vida que iba a ser emblema del siglo: escritor cínico y corrosivo, enmascaró su actividad con una impecable carrera de funcionario ministerial. Pensamiento y burocracia se repartían el horario: insatisfacción del presente, donde por más ácido que sea el pensador, no olvida cuidar su currículum.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (2)

—¿No vamos a salir nunca de São Cristóvão?
—Ya ha amanecido.
—Nos echarán.
—Un poco de paciencia caballeros. El motor flojea; zarpamos en cuanto lo arranquen.
—¿Y por qué no compran una barca nueva?
—Esperan que naufraguemos.
—Ya está, en marcha. Nos vamos. El Cais dos Franceses nos aguarda.
—Hace rato.
—Y ese mulato, ¿por qué no protesta? ¿No tiene sangre en las venas?
—Lee.
—Lee a la ida y lee a la vuelta. ¿Para qué lee tanto?
—Querrá ser alguien.
—¿Leyendo?
—Igual sólo aprende, es tartamudo.
—He oído que trabaja en una imprenta.
—¡Ah! Seguro que roba los libros.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (1)

Sus dedos temblorosos rebuscan en la bolsa de cuero y una tras otra encuentran las tres monedas que deja sobre el platillo de porcelana. Tintinean. Igual que cada mañana, pero como si fuera la primera vez, advierte al servicio de que si aparecen los achaques vayan rápidamente en busca de su sobrina. Sobre la cómoda les deja el importe del billete de tranvía. Al anochecer, cuando regresa renqueante y exhausto a su estancia, las monedas han desaparecido. En otros tiempos, Carolina hubiera echado a todos los criados. Joaquim sonríe. Piensa que le sale barato: cada día compra un día más.

Foto de Marc Ferrez, 1890

miércoles, 10 de septiembre de 2008

«Sublim», pintura de Xavier Solà

«Sublim» Xavier Solà
Me gusta de este cuadro de Xavier Solà su capacidad para retratar elementos con significado trivial en una conjunción incomprensible. Se percibe, tal vez, un leve tratamiento onírico, pero la sintaxis figurativa juega con la racionalidad: evoca antes una fotografía que un sueño. Cabría buscarle contenido al edificio, al coche, al prado, a la muchacha… ¿lo tienen? Cada elemento acude a la composición con su pasado iconográfico, pero lo pierde en la combinación. Este abandono del valor simbólico resulta decisivo. No se sabrá con qué gesto observa aquella cuya mirada los reúne. Solà describe la desconcertante, ignota, mecánica del deseo.

lunes, 8 de septiembre de 2008

«La mentira», de María José Furió

Encuentro en el cajón de los libros faltos de cariño La mentira. Se publicó, veo, en 1997. Su autora reside en mi ciudad y posiblemente estudiamos en la misma facultad, los mismos años. Pero carezco de noticias suyas. Nada más llegar a casa abro la novela: los primeros capítulos, breves, ya me dejan boquiabierto; luego la historia me absorbe. María José Furió emprende un viaje sin concesiones a ese territorio fronterizo del final de la infancia e inicio de la adolescencia. Una prosa precisa, envolvente, sin asomo de infantilismos, a la que le gusta tanto mostrar la trama como esconderla.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Tríptico CL

I
El edificio en ruinas del Molino sigue dándole a la manivela de la memoria. A veces, cuando busco en la red qué ha hecho un crítico, descubro que va de García Márquez a Mendoza sin salirse de la carretera ni para orinar. Me pregunto qué interés tiene hablar de libros cuyos autores han cobrado un adelanto millonario: esta es la única recensión que cuenta. Para saber si alguien es de verdad crítico literario le preguntaría qué libro, de cuantos ha leído, le ha parecido una obra maestra a él por primera vez, sin que nadie se lo haya señalado antes.

II
Qué libro o qué acto. Siempre pensé que había ganado mi carnet de crítico literario en El Molino. Si mi primo hacía la mili, debería yo tener dieciséis años. En un permiso quiso ir al Molino. Ni había ido antes, ni he vuelto. Fuimos a la función de tarde. No había espectáculo, tampoco vedettes famosas, sólo coristas que preparaban números individuales. Me divertía. Salió una chica rubia, delgada, sin atractivo. Empezó a bailar. Yo no sabía quién era, pero de repente me sentí ante una diosa. Una obra maestra. El tiempo se quebró en los cinco minutos de su número.

III
Tras ella nada fue igual. Por más que insistí, nadie se había quedado con el nombre de la chica. Tampoco les había interesado en exceso: «Tiene poca chicha». Varios años después la vi actuar en la Cúpula Venus, y supe, como sospechaba cuando lo encontré anunciado, que aquel lejano día en El Molino había visto a Christa Leem. Una diosa. Una auténtica diosa, de tan humana. Descubrí aquella tarde el abismo que separa lo mediocre de lo genial, pero dejé pasar la oportunidad de aprender que el arte más elevado produce indiferencia en la mayoría y entusiasmo en los solitarios.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Platón en El Molino






Al pasar junto al Molino la memoria se despereza para evocarme aquel compañero de colegio que vivía en una calle perpendicular al Paralelo. La ventana de su habitación daba sobre un ventanuco, en la pared de enfrente, que algunas noches de verano se abría para airear el camerino de las coristas. Me contó visiones magníficas que yo imaginaba desde su cuarto, mientras jugábamos, viéndolo cerrado. Pienso en el optimismo de Platón. No son sombras de las cosas lo que vemos, sino escenas en el camerino de las coristas que nos cuenta quien las ha visto por un ventanuco medio dormido.

lunes, 1 de septiembre de 2008

JK5022

Durante dos horas el viaje contiene historias atrapadas en el fuselaje. Son cuentos de verano. La emoción con que se vivan no les resta trivialidad. El viaje en sí mismo resulta trivial. También esos jóvenes que iban a conocer lo que es volar: un trámite. Triviales por el sesgo sociológico con el que ahora transcurren las vidas: argumentos que forman racimos. En dos horas el recipiente hubiera acogido otras historias. Un trámite. La trivialidad del engranaje asegura su multiplicación: pacto de fásmidos. Sólo lo inesperado interrumpe la cadencia. Sólo la tragedia le da sentido a cada una de las historias.

sábado, 16 de agosto de 2008

«Disidanzas», en el MACBA

Los ángeles de Nancy Spero no son ápetos, sino monoalados, como los paracaídas abiertos o los hongos venenosos. Los ángeles de Nancy Spero no ocultan el pene tras una hoja de parra apócrifa, lo exhiben como oraciones con carcinomas. Los ángeles de Nancy Spero componen un alfabeto con una misma letra huída del alfabeto por terror a los cielos: una B tumbada o una T cabezota, que se hincha y se alza y se repite, repite, con diacríticos inútiles porque el mensaje de la muerte no precisa matices. Los ángeles de Nancy Spero no escriben lo que no podamos leer.

The Bomb, 1968. Nancy Spero (1926)

viernes, 15 de agosto de 2008

Tranvías

Con qué delicadeza caía la tarde de junio. Habíamos quedado en casa de Teresa para celebrar que los días olían a verano. Como acababa de publicar De los tranvías, llevaba un ejemplar. Subía despistado por Torrente de las Flores y al encarar la plaza Rovira me sorprendió: ¡Un tranvía! En la plazoleta solitaria, sobre unas vías de pega, vi un precioso vagón de mentira. Rodaban una película, al parecer. Para mí, el significado era otro: la realidad juega a veces con la irrealidad para que la queramos un poco más. En esa frontera de lo inesperado, quejumbrosos, avanzan los tranvías.

jueves, 14 de agosto de 2008

El sentido del paisaje

Sobre la cumbre del Canigó, en el extremo de la amplia llanura fluvial, se abre un agujero en la nube negra, amenazadora, que ha cegado el cielo durante la tarde. Un haz de rayos solares se cuela e ilumina con sus trazos oblicuos y dorados la montaña. Se diría que un dios quiere manifestarse por la boca traslúcida de la nube, pero en estos tiempos los mensajes sagrados hacen malpensada a la gente. Se diría, también, que una fruición estética eleva el espíritu, pero el recuerdo de postales turísticas condena a este milagro de la naturaleza a una condición trivial.

miércoles, 13 de agosto de 2008

«Amor y basura», de Ivan Klíma, en Acantilado



Por las mañanas el novelista Ivan Klíma recorre las calles y las tabernas de Praga con una cuadrilla de barrenderos entrañable. En su país no publican sus libros ni estrenan sus obras, pero antes que un sueldo acaso limpiando el mundo Ivan distraiga otras turbiedades. Pasa las tardes con su amante, una escultora absorbente que le da a partes iguales placer y suplicio. Así mueren los días, sin enderezar las mentiras a su mujer, a sí mismo y su trabajo, que no avanza. Y mientras tanto, ¿quién escribe Amor y basura? El genio que lo cuente será eso: un genio.

martes, 12 de agosto de 2008

El pueblo natal de Bergson (lo merecería)

En el pueblo tocan las horas la Torre del Reloj, junto a la vieja plaza (hoy aparcamiento del súper), y la Iglesia, una magnífica ermita románica. En los dos campanarios suenan auténticas campanas, no altavoces (felizmente). Una adelanta los cuartos, la otra no. Para no coincidir (digo yo), ambas dan la hora con una diferencia de seis minutos. Oigo las ocho y no he de salir corriendo, en un ratito volverá a sonar la misma hora. La segunda da las campanadas ciertas; la primera, las de antes del cambio horario. La ilusión de la hora temprana, minutos después se desvanece.

lunes, 11 de agosto de 2008

«Cerca de Jedenew», de Kevin Vennemann (1977), en Pre-Textos

Una niña que se esconde en una casa construida sobre la copa de un árbol para los juegos estivales de una época idílica conjuga todas las historias familiares tras la invasión de los soldados que junto a los campesinos agraviados han atacado a los suyos. Con una escritura que recrea el lenguaje infantil de manera espléndida —reiteraciones, yuxtaposición de relatos, circunloquios constantes— consigue crear una tensión expresiva inesperada. La fábula, que se basa en la sugerencia y en la evocación antes que en lo descriptivo, indaga en el odio enquistado en Europa que los nazis supieron aprovechar para sus fines.

domingo, 10 de agosto de 2008

De playas y de críticos

Me llevo a la playa un libro de Germán Gullón sobre crítica literaria. Su razonamiento zigzageante, cuántico, obliga a reescribir lo leído constantemente. Al sentarme en la arena veo un cabo de sedal. Hubo un tiempo en el que amaba la crítica y citaba a Benjamin. Ahora la equiparo a una exposición de botijos. Es cierta la denuncia de Gullón: la literatura se privatiza. Tiro del sedal y aparece el anzuelo enterrado, amenazante. Uno veía a un pescador y decía: «Un buen hombre». La desidia y el desprecio del espacio público (¿su privatización?) lo convierten en un… (cualquier blasfemia sirve).

sábado, 12 de julio de 2008

Passer domesticus

Foto de Luna Miguel
Atléticos, los gorriones —humildes habitantes del cielo de la ciudad—dibujan rayotes sobre el vacío de la hora. Pían, y su piar desacompasado ocupa el hueco que dejan los esporádicos vehículos que circulan. Carecen de prestigio estos pajarillos feos, desconfiados, tristes. Camino por las aceras que el verano aletarga, busco el cielo entre los edificios por adivinar en sus posos las señales del día y los descubro a ellos, trazando diagonales entre azoteas con tanta indiferencia. Me digo: merecerían un buen poeta. De hecho, los dos lo mereceríamos. Los gorriones en busca de almas y yo a por el pan.

viernes, 11 de julio de 2008

Bucintoro



Sedentario sin que quede otro remedio, tampoco sé soñar con el viajero que no he sido nunca. Como quien sube a un tranvía, atiende a su osco idioma de herrajes en movimiento y cree comprenderlo, así he descubierto el placer del nómada al entrar por segunda vez en el hotel donde estuve alojado hace quince años. Lejos del hastío de lo repetido y nada que ver con la incomprensión de lo desconocido, los espacios vagamente familiares reconfortan durante el desplazamiento. El hecho de saber por dónde baja la escalera proporciona una sensación placentera. Aunque haya cambiado la decoración, no importa.

jueves, 10 de julio de 2008

«Pais de sombras ríos», de Johannes Bobrowski, en Linteo

Foto de Roger Melis
El poeta alemán Johannes Bobrowski (1917-1965) vivió en los años cuarenta la guerra como soldado y prisionero en la URSS, y al final de su vida escribió libros como País de sombras ríos (1962) donde aparecen los paisajes espectrales —con frecuencia anota la fecha en el título— de aquella época: aldeas abandonadas, bosques invernales, viejos ríos, llanuras bajo la nieve y días en los que el viento dicta los versos. Lo descrito cobra vida y voz en sus descripciones de una naturaleza desdichada y de un mundo rural desolado: «Vamos / a esparcir paja. A recoger / el silencio bajo el tejado».

miércoles, 9 de julio de 2008

Ugarit

Esta tarde, dando un paseo, he descubierto en Gracia un restaurante sirio llamado Ugarit. En la ciudad de Ugarit, mil quinientos años antes de nuestra era, adaptaron los signos cuneiformes para crear un auténtico alfabeto, acaso anterior al fenicio. Con él escribían en arameo a los egipcios. El orden que impusieron a los sonidos y el nombre de algunos signos han llegado intactos hasta el abecedario que ahora uso. Cuando en 1928 descubrieron las ruinas de la ciudad apareció una biblioteca con miles de tablillas. Nunca he ido a cenar al Ugarit; lo que escribo tampoco lo guarda la arcilla.

martes, 8 de julio de 2008

Después, 2



Mientras resuena el timbre en el aparato recorro mentalmente el piso vacío donde se esparce en aquel momento el sonido. Es un lugar más mío que el mío al que no volveré nunca más. Cómo cambian las cosas en unas semanas. Arriba, abajo, la vida es una montaña rusa despiadada. ¿Dónde encontrar un instante de sosiego, una rama a la que asirse para que la corriente no me arrastre, un sentido a este pasar los días sin sentido? Cuelgo. Mi amado ha muerto. Ha muerto con su hijo. Los dos habéis muerto, quien fue mi amado y mi hijo desconocido.

domingo, 6 de julio de 2008

Venecia

Tan trivial por los colores desajustados de los turistas, todo para sacarles la calderilla del bolsillo y seguir mimando la antigua fortuna de la ciudad. Y, sin embargo, una esquina más allá: un puente, un canal, el viejo palacio, el callejón sin nadie y el silencio, tan denso, tan de verdad. Los movimientos caóticos de los visitantes cuyas lenguas en ningún momento oscurecen el dialecto recio, laberíntico, de los venecianos, que se impone en cualquier calle. Tantos tópicos como prodigios. El vaporetto recorre la laguna y entre la neblina una línea muy tenue escribe en la lejanía un nombre: Venecia.

martes, 1 de julio de 2008

Después

Dejo la maleta en el vestíbulo y recorro mi casa como animal que reconoce su territorio, pero los objetos y su disposición me resultan ajenos. Recuerdos de ciudades distribuidos en los estantes, papeles sobre la mesa del estudio, libros por leer apilados, folletos con información de la bicicleta que llevo meses queriéndome comprar. Mis ojos tienen la impresión de ser los de una intrusa que husmea. Antes del viaje, aquellos objetos sumados daban como producto mi persona. Ahora carecen de valor para mí. He de empezar de nuevo a darle significado a todo esto. A descubrirme en cuanto he perdido.

sábado, 28 de junio de 2008

Caligrafía de la mañana

Sobre la acera leo la caligrafía de la mañana, las sombras de los árboles dejan estrechas franjas para que el cálamo de la luz trace sus efímeras inscripciones. Alguien, que se ha desprendido de un cigarrillo, inserta un humeante diacrítico entre la pureza de las líneas solares. Servilletas y pañuelos de papel arrugados conviven con las hojas de los plátanos, arremolinados por el viento de la víspera; se esparcen sobre los jeroglíficos matinales como signos de un humilde alfabeto que aguarda el final de las civilizaciones aéreas para imponer su pequeñez, su cualidad de hormiga gráfica, tan insignificante como perenne.

jueves, 26 de junio de 2008

Elegía turca

Me gusta ver partidos de fútbol cuando intuyo que el juego, azaroso y trivial, puede adensarse en un argumento. Ocurre en raras ocasiones, pero si sucede despierta la literatura mítica que se agazapa en cualquier acción humana (literaria a veces; subliteratura, otras). Anoche un Alemania-Turquía presagiaba trama: ¿otro Goliat contra David? Y surgió, insospechada trama: Turquía se creyó Goliat: jugó mejor, marcó primero, se impuso. Su único error fue cederle a Alemania el desválido papel de David, que, por cierto, supo aprovechar en el último minuto. A la turca. Turquía, David arrogándose la grandeza de Goliat, pereció como cualquier gigante.

miércoles, 25 de junio de 2008

Variaciones sobre un motivo de Blai Bonet (díptico)

Un timbre amarillento devuelve su espesura de yeso que ha cuajado al rellano. Aquella pesadez blanca y húmeda, tiznada sólo por voces distantes que atraviesan muros, esculpe cada movimiento. Los dos, cara a cara, se miran a los ojos, tardan en abrir, y una mano se posa sobre su espalda, atrayéndolo con ternura hacia el pequeño fuego, apenas cuatro palos, hojas secas, unos cartones viejos, que se acababa de prender en aquel rincón de la noche. Si la ternura es la cara opuesta de la lujuria, cuando la moneda echa a rodar por el aire el resultado siempre es incierto.
II
Al caer la moneda sobre la losa, la bruma impregna el suelo con una baba oscura y la cara de la ternura deja en la piel del muchacho la cicatriz de una confusión. El amor agita el estandarte de lo aéreo mientras el fuego consume arterias secas y músculos astillados. El amor, imposible ternura, podrá esconderse tras dos puertas que, frente a frente, suspiren por el idílico momento en el que la brigada de derribos, con sus palas y piquetas, les ofrezca una posibilidad, utópica, de reunirse y abrazarse al cabo de tantos años en el montón de los escombros.

lunes, 23 de junio de 2008

Cuestiones de retórica

—¿No te preocupan esas chicas tan monas? ¿Cómo va a sentirse una bien si ellas existen? Ayer descubrí el antídoto, cuando explicaron la metonimia. ¿Recuerdas?
—Vagamente
—Mi error estaba en compararme con esas chicas monas de una manera absoluta cuando la belleza es metonímica. Lo que nos enamora de una persona es algo concreto.
—Los ojos.
—Y ese algo concreto permite afirmar que soy igual de bella.
—No te entiendo.
—Me puse a buscar en qué era yo más guapa que esas niñas. Y lo descubrí.
—¿En qué?
—En mi flequillo. Tengo el flequillo más gracioso y atractivo del mundo.

domingo, 22 de junio de 2008

Se vende

En el Babelia de ayer veo una página de publicidad a la que se ha prestado un tipo al que de vez en cuando le publican algún libro. Por ser morales, los principios los coloca cada cual donde le dicta su conciencia, y por sus conciencias les conoceréis. Hay sin embargo una cuestión ética en el aire. Este tipo ha dicho que vive —y de hecho vive— de los premios de novela en los que participa como miembro del jurado, convocados por entidades públicas. ¿De verdad se puede confiar en la dignidad de un tipo que se ha puesto precio?

miércoles, 18 de junio de 2008

Wagneriano

Si tuviera paciencia para revisar papeles daría con la fecha. Recuerdo un día nublado, desabrido. La víspera había leído sus poemas en el Aula Magna. Con bastante público. Por la mañana no tenía nada que hacer y me brindé a acompañarle por la ciudad. En la calle Lledó, donde evocamos el paseo de Garcilaso y Boscán, nos cruzamos con el grupo de saltimbanquis que aparece en un poema de Los Campos Elíseos. Frente al antiguo edificio de Catalana de Gas le dije: Tiene un aire wagneriano, por Otto, el arquitecto. Es cierto, replicó tarareando una melodía, por Richard, el músico.

viernes, 13 de junio de 2008

La tertulia de ayer sobre blogs no cesa (tríptico)

Osías: la proporción de tablillas mesopotámicas burocráticas no se diferencia de lo que ocurre con la escritura en cualquier época. Del siglo XIII se conservan montones de legajos... y una obra literaria: El Cantar de Mío Cid. De Sumer se conserva el Gilgameš. Hoy, nuestros movimientos dejan rastros escritos que se procesan: sacamos dinero en el cajero, en el super compramos... todo genera inadvertidos procesos de escritura, entre los cuales una mínima parte corresponde a la cuarteta escrita al caer el día. La proporción no es tan diferente a la mesopotámica. Tampoco la memoria: Cid, Gilgameš, nuestra cuarteta... De momento.
II
José Luis: uno no entra en un blog para quedarse. O sí. Nosotros entramos en los libros para quedarnos en ellos, ¿hay alguna diferencia entre un libro y un blog que permita pensar que lo malo o bueno de uno no lo es del otro? Cada vez es más difícil, si quieres que te sea sincero, quedarse en los libros: espurios, fantasmas, con insoportables combinaciones de literatura y subliteratura. En los blogs es al revés: cada vez hay más aportaciones literarias en medio de las escrituras triviales. Se trata de situarse en lo que decae y en lo que nace.
III
Alberto: un apego al papel similar a la desconfianza hacia las pantallas tiene detrás razones que comprendo. El papel le guarda fidelidad a la literalidad alfabética, que a su vez es (o parece) garantía del habla. Las letras que las pantallas muestran son un simulacro, el efecto de un traductor aplicado a la escritura informática —sólo inteligible para expertos— grabada en los discos. Un disco no se puede leer sin la mediación del programa adecuado y un aparato en conexión. Los libros ocupan espacio; un blog está y no está. ¿Nos acostumbraremos a prescindir de la materialidad de lo escrito?

jueves, 12 de junio de 2008

Al preparar la tertulia de esta tarde en el Ateneo

Algunos historiadores han subrayado el paralelismo que existe entre los actuales técnicos informáticos, en cuyas manos está hoy la transmisión de la información, y los escribas mesopotámicos. Es sugerente: en ambos casos la escritura real está fuera del alcance de los usantes del conocimiento —oral, entonces; alfabético, hoy—. Descubro paralelismos más optimistas. La escritura cuneiforme contenía en sus signos el recuerdo de toda la cultura pasada, que se hacía presente en la lectura —acaso porque la transmisión oral aún era reciente—; la singularidad del texto informático —su capacidad de hipertexto—, evoca aquel valor inicial de la escritura.

martes, 10 de junio de 2008

X

X, que no empieza por equis: xenofobia, xenófobo y xenófoba, xenón, xi —que en griego sí empieza por equis—, xifoideo y xifoidea, xifoides, xilófago y xilófaga, xilófono, xilografía, xilográfico y xilográfica, xilógano, xión y ahí se acaba la lista. No sólo hay pocas palabras con X, sino que además no hay por donde cogerlas. En el diccionario no aparece una acepción de mi juventud: Cine X. Eran salas sin nombre donde acudían hombres sin otra cosa que hacer a ver películas sin argumento en días sin memoria. Todo tachado por la X. Letra sin sonido propio. Como tantos.

domingo, 8 de junio de 2008

«De la elegancia mientras se duerme», del Vizconde de Lascano Tegui, en Impedimenta



Un dato alerta al curioso: Lascano Tegui publicó un libro como Rubén Darío, hijo. «Travieso» seguramente añada el lector cuando cierre el volumen. Aquel movimiento grandioso y espiritual hacia la belleza tuvo, en el tardomodernismo, un final que, por esquivar el cliché en el que se había convertido, supo cruzar a la otra parte: las menudencias de la ironía y lo cotidiano. A eso se dedica el pseudovizconde, a las traseras del brillo parisino: habladurías de cocheros, burdeles… Él mismo rebusca en su trastienda y habla de su infancia. Y de don Juan trata el aspecto más humano: su sífilis.

sábado, 7 de junio de 2008

Tetragrama de sábado

El camino hacia la panadería tiene algo de juego de niños: un saltarín ir esquivando los orines de perro. Se da uno cuenta de qué poco basta para desordenar el mundo: tres motos tumbadas en la acera por el efecto de un dios beodo. Y con qué nada se ennoblece: la ausencia de tráfico deja libre por la calle, de repente, el canto de un pájaro; miro hacia el cielo, ¿vendrá de la copa de un plátano o de un balcón donde esté enjaulado? Una muchacha habla a voces por su móvil: ¿qué poesía nacerá de esos jirones de frases?

jueves, 5 de junio de 2008

Yo

¿Quién, yo? Tan diferente sería decir eu, io, I, pero el idioma ha tomado la opción consonántica; ese aire mayestático: yo-el-rey. Y uno no se libera así como así de la monarquía de uno mismo que la lengua ha instaurado en él. Aunque prefiera las vocales en sueños complacientes, lo que de verdad emerge cuando hablo es ese yo áspero, rocoso, enfático. Su corona esconde. Su corona da por hecho. En su corona, ¿qué escondo? Me gusta que crean que también mi yo impone la evidencia poco evidente, lo firme sin firmeza; sin embargo, tal vez oculte que nada oculta.

martes, 3 de junio de 2008

Agua

En el aula de escritores del Ateneo, una habitación encajada en un hueco de escalera, ayer cabía Méjico. Lo presencial languidece en la era de las seducciones virtuales. Dos poetas mejicanas leían su obra, llena de sorpresas, ante casi nadie. Jeannette Lozano Clariond (1949) practica un lirismo de bohemia aristocrática; sus sensaciones la aíslan de la urbe en mitad del estruendo de las multitudes. Gloria Gervitz (1943) lee con una voz que emerge de latigazos sustantivos, secuencias verbales eléctricas, fragmentos perdidos de una narración sin trama, teselas de sentido de un aforismo decapitado por añorar quien no se ha sido.

domingo, 1 de junio de 2008

Autorretrato


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Foto de Alice Saga
«Me», de Polina Barsky

Un blog es una forma oblicua de autorretrato. Entre el sujeto y el soporte, que está en su mano, no hay distancia para encuadrar, ordenar el espacio, favorecer la perspectiva y permitir que actúe la mirada. Compensa estos defectos del resultado —su oblicuidad— el hecho de que no se haya necesitado la aprobación o el trabajo de otra persona para existir (en la fotografía no hay fotógrafo, en el blog no hay editor). Y también porque el resultado ejerce la seductora e inmediata función de espejo. El espejo, ya sabéis, obnubila a Narciso, pero a Plotino le revela el alma.