Oigo voces en la calleja. No hay nadie en la avenida. Voy directo a donde me dirijo, cabizbajo. Imagino que esta noche los contenedores estarán llenos. De sobras exquisitas. Me llaman. Cuatro cocineros chinos vestidos de negro, con gorro, fuman sentados a la puerta de las cocinas. Lo dudo solo un momento. «¿En China también se come tanto?» «No China, Birmania, ¿fumar cigarrillo?» Lo acepto. «Me llamo Joseph». Sonríen. Me dejan un hueco en el escalón. «Nosotros, no Navidad», me dicen. «Yo tampoco. No dinero». Ríen. Decimos no qué sé yo cuántas cosas. Y a cada no, más nos reímos.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Pequeño cuento de Navidad
Oigo voces en la calleja. No hay nadie en la avenida. Voy directo a donde me dirijo, cabizbajo. Imagino que esta noche los contenedores estarán llenos. De sobras exquisitas. Me llaman. Cuatro cocineros chinos vestidos de negro, con gorro, fuman sentados a la puerta de las cocinas. Lo dudo solo un momento. «¿En China también se come tanto?» «No China, Birmania, ¿fumar cigarrillo?» Lo acepto. «Me llamo Joseph». Sonríen. Me dejan un hueco en el escalón. «Nosotros, no Navidad», me dicen. «Yo tampoco. No dinero». Ríen. Decimos no qué sé yo cuántas cosas. Y a cada no, más nos reímos.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra / Hotel Tívoli
Es curioso que una cama revuelta y sin nadie muestre un bulto mayor que una cama ocupada por un cuerpo. Dormido, su relieve apenas muestra volumen en la estepa nevada —o florida, depende de la estética— de la colcha. Inmóvil se diría que se acomoda en el espacio con la discreción de quien se ha marchado. Pero cuando se va deja constancia fehaciente y crecida de que ha estado. Allí donde apenas tuvo conciencia de estar. Es curioso. Cuánta importancia le damos a perpetuar pompas donde fuimos apenas contorno. Cuánto empeño para que vean lo que ya no podremos ver.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ Loja das Meias
A Fernando Sanmartín
Un retrato es un espejo frente a quien lo contempla. Si se trata de un retrato antiguo, refleja solo lo que quien mira sabe. Ante un doncel renacentista no ve su sosería sino lo ideal del perfil. Ante una vieja barroca no le repudia la fealdad, sino el paso del tiempo. Por eso gustan los retratos antiguos, muestran solo el rostro de Narciso haciendo la lista de sus conocimientos. Los retratos contemporáneos son el rostro exacto de quien los observa. Solo emocionan, sin embargo, si concilian sus ideas estéticas y la época. Si no, los juzga fotografía de una mueca.
jueves, 19 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ Às claras
Niña aplicada que hace los deberes en la mesa del comedor mientras su hermana sestea en el sofá, la mañana dibuja rectángulos sobre paredes, muebles y objetos. Y los pinta con el lápiz de la luz del día hasta que, tras contemplarlos a cierta distancia, ve que le han quedado perfectos. Cuando guarde los colores en el plumier y recoja los libros y cuadernos, sus rectángulos irán bailando por todos los rincones de la vida. Hasta que su hermana se despierte y con las ojeras de un mal sueño vaya borrándolos uno a uno. Un juego que entretiene los silencios.
martes, 17 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ Beco dos Prazeres
—¿Te has escapado de la escuela?
—No. La verdad. Pasaba.
—¿Por aquí, muchacho? Por aquí no se va a ninguna parte
donde se vaya.
—No. La verdad. No sabía.
—¿O sí sabías y no quieres decírmelo?
—No. La verdad. Ya me iba.
—No tan rápido, mozalbete. Antes tenemos que hablar tú y yo.
—¿Y yo?
—Sí. Y tú. Aún no me has contado qué has venido a buscar por
aquí.
—No. La verdad. Nada.
—¿Nada o quizá algo?
—No. Nada. La verdad.
—¿Y no quieres subir conmigo? Es el amor. Es dulce. Hace
bien.
—No, no. La verdad. Digo, sí.
sábado, 14 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ «Desaparecido»
No es esta que tengo en las manos la edición que elogió Pessoa, ni siquiera la que pudo ver en vida Carlos Queiroz, pues la Bertrand la imprimió dos meses después. Tampoco podría pagar aquella, pero esta sí, que tiene un retrato de poeta muy peinado y una cubierta a dos tintas de sobria tipografía. Leo: E a tua boca sabe a amanhecer! Ahora, cuando la época pide que se encomien los libros, diré solo que su cansancio e imperfección acogen. Y que su sueño se parece tanto al de la muerte: que un día alguien abra sus tapas duras.
jueves, 12 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ 1313
Padre Agostinho, padre Agostinho. Ni lo oigo aunque lo oiga, que me llamen sordo y sordera parecerá, si no de oído, de mollera. Lo que digan siempre será mejor que sentirlo ahora. No quiero oír lo que ya sé que voy a escuchar. Y darme la vuelta, y encarar el refectorio e intervenir en el debate y dejar que los razonamientos me arrastren como tronco en la crecida, sin saber contra qué roca astillaré mi entereza. Padre Agosti…. Haldean las piernas como campanas en día de fiesta. Mi celda. El silencio. Este pergamino. Secreto. La sordera. Que digan, cuando llegue.
martes, 10 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ Janela
Voy como quien va de un sitio a otro. Paso la mañana soleada dando paseos, aunque sé que no me muevo en el espacio, sino en el tiempo. Voy desde quien soy a quien fui. Prefiero pasar por lugares que recuerdo a seguir calles desconocidas. A cada paso coloco en su emplazamiento una tesela del mosaico descompuesto de la memoria. Regreso a donde estuve solo para certificar con su existencia la mía. Un espejismo. Se diría que no escribo, sino que simplemente copio citas. No leo; sobre una página en blanco palpo solo la tinta corrida que quedó en mí.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ Lua de Novembro
Sentada bajo la marquesina en la parada del autobús con traje de lentejuelas, chal y medias oscuras, la luna diurna disimula su disonancia. Vestida para la noche, siempre llegan el antojo de la luz y sus acólitos ocultos en bufandas y gorros de lana para zanjar un territorio de tan exigua extensión. Acaso, ahora que con los colores las sombras pierden encanto, un espejismo. Un poco más, si hubiera durado la noche un poco más el aire indiferente de la luna hubiese enamorado al joven, despeinado e indeciso, con el que se ha cruzado tantas veces y sin embargo ninguna.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ Mondego
Sosegado río. Humildes palabras lo navegan. Las que se dicen los estudiantes ennoviados en el espolón a la caída de la tarde. Vida pequeña, la del trajín del saber aún no aprendido en casillas idénticas; tan importantes las manías y portes evocados de quienes, de tan importantes, serán olvidados nada más subir al tren. Río menudo, tonada desprovista de grandeza, ese zarandeo de lo conocido por conocer que tanto ocupa, con números, en las conversaciones de los enamorados bajo los plátanos centenarios. Al caer el sol, silencioso, y subir la humedad como un chantaje en el latido de la hojarasca.
martes, 3 de diciembre de 2013
Callejón de la fragua
Aun en los días de mayor frío fumaba en la puerta, sudoroso, con la camiseta azul sin mangas pegada al cuerpo, viéndonos pasar. El hollín le vestía más que a los demás la lana. Abría el paquete de tabaco por debajo, para sacar los pitillos por la punta y encenderlos por donde sus dedos habían dejado negro el papel blanco. Los brazos fuertes, casi de héroe de tebeo, la barba descuidada, los cabellos ensortijados. Temible. Quizá fuera la primera noticia que tuve de la mitología clásica. Y siempre imaginé que en aquel antro era donde un dios fabricaba el verano.
domingo, 1 de diciembre de 2013
Callejón de la carpintería
Aquel hombre seco y oscuro, un cacho de cecina con patas, feo y casi tartamudo, caminaba sin embargo sobre un suelo de nubes. Y nubes se creaban con solo soplar sobre los blandos montones de serrín. Tomaba un listón, lo alargaba como lanza en los cromos del Cid, guiñaba un ojo y algo veía. Qué. Yo cerraba un ojo y el otro le seguía, y el día que quise acercarme a una madera para descubrir los ángeles que el carpintero vislumbraba, se me clavó una astilla en la nariz. Madre me soltó, encima, un tortazo que hizo reír a todos.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Callejón del batanero
Ni siquiera el maestro con su vara de avellano y su malhumor perpetuo conseguía zurrarnos tan seguido. Al pie de la cuesta, una especie de segundero de despertador. Solo dos veces cada jornada su insistencia se detenía para que el batanero cambiara de posición mantas y paños. Y enseguida, de nuevo el tableteo, que de puro constante ya ni se oía. Qué habrá quedado, a veces me pregunto, de tal tenacidad. ¿Seguirán los palmoteos sonando por la atmósfera, perdidos en el espacio? Su métrica tan exacta, ¿acompañará memorias que valga la pena recordar? O, ¿qué significa ahora la palabra recuerdo?
martes, 26 de noviembre de 2013
Callejón del estanco
Fumaba padre. Sentado en el zaguán. Antes de quitarse las botas, de atar el macho, de dar de comer a los perros, de arrancarse las costras de barro de los pantalones y dejarlas amontonadas junto a la puerta. En la silla de enea, cabizbajo. La embocadura del cigarro brillaba entre las sombra con la humedad de la saliva. Antes de peinarse con agua de colonia el pelo revuelto y de abrocharse la camisa hasta el cuello. Antes de tomar el camino de la taberna. Y yo, un chiquillo, aguardaba en pie. Que le faltara y me enviase a por tabaco.
domingo, 24 de noviembre de 2013
Callejón del agua
El olvido deja su cesta de silencios a la puerta cada madrugada. Pero al amanecer bajan los mulos resbalando por el empedrado húmedo de rocío y sus chasquidos patalean el sueño. En las terrazas ya sacuden las mantas con palmoteos enérgicos y por las ventanas huyen los estribillos de las canciones de moda que suenan y resuenan. La chiquillería pasa alborotando a la hora de la escuela y cuando dan las nueve, el afilador inicia su serenata de chifla y el repartidor de butano la suya de taconeo. Ningún ruido te despierta en mí, pero abro el grifo. Y apareces.
viernes, 22 de noviembre de 2013
Becqueriana / 36
Piedrecitas de cuarzo en el
sendero, las luciérnagas trazan al anochecer caminos imposibles. Vías que jamás
regresan a lugar alguno ni emprenden búsqueda que acabe con acierto. Una
estrategia baldía para cartografiar el bosque. Un desvarío de la razón. Un despropósito
para cualquier tránsito. Quizá por eso mismo, en la tiniebla del día y entre
los laberintos de la espesura nos atrae tanto orientarnos únicamente a través
de la errática señal de los insectos de la luz. Su caótica guía nos conforta.
Cada vez más perdidos en la intimidad de la fronda, vagando por la maleza,
llegamos certeros a nosotros.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Becqueriana / 35
Los habitantes de la noche se
reconocen por los aromas cultivados en la piel durante el día. El vaho agreste
del té, la fragancia de las camelias, el salitre del abrazo. Se descubren en la
oscuridad por el tacto. El cuenco de las manos se colma con el dulzor de las
mejillas, la levedad del cuello, la tersura de unos brazos. Los transeúntes de
la noche identifican su compañía en el exacto eco de las pisadas que queda
flotando sobre la gravilla del sendero. En el rumor de una respiración que se aproxima.
En las palabras que no necesitan pronunciarse.
lunes, 18 de noviembre de 2013
Becqueriana / 34
Ha pasado la noche de correría y
al amanecer continúa tan alegre como siempre, tan cantarín. Tan tamborilero.
Bajo la fronda que alimenta y mima con su mero pasar por ahí, salta de una
piedra a otra, juega al escondite, resbala por el musgo sin caerse. Cuando
transita junto al puente de madera, travieso, busca cruzarlo también por
encima, como hacen las personas que se detienen a escuchar su canción y a
contemplar sus bailes. Chapotea las piernas de las muchachas y los brazos de
los jóvenes. Eso le basta al arroyo para sentirse feliz. Como quien lo está
mirando.
sábado, 16 de noviembre de 2013
Humo
He vuelto a fumar, en un sueño.
Golpeo con el dedo la parte superior de la cajetilla y asoma la embocadura del
cigarrillo que extraigo con deleitoso gesto. Un ducados. Blanco hasta el
filtro. Busco con qué encenderlo. La ruedecilla del mechero gira, pero no hay
chispa. En la cocina una cerilla me proporciona una súbita llama redentora. Regreso
por el pasillo exhalando el humo de una calada de mejillas hundidas. No necesito
salir a la calle ni al balcón para fumar. Los cigarrillos consumidos en los
sueños no dejan hedor a tabaco rancio ni grises vestigios en la alfombra.
jueves, 14 de noviembre de 2013
Milagros
A Jesús Aguado
Qué inocente, barbilampiño y cortado aquel Mauricio siempre con un libro atrapado en las axilas; cuando acertaba con la pregunta, no paraba de hablar su silencio. ¿Y Máximo?, engominado, fragancia varondandi, coleccionista de marcas comerciales; solo me quiso el día que me puse un fredperri de mi hermano. Marcos era guitarrista, guapo y tenía moto; aunque me repitiera que me amaba, ¿quién podía creerle usando ese verbo? A veces me acuerdo de cómo me divertía Miguel, tanta imaginación y gracia; solo le faltaban unos centímetros en las piernas. Matías era un artista, y pretendía pintarme desnuda. Ah, mis amores impasibles.
lunes, 11 de noviembre de 2013
Micaela
En lo alto del muro, un mirlo. El
aire le agita las plumas como si le levantara las faldas. Menea la cabeza
contra el cuerpo antes de erguirla y echar a volar. Queda la hilera de
hormigas —rúbrica del silencio sobre la piedra—, el guijarro que se me ha colado
en la sandalia y el viento inoportuno, que zarandea mi vestido. Es lo único que
permanece de un instante perdido. El vacío que le sigue se llena —palangana que
recoge la gotera, balsa seca tras el nubazo— de agua sucia. Ojos míos cuando miro cómo las hormigas
también se alejan.
sábado, 9 de noviembre de 2013
Matilde
Desde que era una cría tengo la sensación de que todo ocurre sobre un escenario. Por eso me cuesta no ponerme histriónica en las discusiones. O no lanzar miradas al más allá. Siempre imagino los focos sobre mi mejor perfil y al otro lado de la oscuridad el silencio de un público. Desde muy pequeña. Primero pensé que quería ser actriz. Luego, más desengañada, me imaginaba personaje de un drama completo. Protagonista. Doliente Antígona. Con el tiempo se ha diluido la trama y ahora, aunque todo siga ocurriendo en un teatro, solo pronuncio réplicas aisladas de obras diversas, perdidas, ininteligibles.
jueves, 7 de noviembre de 2013
Milena
Me concentro en los zapatos. En los zapatos sucios. De varón. En la fatiga de la piel. Aspereza, estrías, fisuras. En las manchas. De polvo, de barro, de pintura. En el desgaste. Cordones deshilados, tacones cojos, contrafuertes torcidos. Me entretengo en la vida de los zapatos de esta época. Tampoco tienen quien los cuide, los hidrate, les regales flores. En el andén solo me preocupan ya los símbolos. Y cada cuatro minutos, el estruendo del metro alborota cualquier observación. Se cierran las puertas. Me quedo sin mis zapatos, pero con una súbita alegría. Continúo aquí sentada. Los demás, de camino.
martes, 5 de noviembre de 2013
Marta
Anne: Villaine, thou know'st nor law of God nor Man,
No Beast so fierce, but knowes some touch of pitty.
Richard: But I know none, and therefore am no Beast.
Ricardo III (I,2)
Ana en el lecho del deforme Ricardo, tras haberle confesado el homicidio del rey, del príncipe de Gales, su marido, y de su padre. «¡Pero fue tu belleza la que me impulsó!». Aún tuvo fuerzas Ana para responderle: «¡Si creyera eso, asesino, te juro que estas uñas desgarrarían la belleza de mis mejillas!». Poco después yace junto a Ricardo, duque de Gloster, futuro rey y esposo. No veo la moraleja por ninguna parte. La vida que va tragándosela a una con el engranaje mecánico del deseo sin piedad. Del deseo ajeno y de la piedad propia. Una asimetría que devasta.
domingo, 3 de noviembre de 2013
Miriam
Llego hasta la mesa. El mantel a cuadros. Un jarroncito de vidrio con un clavel en el centro. Servilletas de tela, encima los cubiertos, grandes, antiguos. Una acuarela colgada en la pared. Cielo nuboso y el mar como una manta sobre el cuerpo del hombre accidentado del que solo se ven los pies calzados. No consigo pasar de este punto. La cristalera del restaurante, que da a una calle que desemboca en la playa. Cielo despejado y el mar como una sábana verde que cubre al hombre a la salida del quirófano. Con los pies desnudos al aire. No logro.
viernes, 1 de noviembre de 2013
Maite
Como un juego de los de mi hermano. Los coches. Hasta los autobuses. Las personitas. Moviéndose a saltos. Con los dedos puedo sujetar lo que quiera, un coche, un autobús, un tipo que camina con prisa. Y conducirlo. Donde yo quiera; claro, siempre que yo quiera que vaya donde va. Es el problema de los privilegios fantásticos. El mío, el balcón. Me salgo aquí a mitad de cualquier cosa. Me acodo en la barandilla. Y el movimiento me arrastra. Tantas vidas en mis manos, aquí, en las alturas. Un juego. Y sin embargo, ninguna. Pero me gusta. Eso me repito.
miércoles, 30 de octubre de 2013
Margarita
Echarme a temblar es lo que haría en lugar de responder si a alguien se le ocurriera preguntármelo. ¿Por qué por allá y no por aquí? Esta calle baja directa. Aquella, por donde siempre tomo, da un rodeo. También cuando voy con prisa, o claramente atrasada, sigue dando un rodeo. Que nadie se dé cuenta, porfa. La mayor parte de los días, de cinco cuatro, digamos, daría igual una que otra. Pero no puedo saber qué día será el que hace cinco. Paso caminando, aunque vaya escopeteada, casi me detengo de tan despacio que avanzo. Miro. El taller. Lo veo.
martes, 29 de octubre de 2013
Mónica
El chorro más parlanchín que nosotros, allí sentados con el culo medio húmedo sobre el mármol de la fuente. A esta hora se está bien. De alguna ventana abierta hasta se escapan ronquidos. Si una sombra se acerca, sus pasos son un diapasón para la melodía del agua. Acompaña. Acabamos de conocernos, pero es como si nos lo hubiéramos dicho ya todo. También el silencio impone lo suyo. Quizá fuera un buen momento para besarnos, pero así de lado, no ayuda. Tampoco se atreve a proponer nada, o no sabe dónde. Y se agradece que el surtidor hable por nosotros.
domingo, 27 de octubre de 2013
Merceditas
Un pequeño arcón de madera, con
cierre de gancho, feo. Cursi. Venía con polvorones. Tonto regalo de Navidad.
Fue cambiando de lugar en el piso hasta aparecer un día junto al cubo de la
basura. De ahí lo rescaté. Por nada. Lo dejé en un rincón del armario. De vez
en cuando, si busco uno entre los leggins
que amontono encima, lo veo. Veo su vacío. Su inutilidad. Ni cartas de amor, ni
siquiera secretos. Jornadas idénticas, eso sí. Horarios, también. Me gusta el
cine para imaginarme vidas. Pero cuando encontré aquello, enfundado, flexible,
ya supe qué guardar. Qué aguardar.
viernes, 25 de octubre de 2013
Mariluz
Solo la claridad que cuela la ranura de la ventana cerrada y la de la música, que empareja cuerpos sudorosos y ladea las cabezas inclinadas. Si al girar miro alrededor, en un rincón veo bailar el foco de la linterna sobre la caja de discos, sobre el tocadiscos. Su resplandor distorsiona los cables, que enmarañados y enormes reptan por la pared. Persigo gotitas de luz por no cerrar los ojos y encontrarme conmigo mientras sus manos recorren mi espalda. Lentamente. Y al mismo tiempo deseo, y con la misma intensidad, que ahí se detengan y que se acerquen. Al corazón.
martes, 22 de octubre de 2013
Marina
Para Javier Quiñones
Gato remolón, el oleaje de la tarde se enrosca en los leños que sostienen las tablas del embarcadero. Quien deja caer una moneda, la pierde por alguna ranura. El brillo opaco del gasóleo se extiende y se recoge sobre la superficie del agua. Flota la colilla de un cigarrillo a medio consumir. El crepúsculo parece leer el periódico, distraído, en una lejana terraza de café colonial. En ese momento me pregunta por mis sentimientos hacia él. Los demás ríen un poco más allá, sentados, las piernas colgando. Los oigo. Le oigo. Pero pasa una barca tartamudeando y enmudece el silencio.
domingo, 20 de octubre de 2013
Caligrafías / 12
Aunque solo sea un vistazo por encima del periódico y entre el bosque de piernas del que me protege si voy sentado, al ver el nombre de esta parada regreso a la melancolía de mis quince años. Me senté en Green Park media hora antes de la hora. Apenas entraba o salía gente. Un domingo de invierno. Se hizo la hora. Me puse nervioso. ¿Qué significa quedar con alguien? Caminar, ¿hacia dónde? Tomar algo, ¿en qué lugar? Tantas cosas por pensar que ni me di cuenta de que había pasado una hora. Luego dos. Dos y media. ¿Y mi cita?
viernes, 18 de octubre de 2013
Caligrafías / 11
¿Quién dijo que era esta estación el centro del mundo? ¿Que desde aquí se podía ir a cualquier parte? Una apreciación curiosa. El gesto de quienes aguardan el metro no desvela ni un ápice de interés por un destino novedoso. Se diría que cada persona ya sabe a dónde va. Y no por vez primera. Cuando se abren las puertas de los vagones, sí es cierto que baja gente que procede de todos los rincones de la ciudad. Eso parece más sensato: aquí se llega desde cualquier parte. Como a los círculos del infierno. No de fuego, sino de horarios.
martes, 15 de octubre de 2013
Caligrafías / 10
Para sentarse, ni un hueco. Y al andén no paran de llegar. Ni el paseíto le dejan a uno. Y el estruendo que suena… de otra línea. Si hubiera combinado con la lila. Sí, es un transbordo más, pero menos estaciones. Ya estaría dentro y sin esperas. Y no se da tanta vuelta. Es más directo. Y al pasar por el centro, se liberan antes los asientos. Es otro transbordo, pero no muy largo. Aquí no deja de llenarse, ¿cómo vamos a entrar en el vagón? Cada vez estoy más convencido, debería haber tomado la otra ruta. ¿Qué hago aquí?
domingo, 13 de octubre de 2013
Becqueriana / 33
Las palabras, en el patio del texto, vagan aburridas de una esquina a otra. Si supieran jugar a las cartas, se dicen, al menos matarían el tiempo. Bostezan. A veces forman un corro para contarse secretos, pero se quedan pensativas y pronto descubren que no guardan ninguno en el cofre de sonidos con que se visten. Contemplan las ventanas de la página, aunque sus postigos cerrados les ofrecen únicamente un panorama marrón oscuro con desconchados. Solo cuando abre alguien el libro y por sus ojos se cuela en lo escrito la luz, empiezan a jugar y a divertirse, las palabras.
viernes, 11 de octubre de 2013
Becqueriana / 32
Despacio vuela. Desciende y a veces vuelve a ascender. Da giros en el aire, coqueta, y se deja llevar como compañera de compromiso en el concurso anual de bailes de salón. Tampoco le importa alejarse demasiado de casa, o no. O quedarse al pie de donde ha vivido siempre. Aletea al compás de la corriente. Remonta si sopla desde abajo, planea si el cielo la ilumina. Disfruta siempre. Saluda a quien se cruza en su camino. Es su vuelo de otoño. Con suavidad de brisa caerá sobre alguien que lee, que la guardará en el libro. La hoja de arce.
martes, 8 de octubre de 2013
Becqueriana / 31
Queda la ventana abierta para que entren el silencio y sus miradas en la estancia y hablen por nosotros. Nos dejamos seducir por el canto de un pájaro, el zumbido de un insecto o el fragor de las hojas de los árboles. Son las máscaras con las que el silencio se cubre para acercarse a nosotros sin ser notado. El roce de las ropas en el cuerpo, los latidos de un corazón, el cántico gutural de una caricia. Es la cháchara del silencio. Su manera de hablar en nosotros. Un parpadeo, un entreabrir los labios, una respiración. Así revivimos. Regresamos.
domingo, 6 de octubre de 2013
Vendimia en la ribera del Miño
Todo el azúcar del verano atrapado en la pulpa. La suavidad de la brisa le regala la textura; el río, la jugosidad. El morado último de los atardeceres ha coloreado la piel. Euclides diseñó un triángulo circular para la semilla. Aguardan en racimo el instante de entregarse por entero a la mano que las meza. Que con tanta suavidad las deposite en el cesto de mimbre. Excitadas, también, porque empieza para ellas una nueva vida. Su transformación. Efervescencia, trepidante locura en el interior de un tonel. Metamorfosis. El instante en el que el corcho lance un sonido grave, dulce, quimérico.
viernes, 4 de octubre de 2013
El silencio
No es la ausencia del ruido, sino la cualidad del espacio que permite percibir los sonidos más tenues. Los casi transparentes. El del lápiz, al caracolear sobre la tersura del papel. El susurro, cuando solo una voz tiene permitida su elevación y sin embargo no todo queda dicho. El de la respiración. La de cada uno. La de los demás. El murmullo del agua cristalina en las fuentes. El silencio es la combinación armónica, espontánea y sin jerarquías de las cadencias. La ausencia del ruido resulta tan ensordecedora como los zumbidos mecánicos. Tan empobrecedora. Tan ilusoria. Casi música, el silencio.
martes, 1 de octubre de 2013
Un barco de papel
Fulgencio: no olvides que Juan Ramón Jiménez es apreciado universalmente por Platero y yo y que Rilke vivió de los derechos del único libro del que vendió miles de ejemplares, La canción de amor y muerte del alférez Christoph Rilke. No existe una única tradición moderna, sino dos: la dócil (la que aprecia un público mayoritario) y la que avanza en la tiniebla. JRJ y Rilke supieron escribir en ambas. La mayoría de los poetas corren por una. Solo unos pocos avanzan desorientados, buscando cuál será el siguiente paso. Son los mejores, aunque casi nadie sea capaz ya de reconocérselo.
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