Por el camino, abrupto, pedregoso, ni se me ocurre pensarlo. Tengo las piernas acostumbradas a las pendientes morales. Los brazos, diestros en el impulso del cuerpo. Avanzo rápido. Evito las conjeturas. Me basta con concentrarme en el ascenso. El repecho final lo asumo con entrega y no pierdo el paso del pastor que me guía, con extrañeza aún de que alguien quiera perderse en alturas inclementes sin ir tras una cabra extraviada. No miro hacia abajo ni presiento lo que he de ver, permanezco atento a la agreste senda. Solo cuando alcancemos la cima, abriré los ojos. Y el pensamiento.
viernes, 4 de abril de 2025
martes, 1 de abril de 2025
26 Miradas
Nada que no haya vivido. Es cuanto le digo a la pluma mientras su ombligo reposa en el tintero colmándose de palabras. Un ventanuco vierte una claridad delicada que se remansa sobre la hoja del pliego. Me aguarda su extensión vacía, lo sé porque al mirarla sueño con una escritura armoniosa, de mar en calma, diáfana para los ojos que han de leerla a través de su celosía, igual que en la mirada se conocen las intenciones que el habla silencia. Nada que no nazca de verdad, le repiten mis dedos al sujetar el cálamo con presión. Únicamente luz oscura.
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