Queridos Reyes Magos: ninguna magia quiero para mí este año. Después de tantas décadas desenvolviendo regalos, creo que los tengo todos. Uno más, me alegraría, claro, cómo no, pero lo abandonaría en un estante en espera de alguna ocasión oportuna que quizá nunca se presente. El encanto, indudable, de vuestra generosidad seguro que lo necesitan más justo allí por donde pasasteis en el primer viaje que emprendisteis. Entonces los campos parecían un desierto, hoy lo son pero ya no hay campos, sino un cementerio que necesita de toda vuestra magia para recuperar la alegría y la vitalidad que han desterrado.
