sábado, 26 de abril de 2008

Ella

A las ocho, el único poso que encuentro de la noche en el fondo del vaso de esta mañana —en la que va a ganar el sol— es una enorme cucaracha en la acera con las seis patas hacia el cielo. Enfrente, en una ventana, una mujer en bata se esmera por limpiarle las legañas al día. No me reconozco en el brillo que reflejan los parabrisas ni en el movimiento de quienes se apresuran por llegar a alguna parte. Hasta la chaqueta, como un vestigio de otra edad, me pide que desatienda sus cuidados. La primavera es, esencialmente, impúdica.

martes, 22 de abril de 2008

A propósito de caracoles

Si hablamos de caracoles, queridos A e I, mi recuerdo corre a la catedral de Toulouse. Me había sentado en un banco a contemplar un cuadro diabólico (representaba el infierno, creo), y al levantarme escuché un tristísimo cracrac. Al retirar el zapato, vi un caracol chafado en medio de la basílica. Sin duda, aquel era el signo de un desastre. De hecho, cada vez que me rechazan un libro me digo: lo ves, chaval, es la venganza del caracol aplastado en la catedral. Hay que andar con cuidado con estos bichos. Se enroscan dentro de uno y no perecen nunca.

domingo, 20 de abril de 2008

¿Cien peces son noventa y siete peces?

De vez en cuando le asalta a uno cierta especie de hipocondría al contemplar el trabajo de un artista que no aprecia en el que descubre, horrorizado, una coincidencia. En el Museu de Serralves inauguran una instalación de Bruce Nauman titulada Fonte de Cem Peixes. Consiste, la obra, en peces de bronce, suspendidos por la sala, de los que salen chorritos de agua en todas direcciones. El hecho de que eligiera cien peces enferma mi afición a los párrafos de cien palabras: ¿también chorrearán mis texcienillos? Alguien cuenta los peces: ¡Sólo hay 97 en la Fuente de Cien Peces! Respiro.

sábado, 19 de abril de 2008

Mañana de lluvia en Oporto (para Jorge Gomes Miranda)

La ciudad está ahí afuera, desangelada e impávida, bajo la lluvia; y yo a este lado de la ventana dispongo de un reino de prodigios, hasta las doce. A mediodía, como en un cuento de hadas, mis posesiones —un sillón con reposapiés, un televisor de pantalla plana, luces para la intimidad— desaparecerá y me quedaré a solas con la ciudad y el mal tiempo. Es el espejismo de los hoteles, que un simple día de lluvia convierte en una pesadilla. Resulta curioso este emblema de nuestra época: el paraíso esta aquí, y a las doce entrarán en él nuevos huéspedes.

miércoles, 16 de abril de 2008

Meditación camino de Oporto

De los cuarenta días de navegación del primer viaje de Camilo Pessanha a Macau se conservan algunas cartas a la familia con interesantes observaciones. Al llegar a Port Said realiza un comentario en apariencia intrascendente: «No he visto absolutamente nada de lo que se explicaba en un artículo que leí…» Estas palabras triviales ocultan un sentido más complejo: si lo «que leí» representa la autoridad, admitida con inocencia, y lo que «he visto» alberga una actitud personal, igualmente ingenua; el pensamiento crítico nace en el momento en el que entran en contradicción el principio de autoridad y la impresión personal.

domingo, 13 de abril de 2008

Flor de loto






«¡Si eso está en la dirección opuesta!» —exclamé cuando me dijo que se dirigía hacia la región de los Grandes Ríos, y para mis adentros añadí: «¡Pobre estúpido, por este camino no va a llegar nunca a su aldea!» «¿Quién te ha contado que quien camina sigue una dirección? Contempla aquella flor de loto minúscula —y el viejo señaló hacia un charco que había un poco más allá, bajo un tilo, junto a la senda—, vivirá mientras los carreteros mantengan la costumbre de vaciar una garrafa para que se refresquen los animales antes de tumbarse a sestear. Como yo.»

sábado, 12 de abril de 2008

«El incesante vuelo», GCC

En el cielo se pelea el sol con una escuadrilla de nubes, retaguardia de la tormenta que cayó anoche. En tierra, la piel áspera de la ciudad se ha llenado de lunares. En alguna pequeña hendidura se ha formado un charco que resiste la llegada del día. Como la pupila de la persona amada, refleja con nitidez a quien lo mira por escudriñar, tras su don diáfano, algún signo entre las suciedades de la acera. Los periódicos traen hoy más páginas y el pan menos gramos. Me dejo acariciar por el aire húmedo mientras pienso qué contaré de los charcos.

viernes, 11 de abril de 2008

Elegía en Getafe

De vez en cuando (sólo muy raras veces y siempre de una manera inesperada) un partido de fútbol deja de ser un juego intranscendente para convertirse en una trama. De hecho, en algo más que un argumento; insospechadamente se transforma en la encarnación de un mito: anoche creíamos estar viendo una adaptación de Calixto Bieito de David contra Goliat. Pero no se convierte, el partido, en mito sólo para ilustrarlo, sino para releerlo, redimensionarlo (¿qué querrá decir esta palabra contemporánea?); para adecuarlo al presente: en los tiempos que corren la gesta heroica de los débiles resulta puro ornamento. Mero Bieito.

miércoles, 9 de abril de 2008

El sentido

El amante subyugado —en una novela de Tanizaki— acecha las heces de la amada despótica para descubrir que es mortal y así desenamorarse. En algún lugar he leído que la mayor preocupación de los conservadores del Museo Británico es contrarrestar los gases ocasionados por las flatulencias de los visitantes. Si aspiramos a lo espiritual, aparece el cuerpo. Si exaltamos el cuerpo, se interponen los excrementos. Si amamos los retretes («Metióme Elrey en su retrete», traduce Fray Luis en El Cantar de los Cantares de Salomón), emerge en ellos el alma. Así este blog, entre deposición y salmo, sin hallar sentido.

domingo, 6 de abril de 2008

La instancia

—Esta es la instancia, señor.
—¿…?
—La del pistolero que apostamos hace cuatro años junto a la cárcel por el tema del mafioso, ¿recuerda?
—¿Sigue ahí?
—El tipo se protege bien. Siempre camina rodeado de esbirros.
—¿Y…?
—No es el trato que hicimos con el director. Un cadáver sí, más no.
—Vaya contrariedad. Y el mafioso, ¿nunca hace de vientre?
—Las ventanas son demasiado altas.
—¿Y cómo se sube los pantalones?
—En cuclillas.
—¿Así? (El ministro hace el gesto de subirse los pantalones en cuclillas) ¡Difícil! ¿Y qué pide en la instancia el pistolero inútil?
—Nada, que le reconozcamos el trienio.

sábado, 5 de abril de 2008

¿Cómo saber qué lee quien está leyendo?

El cambio de horario deja a las ocho, igual que el dibujo de un niño coloreado a medias, la ciudad por hacer. Tampoco mis pensamientos, camino de la panadería, consiguen darle brillo a mi cabeza. Por azar vi anoche el fallo de un premio literario, otorgado a una novela «entretenida y que se lee fácil». La lectura es uno de los malentendidos contemporáneos. Igual que la extensión obligatoria de la enseñanza ha acabado con la educación, las campañas de lectura rebanarán el cuello de la literatura. Oír cómo ensalzan un libro, hoy, estremece; tal que un título de la ESO.

jueves, 3 de abril de 2008

Pentatlón

A las puertas del taller coincido con un comercial. Baja en camisa y le disgusta que me divierta cómo la brisa zarandea su corbata. Fumamos. Se esfuerza por exhalar un humo más prieto y blanco que el mío. Cuando escupe, trata de alcanzar mi salivazo. Su lanzamiento de colilla queda lejos del montón de herrumbre que la mía ha coronado. Nos miramos. Acepta el reto. Desenfunda. «Es del frío», le consuelo. Empieza a salpicar las losas mientras dibujo un arco perfecto hasta la arena. «Me levanto 2.500 de comisión, ¿y tú?» —me encara. «Has ganado; cinco puntos yo, tú seis».

miércoles, 2 de abril de 2008

Díptico AFM (1)

En Nocilla Dream los fragmentos fugaces (planetarios) pendían como zapatos abandonados del árbol solo en mitad del desierto. Era el símbolo que sostenía la novela, y aunque no se supiera de qué era símbolo exactamente, o aunque fuera símbolo de nada (exactamente), su formalidad (de símbolo) presidía la intimidad de las historias (fugaces). En Nocilla Experience ya no hay árbol sino diversas azoteas de solitarios urbanos que acaso repitan la imagen (idealizada o descriptiva, no lo sé) del propio escritor [manierismo primero]; los fragmentos (a veces menos fugaces y menos planetarios) surgen porque sí, sin vínculo sutil que los enlace


(2)
[manierismo segundo], y las historias avanzan hacia su distorsión, su hipérbole, su extravagancia de megalópolis tecnológica [manierismo tercero]. Todo ello es, sin embargo, un mérito de Nocilla Experience. Al cerrarla veo clara la diferencia entre la novela experimental (que refleja la percepción de un individuo en un ejercicio de soledad estilística) y la novela contemporánea (que describe el modo cómo el presente —o el futuro inmediato— transforma la realidad). Los manierismos, los tres, no son patrimonio de la novela; lo son de las sociedades occidentales. Como novela contemporánea el peligro que le acecha no es la ininteligibilidad, sino el costumbrismo.

martes, 1 de abril de 2008

«La madre del capitán Shigemoto», en Siruela.


A través de antiguas crónicas y cancioneros del siglo X, Junichiro Tanizaki (1886-1965) reconstruye la sutil historia de dos donjuanes japoneses. El primero, al estilo occidental — «mujeriego como era, había tenido relaciones con incontables mujeres, a la mayoría de las cuales abandonaba tras una sola noche»—, sucumbe ante la falta del arte de la sutileza del otro, un ministro de la Corte que arrebata una joven mujer a su marido, un viejo gobernador. De la fábula se concluye que el seductor convencional no deja de ser un ingenuo, un auténtico pánfilo, frente a la crueldad que emana del poder.

sábado, 29 de marzo de 2008

En lo que voy pensando camino de la panadería

A las ocho, camino de la panadería, esta mañana desabrida se parece a los lectores de entonces. Anoche, en el Libro de esbozos de Kerouac descubrí un par de versos con los que animar también esta grisura de hoy. Mientras escribía esos poemas que desgarran la lengua y los ojos, los editores le rechazaban una y otra vez En la carretera. Necesito, con el periódico bajo el brazo, una frase así para continuar, porque también yo tengo una novela inédita que nadie quiere imprimir. Una novela que añora incluso aquellos rechazos. Ahora no se dice nada. Se habla con silencios.

jueves, 27 de marzo de 2008

«Trabaja desde tu propio lado de la literatura & la obsesión por las habitaciones, no desde los de la industria editorial» Jack Kerouac


De mi juventud recuerdo frases cuya hipérbole se justifica por la edad: «Soy el primero que en Barcelona ha leído el libro de Bataille». Cuando me embelesaba alguna maravilla descubierta en el mercado dominical de libros viejos, en Sant Antoni, sentía siempre la satisfacción añadida de pensar que seguramente era la única persona en el planeta que estaba leyendo ese día aquel libro. Por eso no entiendo que en el metro los lectores del mismo libro (inútil para el verano, por cierto) se ufanen exhibiendo la misma cubierta. Otro mundo, éste, donde el lector ha dejado de ser un solitario.

martes, 25 de marzo de 2008

Diálogo del diálogo

—Sería conveniente que hablásemos.
—Es verdad. El diálogo es conveniente.
—Siempre hay que hablar.
—Opino lo mismo. Soy un hombre dialogante. Soy un político dialogante. Un diputado electo dialogante. Soy un diputado. Soy.
—Hemos de hablar, sí.
—Perfecto. Tengo talante dialogante. Tengo acta de diputado. Y talante. Y dialogante.
—Esta vez hablaremos claro.
—Claro que hablaremos. Dialogaremos. Con talante, claro que sí.
—Esta vez no dejaremos nada por hablar.
—Ni dejaremos nada por dejar. Ni hablaremos nada por hablar.
—En esta ocasión.
—Nada hay mejor que ser dialogante. Con talante, sin enfado. Con acta de diputado.
—Hablaremos claro.
—Claro, hablaremos.

lunes, 24 de marzo de 2008

El afinador de pianos

Aceptaba lo que le dieran. Al final del año sumó lo reunido trabajando como afinador de pianos, le pareció razonable y dijo: «Quiero ganar esto cada año». Así que contó los pianos, dividió y estableció la tarifa. Al siguiente año, el número de pianos había crecido y los ingresos también. En lugar de alegrarse, se asustó. No quería ganar más, así que el primer día hizo la misma operación y aplicó una reducción en la tarifa. Como la venta de instrumentos aumentaba, se sentía feliz por trabajar siempre un poco más y que los clientes pagaran siempre un poco menos.

sábado, 22 de marzo de 2008

Las hojas

Tras una noche de viento enfurecido, los únicos habitantes de la acera son las hojas —verdes, mínimas, recién aparecidas y ya por el suelo— y los papelillos saltarines. Encuentro desolado al quiosquero. Hamletianamente se pregunta si ha de retirar de la venta el periódico que compro. Me enseña el albarán. «Lo ve, un euro y veinte céntimos», y con el dedo me señala la cabecera: «1 €». Si te dijera lo que han hecho conmigo las erratas, pienso. «Que hay gente muy borde y si pone un euro, no pagan más; prefiero no venderlos». Las hojas, los papelillos; la melancolía.

jueves, 20 de marzo de 2008

Aniversario




Regreso a la ciudad en la que cumplí 23 años, hace 25. Para mi pasmo, todo está en su lugar: los mismos charcos en las aceras, las puertas salpicadas por la misma mansa llovizna. El hijo del dueño del «Tronco», junto a la antigua cárcel, donde comía y cenaba los domingos, ahora atiende el restaurante. «Sólo padre falta» — se lamenta. Palabras que había olvidado llegan a mi memoria y dibujan la esfera armilar de quien fui. Para celebrarlo compro las Obras de Carlos de Oliveira, que leí lentamente en la biblioteca, y descubro el mismo brillo que me deslumbró entonces.

sábado, 15 de marzo de 2008

El hígado de Piacenza

Cuando el arúspice seccionaba un hígado de oveja para realizar sus presagios, lo que esperaba encontrar en el dibujo sanguinolento de la entraña era el retrato del cielo. Un célebre bronce etrusco —«El hígado de Piacenza»— muestra el mapa de los astros como quien traza el plano de su ciudad. De hecho, el arúspice no conocía interrupción o hiato entre la entraña, la ciudad y el universo. Todo formaba parte de una única concepción de la vida. Hoy las vísceras las tratan los veterinarios, la ciudad la programan los modernos eremitas y el cielo es una palabra de aspecto desmejorado.

jueves, 13 de marzo de 2008

De un correo a MP

Dices que de tu primer libro sólo te gusta algún poema. Lo mismo le ocurrirá al lector inteligente: apreciará los que le sirvan para comprender lo que has escrito después. Únicamente un lector subnormal (especie que, infelizmente, no está en extinción) fija su interés en tanteos y ecos que hay en toda escritura inicial. Me gustan mucho los libros juveniles de los poetas que conozco bien: se descubre la exigua senda que conduce al camino que nos ha seducido. Y al mismo tiempo, cómo esos primeros pasos se dieron con el poeta rodeado de maleza, acaso bajo una lluvia torrencial.

lunes, 10 de marzo de 2008

Carta a F sobre poéticas

Tu reflexión me parece exacta. La sigo contigo al pie de la letra. El problema es que cualquier reflexión tiene un límite: el poema. Si llega, echa por tierra todo cuanto se ha pensado sobre la poesía. El poema crece o no crece, con independencia absoluta del tiesto, la tierra y los riegos que uno programe. Pero sin tiesto, sin tierra y sin regadío es el poeta quien se queda sin nada en qué ocupar su atención entre poema y poema. Por eso me gustan tanto las poéticas: son una suerte de jardinería inútil, para plantas en patios de cemento.

sábado, 8 de marzo de 2008

En Nápoles, esquina Rosellón

Sobre esta vieja tapa metálica sé que no es cierto eso —que digo con frecuencia— de que la ciudad ahora ya es otra, una desconocida. Ni es verdad que pasee por ella como turista o advenedizo. De repente esta vieja tapa. Acaso cuanto diga es sólo un subterfugio —¿o un simple refugio?—, un arrogarse la irresponsabilidad del turista en relación al tiempo. Si la ciudad no hubiera cambiado tanto, tendría tanto pasado como yo, y los dos, de la mano, seríamos insoportables. La mudanza nos aligera el peso, a la ciudad y a mí. Pero de repente: esta lápida.

miércoles, 5 de marzo de 2008

JULIETA: Aún no he oído cien palabras tuyas / y ya conozco el eco de tu voz (Shakespeare)

Hay quien piensa que cien palabras es tramo demasiado corto para expresar opiniones y argumentos. Puede ser, aunque a la mayoría de opiniones que uno escucha le sobran, en general, noventa y cinco palabras: «Ese tío es un cretino». En cuanto a los argumentos que uno advierte debajo de las palabras se puede aplicar la misma cuenta. Con un «quítate tú pa’ ponerme yo» se resume la mayoría. Para lo único que no sirven cien palabras es para vender escritura a peso. Cien palabras apenas mueven el fiel de la balanza (¿a quién guardará fidelidad el fiel que se inclina?)

martes, 4 de marzo de 2008

Antes de ir a pasar la tarde al Versalhes

Una tarde subimos los cuatro a la habitación que compartías con el otro estudiante de Salamanca. Nos acompañaba un tipo venezolano. Te recuerdo tumbado en la cama, con las piernas cruzadas. Fumabas. Los otros dos se atareaban con la gomina, las camisas, el peine, se aconsejaban, se miraban al espejo. A mí me recuerdo sin saber cuál era mi lugar en aquel cuarto. Entonces, señalándolos, dijiste: «Aún creen en los milagros», y ya supe qué hacer. Me tumbé en la otra cama. Estábamos en Lisboa, en 1980. Éramos estudiantes de filología. Todo lo que media desde entonces estaba por ocurrir.

domingo, 2 de marzo de 2008

Tríptico ZM (1)

Mientras recorro la sala de exposiciones de La Pedrera doy en pensar que hay pintores novelistas y pintores poetas. Veo clara la diferencia entre unos, muy numerosos, y otros, más raros, en el umbral de la comprensión de la vida. En el esfuerzo por entender el mundo y mostrarlo tal como se ha aprehendido hay una voluntad narrativa, con independencia del estilo pictórico en el que se milite. No son la belleza, ni la luminosidad, ni la pureza las fronteras que cruza la pintura poética, sino la radical incomprensión de la vida, la mirada descentrada del sinsentido: Zoran Music (1909-2005).

(2)
En 1947 Zoran Music pinta acuarelas con paisajes venecianos. Son estampas coloristas, con perspectiva cerrada, torpes, desenfocadas. Elige los mismos lugares. Los títulos se repiten, como si resultara más urgente ponerse a pintar cualquier cosa que seleccionar un motivo. El color está subido de tono, como en los reclamos de las atracciones de feria que han de animar a los visitantes. Alrededor del papel traza un punteado de colorines a modo de cenefa. Lo que impresiona de estas acuarelas —hasta el estremecimiento— es lo que no pinta: lo que ha vivido meses antes en el campo de concentración de Duchau.

(3)
Entre los cuadros de la exposición, contemplo uno titulado «Ciudad». Muestra unas vistas nocturnas. En el centro se alza, en sombra, una torre. A su pie la masa informe de las calles y edificios iluminados. El cielo permanece oscuro, se diría que indiferente a los esfuerzos enmarañados de la luz. La luz se amontona sobre la superficie de la ciudad como una montaña de sal a las puertas de la mina. O un montón de escombros donde estuvo la casa. La luz se acumula en el suelo de la noche como desperdicios en el vertedero. Como cadáveres en el campo.


Zoran Music, Nosotros no somos los últimos

sábado, 1 de marzo de 2008

Vertedero de novelistas



Un hombre de apariencia indefinida, un jubilado, espera en la parada del autobús. Ojea las primeras páginas, como haría un comprador de libros, de un grueso volumen que mantiene enfundado en una bolsa de plástico blanca, de esas que a uno le dan cuando compra en un comercio sin nombre. Por una esquina vislumbro las tres últimas letras del título, impresa en dorado: «Generaciones». Emerge de la memoria su autor: Cristóbal Zaragoza. El volumen está más que fatigado, francamente sucio. El papel amarillea. Me pregunto —en la ciudad aún por despertar— dónde irán a parar los novelistas del pasado inmediato.

lunes, 25 de febrero de 2008

El círculo mágico del fragmento

Leo los microgramas de Walser. A Benjamin le parecían mágicos estos fragmentos donde el escritor, en su taller, integra, «los duros reveses de fortuna o el dulce sueño». ¿No parecen textos de un blog escrito a lápiz? Los Diarios de Kafka, Libro del desasosiego, Dirección única, Breviarium vitae, ¿no serían hoy nombres de algún blog? La pregunta es, en efecto, irrelevante. Más interés tiene darle la vuelta a la cuestión: ¿Puede un blog convertirse en un modo de trabajar el fragmento que sea —como quiere Gil-Albert— una «especie de compendio que nos asegura al andar que todo viene con nosotros»?

domingo, 24 de febrero de 2008

Ah, el amor, el amor.

El senador y candidato se reclina sobre el periódico. El asesor le abraza.
—Son unos canallas.
Era tan bonita. Me acuerdo de la cena donde tomaron esta foto, tan puñeteramente bonita, estaba preciosa con ese vestido, tan jodidamente bonita.
—No le dé más vueltas, senador.
Tan…
—Ya tiene listo el comunicado.
Tanto. Nos divertíamos tanto. ¿El comunicado? Y por la noche en el hotel.
—Su mujer y sus hijos preparan otro en su apoyo.
Su piel, tan blanca… ¿comunicado?
—Dejará claro que no mantuvieron relaciones sexuales.
Su boca… su cuerpo: un delfín entrando en el agua, mi cuerpo ¿sexuales? ¡Jamás!

sábado, 23 de febrero de 2008

Escatología

En mi paseo matutino hasta la panadería, y vuelta, he contado siete —cómo lo diré— caquitas —o tal vez porquerías— de perro. El mundo cambia, medito. En mi infancia, las mierdas de perro eran unas bolas blanquecinas, secas, pétreas. Uno podía chutarlas sin que se deshicieran. Para los niños de hoy, los excrementos caninos son como los de persona. De hecho, también los perros merecen nuestra humana «a» en el complemento directo: «Ahí veo a mi perro», exclama alguien. Preposición «a», por cierto, que no conservaremos siempre. Decimos: «Veo a Herminio», y un día diremos «Veo el cadáver de Herminio».

jueves, 21 de febrero de 2008

¿Son sonetos o abetos?

Vicente: Me ha gustado mucho el texto de Eladio Orta que citas en tu análisis de los sonetos agónicos. No estoy seguro, sin embargo, de que el suyo sea un ataque directo contra el soneto. Para mí dice algo más interesante: la poesía contemporánea está compuesta esencialmente por versos de ritmo libre, y el ritmo libre es tan poderoso que puede germinar también en las formas cerradas de un soneto, siempre que rompa su sonsonete. Ocurre entonces igual que cuando una dictadura encierra a un librepensador: la libertad no se puede encerrar: desde dentro del soneto ensalza el verso libre.

lunes, 18 de febrero de 2008

Luz de la tarde



Repaso las páginas escritas con cierto alborozo. Nunca antes había sido capaz de pronunciar el nombre de Shā Yú, tantos años guardado en líquido biliar. Sé que puedo hablar de él finalmente sin rencor. No sé si ahora, en este momento, hoy. En el curso de la narración, que ha de llegar hasta esta herida en la frente y hasta este vertedero, habré de pasar por su recuerdo como he evocado el de Kông Què, cuyos cerezos secos me proporcionan amparo. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que empecé a escribir? El sol parece haberse contagiado del cansancio de mi brazo.

sábado, 16 de febrero de 2008

A veces no es tan sencillo como comprar un periódico

Como se avecinan elecciones y a las ocho la ciudad ni siquiera se ha desperezado, medito qué haré con mi euro ante los montones de periódicos por vender en el kiosco. Si fuera nacionalista y quisiera leer en catalán, compraría el Avui; si, con la misma ideología, prefiriera el castellano, La Vanguardia. Si no fuera nacionalista, pero me gustara conocer el mundo en catalán, elegiría El periódico cabecera azul; si me decantara por el castellano, veo la cabecera en rojo del mismo diario o El País. Y si —la nación no lo quiera— fuese antinacionalista, El mundo y La razón.

viernes, 15 de febrero de 2008

Imagen en febrero

En un callejón del Puerto, el nombre de una boutique cerrada —como todas— subtitula este día de febrero: «La Nada». Las nubes reflejan su oscuridad sobre el encalado. Más arriba, en Dalt Vila, sólo albañiles que trabajan como supuso Freud que trajinaban los sueños mientras dormimos. Desde los baluartes, el mar hace esfuerzos por parecer más amenazador que el cielo. Tiene algún arte a su favor: sabe rugir. Y escupe iracundo contra las rocas. Hacia la ciudad, los áticos esperan estoicos el verano, con sus inútiles tumbonas y parasoles. Emerge una seducción extraña del frío, de la quietud, del abandono.

martes, 12 de febrero de 2008

«Diario de un acercamiento», de Vicente Valero, en Pre-Textos


Vicente Valero ha puesto en prosa los tres elementos que han acompañado desde niño la prosa de sus días. A veces aparecían de fondo, como figurantes, en los poemas que miraban siempre hacia cimas de mayor envergadura. En este libro es la poesía la que ha quedado de fondo, como la ocupación de quien, en primer término, está viviendo. Tres son los condimentos que siempre le acompañan: el verano, como una forma de vivir la insularidad; el paseo, como un diálogo con la naturaleza y con la realidad; y la lectura, como una manera específica, diría, de mirar el mundo.

domingo, 10 de febrero de 2008

«Lo desiscado», de Eugenio Padorno (Anroart Ediciones)


Eugenio Padorno les llama a sus diarios «Minutarios». En cubierta del primero imprimieron «Minotauro», y en éste «Minutaurio». No en vano Padorno es el autor con los títulos más enrevesados de la poesía contemporánea. El libro ha tardado dos meses en llegar. Tres veces reclamado. Lo publica la mejor editora canaria. Lo devoro la misma tarde. Los diarios de Padorno son secos, ásperos, antipáticos (como posiblemente sea él). Son mis preferidos. Están escritos a regañadientes. Pero amo dos cosas en ellos: ante el poema tiembla de incertidumbre como un adolescente. Y exige el reconocimiento de la poesía canaria; yo también.

sábado, 9 de febrero de 2008

La paseante

A las ocho de la mañana sólo han abierto el kiosco, la panadería y el café. Los escasos habitantes de las aceras juegan una partida de billar a esas tres bandas. Los atributos que cuelgan de sus manos señalan los aciertos. A veces cruza un personaje incómodo: en su mirada se advierte que juega a otra cosa. Pocas variantes admite la hora. Ninguna exige apresurar el paso. Cuando me ha adelantado tan deprisa, despeinada, con la chaqueta en el brazo y el bolso colgando, enseguida he sabido que llegaba con prisas de un país diferente, exótico: la noche del viernes.

viernes, 8 de febrero de 2008

A propósito del libro

Léelo con distancia. Tras las frases tópicas verás personajes temblando por haber perdido las ilusiones, con miedo, con la vida destrozada por tener que pronunciar esas frases tópicas que han saqueado sus vidas. Eso, debajo. Encima no hay retórica poética porque el dinero no la admite, sólo fragmentos de cuerpo social en descomposición. Un poema podría ser tuyo. Acaba así: «Lo siento, ya tenemos muchos libros». Ese vendedor que desayunaría con los vecinos somos los escritores. Nosotros, la encarnación de esa ingenuidad, al escribir. La respuesta de la sociedad a nuestro candor: «ya tenemos muchos libros». No habla de vendedores

miércoles, 6 de febrero de 2008

Palabras para Akira

Se contempla en las aguas de la noche. Les pide que no diluyan el azúcar que cae con la madrugada para aclararlas. Le asustan las esquirlas chispeantes que se adhieren a los dedos oscuros y van manchando con su albura el cielo. Se asoma al pretil de la noche y el miedo es tan intenso que no siente miedo; quizá eso la reconforte antes de que se endulcen la brisa, las ventanas, los zarzales. Sus ojos no han leído la carta de amor que le mandan las nubes, los vencejos, las hortensias; la que le has escrito tú, Akira, comprendiéndola.