miércoles, 4 de noviembre de 2026

62 Miradas



Me había sentado, lo recuerdo. En el jardín la tarde vibraba como un animal inquieto. Con una nota escuché la afinación de las cuerdas y aunque me hizo dudar, no toqué nada. Apoyada sobre la pierna izquierda, la guitarra sonaba convencida de acertar con la melodía que ya escuchaba en mi cabeza. Abrí los ojos y lo vi de pie, apoyado en el tronco de una palmera del paseo, allí donde no había nadie. Sin saber dónde está mirándome, en verdad, no podría cantar ni una nana. Qué digo, una nana de ninguna de las maneras. Entoné la voz, canté.