Por las noches dejo la guitarra tumbada en el sofá. Y cuando apago las luces, de madrugada, después de haber ensayado durante horas complicados arpegios, sé que la arropa el silencio que a mí me cierra los ojos. Mis amigos se ríen de mí cuando me ven conversar con ella. Dicen, ingenuos, que hablo solo. No hay día en el que entre en el sueño sin haber escuchado cómo sus cuerdas, rozadas quizá por una corriente de la casa, trazan algunas notas al azar. Aquellas desde las que, a la mañana siguiente, parto en la canción que empiezo a escribir.
miércoles, 2 de septiembre de 2026
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