jueves, 5 de febrero de 2009

Carta a Montano a propósito de vientos excesivos y libros por llegar

Espero que el tornado no haya deshojado los pliegos de los libros por encuadernar y sus hojas vuelen por los cielos mediterráneos como aquellos colibríes que Rafael Pérez Estrada repartió por Málaga tras el naufragio de un barco de mercancías exóticas. Aunque bien pensado... Qué pena que el vendaval no haya provocado algo parecido con los libros, ¿verdad? Los lectores irían leyendo páginas al azar conforme las cazaran al vuelo y luego las dejarían partir al compás del viento. Podrían intercambiarse las repetidas y hasta pagar pequeñas fortunas por la página que les falta: aquella donde los protagonistas se besan.

martes, 3 de febrero de 2009

Carta a Germán Gullón a propósito de su defensa de la edición electrónica (díptico)

Creo que la edición electrónica ha cumplido la fase 1: hay gente interesante que escribe cosas interesantes y hay gente interesada que las busca para leerlas. Hace unos años esta realidad nadie la tenía tan clara: se escribía cualquier cosa y no se sabía quién estaba detrás leyendo. Hoy no hay duda ni del interés ni de los interesados. Es el momento de reivindicar la fase 2. Mi amigo Montano, bloguense hasta la médula, se queja de que no ve cómo sacarle rendimiento económico a su trabajo literario en la red. Su queja es interesante, y vale la pena concretarla.
(2)
A un poeta, por ejemplo, rara vez le pagan un libro —en papel—, pero eso no le impide sacar —si es lo que se anhela— rendimiento económico y promocional: le invitan a leer, a colaborar en revistas, puede presentarse a premios... Hay una trama cultural activa a su alrededor que no existe en la edición electrónica: ¿Cuándo habrá un espacio en los suplementos literarios para valorar y criticar sitios culturales? ¿Cuándo convocarán premios para blogs literarios? ¿Cuándo cursarán invitaciones para participar en ciclos literarios a los autores de los mejores blogs, por esta condición? La fase 2 por llegar.

domingo, 1 de febrero de 2009

Día de lluvia

Si la lluvia revitaliza la ciudad —las calles tamborilean y cualquier esquina lanza desde su opacidad destellos satinados—, cuando deja de llover y las nubes persisten, su figura envejece mal. La humedad en las tejas les da una intensidad de tinte excesivo sobre cabellos canos y en el revoque de las fachadas deja a la vista, como vestido de repente traslúcido, el osario de ladrillos mal alineados. La lluvia encandila con su alteración de la luz. Dialoga con la memoria y discute con los deseos. El final de la lluvia le devuelve al presente, como cambio, unos cuantos céntimos.

miércoles, 28 de enero de 2009

Αθήνα

El pálpito de la noche —un autobús que cruza lejos, el zumbido de un aparato a deshora, los pasos del vecino hacia el baño— acuna a Cintia cuando se acuesta sola. En las sábanas la ampara la sensación de lo recién lavado mientras el despertador juega a formar capicúas con las horas. La ausencia le da sentido a cada instante, escribe con los movimientos del cuerpo un relato sencillo que cada día le gusta más leer. De madrugada, cuando llegue alborotando la página, ebrio, macerado en humo de tabaco, y tosa y tropiece y balbucee, la noche se volverá ilegible.

lunes, 26 de enero de 2009

El consejero solipsista (tríptico)

No exagero. Me emocioné. Paso frente a un colegio público del Raval a la hora de la salida. Decido quedarme en la puerta como si fuera un padre más. Hasta un extraterrestre sabría que no espero a mi hijo en ese colegio. Pero allí me planto. Los niños aparecen acompañados de sus maestros. Quizá haya más de un 90 % de emigrantes. De todo el planeta. Lo que me impresiona, sin embargo, no es lo evidente, sino lo que ocurre: nada. Niños contentos, relajados, en orden, que hablan entre sí con una lengua diáfana, nítida. Igual que en cualquier colegio.
(2)
Miro a los niños, las niñas. A sus maestras, maestros. Me emociono. El disparate de una sociedad que se empeña en repetir los errores de la segregación, el despropósito de una administración educativa que le da coartada, el sinsentido de una hiperactividad legislativa que nadie reclama y que cambia hábitos y prácticas de un día para otro, sin mesura ni reflexión: como un deporte de salón de los políticos. Tanto desatino se me viene a la cabeza cuando veo el sentido cabal —niños contentos— que los maestros le dan al absurdo social, político y administrativo que les ha tocado vivir.
(3)
Evoco, entonces, al rey solipsista, Fernando VII, que ni entendió ni estuvo a la altura de su lúcido pueblo. También aquí hay un consejero autonómico solipsista (dicen que no les habla ni a los directores generales) que cree que todos los problemas de la educación los causan maestros y profesores. Un político que no quiere pasar a la historia por escribir poemas, sino por haber humillado a los únicos que mantienen a flote el extraordinario naufragio de la educación en este país. No, ni comprende ni está a la altura de los lúcidos maestros y profesores que sufren su soberbia.

miércoles, 21 de enero de 2009

Obamario, 3

Para escribir un soneto laudatorio se elige un bloque de hielo sin mácula, purísimo. Se modela según el canon. Se esculpe con minuciosidad y paciencia, y atención a los arabescos del flanco derecho, donde reside la sonoridad. Se vacían lentamente los espacios con cincel fino. Se talla desde arriba, mirando siempre el pie donde se ha de agazapar su sorpresa. Una vez concluido, hay que conservarlo en nevera, porque si el soneto se abandona en mitad de una calle, sus perfiles se desdibujan, sus cenefas sonoras ensordecen y al poco sólo queda sobre la calzada un sucio y pisoteado charco.

martes, 20 de enero de 2009

Obamario, 2 (¿El renacimiento?)

Jesús Aguado cuenta que el presidente le pide a cierta poetisa un poema para su coronación. Rechazar el encargo hubiera sido la única respuesta válida —piensa Aguado—, y me convence. Ahora imaginemos que la poetisa recibe la llamada pre-presidencial y se disculpa. Este acto que ensalzaríamos se queda sin aplauso por la sencilla razón de que nunca hubiéramos conocido encargo y rechazo. Sólo la poetisa podría aplaudirse a sí misma. ¿Admite esta secreta fidelidad a los límites personales la sociedad contemporánea? ¿No se sentiría la poetisa como una idiota por haber perdido la oportunidad de fama y —sobre todo— remuneración?

lunes, 19 de enero de 2009

Obamario, 1

El influjo del periodismo en la escritura creativa borra las fronteras de aquello de lo que vale la pena hablar en literatura. A una pregunta así, la respuesta fetén será: de todo. Como los periodistas, que de todo son capaces de escribir algo. ¿Se ha de hablar de todo también en el blog? En estos casos me acuerdo siempre de Garcilaso y del Emperador: ¿Quién mejor que el poeta escribiría el elogio del monarca? Pero Garcilaso sólo habló de su amor ideal. A un escritor le define el límite que traza ante aquello de lo que no va a escribir.

sábado, 17 de enero de 2009

El invierno

La goma adhesiva que se aferra al cristal del tarro cuya etiqueta intento quitar para reutilizarlo es como una mañana de invierno. Pegajosas, las nubes bajas se adhieren también a la luz de la ciudad mientras en el interior del bote los restos de miel persisten. Y en las calles sobrevive el frío que aleja a los niños que duermen, a los adolescentes que trasnochan en su propio cuarto, a los viejos que aguardan la mejoría del día para visitarlo. El tarro, que conservará el caldo que hierve en el fogón, combate con el estropajo, empeñado en entorpecer su destino.

jueves, 15 de enero de 2009

1985

—Por favor, me da un cupón que acabe en 85.
—¿Ha de ser en 85?
—Sí, que acabe en 85.
—85... A ver qué encuentro. Aquí sale uno en 58 con olor a premio, ¿sirve?
—¡Qué gracioso! Nací ese año. El 58.
—Una buena razón.
—Prefiero que acabe en 85.
—Eso quiere decir que su razón es mejor.
—Bueno, es posible.
—¿Una razón mejor que la de haber nacido? ¿Puede existir?
—No creo que haya ninguna.
—¿Entonces? ¿58?
—Entonces: ¡85!
—¿Mejor que nacer?
—Nacer otra vez.
—¿Otra vez?
—No otra, la primera vez.
—¡Ahora lo entiendo! Pero en 85... ¡Nada!

[English version]

martes, 13 de enero de 2009

Día de playa (el poema del 13 de enero)


Para M.
Un pasaje oscuro hacia la calle Industria en el que brilla la pelota que ha rebasado al niño que juega de portero; delante el crucigrama vacío, honorífico, del empedrado en la calleja transversal de la Sedeta; en el paseo San Juan el sol vertido sobre el asfalto como el cubo que una torpeza ha derramado; los sucesivos parques infantiles cuyos columpios tienen nombres puestos por la memoria; Córcega, costado montaña, tiene sus pasos: una destartalada tienda de trenes en miniatura, las fotos de insectos que anuncian un fotógrafo; paseo de Gracia, aguas que van a dar a la mar: Laie.

domingo, 11 de enero de 2009

Trafaria (Fondo de estanque / 5)

Viejo juglar, el río canta
indiferente a quienes gritan
bailan, exaltan lo que da el presente.
Camina el río cabizbajo,
ensimismado. Ajeno anda el río
al tiempo que en la orilla fluye
el júbilo. Los jóvenes de torso
descubierto que lanzan piedras
a su paso, las niñas pizpiretas
que ya se sueñan alcanzadas.
Y detrás de las zarzas y detrás
de las cañas, de la maleza,
de las barbas del viejo caminante,
los que se abrazan dándose la vida.
Indiferente canta el río,
sonámbulo, aturdido. Ajeno entona
sus monodias. Así, subir al barco
otorga extranjería al viajero,
desgaja, arranca. Envejece.

sábado, 10 de enero de 2009

Nieva

A Fernando Senante, que no ha visto nevar
Llegué a Madrid, barrio de Campamento, para hacer la mili tal que una tarde gélida de noviembre. Me acosté en la litera (de arriba) y a la mañana siguiente, cuando me desperté, vi los cristales empañados, pero los tejados que había al otro lado del patio ya no tenían la oscuridad cuartelaria. Lucían blancos. No sé si fue el mejor día de mi vida para ver nevar. Tampoco recuerdo si lo agradecí y me ayudó a sobrellevar el tiempo que entonces empezaba a contar: tantos meses por delante. Sólo recuerdo que me desperté y nevaba. Como en las malas películas.

jueves, 8 de enero de 2009

«Construyendo Babel», de Hilario J. Rodríguez, en Tropismos


Hilario Rodríguez ha vivido en ciudades de medio mundo con un único domicilio: su biblioteca. Ha sido camarero en Londres, estudiante en Cáceres, profesor de escuela pública en Chicago con un único oficio verdadero: lector. Ha sido hijo y nieto y es padre. Ha sido atleta en la pista y en las calles, corriendo sin cesar tras sí mismo; y cuantas experiencias ha conocido se entreveran con los libros que leía, de modo que vida y libros forman una única sustancia que el autor destila en Construyendo Babel. Con apariencia de ensayo se enmascaran unas memorias que ocultan la novela.

lunes, 5 de enero de 2009

Pequeño cuento de la noche de Reyes

Había cerrado el embarque del 0501 en el ordenador. Maite y Jerónimo, con quienes había recogido las tarjetas, salieron pitando para cubrir otro vuelo. Me quedé sola porque mi jornada aquella noche había acabado: ¡hacía media hora! Al día siguiente libraba, ¿sabéis lo que significa eso? Faltaba un pasajero, pero no había facturado. Sin problemas. Repentinamente apareció delante con su tarjeta en la mano: gordo, barbudo, sudoroso. Era él: Gaspar García. Lo miré: acarreaba bolsas y paquetes por todas partes. «Señor Gaspar lo siento, el vuelo se ha cerrado». «Por favor, monada». Entonces sonreí: «Lo siento» (y no era cierto).

domingo, 4 de enero de 2009

La pianola de Gaddis

«40.000 pianolas construidas en 1909, casi 200.000 diez años después» para «disfrutar el arte sin artista» —escribe William Gaddis en Ágape se paga, espléndido monólogo interior, flujo de una conciencia lúcida ante las postrimerías—. En la pianola está el inicio de «toda esta demencia con los ordenadores»... La metáfora de la pianola de Gaddis apunta al corazón de los blogs: ¿la escritura sin escritor?; ¿la escritura sin los conocimientos, la experiencia, la soledad que convierten en escritor a quien escribe? ¿La escritura como entretenimiento; como quien toca el piano con los pies mientras la partitura agujereada interpreta a Schubert?

jueves, 1 de enero de 2009

Pequeño cuento de Año Nuevo



La brigadilla llega a la plaza con las primeras gotas de leche sobre el café de la noche. Les aguarda un horizonte de vasos de plástico, botellas rotas, colillas, guirnaldas de papel y papelillos de colores náufragos en los charcos de bebidas oscuras. Entre los desperdicios, duermen quienes se quedaron atascados en el sumidero de la fiesta y no pudieron correr hacia un destino más abrigado. Los barrenderos les zarandean con el palo de los escobones y, a diferencia de otras inmundicias, se yerguen aturdidos, con frío, y enseguida toman el camino incógnito por donde desapareció el año horas antes.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Luciérnaga

—No tengo paciencia ni edad para aprender a escribir todas las palabras, con la cantidad que hay; enséñame sólo las importantes.
—La escritura no funciona así, Xênia.
—No te rías, pánfila; aunque analfabeta, también yo fui jovencita y garbosa, ¿o es que crees que siempre anduve tan vieja?
—Es que se enseñan las letras, no las palabras.
—¿Y para qué sirven las letras si no es para escribir palabras?
—Pesada.
—Además, enseguida llegará un cliente y me dejarás a verlas venir; eres la preferida de la casa.
—Te haré caso. Empecemos: ¿cuáles es para ti la palabra más importante?
Pirilampo.

viernes, 26 de diciembre de 2008

De libros y hoteles



A Isidro Hernández


Los libros son también habitaciones de hotel. Se viven intensamente durante unos días, horizonte constante hasta que se abandonan la fecha prevista para no volver. O sí, hay quienes regresan al mismo hotel, a la misma habitación y reescriben el mismo libro. No es un juicio de valor, sino una forma de entender la literatura. Y acaso la vida. Otros poetas cambian de habitación y de destino en cada libro; la anterior les queda siempre lejos del lugar donde andan en el momento. Pero eso no implica que la historia no sea la de todas las habitaciones donde ha escrito.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Un regalo de la literatura por Nochebuena: «Heridas causadas por tres rinocerontes», de Fernando Sanmartín, en Xórdica

Yorgos aún no ha cumplido cuatro años. Pasea por los corredores del hospital junto a otros niños que también arrastran portagoteros y padres heridos por tres rinocerontes. Este relato de la enfermedad que ha escrito Fernando Sanmartín, compuesto tras salvar retales y trizas no sé si de escritura o de la propia vida, tiene el humilde don de devolver el sentido primigenio a la literatura: la metamorfosis de la herida —la herida verdadera— en retrato, en experiencia, en lenguaje no usado; en obra de arte. Sanmartín no escribe para redactar bien; escribe bien para poder comprender mejor la incomprensible realidad.

domingo, 21 de diciembre de 2008

José Luis Giménez-Frontín

Suena el teléfono. A punto de ser demasiado tarde para recibir una llamada. Es un amigo. En viento helado, en oscura noche. La noticia me deja en la intemperie. Las actividades de la ACEC durante este otoño, de las que era alma y cuerpo, permanecen en la memoria como superficie recién pintada. Su sonrisa pletórica, en octubre, durante la presentación de Los años contados, en una Central donde no cabía ni una persona más. ¿Dónde están? Pensaba que en el lugar donde las encontraría con solo acercar la mano para estrechar la suya. Ha muerto un escritor de verdad extraordinario.

sábado, 20 de diciembre de 2008

De viaje

La impresión que tuve en el desierto es que el significado afectaba sólo a la palabra, no a la realidad. Quizá fuera el espejismo de quien va por primera vez. Fue en Jordania. Y me pareció que aquella ruta por las arenas del desierto no tenía nada de desierta. Por donde pasáramos veía tiendas nómadas, carreteras llenas, chiringuitos en cualquier parte—un tendido de luces de colores, unas mesas y varios trailers aparcados en hilera—, animales y gente caminando en el vacío no se sabe ni por qué ni hacia dónde. Igual que ocurre con los blogs: desiertos frecuentados.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Casavella

La deriva de noches y de literatura nos juntó en algún bar. Era la época en la que seducía con El triunfo. Yo no sabía muy bien qué era un novelista —mis amigos eran poetas— y Casavella contribuyó a darle cuerpo a mis modelos. Como haría Hemingway, invitaba a todos los presentes. Acababa de dejar su empleo en la Caixa —también inaudito— para irse a escribir a una desértica urbanización de la costa. Tenía que recorrer varios kilómetros en busca de tabaco. Y cuando se hartaba de la máquina de escribir, salía a pasear por las playas solitarias del invierno.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Cosas de la edición (tríptico)

La nueva agrupación de editores Contexto, Premio Nacional a la mejor labor editorial este año, lo celebra en su revista corporativa Contexto, que ojeo. Algunas páginas sirven como escaparate para las novedades (3 por sello) de las 7 editoriales del grupo. La revista da noticia, pues, de 21 libros, de los cuales 15 son títulos de narrativa y 6 de ensayo o biografía. 18 son traducciones y 3 han sido escritos en castellano; los 3 pertenecen al segundo tipo. Es decir, ninguna de las 7 editoriales de Contexto presenta ni siquiera una única obra narrativa escrita originariamente en español.
(2)
No se trata de que sean mejores los libros traducidos u originales, sino de que existe un desequilibrio ante el que conviene detenerse. Un 15-0, infringido por parte de las editoriales emergentes —con una distribución nacional solvente—, supone una decisión en contra de la narrativa contemporánea en una lengua que tiene consecuencias. Contexto representa el nivel intermedio del ámbito editor: entre los grandes grupos y la edición regional. Como editores independientes toman el relevo de Anagrama y Tusquets, cuyo papel fue esencial en la novela actual española. Y este protagonismo, al que renuncian los herederos, ¿quién lo cumplirá ahora?
(3)
Esta renuncia tan clara, ¿qué consecuencias tiene? Las que ya se ven. La edición actual se ha partido: por un lado los grupos, que subrayan sus estrategias comerciales; por otro, las pequeñas editoriales autonómicas. El papel que cumplió, por ejemplo, Anagrama se diluye en sus constantes desaciertos. Los editores que siguen sus pasos se desentienden. Los autores sin excesivo ánimo comercial se refugian en el margen territorial de la edición. Los autores con ese ánimo, repiten sus fórmulas exhaustas. La insatisfacción crece: sobre la mesa de la librería, títulos idénticos; y los libros maravillosos que sí se publican, nunca están.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Sin periódicos

Ya he vuelto de la panadería: ¿dónde está el itinerario que he seguido? En los folios que tengo sobre la mesa y en las delicados signos en rojo que de vez en cuando introduzco entre letras. Hasta olvido comprar el diario. Corrijo pruebas. No se acaba nunca de perseguir erratas, incoherencias, deslices. En la droguería no venden veneno para erratas. Se esconden bajo las palabras, salen de noche para alterar de día el orden inmutable de lo ortográfico. Cuando pase por los folios huirán a sus escondrijos y se frotarán los élitros imaginando la eternidad que les dará la imprenta.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Alcântara. (Fondo de estanque \ 7)

Polillas en la madrugada,
los tranvías regresan al hangar
de los sueños perdidos. Luz metálica,
herrajes lánguidos, lagartos,
felicidad de grasas tan antiguas
como los versos sincopados.

Te llevé un día a verlo, los dos juntos
de la mano; silencio entre cegueras.

Abierta fruta al mediodía,
la cochera recuerda una vitrina
de dioses, biblioteca de espasmos,
pinchados coleópteros azules,
reino libre de túneles e insultos,
reino apátrida, lejos de los tábanos.

Mi camino cruzaba siempre
por delante: su puerta, mi ventana.

Enigmático dial, destino, cauce,
paciente don de un trazo paralelo.
No es cierto que alcances donde dices,
Vía Muerta.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Al acabar de leer «Poética y poesía»



Jordi: En tu poética me he sentido próximo a «la lógica del texto en marcha». Más o menos también es mi manera de trabajar. Empiezo a escribir con una impresión, creo una estructura y camino hacia donde la escritura me dirija, tal como tú expones con lucidez en Poética y poesía. Tampoco concibo el pensamiento sin su partitura. No sé lo que es tener ideas si no están caligrafiadas. Desconfío de quien habla mucho y escribe poco: cuántas veces digo algo pensando que lo pienso, luego me pongo a mecanografiarlo y compruebo que es insostenible. Que no puede ser escrito.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Ríos

Desde la mitad del puente, sobre el arco de hierro, las aguas parecen seguir el impulso del destino, acaso de la necesidad. ¿Qué tendrán en común con mi movimiento, me atrevo a pensar, perpendicular, paralelo u opuesto al suyo, conforme desee? Mientras ellas sólo se dejan llevar, mi albedrío puede remontar el cauce y aun subir más alto, hasta el monte abrupto. Y de acompañar su camino, no detendrán las arenas del delta mi andadura. Una caja de fruta vacía navega con la corriente, atraviesa el arco de metal, avanza hasta la curva, desaparece. Mañana seguiré aquí mirando el río.

viernes, 5 de diciembre de 2008

«De donde no se vuelve», de Alberto García-Alix, en el Reina Sofía. Exposición visitada el jueves 27 de noviembre

Mi habitación en Barcelona. Alberto García-Alix

Cualquier acercamiento a las fotografías de García-Alix desde la perspectiva de la crónica está condenado a la trivialidad. A lo que más se parece «De donde no se vuelve» es a la obra de van Gohg. Comparten el mismo autismo artístico: los autorretratos, las estancias de la vida cotidiana y la dimensión alucinada a la que lanza lo inmediato. El paralelismo sitúa la fotografía realista en un ámbito ajeno, opuesto, contradictorio: la expresión visionaria. Las diferencias entre retratos y autorretratos casi desaparecen; la soledad transforma lo vano en metáfora; la temporalidad otorga profundidad al plano. La mirada no capta; deforma.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Un manojillo de quebrantos

Cada sábado, sin falta. Con la misma ilusión por ganar los trescientos euros Antonietta baja los escalones de la taberna. Cuando sube al entarimado, no ha de mirar la letra en el televisor. «Antonietta, tienes la voz más hermosa de Perugia» —le gritan. Y Antonietta se ruboriza y piensa en los trescientos euros del premio semanal en el karaoke, que siempre ganan otros concursantes. «¿Por qué cambias la letra de las canciones, Antonietta? Si no lo hicieras el premio sería tuyo. ¿Por qué no dices Quel mazzolin di fiori?» Y Antonietta suspira: «Porque es más real Quel mazzolin di fratti

lunes, 1 de diciembre de 2008

Nosotros

En El baile de los silenos leo un preocupado análisis sobre la literatura en este medio: «porque un post no se relee, como, por ejemplo, el relato de Monzó». El ejemplo me desorienta: ¿es Monzó un modelo de relectura? Nunca lo hubiera dicho. Vayamos al caso. Una anotación bloguense tal vez no se relea, pero la mayoría de los libros tampoco. De hecho, ni siquiera se leen, aunque se compren. Sólo se mantiene el prestigio —el mito, la memoria, el anhelo— del Libro: una convención como otra cualquiera. El blog sabe a poco, apenas tiene aureola; pero sí lectores: nosotros.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Charcos

Llueve. Al caminar hacia la panadería el paraguas —como celestina en pista de baile— empareja mi mirada con los charcos. Nuestra intimidad crece alimentada por la lluvia. Me seduce la piel que motean círculos fugaces y también las impurezas que los charcos atesoran: hojas que amarillean y hojas secas, colillas blancas y colillas ocres, pedacitos de celofán, papelillos arrugados de diversos tamaños, plásticos nómadas, una brizna de silencio y, cuando me inclino para observar a fondo sus secretos, la imagen de mi rostro bajo el paraguas. Cada charco parece una anotación en el bloc de los sábados por la mañana.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Calle Infantas





Cómo agradecer al reloj digital que no ilumine la hora al pie del televisor cuando apague la luz, a la repisa que en el baño no permite desplegar los útiles de aseo, al patio interior demasiado estrecho que me impide ver el cielo y el campanario que contemplaba en otro hotel unas calles más allá no hace mucho. Cómo agradecérselo y a la vez rogar que en la calle Infantas descubra nuevos motivos, mínimos, de costumbre traicionada. Mientras me entretengan estas minucias, a las que doy el trato de incomodidades, conseguiré esquivarte, soledad, huésped perpetuo en los cuartos de hotel.

lunes, 24 de noviembre de 2008

El asesor

—Proclamo... (¿Puedo lanzar ahora la proclama, verdad?)
—Claro, presidente. Es el momento.
—Proclamo la necesidad de un gobierno unido junto al pueblo que lo sostiene con su clamor unánime, sin disonancias, con el espíritu único del amor al bien y a la verdad, con la armonía del obelisco.
—(Chist, presidente, presidente.)
—(¿Qué?)
—(La proclama. Que le está saliendo un poco... digamos, no demasiado democrática.)
—(¿Ha de ser más democrática, cree?)
—(Tengo la impresión.)
—(Gracias. Empiezo de nuevo). Proclamo la necesitad de un gobierno unido con el pueblo que lo sostiene con el fruto unánime de las urnas, con el voto...

viernes, 21 de noviembre de 2008

La luz coloquial, ¿qué ilumina?

Recién aterrizado el avión que me trae a Málaga, se levanta una joven —veintitantos, de tarde en la peluquería, con chaqueta de piel, marcas y esas cosas—, enciende el móvil —como todos a su alrededor— y responde a la primera llamada: «El que... el que —con la e muy larga y clara tendencia a abrirse: el queeaaa, algo así—, el que... calla, cojones». Siempre he oído decir que los escritores deben beber del habla, dejarse acunar por la luz coloquial... pero qué escribiré —me pregunto cada día cuando escucho hablar a tantos coetáneos— con esta lengua bronca, vacía.

jueves, 20 de noviembre de 2008

«Descortesía del suicida», de Carlos Vitale, en Candaya




Carlos Vitale (1953) ha creado un género propio en la frontera entre la narración y el poema; de la primera procede la materia a la que está atenta la prosa (casos de vida cotidiana, episodios históricos o culturales, memoria bonaerense), pero la intención de descubrir el trasfondo paradójico de la existencia es plenamente poética. La mitad de los relatos contiene una única frase: «¿Cómo es posible que todos los años hayan sido el peor año de mi vida?»; texto que dialoga irónicamente siempre con el título. En este caso: «Demasía». De la otra mitad, me han gustado los relatos autobiográficos.

martes, 18 de noviembre de 2008

Uma responde

Con la mirada busca algo, a alguien, pero tropieza con un bloque de pisos: papel cuadriculado. «Hace demasiado calor», contesta al fin Uma. Nélida, que le ha preguntado cómo se vive en su país, se queda contemplando la respuesta como si se tratara de un globo que asciende. «¿Cómo es el país donde te han llevado?», le preguntó la abuela meses atrás, cuando la visitaron. Recordaba el gesto de buscar algo con la mirada mientras la vaca chapoteaba en el barro. «Hace demasiado frío, abuela», dijo. Y la abuela acogió sus palabras con un abrazo y una pizquita de compasión.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Sobre «El futuro de la literatura»

Tras leer con entusiasmo la anotación de Germán Gullón en su blog, que es mío ya de cabecera, quería escribir algo diciendo lo lúcida que me parecía esa visión del mundo académico... iba a teclear una frase tópica: «cada vez más fosilizado», pero de repente he pensado que no era cierto; los fósiles son pequeñas maravillas donde la vida ha quedado prendida a su propia huella. Como la literatura. De hecho los verdaderos fósiles son los libros, que dejan para siempre grabado lo que no se puede grabar: el instante. El mundo académico no fosiliza; como dice Gullón: sólo «aburre».

sábado, 15 de noviembre de 2008

Soledad

SOLEDAD: nada más.
En ti me reencuentro y verifico;
Tú, mi veracidad.
Luis Feria
Muchos hablantes creen que su lengua es más rica cuanto más precisa: un perpetuo congreso de médicos o, mejor, de especialistas en ciencias sociales será su utopía. Soledad es una de las pocas palabras que se salvan de este malentendido y conserva la polisemia que enriquece: sus tonos brillan o se oscurecen al ser pronunciada, no en el diccionario. Es término que emparienta con la muerte; como ésta es destino y aprendizaje del mundo: saberse solo ayuda a comprender esas realidades elípticas que denominamos amor y amistad, que no son sus opuestos, sino sus complementarios. Desde la soledad se ama.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

De librerías

Me paso el día desechando ideas para novelas porque las considero meras ocurrencias. Por ejemplo, la de esta mañana: imagino una conjura de todas las parroquias del país para anunciar al mismo tiempo el Apocalipsis. Las campanas —en una combinación nueva de lo tétrico con lo espectral— sonarían incesantes hasta que se divulgara la impresión de que la muerte había llegado al fin para todos. Entro en una librería y ojeo el argumento de unas cuantas novedades. Me doy cuenta de lo equivocado que ando: lo que he de desechar son mis ideas. La literatura se nutre sólo de ocurrencias.