—Proclamo... (¿Puedo lanzar ahora la proclama, verdad?)
—Claro, presidente. Es el momento.
—Proclamo la necesidad de un gobierno unido junto al pueblo que lo sostiene con su clamor unánime, sin disonancias, con el espíritu único del amor al bien y a la verdad, con la armonía del obelisco.
—(Chist, presidente, presidente.)
—(¿Qué?)
—(La proclama. Que le está saliendo un poco... digamos, no demasiado democrática.)
—(¿Ha de ser más democrática, cree?)
—(Tengo la impresión.)
—(Gracias. Empiezo de nuevo). Proclamo la necesitad de un gobierno unido con el pueblo que lo sostiene con el fruto unánime de las urnas, con el voto...
viernes, 21 de noviembre de 2008
La luz coloquial, ¿qué ilumina?
Recién aterrizado el avión que me trae a Málaga, se levanta una joven —veintitantos, de tarde en la peluquería, con chaqueta de piel, marcas y esas cosas—, enciende el móvil —como todos a su alrededor— y responde a la primera llamada: «El que... el que —con la e muy larga y clara tendencia a abrirse: el queeaaa, algo así—, el que... calla, cojones». Siempre he oído decir que los escritores deben beber del habla, dejarse acunar por la luz coloquial... pero qué escribiré —me pregunto cada día cuando escucho hablar a tantos coetáneos— con esta lengua bronca, vacía.
jueves, 20 de noviembre de 2008
«Descortesía del suicida», de Carlos Vitale, en Candaya

Carlos Vitale (1953) ha creado un género propio en la frontera entre la narración y el poema; de la primera procede la materia a la que está atenta la prosa (casos de vida cotidiana, episodios históricos o culturales, memoria bonaerense), pero la intención de descubrir el trasfondo paradójico de la existencia es plenamente poética. La mitad de los relatos contiene una única frase: «¿Cómo es posible que todos los años hayan sido el peor año de mi vida?»; texto que dialoga irónicamente siempre con el título. En este caso: «Demasía». De la otra mitad, me han gustado los relatos autobiográficos.
martes, 18 de noviembre de 2008
Uma responde
Con la mirada busca algo, a alguien, pero tropieza con un bloque de pisos: papel cuadriculado. «Hace demasiado calor», contesta al fin Uma. Nélida, que le ha preguntado cómo se vive en su país, se queda contemplando la respuesta como si se tratara de un globo que asciende. «¿Cómo es el país donde te han llevado?», le preguntó la abuela meses atrás, cuando la visitaron. Recordaba el gesto de buscar algo con la mirada mientras la vaca chapoteaba en el barro. «Hace demasiado frío, abuela», dijo. Y la abuela acogió sus palabras con un abrazo y una pizquita de compasión.
lunes, 17 de noviembre de 2008
Sobre «El futuro de la literatura»
Tras leer con entusiasmo la anotación de Germán Gullón en su blog, que es mío ya de cabecera, quería escribir algo diciendo lo lúcida que me parecía esa visión del mundo académico... iba a teclear una frase tópica: «cada vez más fosilizado», pero de repente he pensado que no era cierto; los fósiles son pequeñas maravillas donde la vida ha quedado prendida a su propia huella. Como la literatura. De hecho los verdaderos fósiles son los libros, que dejan para siempre grabado lo que no se puede grabar: el instante. El mundo académico no fosiliza; como dice Gullón: sólo «aburre».
sábado, 15 de noviembre de 2008
Soledad
SOLEDAD: nada más.
En ti me reencuentro y verifico;
Tú, mi veracidad.
Luis Feria
En ti me reencuentro y verifico;
Tú, mi veracidad.
Luis Feria
Muchos hablantes creen que su lengua es más rica cuanto más precisa: un perpetuo congreso de médicos o, mejor, de especialistas en ciencias sociales será su utopía. Soledad es una de las pocas palabras que se salvan de este malentendido y conserva la polisemia que enriquece: sus tonos brillan o se oscurecen al ser pronunciada, no en el diccionario. Es término que emparienta con la muerte; como ésta es destino y aprendizaje del mundo: saberse solo ayuda a comprender esas realidades elípticas que denominamos amor y amistad, que no son sus opuestos, sino sus complementarios. Desde la soledad se ama.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
De librerías
Me paso el día desechando ideas para novelas porque las considero meras ocurrencias. Por ejemplo, la de esta mañana: imagino una conjura de todas las parroquias del país para anunciar al mismo tiempo el Apocalipsis. Las campanas —en una combinación nueva de lo tétrico con lo espectral— sonarían incesantes hasta que se divulgara la impresión de que la muerte había llegado al fin para todos. Entro en una librería y ojeo el argumento de unas cuantas novedades. Me doy cuenta de lo equivocado que ando: lo que he de desechar son mis ideas. La literatura se nutre sólo de ocurrencias.
lunes, 10 de noviembre de 2008
A los 20 años
Leo en el blog de Liu una anotación que me da qué pensar: «les fastidia que no eches de menos esos tiempos en que lo único que tenías era 20 años». Tampoco yo los echo de menos. A los 20 años estaba tan vacío como esos estudiantes cuyos profesores dicen que no saben nada y una mañana de domingo, en el mercado de libros viejos, Antonio Rabinad me dijo: «lo único que se gana con los años es la capacidad de acabar cuanto empiezas». Y resultó cierto. Fastidiosa edad en la que no es posible ya dejar ningún proyecto inacabado.
sábado, 8 de noviembre de 2008
Las ligas escolares
Descubro, tras modificar la ruta a la panadería, ciertos habitantes de la mañana que caminan hacia las instalaciones deportivas en pantalón corto y chándal. Son niños que participan en las ligas escolares. Junto a ellos va un padre o madre, con más sueño en los ojos que resignación. Me asomo al recinto y los veo calentar lanzando a canasta en ruedas perfectamente ordenadas. El entrenador da órdenes sin papar. El árbitro va vestido de árbitro. Todos juegan a ser mayores, a actuar frente a un público, cámaras, periodistas. En el patio, donde no hay nadie. Aprenden a creer en ficciones.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
«Infiel a los disfraces», de Fernando Sanmartín, col. Castillo del Inglés, 28

Fernando Sanmartín (1959) es un escritor secreto. Creo que los mejores escritores actuales comparten condición con él: escriben y publican en la provincia, fuera de ella nadie (quiero decir: casi nadie) se da por enterado, en un gesto que tiñe de mediocridad y aun diría de otras cosas peores a la crítica, en general (quiero decir: casi todos) a sueldo no de la literatura sino de unas cuantas editoriales. Su libro, que acaba con un poema final espléndido sobre su ciudad, le de título no a esta época, desgraciadamente, sino a aquellos que la época oculta: Infiel a los disfraces.
lunes, 3 de noviembre de 2008
Hipertexto intercultural
All you need is love: sólo leer esta frase, uno ya la tararea. En la misma época, Philip Larkin cerraba The Whitsun Weddings —Las bodas de Pentecostés— (1964) con un verso que parece sacado del estribillo de una canción de los Beatles: What will survive of us is love —«lo que nos trasciende es el amor»—. En el último número de Mercurio veo una entrevista a Francisco Brines donde explica que «El amor representa la mejor inserción del hombre en el tiempo». Y en un bar del Albaycín descubro este cartel. ¿Alta y baja cultura en el mismo hipertexto?
sábado, 1 de noviembre de 2008
FGL díptico y elegía
Lorca pintado en albornoz por Gregorio Toledo ysu hermana Isabel tocando el piano. Los pianos de la familia: el grande en la Huerta de San Vicente, uno de pared en Fuentevaqueros. Una casa de labradores con tierra, ésta, que guarda la cama donde nació y la cuna con pies de balancín donde se crió, enseres de familia salvados de lo que no salvó al poeta. Hoy las dimensiones de cualquier casa de Fuentevaqueros la empobrecen, pero el gusto que firman los arquitectos ensalza el saber y la elegancia de los viejos maestros de obra.
Lorca… cuando subía esta escalera.
(2)
Hay en Lorca una paradoja que pasa desapercibida. Se piensa, y se presenta, como un poeta de caracterización densa, única, rotunda. Y sin embargo su obra poética es el fruto de varios autores —tan diferentes entre sí como lo fueron los heterónimos— que se repartieron el curso de la vida de Lorca, y en lugar de firmar cada uno con su nombre, como hizo Pessoa, se empeñaron todos, aunque resulte difícil de creer la convergencia de universos literarios tan diversos —andalucista, neoyorquino, tradicional, surrealista, sonetista, arabista…—, con un mismo emblema: Federico García Lorca. Su manera de interpretar la despersonalización vanguardista.
(2)
Hay en Lorca una paradoja que pasa desapercibida. Se piensa, y se presenta, como un poeta de caracterización densa, única, rotunda. Y sin embargo su obra poética es el fruto de varios autores —tan diferentes entre sí como lo fueron los heterónimos— que se repartieron el curso de la vida de Lorca, y en lugar de firmar cada uno con su nombre, como hizo Pessoa, se empeñaron todos, aunque resulte difícil de creer la convergencia de universos literarios tan diversos —andalucista, neoyorquino, tradicional, surrealista, sonetista, arabista…—, con un mismo emblema: Federico García Lorca. Su manera de interpretar la despersonalización vanguardista. viernes, 31 de octubre de 2008
Vistas contemporáneas

La habitación en el piso catorce presenta unas inmejorables vistas sobre el piso catorce del bloque de enfrente. Es una mole piramidal inquietante. Hay una ventana tapiada. Por la noche apenas se ilumina algún apartamento. Por la mañana una viejecita baudelairiana renquea en la terraza y trata de abrir, desde fuera, una ventana de la galería. Empuja la hoja, ésta no cede. Quisiera echarle una mano desde mi cuarto de hotel, tan cerca y con un abismo en medio. Se me ocurre imaginar su leyenda en cien palabras —baudelairiano ahora yo—, pero la ausencia de azoteas estanca la imaginación.
viernes, 24 de octubre de 2008
En el Café, junto al Templo sin mercaderes
Sé que es viernes porque muchos empleados entran en los edificios de oficinas como si accedieran a un avión: arrastrando una maletita. En el Zúrich conozco a Germán Gullón. Cuando llego está hablando con Toni Montesinos sobre Galdós. Al rato de escucharle florece en mi interior la más antipática de las nostalgias: la de lo que no ha ocurrido. Gullón es el profesor de literatura que nunca tuve y que siempre quise tener. Qué pocas frases bastan para compartir un destino. Mis profesores de literatura eran una suerte de aburridos empleados de banca (ni siquiera arrastraban una maleta los viernes).
jueves, 23 de octubre de 2008
Un proyecto
Está bien la propuesta de reflexionar sobre el silencio. Pero me parece contradictorio que se excluya la memoria del debate. El silencio es la memoria. Recuerdo los días que pasamos en aquel hostal solitario junto al Atlántico. Uno se sentaba en el murete y miraba el mar y su mirada adentraba aquella grandiosidad en silencio; pero el silencio no era más que una actividad intelectual —como la de la memoria— porque allí reinaba un estruendo casi ensordecedor. El mar es uno de los artefactos más ruidosos de la naturaleza. El silencio es nuestra manera de absorberlo, adentrándolo concienzudamente alterado, idealizado.
martes, 21 de octubre de 2008
Влюблённый
Es capaz de destrozar frases con los zarpazos gramaticales de su ruso. Nikita —le dicen— di tal palabra, y la repite para que se rían. Después sale corriendo y enlaza una pelota a sus pies. Cuando chuta los defensas rivales se tiran al suelo para evitar encuentros desafortunados. El portero, una vez adivinada la trayectoria del cañonazo, se estira fotogénicamente hacia el lado opuesto. Eres un crac, Nikita. Todos, incluso él mismo, creían que su vitalidad no tenía fin hasta que alguien le susurró: Oye, que Paola se ha enamorado de ti. Le alcanzó la melancolía; los defensas rivales respiraron.
lunes, 20 de octubre de 2008
«Adiós, Gongtan», de Jordi Pérez Colomé

Subo al AVE y empiezo Adiós, Gongtan, el viaje por la China central de Jordi Pérez Colomé, tan opuesto al mío: frente a esperas, fideos fríos, dudas, traqueteos, incomodidades y alojamientos imposibles, un viajero del AVE siente que la civilización le está ocultando algo; algo se está perdiendo cuando recorre en dos horas una distancia para la que el autor invierte tres o cuatro días. ¿A costa de qué todo va tan rápido? ¿Se vive más, o menos? Leyendo saltan respuestas: mi viaje no dejará en mí, cuando salga del tren, poso alguno… No dará para escribir ni cien palabras.
sábado, 18 de octubre de 2008
¿A dónde va la memoria de los huéspedas cuando el hotel desaparece? (Seguido de un paréntesis)

A nadie que haya lanzado un barquito de papel al agua le preocupa que se lo lleve la corriente río abajo para no verlo más. El Hotel Suecia ya sólo tiene un huésped: ha atado banderines de colores en la persiana ante el tabique mal nivelado que ciega su puerta. Acumula en el exiguo umbral unas pertenencias oscuras que desprenden un olor agrio. Duerme cubierto por una manta. En la fachada la suciedad escribe sobre el mármol el nombre que tuvo plateada tipografía. Como lanzar el barquito a un charco: la imaginería fluvial no resuelve el sinsentido de la ausencia.

(Tan impresionado me dejó la tapia de ladrillo en la entrada del Suecia —en agosto el precio era un aliciente— que olvidé hacerle una foto a su abandono. Busco en Internet si existe alguna, y descubro que el hotel sigue en el escaparate con toda la bisutería de votaciones, comentarios y valoraciones. Tal vez eso explique la estancia de su único huésped: el mendigo que duerme en la puerta llegaría una noche con una reserva de Internet y no supo descubrir dónde estaba el error, si en la red o en la realidad. Justo como me ocurre a mí ahora).
jueves, 16 de octubre de 2008
Machado de Assis en Covarrubias esquina Sagasta

Si de pronto Ulises, que regenta pensión en la periferia (emergente), amaneciera en este cuarto del Gran Hotel Versalles, traído por la pluma de Machado de Assis, haría lo mismo: encender el televisor de plasma de 32’ y recorrer los veintitantos canales como quien ve dar vueltas al tiovivo en la feria. A diferencia de entonces, ahora se asciende de la pensión al hotel y se regresa al origen al poco. Las clases se ocultan en el simulacro de las clases. Todo hospedaje es un desclasamiento fortuito al que uno se entrega para que le ate manos, ojos y palabras.
lunes, 13 de octubre de 2008
Aniversario
En el teatro-sala de baile de un pueblecito ampurdanés, desaparecido entre la niebla, Fernando celebra su fiesta. Unos bailan, otros hablamos, y cuando se apagan las bombillas para que luzca un pastel tamaño colosal, las velas prenden en un cinco y un cero. Luego los altavoces se callan y suena un dúo de violines que tararean casi con voz humana. Si no fuera porque nadie ha aparecido con sus discos bajo el brazo —la música está dentro de un ordenador— se diría que cumplimos veinte años. Entonces estaba todo por hacer en la vida: y ahora también. Somos un desastre.
viernes, 10 de octubre de 2008
Aziz
«Jeeessiiica95, con tres es y tres íes y noventa y cinco; Jeee —tres es— ss —dos eses— iii —tres íes— noventa y cinco; Jeee…». La tres monedas de euro que acaba de sacar de debajo del armario tintinean en el bolsillo de Aziz. Baja la calle dando saltos y recitando de memoria: «Uve doble, uve doble, uve doble, fotolog punto com, barra. Jeee —tres es—…» Lo hace para que no se le olvide la dirección antes de llegar al Cíber de la plaza, como le ocurrió la vez anterior que en clase pudo captarla al vuelo. «Fotolog… Jeeessiiica95 —tres…»
jueves, 9 de octubre de 2008
Metablog: ¿qué dije ayer en la presentación del «Visir» dentro de las Jornadas Poéticas de la ACEC?
¿En qué tradición se inscribe este blog? ¿Qué género literario lo ampara? Cuanto inspira «El visir de Abisinia» —su prosa sin voluntad de «hilo argumental», su carácter fragmentario, su gratuidad, su brevedad— pertenece, en efecto, a una tradición: el poema en prosa. El primero de los Pequeños poemas en prosa de Baudelaire, «El extranjero», es un diálogo sin acotaciones de 85 palabras. El segundo, un relato breve —«La desesperación de la vieja»— de 121 palabras. El tercero, una reflexión artística. Luego, una crónica urbana. El quinto… Baudelaire quería publicar cien Pequeños poemas en prosa. Escribió 50, y uno en verso.
martes, 7 de octubre de 2008
Metablog: ¿qué diré mañana en la presentación del «Visir» dentro de las Jornadas Poéticas de la ACEC? Díptico.
El hecho de que este blog aparezca ordenado por géneros y no por temas es una prevención: se suele otorgar un valor privilegiado al tema que se aborda y una atención menor al modo literario de abordarlo. La inercia a dar importancia desmesurada a temas y nombres conduce a una fragmentación de la necesaria continuidad de un panorama literario. Lo divide en mundos desconectados: temas y nombres sobrevalorados, y el resto, preterido. Desaparecen continuidad y matices que sólo el género asegura. En el cajón que pone «poesía» existen todas las gradaciones, matices, edades y generaciones. Donde figura un tema, no.
(2)
De hecho, percibo que el deterioro del concepto de género literario es tal que si ahora dijera una frase así: «en este texto veo un problema con el género», nadie pensará que hablo —por ejemplo— de Ramón Gómez de la Serna o de Rafael Pérez Estrada; se interpretaría que me refiero a que alguien ha solucionado mal lo que los políticos resuelven diciendo «miembros y miembras». Es cierto que uno tiene que matar el género como antes se aconsejaba que se debía de matar al padre, pero si uno es huérfano, eso ya no es una indagación, sino una desgracia.
sábado, 4 de octubre de 2008
La máxima aspiración del azar es la vida en pareja
Ayer nomás hablaba de Polifemo y esta mañana —qué añil purísimo en el cielo, tiñéndolo todo— lo descubro en mitad de la calzada, en cuclillas; aún así gigantesco y monocular. Me entretengo en contemplar cómo el operario calza la enorme grúa al asfalto. Siendo desmesurados los miembros de Polifemo, la maniobra de anclaje se realiza con precisión de relojero. Continúo mi camino hacia la panadería como una Galatea desdeñada. Alzo la mirada, por reconfortarme, pero la tristeza de la altiva humillada me ha invadido. Sólo ante una imagen se identifica: la bicicleta sujeta a un poste con la rueda pinchada.
viernes, 3 de octubre de 2008
Fábula pasada de moda
—No te entiendo, Polifemo, tu fealdad me produce náuseas. ¿Cómo te atreves a insinuar que lo inteligente es amarte?
—Eres tan bonita, Galatea, también cuando te enfadas. Pero si lo miras con calma verás que lo único pertinente es rendirte a mis brazos.
—¿Tus brazos llenos de pelos tiesos como los de un jabalí junto mi piel blanquísima? Son incompatibles.
—Te quiero, Galatea.
—Tu ojo lloriqueando sobre mis cabelles me repugna.
—Te adoro, Galatea. A diferencia de tu piel y de tus cabellos, que el viento arrastrará en breve, mi sentimiento será lo único eterno que la vida te ofrezca.
—Eres tan bonita, Galatea, también cuando te enfadas. Pero si lo miras con calma verás que lo único pertinente es rendirte a mis brazos.
—¿Tus brazos llenos de pelos tiesos como los de un jabalí junto mi piel blanquísima? Son incompatibles.
—Te quiero, Galatea.
—Tu ojo lloriqueando sobre mis cabelles me repugna.
—Te adoro, Galatea. A diferencia de tu piel y de tus cabellos, que el viento arrastrará en breve, mi sentimiento será lo único eterno que la vida te ofrezca.
miércoles, 1 de octubre de 2008
哑巴
«¿Qué es eso?», preguntan a coro los tres compañeros del grupo ante la impenetrable grafía. Yâ Bā —哑巴— escribe debajo, en castellano, «poema». «Profe, Llabá ha escrito un poema». «Y ha escrito la palabra poema», se fija la profesora cuando pasa a su lado. «Llabá es un poeta». «Por eso nunca habla». «Y mira tan triste». «Llabá, ¿de qué es el poema?» Yâ Bā tuerce un poco los ojos y se esfuerza por no fijarlos en ningún lugar, pero no dice nada. Raquel sigue preguntando. Betty le pide la hoja del cuaderno. Yâ Bā la arranca. Se la entrega.
sábado, 27 de septiembre de 2008
Una tomadura de pelo (más)
No sé bien a quién, si a los quinientos escritores que enviaron sus novelas, si a los ciudadanos de Gijón, cuyas contribuciones ha utilizado el Ayuntamiento para sufragar el premio, si a los miembros del jurado, a quienes luce el mérito de haber cobrado por una tarea que ya estaba hecha. Me entero de que gana el Café Gijón C.B. Veo que desde la anterior edición lo publica Siruela. C.B. ha editado 4 novelas seguidas en Siruela y una, la última, en Alfaguara. Con el importe del Café Gijón Siruela recupera a una autora en fuga hacia quien más paga.
jueves, 25 de septiembre de 2008
Tríptico sobre el no manifiesto LA EXIGENCIA ESTÉTICA COMO EXIGENCIA ÉTICA de A. T.
«No Machado [de Assis] de agora não há mais lugar...
à aceitação de fórmulas narrativas para agradar às leitoras.» M.M.
Alberto: ¿Qué se ha de hacer con tu manifiesto? ¿Dónde se firma? Aunque tal vez esta cuestión requiera un contexto sociológico para comprenderse mejor. Suscribo cuanto dices, cómo no. Pero, ¿de verdad crees que este es un problema de escritores? Los escritores tienen siempre la devoción de la forma y la necesidad de la creación, de la innovación. Todos. En el camino unos van quedándose aquí y otros allá. Unos antes y otros después. ¿Dónde está la verdadera causa del deterioro literario? Creo que en la sociedad lectora. Quien exige modelos decimonónicos en la novela no son los escritores, sino
(2)
los lectores. O mejor, los compradores de libros, que es una categoría más influyente que la de los lectores (los lectores de biblioteca, por ejemplo, no crean líneas editoriales; los compradores, sí). Son los compradores quienes se empeñan en modelos literarios que comprenden y les satisfacen. Ante esta situación, un escritor sabe que, si se adecua —con mayor o menor gracia, estilo, inteligencia, dignidad...— a lo que los compradores quieren, la sociedad le premia considerándolo un escritor. Dándole un salario de escritor. Si un escritor investiga, rompe, indaga... en el camino no sólo cada vez se ve más solitario, sino
(3)
que además nadie le considera escritor. No creo que esta cuestión sea comparable a las vanguardias, por ejemplo. Entonces los grupos minoritarios vanguardistas fueron quienes se arrogaron el papel de dispensadores de títulos de escritor. Eran pocos, pero eran un grupo con intervención directa en la sociedad. Hoy la sociedad es la vanguardia (todos lo dicen) y apartarse de ella es sano para la literatura pero insano para la autoestima del escritor. Pero vale la pena que avises a los que se tuercen con tanta facilidad sin que nadie les dé nada a cambio, sólo por la esperanza de recibirlo.
(2)
los lectores. O mejor, los compradores de libros, que es una categoría más influyente que la de los lectores (los lectores de biblioteca, por ejemplo, no crean líneas editoriales; los compradores, sí). Son los compradores quienes se empeñan en modelos literarios que comprenden y les satisfacen. Ante esta situación, un escritor sabe que, si se adecua —con mayor o menor gracia, estilo, inteligencia, dignidad...— a lo que los compradores quieren, la sociedad le premia considerándolo un escritor. Dándole un salario de escritor. Si un escritor investiga, rompe, indaga... en el camino no sólo cada vez se ve más solitario, sino
(3)
que además nadie le considera escritor. No creo que esta cuestión sea comparable a las vanguardias, por ejemplo. Entonces los grupos minoritarios vanguardistas fueron quienes se arrogaron el papel de dispensadores de títulos de escritor. Eran pocos, pero eran un grupo con intervención directa en la sociedad. Hoy la sociedad es la vanguardia (todos lo dicen) y apartarse de ella es sano para la literatura pero insano para la autoestima del escritor. Pero vale la pena que avises a los que se tuercen con tanta facilidad sin que nadie les dé nada a cambio, sólo por la esperanza de recibirlo.
martes, 23 de septiembre de 2008
Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (y 7)
No sabía de qué hablar. Había entregado la traducción y me quedé mirando aquel desorden como un idiota. En el calendario, 1984. Sonó el timbre. El cartero trajo un montoncito de giros: suscripciones a la revista. «Mira por donde vas a cobrar hoy», y me entregaron aquellos billetes, tal cual, como ya sólo negocian los libreros de viejo. A los pocos días regresé a Lisboa y en la librería de Campo Grande donde fui tan feliz compré los libros de Machado de Assis que no tenía. Por Esaú e Jacó pagué 450 escudos; no me importó que fuera tan caro.

lunes, 22 de septiembre de 2008
Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (6)
Montse: ese señor bigotudo es Machado de Assis. Un escritor magnífico. Mulato, feo, pobre, tartamudo, huérfano. Su vida es un milagro. No para la literatura, que siempre es milagrosa, sino porque llegó a ser Secretario General del Ministerio de Agricultura, donde entró como empleado. Eso sí resulta una heroicidad habiendo nacido para obrero en una época en la que la sociedad no admitía bromas. Es cierto, la fotografía nos interroga a nosotros mismos. A nuestra fragilidad de memoria de números, aún más endeble que la memoria de ácidos y grasas que contiene el instante que captó y ya no está.
sábado, 20 de septiembre de 2008
Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (5)
Pasadas las siete, la noche sigue aferrada a árboles, fachadas y aceras solitarias por donde ni siquiera camino yo hacia la panadería, absorto como voy en cuadrar la bolsa de arena agujereada que es el arte narrativo en Machado de Assis. Cada vez estoy más convencido de que el epicentro de su singularidad he de buscarlo en el narrador. Ese narrador insatisfecho, incómodo con su papel, hiperactivo, desconcertado —el humor delata el fuego de una incomprensión—, huérfano en busca de complicidades imposibles: «La nada sobre lo invisible es la más sutil obra de este mundo, y acaso del otro».
Casa de Cosme Velho
jueves, 18 de septiembre de 2008
Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (4)
Es cierto que, como dice la crítica, Machado de Assis es en primera persona un narrador más intenso, incisivo e innovador. Pero los encantos no se quedan atrás en la omnisciencia. En Quincas Borba el lector comparte la incapacidad del narrador para impedir el destino trágico de los personajes que ama («Si me preguntáis por los remordimientos de Sofía, no sé qué deciros»). Se desespera tratando de encauzar los pasos de quienes le caen bien, los honestos y de buen corazón; inútil propósito, porque siempre medran los antipáticos y calculadores. Exactamente al contrario de lo que ocurre en las películas.
lunes, 15 de septiembre de 2008
Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (3)
Cuando murió en la madrugada del 29 de septiembre de 1908, en su casa de Cosme Velho, dejó como herencia una obra donde laten aspectos que la modernidad convertiría pronto en los conceptos que la identifican: nihilismo, fragmento, metaliteratura, heterónimo, pastiche, intertextualidad, minimalismo, hasta el blog está presente (en Memorial de Aires)…Pero legó también una vida que iba a ser emblema del siglo: escritor cínico y corrosivo, enmascaró su actividad con una impecable carrera de funcionario ministerial. Pensamiento y burocracia se repartían el horario: insatisfacción del presente, donde por más ácido que sea el pensador, no olvida cuidar su currículum.
domingo, 14 de septiembre de 2008
Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (2)
—¿No vamos a salir nunca de São Cristóvão?
—Ya ha amanecido.
—Nos echarán.
—Un poco de paciencia caballeros. El motor flojea; zarpamos en cuanto lo arranquen.
—¿Y por qué no compran una barca nueva?
—Esperan que naufraguemos.
—Ya está, en marcha. Nos vamos. El Cais dos Franceses nos aguarda.
—Hace rato.
—Y ese mulato, ¿por qué no protesta? ¿No tiene sangre en las venas?
—Lee.
—Lee a la ida y lee a la vuelta. ¿Para qué lee tanto?
—Querrá ser alguien.
—¿Leyendo?
—Igual sólo aprende, es tartamudo.
—He oído que trabaja en una imprenta.
—¡Ah! Seguro que roba los libros.
—Ya ha amanecido.
—Nos echarán.
—Un poco de paciencia caballeros. El motor flojea; zarpamos en cuanto lo arranquen.
—¿Y por qué no compran una barca nueva?
—Esperan que naufraguemos.
—Ya está, en marcha. Nos vamos. El Cais dos Franceses nos aguarda.
—Hace rato.
—Y ese mulato, ¿por qué no protesta? ¿No tiene sangre en las venas?
—Lee.
—Lee a la ida y lee a la vuelta. ¿Para qué lee tanto?
—Querrá ser alguien.
—¿Leyendo?
—Igual sólo aprende, es tartamudo.
—He oído que trabaja en una imprenta.
—¡Ah! Seguro que roba los libros.
viernes, 12 de septiembre de 2008
Escenas de la vida de Joaquim Maria Machado de Assis (1)
Sus dedos temblorosos rebuscan en la bolsa de cuero y una tras otra encuentran las tres monedas que deja sobre el platillo de porcelana. Tintinean. Igual que cada mañana, pero como si fuera la primera vez, advierte al servicio de que si aparecen los achaques vayan rápidamente en busca de su sobrina. Sobre la cómoda les deja el importe del billete de tranvía. Al anochecer, cuando regresa renqueante y exhausto a su estancia, las monedas han desaparecido. En otros tiempos, Carolina hubiera echado a todos los criados. Joaquim sonríe. Piensa que le sale barato: cada día compra un día más.
miércoles, 10 de septiembre de 2008
«Sublim», pintura de Xavier Solà
Me gusta de este cuadro de Xavier Solà su capacidad para retratar elementos con significado trivial en una conjunción incomprensible. Se percibe, tal vez, un leve tratamiento onírico, pero la sintaxis figurativa juega con la racionalidad: evoca antes una fotografía que un sueño. Cabría buscarle contenido al edificio, al coche, al prado, a la muchacha… ¿lo tienen? Cada elemento acude a la composición con su pasado iconográfico, pero lo pierde en la combinación. Este abandono del valor simbólico resulta decisivo. No se sabrá con qué gesto observa aquella cuya mirada los reúne. Solà describe la desconcertante, ignota, mecánica del deseo.
lunes, 8 de septiembre de 2008
«La mentira», de María José Furió
viernes, 5 de septiembre de 2008
Tríptico CL
I
El edificio en ruinas del Molino sigue dándole a la manivela de la memoria. A veces, cuando busco en la red qué ha hecho un crítico, descubro que va de García Márquez a Mendoza sin salirse de la carretera ni para orinar. Me pregunto qué interés tiene hablar de libros cuyos autores han cobrado un adelanto millonario: esta es la única recensión que cuenta. Para saber si alguien es de verdad crítico literario le preguntaría qué libro, de cuantos ha leído, le ha parecido una obra maestra a él por primera vez, sin que nadie se lo haya señalado antes.
II
Qué libro o qué acto. Siempre pensé que había ganado mi carnet de crítico literario en El Molino. Si mi primo hacía la mili, debería yo tener dieciséis años. En un permiso quiso ir al Molino. Ni había ido antes, ni he vuelto. Fuimos a la función de tarde. No había espectáculo, tampoco vedettes famosas, sólo coristas que preparaban números individuales. Me divertía. Salió una chica rubia, delgada, sin atractivo. Empezó a bailar. Yo no sabía quién era, pero de repente me sentí ante una diosa. Una obra maestra. El tiempo se quebró en los cinco minutos de su número.
El edificio en ruinas del Molino sigue dándole a la manivela de la memoria. A veces, cuando busco en la red qué ha hecho un crítico, descubro que va de García Márquez a Mendoza sin salirse de la carretera ni para orinar. Me pregunto qué interés tiene hablar de libros cuyos autores han cobrado un adelanto millonario: esta es la única recensión que cuenta. Para saber si alguien es de verdad crítico literario le preguntaría qué libro, de cuantos ha leído, le ha parecido una obra maestra a él por primera vez, sin que nadie se lo haya señalado antes.
II
Qué libro o qué acto. Siempre pensé que había ganado mi carnet de crítico literario en El Molino. Si mi primo hacía la mili, debería yo tener dieciséis años. En un permiso quiso ir al Molino. Ni había ido antes, ni he vuelto. Fuimos a la función de tarde. No había espectáculo, tampoco vedettes famosas, sólo coristas que preparaban números individuales. Me divertía. Salió una chica rubia, delgada, sin atractivo. Empezó a bailar. Yo no sabía quién era, pero de repente me sentí ante una diosa. Una obra maestra. El tiempo se quebró en los cinco minutos de su número.
IIITras ella nada fue igual. Por más que insistí, nadie se había quedado con el nombre de la chica. Tampoco les había interesado en exceso: «Tiene poca chicha». Varios años después la vi actuar en la Cúpula Venus, y supe, como sospechaba cuando lo encontré anunciado, que aquel lejano día en El Molino había visto a Christa Leem. Una diosa. Una auténtica diosa, de tan humana. Descubrí aquella tarde el abismo que separa lo mediocre de lo genial, pero dejé pasar la oportunidad de aprender que el arte más elevado produce indiferencia en la mayoría y entusiasmo en los solitarios.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Platón en El Molino

Al pasar junto al Molino la memoria se despereza para evocarme aquel compañero de colegio que vivía en una calle perpendicular al Paralelo. La ventana de su habitación daba sobre un ventanuco, en la pared de enfrente, que algunas noches de verano se abría para airear el camerino de las coristas. Me contó visiones magníficas que yo imaginaba desde su cuarto, mientras jugábamos, viéndolo cerrado. Pienso en el optimismo de Platón. No son sombras de las cosas lo que vemos, sino escenas en el camerino de las coristas que nos cuenta quien las ha visto por un ventanuco medio dormido.
lunes, 1 de septiembre de 2008
JK5022
Durante dos horas el viaje contiene historias atrapadas en el fuselaje. Son cuentos de verano. La emoción con que se vivan no les resta trivialidad. El viaje en sí mismo resulta trivial. También esos jóvenes que iban a conocer lo que es volar: un trámite. Triviales por el sesgo sociológico con el que ahora transcurren las vidas: argumentos que forman racimos. En dos horas el recipiente hubiera acogido otras historias. Un trámite. La trivialidad del engranaje asegura su multiplicación: pacto de fásmidos. Sólo lo inesperado interrumpe la cadencia. Sólo la tragedia le da sentido a cada una de las historias.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

