He soñado que llamabas desde la puerta de la calle golpeando la aldaba dos veces primero, por el piso, y una tercera, separada, por la puerta de mi hogar. Y me atropellaba a mí mismo por no olvidar abrigo, sombrero y paraguas, y al mismo tiempo bajar los escalones lo más rápido posible. Y cuando lo logro, en el portal no encuentro a nadie, porque nadie ha pulsado mi interfono. Son mínimas alucinaciones por haber pasado la noche leyendo los poemas que escribiste hace cien años. Tan próximos los siento en la lectura que espero tu visita para comentarlos juntos.
sábado, 4 de julio de 2026
miércoles, 1 de julio de 2026
Séptimo libro de odas (1)
El coro de ancianos, en las mesas últimas del café, junto a los lavabos, interpreta con los chasquidos de las fichas de dominó sobre la falsa resina de la fórmica una pieza para percusión y suspiros. La escucho como partitura del libreto escrito con las noticias de la víspera que trae el periódico de ayer que leo. Me siento junto a la cristalera que da al paseo, pero no queda lejos la época en la que tendré que aprender juegos de mesa para sobrevivir. De niño me aburrían solemnemente. También recuerdo el propósito de irme lo antes posible de aquí.
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