Nos despierta la campana antes del amanecer. A oscuras desayunamos un trozo de pan con cecina y un pote de café hirviendo. Hasta mediodía trabajamos en la nivelación de terrenos, compactación de tierras, ajuste de taludes y extensión del balasto para la línea del ferrocarril. Por la tarde nos llevan en el camión que trae la grava a la plataforma ya extendida unos días atrás, allí ajustamos los durmientes y luego los carriles para los soldadores que vienen por detrás. Un día pasará por aquí un tren, sin que ningún viajero sepa ni siquiera el nombre de uno de nosotros.
