De camino a alguna parte que no recuerdo, o quizá yendo a ningún lugar, lo veo a diario. Sobre un montículo, en mitad de un solar lleno de abandono. Ahora que lo pienso, el espacio es un cúmulo de contradicciones en las que tampoco reparo. Hay una verja metálica alrededor de la parcela, con una puerta sin cerradura ni candado, por la que nadie entra, ni siquiera para que el perro husmee un rato. Y sobre la elevación, un enorme panel publicitario. Anclajes sujetos a una placa de hormigón, iluminación superior y un tablero en blanco con la pintura cuarteada.
martes, 24 de marzo de 2026
jueves, 19 de marzo de 2026
Intemperies / cinco
A veces la pluma de un cuervo aparece sobre el pedregal en el cauce seco. En el margen, entre los juncos, brillan tres solitarias margaritas amarillas. Como vecinas que han subido a la azotea en un día de sol, las nubes permanecen tendidas sobre una toalla blanca, adormiladas. Se compone la mañana con retales. Un vendedor del mercadillo con escaso género al que de pronto siento la necesidad de comprarle un significado. Le inquiero y con desgana me responde que ha agotado las existencias. Me agacho por elegir un guijarro como moneda para sufragar hoy el alumbrado de tales prodigios.
sábado, 14 de marzo de 2026
Intemperies / cuatro
Reventados los cojines, sucio, un sofá en mitad del vertedero se yergue como una desbaratada utopía. No hay ninguna lámpara encendida a un costado, con una mesita de madera debajo, ni un reposapiés con el mismo tapizado delante. Nadie suspira al sentarse, con la mano toma el libro que descansa en el lateral y estira las piernas. Quien camina entre bolsas de plástico y sacos de escombros tampoco se detiene. Desaparece tras un montículo. Se diría que cuando se le desprecia así, el sofá pierde su sentido, sin embargo, permanece erguido, honesto, ignora el abandono. Confía en el próximo caminante.
martes, 10 de marzo de 2026
Intemperies / tres
Zarandea la puerta, hace temblar los cristales de la ventana, aúlla en los rincones como un animal enfurecido y si existe paso, revuelve cuanto encuentra. Las hojas del manuscrito sobre la mesa, convertidas en una nevada por toda la sala. Las ropas del día, que se doblan sobre el respaldo de una silla, dibujan cuerpos imposibles por el suelo. Los jarrones temen por su integridad. Los marcos con fotografías de recuerdo caen desmemoriados bocabajo, con el caballete erguido como aleta de un tiburón asustado. Tanta ira que, en el momento en el que cesa la ventisca, no sirve para nada.
jueves, 5 de marzo de 2026
Intemperies / dos
Entre los paneles de cañizo del techo se abre una grieta que encuadra, en un cachito del cielo nocturno, un puñado de estrellas de alguna galaxia. Tumbado sobre la alfombra de bambú, quien descansa permanece ajeno a la araña que acecha al insecto que pueda colarse por el orificio. Ulula una lechuza en algún rincón frondoso. Tampoco lo oye el durmiente. Lo mismo ocurre con las líneas que trazo a diario sobre la mesa de dibujo, ante una ventana que suelo mantener cerrada para evitar los sonidos urbanos. No me sirven para despertar en la cabaña junto a un bosque.
domingo, 1 de marzo de 2026
Intemperies / uno
Tantas veces como he intentado escribir una simple palabra sobre la hosquedad de la roca, con el bolígrafo corriente que llevo en el bolsillo interior de la americana. Sobre las losas en el atrio de los edificios antiguos que visito. Sobre el asfalto de las avenidas, a la sombra de los plátanos, entre coche y coche aparcado. Aquello que en el papel tembloroso y efímero hubiera permanecido legible, la simple caligrafía de un vocablo que lo inmutable se niega a aceptar. Me agacho, fricciono con rabia, pero al levantarme nadie ha dejado ningún mensaje en la piedra. Sobre lo áspero.
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