martes, 18 de julio de 2017

Coro de ausentes \ ESPEJISMO


Florece entre las hierbas 
silvestres y los matorrales. Tiene 
tallo menudo, quebradizo, 
y una flor diminuta 
que en el aire se multiplica 
en racimos cuando la brisa sopla. 
A veces no se ve, 
de tan disimulado 
que anda entre vegetación 
sin prestigio. Y cuando se aprecia, 
cuesta arrancar como recuerdo 
un pétalo siquiera. 

Salgo en su busca algunas tardes, 

sin otro propósito que ver 
cómo crece en parajes 
conocidos que desconozco. 
Cómo salpica los caminos 
con su acento. Brevísimos destellos.  
Cuando regreso siempre creo 
hacerlo con un ramillete 
en las manos. El tiempo 
que florece entre piedras 
y guijarros.

sábado, 15 de julio de 2017

Destinos


Paso el día en Málaga. Encuentro un rato para visitar dos librerías de viejo que me gustan. En el nuevo local de Abadía, nadie. En Códice, alguien pregunta por algo. Reviso estantes unos diez minutos en cada una. En la primera el librero ha de salir porque una mujer trae un 4x4 hasta arriba de libros. Vuelve diciendo que no valen nada. En la segunda entran tres veinteañeras con sendos carros de la compra llenos de libros. Escrutinio que interrumpo para que me cobre Cosmología fílmica (Valladolid, 1976), una alucinada teoría del cine que en el avión de regreso leo.

miércoles, 12 de julio de 2017

Coro de ausentes \ HISTORIA


Un ruiseñor que canta entre los árboles, 
así la poesía 
un tiempo. Antes fue un cuerno 
entre almenas dorado. 
Después, la delicada ave 
en prados de sosiego. 
Lugar que el ruido y lodo han anegado. 
Soldados con las mantas en la hierba 
dormían el cansancio 
y soñaban la púrpura. 
Campo que no es ya campo, 
convertido en recinto. 
Frutales que los vientos no aireaban. 
Añoranza de aquella dulce ave, 
aunque sonaran las bandurrias. 
O no sonara nada dentro. 
Ni siquiera la nada. 

Regresan los vencejos 

una vez cada año. 
En el cielo aún sostengo inmóvil 
el verso que no escribo.

sábado, 8 de julio de 2017

Coro de ausentes \ RUTA


El camino que asciende en la ladera  
poco a poco se torna agreste. 
Algunas rocas 
irrumpen en la tierra oscura, 
se acentúan los desniveles 
repentinos. La fronda muerde el paso 
y hay raíces que brotan por la senda. 
Los árboles se abrazan unos 
a otros, forman un escudo, 
umbría que reparte 
la luz con impurezas. La humedad 
baña el instante. Pájaros 
emboscados decoran la mañana 
con cantos. Con las manos 
también a veces se superan 
los trechos. Se divisa ya la cumbre. 
Arriba, con el viento,  
la mirada se entorna 
para ver en la lejanía 
desde dónde se ha partido.

martes, 4 de julio de 2017

Dietario de sensaciones, 31


Tiene el color de la tierra labrada. De la piel del campesino que la cava y esponja para que quede como miga de una hogaza. El color de la azada y del palo de madera que la sujeta. Del agua que corre por la acequia en busca de su destino y de la simiente que la espera con sed de crecer. Tiene el color de la albarda, que ha dejado en el suelo, y de la mula que la llevaba encima, que ahora come hierba en la vaguada. El mismo color del pan de centeno que cruje en las manos.

sábado, 1 de julio de 2017

Dietario de sensaciones, 30


Del sombrero olvidado bocabajo en el banco del jardín el pájaro que se ha acercado a picotear en el ala vuelta del revés ha extraído del hueco un señor vestido con frac y pajarita y una vara de mago, que nada más aparecer le ha preguntado la hora a un tilo cuya sombra había quedado atrapada en el columpio donde niñas y niños aprenden pronto a ser temerarios. Al ver tan extraña figura en el parque infantil lo han rodeado de inmediato y le han pedido a coro un mismo truco: que les regale piruletas y les apruebe los exámenes.