Arañas el ocaso de amatista
G de L.
Un campo de lavanda, la luz del crepúsculo. Casulla púrpura en la sacristía. No son más
que vocablos y al tiempo parecen espejos. Un cielo de verano intensamente morado.
Nunca he conseguido saber qué dicen de mí. Qué cajón de la memoria abren para
encontrar qué circunstancias. Y, sin embargo, trituro amatistas verbales para
encerrarme dentro, rodeado de su desposesión, inerte como el deseo conyugal de una
losa de granito. Ah, collar de palabras este y todos mis escritos, cómo añoran un cuello
real que al llegar la noche, se lo desabroche con descuido y lo abandonde sobre una
cómoda.
