domingo, 20 de noviembre de 2022

Escrituras del barro / 3



Dentro del tren de cercanías dominan los grises. El suelo gris, los plafones grises, el tintado de las ventanas gris. A veces los asientos son rojos, pero se perciben, por simpatía, también grises. Entre una parada y otra el mundo parece echarse a la carrera. El mundo es para algunos filósofos lo que manifiesta un sentido, y para otros lo visible de cuanto se ve. Nunca se ponen de acuerdo. Es una sensación estúpida ver perder el mundo. Luego, en las paradas se recupera. Hay casi tantos viajeros que entran como los que salen. Nadie parece conforme con su destino.

martes, 15 de noviembre de 2022

Escrituras del barro / 2



Las aceras no han vuelto a hablar conmigo desde que gasto calzado deportivo. Y de no oírlas me acostumbro a no transitar por las calles cuando camino. Avanzo como si lo hiciera absorto en el interior de los pensamientos, que, por otra parte, no soy consciente de tener. Debería llamar nubes a las calzadas que no se inmutan y vuelo a los desplazamientos, pero tal vez entonces no lograría expresarme con la claridad que siempre he subrayado como una virtud de la escritura. Y tampoco es cierto que sea de raíz ascética mi desaparición, quizá solo me afecte la sordera.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Escrituras del barro / 1



Cuando se han quedado vacías las butacas y el murmullo ambiental de quienes se levantan con pereza y frases entrecortadas en la boca se ha trasladado, por el corredor de acceso, a otros espacios que ya no están en la oscuridad del lugar que es otros lugares, entonces, solo entonces siento la voluntad de contemplar lo que aún no he visto. Y si tuviera una cámara, fotografiarlo. El suelo, con restos de palomitas y envoltorios. Las cortinas, deslucidas a la luz. El silencio, ahora carente de significados. El vacío, un recipiente que se lanza, conmigo dentro, al cubo de basura.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Modelo /9



Donde no he estado nunca, no solo también me veo, sino que en ese encierro permanezco. Lo compruebo ante mi sombra, que salta en cuanto puede para impregnar, como suyos, los espacios que me son ajenos. Ni yéndome se va, la elástica y la sutil. Se desprende de las transparencias de mi memoria y por sí sola reconstruye quien hubiera sido de haberse cruzado por delante un día que no viví. Y me provoca con el disfrute de su abandono. Qué desazón el no saber, dentro de un instante, si sigue siendo mío o ha regresado quien no quise ser.

martes, 1 de noviembre de 2022

Modelo /8



Desde el enlucido en la pared, llena de torpezas. El vacío del hueco vacío que le corresponde. El óxido del camastro por cubrir. La suciedad del cristal en la ventana, que la luz reproduce sobre las baldosas del suelo. Desde la nada se construyen los días. Se sienta en el suelo por demostrarse sumido en el abatimiento. Cómo desentenderse de aquello que no ve cuando mira es un primer no saber. Hay otros. Si se acostumbrará a los rostros que intimidan por desconocidos. A las sombras que provoca la iluminación eléctrica. A la ausencia de discurso cuando busque hablar consigo.

viernes, 28 de octubre de 2022

Modelo /7



Nada queda en silencio cuando callan las puertas, los corredores, las ventanas, los enrejados. Nada permanece en quietud cuando se apagan las bombillas, los focos, las linternas, los días. Nada revierte en una nada, un utópico no oír, no ver, no alentar pesadillas. En el aire pesa el resuello de las respiraciones. Por el suelo se derrama el resplandor que cuela desde su altura el ventanuco. Se mantiene, un manantial que no conoce sequía, el caudal de movimiento más pernicioso, ese parloteo insolente y enloquecido del pensamiento. La noche se transforma en predicador que actúa al contrario de cuanto sermonea.

sábado, 22 de octubre de 2022

Modelo /6



Hay algo obsceno en una cerradura exterior. No es su literalidad de cierre, que —por cierto— solo inspira satisfacción cuando se abre. Es la idea de que una persona deje encerrada a otra que a su vez carece de modo de salida. Lo obsceno parece el dominio sobre las vidas ajenas. Hay una institución creada para justificarlo que se denomina «justicia», pero sus designios son conceptuales y no alcanzan a las cerraduras que los concretan, aquellas que solo permiten abrir desde el mundo. Hay algo obsceno en una cerradura que no se puede subvertir: convierte los sueños en algo inverosímil.

martes, 18 de octubre de 2022

Modelo /5



En la Modelo, edificio de la antigua prisión de la ciudad cuyo cometido ha caducado y en su lugar alberga hoy un recorrido histórico que puede ser transitado, las rejas que se alzan en las bocas de cada una de sus seis galerías radiales, y que obviamente aislaban en su sector a los reclusos que se alojaban, en este momento imposibilitan el acceso de los visitantes a las zonas que no admiten visitas. Barrotes que impedían salir, ahora impiden entrar. Contrariado por la disposición, contemplo las galerías clausuradas desde el centro panóptico como carcelero que vigilara el vacío ahí prisionero.

viernes, 14 de octubre de 2022

Modelo /4



Pertenecer al lugar al que no se pertenece no exime de nada, porque la «pertenencia» no es asunto que tenga que ver con la naturaleza, ni siquiera con la vida material. Es una idea que se entrega en el mismo envoltorio que aquello que puede ser descrito, en interesada confusión. Y como los productos pasados de fecha o sometidos a una temperatura inadecuada, cuando se abren han perdido forma y consistencia. No pertenecer al lugar al que cree uno que pertenece expide el aroma de la tristeza en cada mirada no reconocida. El pensamiento acaba por confundirse con sus miedos.

lunes, 10 de octubre de 2022

Modelo /3



Líneas que cruzan otras líneas en hermético trazo perpendicular. Es la imagen de la escritura del tiempo, personaje ya adulto y con tendencia al desorden que así redacta sus designios en un cuaderno escolar. Se leen también en el diario de cuanto no quisiera tener que decir y me veo impelido a hacer en disposición tan paralela como lo son los días. Una frase bajo la anterior, encajadas en la horma de la página con el mismo martillo que usa el herrero para construir impedimentos. Las sombras rectas sobre el lomo de las palabras. Nada que escape a los trazados.

miércoles, 5 de octubre de 2022

Modelo / 2



El graznido de las ocas navega río abajo ante la indiferencia de la superficie. El piar matutino de los vencejos provoca destellos en los cristales cuyo significado nadie parece comprender. El ladrido de los perros al caer la noche, cuando los árboles saltan a sus sombras. El croar de las ranas en las inmediaciones de la charca sobre la que transitan las nubes. El zumbido de las abejas ante el que las flores dejan traslucir embeleso. Todo lo que ha quedado fuera del cubículo de las palabras se expande sin su compromiso, que tampoco pueden suscribir manos, labios ni respiración.

sábado, 1 de octubre de 2022

Modelo / 1



Quien levanta la vista para no ver el suelo cuando se ata el cordón del zapato no soy yo, aunque los signos que anudo en cada frase lo simulen. He de confesar, antes, que soy quien ha franqueado la puerta y, porque conoce los cielos, camina con los ojos fijos en las baldosas del corredor principal. En sus grietas y erosiones trata de descifrar vestigios del tiempo. Quien ha de volver a cruzar la doble puerta, en camino inverso, cuando haya concluido la visita. Pero en este momento soy quien con la mirada busca sondear lo que encierra un paréntesis.

martes, 27 de septiembre de 2022

Manos | Veintiuno



Ante un espejo logran calmar el ansia. Las cámaras fotográficas hacen trampa y las presentan como un lago de alta montaña en un día despejado y sin viento, pero no siempre estaban sosegadas en el momento de la captura. Únicamente el reflejo, donde las manos se ven actuar, relaja la oportunidad de un movimiento nuevo. De esta experiencia se concluye que solo cuando se contemplan desde fuera adquieren conciencia de sí mismas. Las desbocadas con vida propia. Las que se acercan ante lo que requiere alejamiento. Las que aciertan sin que se lo pidan, y si existe petición, entonces fracasan.

viernes, 23 de septiembre de 2022

Manos | Veinte



El pensamiento se desvive por determinar el ser del mundo, las manos se conforman con limpiarlo y ponerlo en orden. No suelen estas tareas considerarse de mayor valor que aquella, antes ocurre lo contrario, en general degradan a quien las realiza frente al que únicamente piensa. Es el principio de una extensa cadena de errores que se denomina civilización. Las manos palpan el mundo, lo enmiendan, lo distribuyen, lo reconocen. Al parecer eso no basta para los merecimientos. Lo acarician y lo transforman. Le dan el sentido que quien se ha sentado delante, cruzado de brazos, más tarde les atribuye.

domingo, 18 de septiembre de 2022

Manos | Diecinueve



En la rama brota, por menuda que sea, la flor. La conjunción de pétalos y colores es una manera de afirmar. Con las tijeras, por el sendero, avanza la negación para mejorar su lugar en el interior de un jarrón de porcelana. Del mismo modo una mano, después de haber afirmado, tras contemplar cómo fluye el río hasta su desembocadura, descansa, animal apaciguado. Sin haber hecho nada, ni siquiera cortado una flor. Ajena a las correcciones. Tal cual encontró el mundo, ha respetado sus sentidos. Se limita a cavar con la azada una ondulación que encauce el agua del riego.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Manos | Dieciocho



En la continuidad de la mano no había cuerpo, es lo que recuerdo. Ninguna conexión con una manera de ver. No me miraba. Tampoco servía para lo que se utiliza una mano, que es para encontrar un punto en común desde donde trazar un compromiso. Un acuerdo, tal vez. Ni siquiera la posibilidad de un saludo. Si carecía de sus funciones, qué le da existencia, me preguntaba entonces, poco acostumbrado aún al trato entre desiguales. Eso, y el anillo. Una pieza engastada para legitimar distancias. Un hacedor de vacíos. Oía el fragor del ropaje. Nada que condujera a parte alguna.

viernes, 9 de septiembre de 2022

Manos | Diecisiete



Un emblema menor. Etiqueta arrancada de un producto retirado de la venta. Un silencio entre dos personas que se conocen poco. Así, la mano. Su condición epistolar de llegar antes de lo anunciado. De irse antes de que se consuma la partida. Un extremo donde no alcanza la red de distribución de aguas. El pedregal de frontera en el territorio del yo. Lo que siéndolo no lo parece, o pareciéndolo no lo es. Lo prescindible cuando no está. El requisito que se olvida y nadie vuelve a solicitar. Así. La locuaz silenciosa. Su indiscreción la pierde; la ansiedad la gana.

lunes, 5 de septiembre de 2022

Manos | Dieciséis



Son los objetos quienes se sujetan a la mano con sus capacidades cuando la mano los sostiene. Por miedo a no existir. De no ser así, el vaso se desliza y convierte el pavimento en un incómodo cielo nocturno. La botella vacía jamás puede sentirse llena tras resbalar aligerada por la suavidad de la piel. Una sábana, un cojín, la punta de la falda o el cuello de la camisa desconocen lo que es el cuidado si no han sentido estremecimiento o furor antes de ser extendidas o arregladas. No hay en las cosas pasividad cuando se acerca una mano.

jueves, 1 de septiembre de 2022

Manos | Quince



Donde la mano no está, continúa. El cauce horadado en el paisaje durante la sequía. El ausentarse es también una manera de permanecer. Los cúmulos de arena removida, los rimeros de cascajo, eso es el tiempo cuando el minero extrae desde dentro de la camisa el tarro diminuto donde guarda las esquirlas de oro halladas. Donde estuvo, se mantiene. Estela de la barca que navega sobre las aguas del río que ha perdido su condición de ser efímera y queda como cuajada en cemento ante quien mira los rizos de la corriente. La piel que fue acariciada retiene el halago.

domingo, 28 de agosto de 2022

Cuentos del hada jubilada (sexagésimo tercero)



Los gatos recorren la pasarela del día con la elegancia de un pase de modelos. El perro tuerce la cabeza mientras mira con la lengua fuera y parece sonreír. Una mariposa huye decepcionada con las flores del vestido, al darse cuenta de que su dulzura es de una naturaleza que desconoce. Los escarabajos caminan entre los terrones de arena con paciencia de filósofos. Una araña, diminuta y simpática, hace sus costuras artesanas en un rincón de la leña. La pareja de golondrinas que ha anidado en el tejado lo visita una y otra vez con la ilusión de padres primerizos.

miércoles, 24 de agosto de 2022

Cuentos del hada jubilada (sexagésimo segundo)



En el momento de regresar desde los campos y fincas de labranza, por los caminos de arena hacia la población, hay quien la abandona. La tarde se pone sobre el horizonte, como los créditos de una película en un cine de la capital, para nadie. Para el proyeccionista, quizá, que desde el ventanuco del fondo en la sala admira lo que ha mostrado. Y también para quien a esa hora olvida las calles, ya bulliciosas, y avanza de cara a poniente, escuchando el crujir de los guijarros bajo sus pasos y el temblor en la maleza que producen las alimañas.

jueves, 18 de agosto de 2022

Microlecturas | 22 | Evitar la niebla



Evitar la niebla tiene más de la personalidad de su autor que de lo que este le deba, por quedar bien, a la poesía. Se trata de un estilo personal encarnándose, ahora, en versos. Una escritura, la de Fernando Sanmartín, cuya escenificación en género —sea poesía, novela, diario o artículo— se convierte en algo secundario. Lo que importa es la efervescencia del pensamiento mientras entrevera el juicio de la cotidianidad con el uso popular de citas cultas, la prosopopeya más completa con la verdad íntima del diario personal, la sonrisa humorística con la flecha que rasga las defensas del lector.

domingo, 14 de agosto de 2022

Microlecturas | 21 | E eu era a casa



Esta primera reunión de versos escritos por la fotógrafa lisboeta M Céu Costa es un libro íntimo («Son cosas que necesitas saber»), delicado («Lo dijiste a mi lado»), profundo («Derivando hacia las grietas los barcos que tiene la vida»), lúcido («Y yo era la casa / La música del mar») y luminoso («En el amanecer del loto»). Son poemas que hablan con la misma voz que lo hacen sus fotografías, formando parte de una misma mirada creativa que encarna, sea con la luz o con las palabras, la fascinación ante los significados enigmáticos: «Fíjate / Cómo trabaja la lluvia sobre la tierra».

miércoles, 10 de agosto de 2022

Microlecturas | 20 | La poesía como caída



Caer es una forma de abandonar el equilibrio. A la poesía se le supone, desde el equilibrio, el movimiento de ascenso, como a los globos aerostáticos. Jesús Aguado revisa la historia de los poetas para refutar esta convención y sugerir la opuesta: la forma de la poesía es el desequilibrio en estado de pureza. Su única manera de ascender ha de ser, por lo tanto, caer. Al agua desde la barca, ebrio, por abrazar la luna Li Bai; desde el avión el niño constante Saint-Exupéry. A la tierra, desde el cielo, el río Ganges. Para salpicar brillos sobre los versos.

viernes, 5 de agosto de 2022

Microlecturas | 19 | La aventura



La inestabilidad del ser, viene a decir Agamben en sus investigaciones con arranque filológico, estaba ahí desde el origen. La incerteza del yo animaba lo más certero de la conciencia medieval, pero solo ahora, cuando se le ha rasurado al lenguaje su capacidad de encarnar (y la aventura agoniza en la trivialidad de sí misma), se comprende. El hilo cada vez más fino de las palabras con las que acontece el presente apenas es capaz de sujetarlo, es decir, de implicar al sujeto. De donde resulta la sangrante paradoja de que solo en el espejo de lo antiguo se vea.

lunes, 1 de agosto de 2022

Microlecturas | 18 | Una senda en la penumbra



Un aliento japonés recorre este diario con estructura estacional, que empieza en primavera y concluye, después del arduo invierno, en primavera. En una anotación, María Ángeles Robles declara haber dejado que otros libros hablaran por ella. Es lo que afirmaría cualquier buen lector, y la autora lo era antes de iniciar su diario —en el que hay más evocaciones y atmósferas que tiempo transcurriendo—, ahora, una vez escrito, merece el reconocimiento de maestra en el arte de la sutileza. Don ejercido entre paisajes de sierra y de costa, que entrega a la memoria el protagonismo de erguir el presente.

miércoles, 27 de julio de 2022

Manos | Catorce



Quisiera Apolo compadecerse por algún rechazo amoroso, pero las chicas ya no reparten calabazas o a él no se las dan. Exige poco, una primera cita, dos. Tiene sueldo de analista de producto en una empresa solvente, viste con elegancia, es simpático. Al salir suele entrar en un café, con compañeros, a tomar algo. En un rincón ve leer a una muchacha insulsa que nunca levanta los ojos para mirarle. Por eso se fija en ella. Un día decide acercarse. Dafne se asusta. Su mano desaparece dentro del libro, estira el brazo, mira hacia la calle. Si pudiera, saldría corriendo.

sábado, 23 de julio de 2022

Manos | Trece



Cuando le traté ya lo había superado. O eso decía. De niño, su padre inglés le ataba las manos, herencia de una madre italiana, al brazo de la butaca desde donde respondía a sus preguntas. Fue como volver a aprender a hablar de nuevo, explicaba. De ahí nace su teoría de que las manos no solo son las que enseñan a la persona a expresarse, sino también a comprender lo que ocurre alrededor. El adiestramiento paterno tal vez mejorara sus modales, pero retrasó una década, afirmaba, su desarrollo cognitivo. Daba gusto oírle, aunque no acabara de pronunciar enteras las frases.

martes, 19 de julio de 2022

Manos | Doce



Sobre el teclado, es como si sus manos quisieran renacer en otra vida para la que se perfeccionan con una paciencia que no ha existido en otros ámbitos. Anhelan convertirse en el doble de las manos que han ideado la música que interpretan. Realiza los ejercicios como un purgatorio de sí mismo, para olvidarse de lo que las suyas han tocado, para tocar lo que otras han imaginado. Lo contemplo a cierta distancia, la que separa dos habitaciones. Una duda no me abandona, cuando se levante del piano para acariciarme, ¿lo hará con sus dedos o con los del compositor?

jueves, 14 de julio de 2022

Manos | Once



Cierra los ojos en la librería antes de comprar la lectura para sus próximos días. Jamás memoriza nombres. No por demasiados, ni siquiera por inútiles, sino por evitar interferencias. Hay quien lee un libro si le cae bien el autor, o porque ha tenido una vida así o asá, o por el color de sus ojos en las fotografías retocadas por el editor. Pamplinas. Tampoco se fija en los títulos, que le parecen lemas comerciales. Cierra los ojos. Palpa el volumen, desliza los dedos por el papel, lo abre y atiende a cómo se ubica en las manos. Luego, elige.

domingo, 10 de julio de 2022

Manos | Diez



Enrabietado adolescente que golpea la puerta tras la que le han encerrado unos padres asustados por las transformaciones, la primavera, hoy exhausta, se ha abandonado sobre la cama y adormilada se olvida de berrear contra los cristales de las ventanas. Así describes la calma de la tarde para que sonría, y sonrío, aunque el sillón de mimbre del jardín se me clave un poco en las nalgas y sospeche que las ropas de verano que he elegido acaben por ser inadecuadas. Sigues entrelazando metáforas e ironías para que siga sonriendo, y lo hago pese a la amenaza de un abejorro.

martes, 5 de julio de 2022

Manos | Nueve



Solo el pensamiento lo es cuando ha pasado por estos dedos. Aquel baúl en el desván donde la familia acumulaba cuanto se rompía o había dejado de servir, lo antiguo con lo reciente, lo valioso con lo inútil que da pena tirar, eso eras antes. Después, pulcritud y orden. Línea a línea, convierte mi mano lo imaginado en caligrafía igual que el escultor en el bloque informe de mármol sabe encontrar el gesto hermoso. Serpentea con la pluma, sin que parezca que está haciendo algo crucial, para que vaya cobrando sentido lo que ni yo mismo sé que he pensado.

sábado, 2 de julio de 2022

Manos | Ocho



Después de estirar el brazo, sigo sin alcanzar el hombro, el cuello, las mejillas, los ojos. Cuanto se anhela para reconocer al ausente. Tanteo el aire, como si fuera piel, su delicadeza y su calor, sin ser más que aire. Tras alargarlo en vano más allá de donde pueda ver, construyo un cuerpo con la nada de haber partido o, quizá, de nunca haber llegado a este lugar. Tiendo el gesto para que se vea propicio al abrazo o dispuesto a la reconciliación, no sé, me sobran argumentos para darle un significado a la mano que se aprieta al vacío.

lunes, 27 de junio de 2022

Manos | Siete



Cada vez que anudo sobre tobillo y empeine la zapatilla, deslizo después la mano por el satén, con suavidad, como para darle calor y fuerza al pie que, ahí encerrado, ha de sostener la danza de todo el cuerpo. Las manos me parecen, entonces, un hermano mayor que cuida del menor y no solo por edad lo mima, sino también porque necesita el apoyo y su potencia para poder volar más alto en cada salto en el que el gesto de los dedos culmina el esfuerzo de todos los miembros. Pero eso será luego, cuando haya silencio en la platea.

jueves, 23 de junio de 2022

Manos | Seis



Tenemos una pequeña imprenta. Es un juguete de una época cuyos niños son adultos hace tiempo. Con las pinzas colocamos las letras de goma en una forma de plástico, la humedecemos en una almohadilla de tinta y la presionamos contra folios de colores a fin de que aparezca, como por arte de magia, el poema que escribimos a dos manos el día anterior, en el porche, mientras el día se alejaba despacio con una belleza profunda y antigua. Es un poema breve, tenemos pocas letras en la caja tipográfica, pero realizamos varias impresiones para regalárselo a los invitados del domingo.

sábado, 18 de junio de 2022

Manos | Cinco



Desde la butaca que ocupo, en un extremo de las primeras filas, puedo verlas. No tengo en las mías un oboe ni el arco de una viola. Un violín parece excesivo para mis ensoñaciones. Antes de que empiece el concierto disfruto observando cómo trajinan en el cuaderno de la partitura, pasan páginas sin pasarlas, cerciorándose de que están todas, ninguna ha desaparecido. Cuando el director mire a los músicos, casi pasando lista, ensayarán el hieratismo perfecto. El ejemplo de que nada se va a mover en el escenario hasta que no se alcen y arranque, con su movimiento, la música.

martes, 14 de junio de 2022

Manos | Cuatro



Dos hermanas gemelas en un camino. Quien con ellas se cruza no aclara a cuál mirar. Si habla a una piensa en la otra, pero no distingue la que le ha devuelto el saludo. Que vistan igual o distinto tampoco importa. Solo las diferencian sus hábitos, cuando los practican. Una sostiene el libro, otra pasa la página. Una, el cazo; otra, el cucharón. Una pasa el peine; otra estira el rizo. Y mientras una escribe, la otra dormita. De ahí su fama de soñadora. La que al andar prefiere ir enfundada en un bolsillo. Dos hermanas que solo rezan juntas.

miércoles, 8 de junio de 2022

Manos | Tres



Desde un banco del parque, allí donde no corretean criaturas, observo cómo un mirlo avanza desconfiado al amparo de los árboles. Ni pestañeo, para que no se vaya. Se me ocurre pensar que sus alas quizá sean el equivalente de las manos, como las mías, también pegadas ahora al cuerpo para evitar movimientos. Pronto me doy cuenta de que las manos del mirlo son su pico, que aparta lo que no le interesa, revuelve y atrapa cuanto desea. Pero mis manos no son su pico, sé extenderlas como alas y emprender el mismo vuelo, cuando se marcha, hacia lo incierto.

sábado, 4 de junio de 2022

Manos | Dos



No era visible su mano izquierda, cuyo brazo desaparecía, como si fuera un efecto óptico, a partir del codo. La talidomida está en el epicentro de una generación cuyos mayores habían cerrado los ojos ante el progreso y la ambición. No podía verla, pero la ausente mano izquierda estaba ahí, de eso estoy convencido, en cualquiera de sus movimientos. Amontonaba libros, repartía folios, recogía exámenes. Por nada del mundo hubiera querido que me descubriera mientras me fijaba en cómo lo hacía, pero al mismo tiempo no lograba contener la inexplicable necesidad de desvelar la existencia de lo que no existía.

miércoles, 1 de junio de 2022

Manos | Una



Percibí la cautela con la que se iba a acercar antes incluso de que la desenfundara del bolsillo donde, por precaución, la llevaba. Vi tamborilear los dedos, luego, sobre la superficie de zinc. Pensé que sería impaciencia, pero enseguida comprendí que quizá fuera incertidumbre. Avanzaba lo mismo que retrocedía. Tanto pensar en su mano me había olvidado de la mía, que continuaba sobre el bolso, aferrada. La dejé fluir. Quiso descender primero por mi pierna y luego la vi ascender y posarse en la barra. Iba a tamborilear, pero me reprimí. Nada más extenderla noté la suya sobre la mía.