Se dice del profesor Kierkegaard, tan relamido como un vestido de boda tras treinta años en el armario, que tuvo novia. A la que regalaría flores y escribiría florituras. Hay quien cuenta haberle identificado con sombrero calado y solapas subidas, al anochecer, en calles oscuras donde solo resuena un lánguido caminar de tacones. Mujeres sin rostro. Inger ni se atreve a pensar en lo que les exigiría mientras observa, desde su pupitre, al final de la clase, una paloma que picotea en el alféizar. Las alumnas hacen ver que hacen ejercicios, el profesor no levanta la vista de sus breviarios.
sábado, 22 de octubre de 2016
jueves, 20 de octubre de 2016
1968-«Poemas póstumos»
—¿Mr. Eliot?
—¿Nos conocemos?
—Todavía no, la plaquita…
—Ah, la placa. Si tiene la amabilidad de esperar, no es mi turno. De hecho, acabo de finalizarlo. En breve aparecerá el revisor pertinente.
—Solo una consulta.
—Dígame, ¿señor…?
—Jaime, sí, James. No estoy seguro de si este tren se detiene en la estación en la que voy a querer bajar.
—Mr. James. Aunque no me corresponda a mí informarle del recorrido, puedo indicarle que donde desee usted descender con seguridad el tren no va a detenerse.
—¿Está seguro?
—Salvo que haya elegido como destino el destino final.
—¿Entonces?
—Disfrute del viaje.
martes, 18 de octubre de 2016
1967-«Presentación de Sacher-Masoch. Lo frío y lo cruel»
«Es escritor —había dicho la panadera—, y usa tratamiento de von, von Sacher-Masoch». Desde aquel momento el empedrado de París empezó a temblar bajo sus pies. Lo veía cada tarde cruzar la plaza donde jugaba con sus amigotes. Traje oscuro, también en verano, pajarita, monóculo, pelo impoluto, destellos en los zapatos. Y siempre con un volumen encuadernado en piel sujeto en la mano de un brazo que parecía avanzar con paso militar. Gilles se miraba cada noche en el espejo atormentado por aquello a lo que debería renunciar para ser escritor: melena, rizos, jirones en la camisa, zapatillas rotas.
sábado, 15 de octubre de 2016
Becqueriana / 95
Al otro lado de los montes aún queda un resplandor del día que se aleja con la realidad al hombro y deja, como herencia, el silencio entre el rumor de los pasos. Un ladrido lejano, el motor rezagado de un vehículo que pasa y se olvida al instante, las campanas que advierten de la hora. La noche identifica todos los sonidos como un agente de aduanas. Y en ese cuenco donde solo el poso de la luz queda en el fondo de lo que fue color nos buscamos a nosotros mismos, y nos encontramos. Sin ajenos decorados. Frente a frente.
jueves, 13 de octubre de 2016
Becqueriana / 94
La tarde se aquieta con sus ocres y azules de acuarela. Muerdes una manzana sentada en un peldaño de la escalera. Ha dejado de llover y el sol asoma su timidez otoñal mirando de reojo entre las nubes tus piernas descubiertas. La brisa aletea en tu falda. He abierto el caballete sobre la hierba, he colocado un lienzo, sostengo la paleta en la mano izquierda y con la derecha alzo vertical el pincel, delante de los ojos, para captar el lugar exacto en el que voy a pintarte. Y cuando acabe, colgaré el cuadro en las paredes de la memoria.
martes, 11 de octubre de 2016
H \ instantánea y 7
Verse de nuevo vulnerable, ahora donde señoreaba lo cotidiano. Sentarse, levantarse, caminar. Ay, acostarse. Arduas tareas que no eran nada, gestos triviales que han perdido de repente su don inocuo. Su amable liviandad. Convertidos en la suma excesiva del estar. Que ha de sentarse para no hacer nada, ha de levantarse para no ir a ninguna parte. Ha de entregarse a una cama que ya no es un altar. Aprende movimientos carentes de función para reconstruirse. Vida inédita donde lo casi inexistente se alza como exclusiva existencia. Y la fragilidad no es la condición previa de ser, sino su consecuencia.
sábado, 8 de octubre de 2016
H \ instantánea 6
En el umbral de la noche emerge el vértigo. La necesidad de dar media vuelta en la cama y huir hacia su interior, tras la promesa que simboliza la luz, agarrado a los jirones que queden del día. Nadie desea por sí mismo entrar en el túnel contra el que lucha por escapar. Es la hora en la que la sonoridad enloquece. Las habitaciones vuelcan sobre el tronco común de la planta hospitalaria la erupción de su espanto. El momento de las letanías y de la incomprensión desasosegada de la realidad. Y quien atiende, lo intenta calmar con lenguaje infantil.
jueves, 6 de octubre de 2016
H \ instantánea 5
El día ocurre en otra parte. Y nada hay más inútil que una ventana de cuarto de hospital para saber dónde se halla la otra parte en la que está ocurriendo. A veces se asoma alguien en los bloques de enfrente y una ávida mirada espera que un simple cruce consiga arrancarlo. Dentro de la pecera lo mismo que ha de intentar el pez en el piso vacío por la mudanza. Un limbo atemporal donde no hay limbo ni se sitúa fuera del tiempo. Un tiempo que se ha invertido. De convexo a cóncavo. Signos que los signos no reconocen.
martes, 4 de octubre de 2016
H \ instantánea 4
Soy el del 5. Mi nueva identidad. El paciente del box 6 es diabético y a mí me traen una comida de primer día para diabéticos. Taza de leche en la que una enfermera diluye un sobre de café. Luego esparce el edulcorante. No consigo encontrar la personalidad que me permita deshacer el malentendido. Cuando hablan del 5 presto atención, por si dicen algo que permita reconstruirme. La paciente del 4, el señor del 8 ya sé que no soy yo. Destrenzado de identidades que deja el suelo lleno de datos incoherentes. Fiesta de la que quedan solo serpentinas sucias.
sábado, 1 de octubre de 2016
H \ instantánea 3
Despertar de una anestesia ofrece un raro prodigio legal. La consciencia se abre paso en una jungla de signos donde la razón, gran dormilona, aún no ha despertado. De la realidad se conoce lo suficiente para saber que hay personas alrededor, pero solo se obtienen datos contradictorios sobre quiénes son. El lenguaje es aún más evanescente. Y por mucho que uno lo busque en todos los bolsillos del cerebro, ahí no está. Lo sorprendente, no es eso, sin embargo, sino que tampoco importe demasiado cerrar los ojos y ver grifos, basiliscos, centauros y árboles cuyas hojas envolverían el edificio entero.
martes, 27 de septiembre de 2016
H \ instantánea 2
La imagen que uno tiene es fugaz y en contrapicado. Casi en nadir. La palabra Quirófano en el dintel de una puerta. Entra también en la visión el gorro del camillero, que es colorido y de fantasía, y entretiene del pastoso marrón del embaldosado en las paredes que cruzan otros gorros. Lugar que, precedido del cartel de «Prohibido el paso a toda persona ajena», permite entrar a quien solo ve un techo de placas de yeso y focos que deslumbran mientras mantiene una conversación con el anestesista, a cuyas preguntas falsamente animadas solo da una única respuesta: sí, quiero despertar.
sábado, 24 de septiembre de 2016
H \ instantánea 1
Un estor bajado tamiza la luz, filtro que los fotógrafos de irrealidades usan con pericia. En el centro, la cama es un altar blanco, impoluto. Sin mácula del tiempo o del dolor que ha albergado. Una habitación vacía de hospital purifica la desmemoria. Paneles blancos sobre las paredes blancas. Blanco mobiliario. Ambiente grisáceo, cúbico, rectilíneo. Lugar en el que parece no haber ocurrido nunca nada. Altar de una religión áptera. Artilugios metálicos para ritos extraños. Perfección casi inhumana para una ocupación contradictoria. Se está y no se está en el cuarto, como paréntesis en una frase donde se ha dudado.
martes, 20 de septiembre de 2016
1966-«A sangre fría»
Inaudibles bajo el crepitar constante de los teletipos, los pasos del anciano vigilante nocturno se acercan por el pasillo. ¿Eres tú, Christopher? Y en la ninguna respuesta el reportero novato y pringado de las madrugadas sabe quién llega: ¿Has sido joven alguna vez? ¿Aún recuerda tu palidez la luz del día? En una esquina de la redacción el solitario Truman dispara preguntas hasta que le silencie un sorbo de humeante café. El uniforme de segurata, con Marlowe dentro, se sienta: Lo que darías para que te respondiera a una sola de tus preguntas —dice despacio, con sonrisa de ángel perverso.
martes, 13 de septiembre de 2016
1965-«El guardián del vergel»
Un pegote de barro, las botas. Y solo a la vista un escueto fulgor de piel curtida en la parte alta de la caña. Y a esa altura, la cantonera de la culata. Era lo único que el chico veía, tras los matorrales, del cazador furtivo. Sabía qué continuaba hacia arriba y también que se llamaba Thomas Hobbes, pero era mejor que no le oyera. Inmóvil, Charles apenas se atrevía a respirar el aire húmedo del bosque. La boca abierta. Había visto pasar el ciervo que perseguía, pronto iba a desaparecer, pero del tenso, interminable, instante se defendió llamándose Cormac.
viernes, 9 de septiembre de 2016
1964-«Algunos muchachos»
¡Ah de la casa! —gritó Faulkner, el carbonero, sombra asomada a la sombra del zaguán. Le contestó el rítmico chasquido de una cuerda contra las losas. ¿Hay alguien? —insistió el destello blanco del blanco de los ojos ennegrecidos. Chas, chas, chas… Nada interrumpía la única respuesta. Niña, sal del escondrijo y dime si puedo dejar los sacos. El traquido y su eco siguieron como único diálogo. Me llamo Ana María —dijo al rato Ana María— y me has hecho perder la cuenta. El hombre enharinado de oscuridad la vio ahora en el encuadre iluminado. Y además, no te tengo miedo.
martes, 6 de septiembre de 2016
1963-«Los timadores»
—Me gustan tus historias, Sófocles.
—Gracias, muchacho.
—Pero me intriga una cosa. ¿Por qué tratan siempre de padres e hijos?
—¿Cómo te llamas, chaval?
—Jim. Me llamo Jim.
—Bueno, Jim. ¿Qué hay en este mundo que no pueda ocurrir entre padres, madres, hijos e hijas?
—Si lo planteas así.
—¿Qué pasión existe que no pueda reflejar un padre frente a un hijo o un hijo frente a un padre?
—¿Sabes qué?, me gustan tanto tus historias que te daría un pavo.
—Vale.
—Pero solo tengo un billete de diez.
—¿Ese tan doblado? Te devolveré nueve.
—Sigue hablando Sófocles… mientras cuentas.
sábado, 3 de septiembre de 2016
1962-«Los clavos en la hierba»
No duró mucho en el puesto Juan de Yepes. Tres días. Nadie preguntó quién se había preocupado por oírle antes, nadie le echó en falta después. Balbucía palabras ininteligibles el pregonero tartajoso. Enmascaraba horarios, desfiguró hasta la frase más obvia. Ninguna convención servía tampoco para descifrarle. Alargaba y acortaba los sonidos sin regla. A la tercera tarde de salir a declamar los anuncios del consistorio ya se había convertido en una irrisión generalizada. Para todos, menos para María Gabriela, que le persiguió por las calles las tres jornadas, conmovida, y aún continúa así, por la deslumbrante belleza de lo incomprensible.
miércoles, 31 de agosto de 2016
1961-«La casa de las bellas durmientes»
Los vende como cazamoscas Shiki, ese joven de cabeza afeitada que se sienta en un rincón del jardín a verlas pasar, Masaoka Shiki. Al irritar con su insistencia, explica, los insectos roban los recuerdos a la gente. Cada volador que se aparta a manotazos resta la posibilidad de identificar un rostro entre la multitud o de reconocer en un paisaje de nieve las pisadas de quien se ha sido. Los pliegos enrollados los aplastan con solvencia, le dijo un día al viejo Yasunari, cuya desmemoria le acuciaba la búsqueda de una memoria de repuesto. Ni le oía, pasó de largo.
lunes, 29 de agosto de 2016
1960-«La sombra del cuerpo del cochero»
En una esquina de la plaza del mercado un tal Platón, chato y barbudo, ha instalado su espectáculo de sombras chinescas bajo una carpa de mantas y plásticos sucios. Por unas monedas, que los más jóvenes reúnen con facilidad, les enseña a comprender, a través de las siluetas que dibujan las persianas a medio bajar, qué ocurre detrás de las puertas que los adultos cierran tras de sí. Un mocoso llamado Peter, que ha empezado a ver que la vida es una pensión cuya patrona sirve en platos de estaño un cucharón de aguachirle por sopa, no se pierde función.
sábado, 27 de agosto de 2016
Dietario de sensaciones, 19 (Chocolate)
¿Qué estás comiendo? —me preguntas—. Na-da —pronuncio con dificultad y sin abrir los labios, como si en lugar de hablar soplara en la embocadura de una trompeta—. No te creo —sentencias—. Yo tampoco —acepto y confieso—, es una pequeñísima, nimia, minúscula, diminuta, casi invisible gran pastilla de chocolate. ¿De chocolate? —inquieren más tus ojos que tu voz—. Sí, ¿quieres una? —y te la muestro, envuelta aún en plata, en mi mano escondida—. ¿Tenías dos? —el interrogatorio que no cesa—. No —niego—. ¿Entonces? —dices con lógica aplastante—. Esta la traigo para ti.
jueves, 25 de agosto de 2016
Dietario de sensaciones, 18 (Ballet)
Me abraso —me quejo al ir a sorber la infusión—. Eres un impaciente —constatas—. Es posible, pero también es posible que esté demasiado caliente —me defiendo—. Mira mi taza —dices—. La miro. Tu taza humea con extrema elegancia. Un vapor traslucido caracolea en el aire plácido de la cocina como si de repente una orquesta diminuta, extendida por el borde de porcelana, estuviera interpretando El lago de los cisnes y el vaho realizara como ejercicio una delicada croisé devant. ¿Lo ves? —preguntas—. Claro —confirmo—, estoy a punto de empezar a aplaudir. Y sin quemarme.
martes, 23 de agosto de 2016
Dietario de sensaciones, 17 (Lago)
Remo. El lago parece el lomo de un gran animal dormido. Los juncos de la orilla musitan. Las aves desaparecen en la fronda que las aguas dibujan ya con desgana. Me miras remar y te ríes. Estuve en Lepanto —te digo—, luchando en un esquife al costado de Cervantes. Sí —me respondes—, pero mientras él remaba, tú estabas tumbado en el sillón. Es lo que tiene la lectura —te digo—, pero —añado—, prometo leerme también un manual de remo. Continúas riéndote. La barca fluye en la tarde. El sol se peina para salir por la noche en otro lugar.
domingo, 21 de agosto de 2016
Aforística
Rui: en el campo crecen aforismos que quien va en busca de espárragos o setas jamás descubre. Quedan atrapados entre la maleza, en las grietas de los muros de piedra, en las puertas que hace tiempo perdieron su cerradura, a la sombra de algún sauce. Para cazarlos solo se necesita un lápiz y un cuaderno, más bien pequeño, cuyas hojas estén llenas con anotaciones de horarios ferroviarios y de listas de la compra. Estoy convencido de que regresarás a Lisboa, en septiembre, con un cesto lleno de aforismos, y yo podré volver a casa sin lo que crece sin permiso.
jueves, 18 de agosto de 2016
# 568 oiɿɒƚɘib ,yɒnƨo⅃ ɒǫɒM
Los sueños construyen espacios. El tiempo no crea nada ni permite que nadie crea en él. Es un molino cuya piedra pasa por las vidas enharinándolas. Los lugares, sin embargo, crean sueños y se dejan también crear por los sueños. Les imaginan una llovizna suave, atlántica, que humedece el rostro de quienes caminan abrazados por un sendero de arena oscura con la capucha puesta. Les construye cafés al final de una calle para compartir las tardes de invierno junto a la cristalera donde las gotas se entrenan. Los sueños le dan sentido a los espacios, que brillan con su fulgor.
lunes, 15 de agosto de 2016
# 567
En la concha de los deseos a veces entra un mínimo grano de arena, un casi nada que se queda pegado a la lengua de la ostra. Sobre el imperceptible y tosco grano, el molusco vierte un cemento suave con el que lo rodea y embellece. Y una vez vertido, ya no sabe cómo detener ese gusto de hacer crecer el grano, transformado en un bulto esférico, brillante, nacarado. Y cuenta la ostra el tiempo por el tamaño de su huésped, que crece con ella, dentro de ella, como un sueño que colmara su vivir marino. La perla, un sueño.
sábado, 13 de agosto de 2016
# 566
Las palabras ven por los ojos y los ojos ven en las palabras. Cuanto alguien escribe lo estoy viendo. Y no se ve lo mismo que se ve en las mismas palabras cuando se leen escritas en otra caligrafía. No se escriben igual las palabras ni se leen de la misma forma ni contienen ningún significado previo al significado de lo que han visto los ojos de quienes las han escrito. En las palabras se ve a alguien viendo. Se le escucho hablar, cuando habla, y cuando está en silencio, frente a la ventana, se le ve meditar el tiempo.
jueves, 11 de agosto de 2016
# 565
La realidad, lo que llaman realidad, no es más que un resumen de la realidad. La sinopsis de una novela en una cuartilla. De una vida en un par de fechas. De un paisaje, que solo quien lo transita cada día con los cambios de luz y de estación empieza a conocer, en una estampa. Lo real solo se reconoce en la expansión confusa del presente. Los pasados revueltos, unos con otros. Y también las realidades anheladas, porque el deseo es el más fiel constructor de realidad que existe. Caminar en todas direcciones del tiempo al mismo tiempo, la realidad.
martes, 9 de agosto de 2016
# 564
Las manecillas del reloj de la plaza se llaman tranvías. Igual que ocurre en los puestos del mercado, venden a granel sus productos. Cuando se le pide, el charcutero descuelga la longaniza del gancho, empuña el cuchillo con destreza y descuartiza el todo del embutido en rodajas que caen sobre el papel que en la balanza pesará lo mismo que una de ellas. Así ocurre con los tranvías, sirven el tiempo en lonchas a quienes los aguardan, de pie, en la acera, sintiéndose envoltorio que unas gotas de grasa han manchado y se les envía a la basura, sin nada.
sábado, 6 de agosto de 2016
# 563
El tiempo que está reconstruye cada día su hábitat sobre el tiempo que no está, igual que las civilizaciones antiguas levantaban de nuevo las murallas derruidas y los edificios quemados tras un asedio. Tras el asedio de los días, se recompone el jardín de las sensaciones y la emoción de los sentimientos con cuanto se puede compartir: la belleza, la alegría y el goce que genera la escritura que se entrega con el mismo estremecimiento que un abrazo. El tiempo que está es aquel en el que se decide vivir, en el que las voces erigen el castillo del deseo.
jueves, 4 de agosto de 2016
# 562
Ángeles del presente, los gatos se detienen para descubrir el sentido de una realidad que desconocen. Escudriñan el espacio. Atienden a movimientos y olores, se diría que los estudian antes de actuar. Cartografían lo que descubren. Lamen el hocico de la camada para contarles los nuevos significados. Su erudición les sosiega. Saben que son capaces de discernir cuanto ocurra, no por el mero hecho de ocurrir, sino porque lo que acaece transforma el retrato del instante. De nada le vale al gato lo que supo, y lo que venga valdrá en razón de lo que ahora sea capaz de mostrar.
lunes, 1 de agosto de 2016
Maga Losnay, dietario # 561
El pájaro de los días vuela y reduce el cielo al paspartú del cuadro que lo enmarca en los ojos. Transita, y en su tránsito iguala horas, tardes, recorridos. El ave del tiempo extiende sus alas de sudario sobre los cuerpos dormidos. Entre mirar de dónde viene y querer saber a dónde va, se queda el presente sin presente. Mojón que en la carretera señala impertérrito el mismo significado. Aspas de molino que han memorizado su senda. Escrutinio estéril antes de que el acontecer ocurra. Tiempo, un pájaro que huye. Ave que se ha detenido; quien despierta habita un espacio.
miércoles, 27 de julio de 2016
Becqueriana / 93
El pijama inaugura otro tiempo. Le da sentido al espacio que acoge. Nada tiene que ver el tiempo pautado de las conversaciones entre desconocidos en los sitios obligados con el color azul de un pijama. El tiempo que merece el nombre de tiempo, porque se empuja para que concluya pronto, y se vaya, y deje fluir en un sintiempo al que llamamos Lugar. Un otrotiempo ahora íntimo, que no transcurre ni cansa, que se convierte en sala, en ventana, en habitación, en jardín o en cocina. Y que tiene en el pijama el símbolo más intenso (y fácil de quitar).
sábado, 23 de julio de 2016
Becqueriana / 92
Velo el sueño de mi dama. Escucho su respiración tranquila y soy el caballero que, con la armadura encajada y el yelmo cerrado, se arrodilla junto a su lecho. En una mano sostiene la lanza y en la otra un pañuelo bordado con encajes que tomó de ella como prenda. Nada se acercará a perturbar el sosiego, me digo con acento de otro siglo. La noche será el castillo de silencios que lo defienda y mis ojos los fieles, y feroces, guardianes. Al rato me quedo dormido, y menos mal que la armadura no retumba al caer sobre el colchón.
martes, 19 de julio de 2016
Becqueriana / 91
Lo que eres, cómo eres, lo saben mis manos de memoria. Son las grandes expertas en ti. Conocen el tacto de tu melena, la suavidad de tus hombros, la comunicación de tus manos. Caminantes de las praderas de tus vestidos, compañeras de las palabras que te digo, buscadoras de florecillas silvestres para colocarlas en tus ojales. Mis manos. Las miro cuando quiero verte. Son un espejo de la dulzura que les has transmitido. Son también un oráculo de mis deseos. Son los ojos que leen el libro de tu cuerpo y son la pluma que escribe en él mis poemas.
jueves, 14 de julio de 2016
De herbarios y poemas
Intuía en Ruy Cinatti una respuesta que ahora, frente al libro que ha pasado de ser una enigmática línea de bibliografía a un volumen ilustrado de tapa dura y firma del autor gracias al librero y amigo Miguel de Carvalho, confirmo. De un paseo por el campo, a veces de varios días, llega el poeta cargado de sensaciones, palabras y metáforas. Es decir, sin nada. Algunos garabatos, quizá, en un cuaderno de bolsillo. Una foto realizada por el propio Cinatti de su compañero de andanzas botánicas también le muestra a él de regreso de una caminata. Sin símbolos, con hojas.
sábado, 9 de julio de 2016
Curso de cine
Imagen LG, PS, JAC
En la película narran luz, cámara, espacio, colores, gestos. Y las narraciones entrelazadas interpretan. Quien desde lo oscuro mira es suplantado por las imágenes, su construcción y su significado. La película se ha montado sobre una línea temporal que, en la exhibición, se desarrolla por una pista paralela a la del tiempo de quien la mira. La luz no es su oscuridad sino la de los focos y filtros que matizan la piel de los actores. También la interpretación, cuando abran las puertas, se quedará interpretando, aunque ya frente a otras representaciones. El cine, su don perverso, mixtificador. La realidad.
martes, 5 de julio de 2016
# 560 oiɿɒƚɘib ,yɒnƨo⅃ ɒǫɒM
Voy a llamarle «tinta» a la brisa que aletea entre las hojas góticas del níspero. Al abejorro que zumba de camelia en camelia y desaparece tras el muro. A la música que acabo de sintonizar y propone que se baile. Al canto de los pájaros emboscados en la umbría. Al libro que se ha quedado abierto bocabajo en la hierba cuando he oído que me llamaban. A los surcos donde empiezan a verdear las plantas que hacen crecer frutos bajo tierra. Al horizonte de montañas y bosques que enmarca la ventana del cuarto. Le llamo «tinta» al presente y escribo.
viernes, 1 de julio de 2016
# 559
En las fresas del cuenco que dejo sobre el mármol de la cocina se lee el don de este día y en su lectura se elige el sabor de las horas. En la pizca de azúcar que esparzo por encima y que blanquea un instante los frutos para disolverse casi de inmediato en sus jugos adivino una metáfora de la escritura, que se deslíe en el curso de la vida y la endulza. Pero cuando el plato, ya dispuesto, presida la mesa donde brillen las fresas, el libro que ha enseñado a leer el tiempo quedará cerrado en el estante.
martes, 28 de junio de 2016
# 558
Los caminos, tanto aquellos que se recorren a través de sendas silvestres, entre la umbría de enigmáticos sonidos, o por los campos luminosos, donde los cereales aprenden del sol a elaborar dorados; como los que se han de recorrer aún en busca de fuentes apartadas, que manen al pie de algún laurel, o de viejos molinos que sostengan su hidalguía piedra sobre piedra, o de claros de bosque silenciosos moteados por flores diminutas de rara belleza. Los caminos, los pasados y los futuros, están entre los dedos, abierto el cuaderno, ahora, en este instante, cuando la pluma empieza a escribir.
domingo, 26 de junio de 2016
# 557
Una manera de estar ahí en el momento en el que se transforma. Sin siquiera haberlo visto; de hecho, ver suele ser una de las propiedades de la ceguera inadvertida; la que, a diferencia de la que no ve, resulta incapaz de proporcionar algún conocimiento. Sin siquiera haber estado presente. Es una forma de situarse en aquello que va a cambiar, y de dejarse cambiar. Convertirse en lo que se es en cada frase, en cada párrafo, en cada página. Se escribe para estar en el instante crucial de la alteración y en el gesto de contarlo, de poderlo contar.
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