viernes, 24 de junio de 2016

# 556


Esta suerte de costura que al hilo le llama tinta y pluma a la aguja remienda las prendas que el vivir desgarra. Zurce las rodilleras del pantalón de los días laborables, el cansancio de la incomprensión y de la impiedad, la angosta senda de los horarios y de las tareas; remata los jirones del delantal de sí mismo, la áspera convivencia con los errores y con las pérdidas, el insoportable silencio que responde cada vez que los ojos se cierran. Pero hilvana también la ilusión por ver florecer los jacarandás y borda con su recuerdo una cenefa en el mantel.

miércoles, 22 de junio de 2016

# 555


A diferencia del tiempo, que solo sirve para establecer medidas sin más metafísica que la esgrimida por el metro de carpintero, la escritura construye estancias a las que se puede regresar. A diferencia del paso del tiempo, que como un obseso de la geometría circular se inhibe ante el placer o el dolor que sus incesantes dictámenes provocan, la escritura dibuja retratos fidedignos de cada gesto. A diferencia de la duración, cuyo desvanecimiento constante exige al ser la condición de brevedad y aun de nimio, la locuacidad de lo escrito acompaña cuando no hay nadie, permanece aunque nada exista ya.

lunes, 20 de junio de 2016

# 554


Parece irse, pero siempre se queda. Es como si desapareciera y no se ha ido nunca. Globo que se suelta de la mano infantil y asciende donde ya se ve inalcanzable. Charco que la mañana soleada extenúa y olvida. Pájaro que durante un instante inunda el bosque con su canto y luego enmudece. Se diría que la escritura se deslíe en el aire, se disuelve en el tiempo, vuela, se seca o calla. Pero el globo en un punto pierde altura y regresa, la lluvia recobra la memoria del charco y el piar se reanuda. Siempre está ahí. Soy yo.

sábado, 18 de junio de 2016

Maga Losnay, dietario # 553


La primavera invita a que la escritura abandone abrigos y jerséis de lana, bufandas, gorros, guantes, cuanto usaba entre las frases en los días breves y oscuros que le preceden. Se desviste. Una camiseta, un pantalón de tela ligera, unas sandalias. Es el nuevo atuendo con el que el escrito se me presenta en el cuaderno, imponiendo al lápiz su ritmo, su liviandad, su alegría. Le veo bailar a las horas en que antes leía. Cenar a destiempo. Trasnochar. Le aconsejo que salga a la página con el paraguas, con un pañuelo para el cuello, con una cazadora. Todo inútil.

jueves, 16 de junio de 2016

Mis contemporáneos 04. Jesús Aguado


Igual que JRJ eligió 1881, JAF ha visto en el anagrama de su primera fecha símbolos difíciles de obviar: 16-6-61. De niño, al aprender que cuanto veía podía ser nombrado supo, como JRJ o como RMR, que solo sería poeta. De hecho creo que es el poeta que menos se ha preocupado por escribir poesía: solo la ha escrito para huir de ella. No sé si lo digo bien: los poetas consolidan un mundo en los libros, JAF cada vez que siente que ha consolidado algo en su vida escribe un libro para alejarse de sí mismo y descubrirse otro.

martes, 14 de junio de 2016

Dietario de sensaciones, 16 (Confitería)


Me gusta mi oficio. Soy distribuidor de peladillas. También tengo caramelos, bombones y golosinas. Todos en forma de oraciones. Frases que endulzan. Que suavizan los endiablados engranajes del tiempo. Que atemperan el desangelado aire que circula en los espacios vacíos. Reparto confites, chocolatinas, hojaldres. Los envuelvo en sonidos de vocablos gustosos, los unto con la sabrosa mantequilla de los recuerdos. No sabría hacer otra cosa en esta vida. Me siento en mi esquina predilecta, entre la plaza y la avenida, y espero a que vuelen mis palabras y el viento las acerque al lugar exacto donde alguien contempla el cielo.

domingo, 12 de junio de 2016

Dietario de sensaciones, 15 (Pompas)


Las pompas de jabón son pintores miniaturistas. Cada una reproduce en el lienzo diáfano de su universo un destello luminoso. Las pomas de jabón son jinetes. Corren sobre sí mismas por la pista de la piel. Son también pilotos. Vuelan con la serenidad de los objetos que no han volado nunca ni siquiera han soñado con volar un día, como los jarrones o las tejas. Son ópticos graduados con diploma enmarcado en la pared. Siempre están mirando a los ojos. Son vendedoras de metáforas. Por el pago de una caricia entregan una sensación fluida y devuelven de cambio un instante.

viernes, 10 de junio de 2016

Dietario de sensaciones, 14 (El espejo)


El espejo es un artista dominado por su estilo. La finura de su técnica, la precisión de su gesto, la rapidez en captar el movimiento no le permiten, sin embargo, ser él mismo. Se debe solo a los conocimientos que le convirtieron en virtuoso. Y a esa capacidad se entrega sin apartarse ni un ápice en su práctica. Reo de la excelencia, lo que daría por empezar de nuevo en las clases de dibujo y equivocarse. Por soliviantar las medidas sabiamente trazadas por la teoría que tan bien aprendió. Por pintar con los ojos cerrados cuando el modelo está posando.

miércoles, 8 de junio de 2016

Dietario de sensaciones, 13 (Junio)


Junio se enreda, buganvilla en flor sobre los cuerpos recién salidos de la ducha, y se transforma en los colores elegidos para festejarlo. El caramelo infantil del calor y el café poco cargado de las mañanas frescas van juntos en el vestuario que presagia el verano. Se prefiere la blusa que combine con cierta falda y los calcetines a juego con la camisa. Y se procura que la ropa sea la más agradecida al tacto de unas manos para que se abracen a la cintura de quien ha extendido su brazo por los hombros. El placer de desvestirse en junio.

lunes, 6 de junio de 2016

El nacimiento de Ana de Peñalosa \ 1


Telas blancas entre los muebles y encima un ajuar de toallas bien dobladas. Sábanas de nívea seda sobre la cama y en la cuna, que la impaciencia mece con un crepitar de madera contra la losa. Albas manos que con destreza colocan en su lugar cada miembro durante la espera. Pálido gesto de quien aguarda y siente. Y ante la ventana bailan blanquecinos copos en la superficie del vidrio. Nieva aquel día sobre los campos, los tejados, el bosque y la corriente del río, que tiembla como una primeriza cuando Ana de Peñalosa llora envuelta en pétalos de rosas rojas.

sábado, 4 de junio de 2016

El nacimiento de Ana de Peñalosa \ 2


Quien ha caminado sobre la nieve y duda por desconocer el sendero que sigue, así imagina el trazo de lo que acaba de caligrafiar sobre la cuartilla en blanco: Por obedecer a Vs., a quien tanto deseo agradar… Y en tanto encuentra la senda que continúe distrae la mirada en el ventanal de poniente. Ahora es la tinta del agua que cae desde tejado la que escribe letras blancas sobre el negro papel del cielo. Entretenido en leer lo que no sabe redactar le despabila una voz —¡Es niña!— y un súbito plañido. Por gusto mío le remitto essa noticia.

jueves, 2 de junio de 2016

El nacimiento de Ana de Peñalosa \ 3


Los sollozos parecen descompasar la marcha del caballo que calle arriba resbala con la humedad blanquecina que recubre el empedrado, y relincha. Quien lo sujeta por la correa y lo encamina le acaricia el cuello, las crines, los carrillos. El bruto abre los ollares y avanza con coces inseguras contra la piedra que colman de fragor la mañana. Dos mujeres que se cruzan, cubiertas con un manto oscuro, se cobijan acobardadas en el atrio donde el grito resulta más claro y reconfortante. Se miran, cómplices. Sonríen. La casa ahonda sus cimientos y ambas nodrizas sueñan, por separado, con ser llamadas.

lunes, 30 de mayo de 2016

El nacimiento de Ana de Peñalosa \ 4


Por el suelo, derrotada, se arrastra la luz que cuela un ventanuco en torno al cual las moscas, imaginaria peonza, giran sin fin. Cuando el eco de la llantina llega, de boca en boca, el capataz de los Mercado pide que descorchen la damajuana que se reserva para las ocasiones. El tabernero sube de la bodega con gesto de triunfo. Las cartas que en aquel momento corren por las mesas quedan en suspenso, la mano alzada, la imprecación extinguida, la vista desatenta. El tapón canta su breve aria de bajo y el caño gorjea ante un coro de vasos sucios.

sábado, 28 de mayo de 2016

El nacimiento de Ana de Peñalosa \ 5


No tarda el llanto en alcanzar la plaza que la nieve ha borrado por entero. El abrevadero, los arbustos, un carro. Sobre la blancura se multiplican las huellas que la ensucian entrecruzándose. En el atrio el párroco patea el mármol del suelo para expurgarse gotas y copos de la sotana mientras vocea el nombre del sacristán. Campanas al vuelo, rápido —ordena. Asoma con aspavientos por la puerta de la sacristía un hombrecillo triste que se limpia de migas la pechera y hogaza en mano protesta: Con el frío que hace. Una ráfaga empuja el badajo contra los labios de bronce.

jueves, 26 de mayo de 2016

El nacimiento de Ana de Peñalosa \ 6


Un vuelo de campanas se expande entre barbechos y pedregales, por ribazos, besanas, campos aturdidos por la nieve, sobre aspas de molino detenidas y barcas amarradas a un tronco en la orilla de un río sordo. Un repique de fiesta salta tapias que nada guardan, escudriña umbrías que a nadie albergan, recorre caminos de ausentes. El sonido transita el territorio de las aves y de los insectos, sabe dónde se esconde el gato montés y acaricia el lomo de ovejas sonámbulas en el redil, donde un muchacho soñador se pregunta si cuando él nació lo supo el ganado que cuida.

martes, 24 de mayo de 2016

El nacimiento de Ana de Peñalosa \ 7


Brilla el atardecer en el sudor del pelaje. Piafa frente a la hozada de paja que le deja un criado. Cocea el suelo. El jinete que acaba de desmontarlo taconea por la escalinata principal  con una bolsa de cuero en la mano. En lo alto, de levita oscura y cabello blanco, le aguardan. Sonríe al desenrollar la carta y al entregarla. Está hambriento, pero ya se imagina saciado cuando le señalan el corredor que conduce a las cocinas. Este hijo…—musita y cuelga la mirada de cualquier gancho para caballos  en las paredes del patio—, ¿tiene descendencia algún vecino?

sábado, 21 de mayo de 2016

El nacimiento de Ana de Peñalosa \ y 8


Los tejadillos de pizarra, el chapitel, el alféizar de las ventanas… blancos. La campa entera, un sudario sin muerto. Nieva. El castillo también enharinado, como una hogaza gigante a punto de entrar en el horno. No ha dejado Juan aún atrás, pese a las penalidades propias de un adulto, el niño que sigue siendo. Los mercaderes que han acudido de mañana a la feria de Medina se arrebujan bajo un soportal. Cuentan historias que inventan al paso del aburrimiento. Juan Yepes escucha y mira. ¿Ha visto vesarced germinar vástago de mujer? —pegunta uno para que le dejen hablar de nacimientos.

jueves, 19 de mayo de 2016

Mapas


Encuentro en los Encantes un volumen de Vicens Vives, Rumbos oceánicos. Explica, con gracia, las vicisitudes, célebres, de las cuatro aventuras colombinas. Colón murió convencido de que había llegado a Asia, aun en el último viaje —a unos 500 kilómetros de Ceilán exactamente—, ¡porque así se lo confirmaban los mapas! Y es que los mapas lo son, por esencia, de lo que ha sido y, por eso, claro, no ven lo que todavía no ha ocurrido. Sin embargo la actual devoción por los mapas es más que colombina, como si no pudiera existir nada que todavía no haya sido.

martes, 17 de mayo de 2016

Josep Elias revisitado


Releo a Josep Elias (1941-1982). Le veo siempre buscando caminos (se había ido de casa) por los que me ha sido fácil transitar. En su primer libro en catalán —de título culturalista, en absoluto de contenido— redescubro el profundo sentido moral de la escritura («En nom d’una moral» se titula el segundo texto); sobre todo, como en el poema dedicado a «Niu Iork», cuando no consigue descubrirlo: esa yuxtaposición de imágenes cotidianas que no trenzan ningún discurso apuntan a su otra virtud: el esfuerzo verbal por transmitir la áspera y abrupta textura (leo ahora «La jaqueta de cuiro») del presente.

sábado, 14 de mayo de 2016

«Afro», de Guillermo López Gallego (desplegable)


Recuerdo la primera vez que oí hablar de este poema. Fue una mañana de noviembre, calurosa, en 2013, con las chaquetas de temporada en el brazo, en la rua da Ilha, en Coimbra, de camino hacia la biblioteca Joanina. Guillermo López Gallego (1978), a quien había conocido la víspera, contó que estaba escribiendo un extenso poema sobre África. Es lo único que supe entonces. Punto y seguido, fue desgranando la extraordinaria cantidad de situaciones extemporáneas e inverosímiles que vivió como diplomático, su oficio, destinado en Liberia. Daban ganas al oírle de —sin asomo de bochorno— pedirle que escribiera un libro. 

De hecho, Afro son dos libros. Un poema, extenso, y una poética, imprescindible, en el conjunto de notas que añade. Una poética: la meditación, ahora explícita, de cómo los versos dicen. Cada verso reúne una mezcla de elementos que van transformándose unos a otros hasta ser escritura. En primer término está la experiencia del espacio, que no es la crónica —aquellas situaciones inverosímiles—, sino la percepción de una lógica de los objetos diferente («La puerta azul: el gótico africano / Muestra la promesa de un futuro deshabitado») que encarna en mínimos gestos —de repente— simbólicos: «vi mujeres que barrían…». 

El asentamiento de la experiencia —esa vivencia otra del lugar— atraviesa el cedazo de lo leído y evocado. La cultura literaria es la que convierte lo contable en un significado. Para el cronista, el extemporáneo; para el novelista, el narrativo; para el poeta, el alegórico. Las citas a poemas concretos, a autores de referencia, a lecturas que López Gallego especifica entre sus notas trenzan la malla que ha transformado lo sentido en Liberia en una experiencia estética. Un ejemplo, casi trivial, muestra este valor: utiliza la palabra «mandril» en el poema a través de una traducción de Wallace Stevens (pág.38). 

Ninguno de estos dos elementos, ni su perfecta simbiosis, da existencia al poema. El poema no es la observación de un espacio, sea propio o ajeno, aunque la contenga; ni es tampoco la refundición de un magma de lecturas, aunque las necesite para no naufragar. El poema es la asunción lírica de ambos componentes de la experiencia; su transformación en la esencia misma del sujeto: «Me disuelvo lentamente / En lo que antes me rodeaba / Y ahora soy yo». Y este es el significado de Afro, el espacio-otro emerge dentro como una auténtica otredad: «No diferencia realidad de presente».

jueves, 12 de mayo de 2016

«La más que viva», de Christian Bobin


Una parte de los sobrecogedores libros de Christian Bobin (1951) solo se puede comprender a partir de los sucesos que narra La más que viva, la súbita muerte de su amada a los 44 años. Dietarios, evocaciones, memorias tristes seguirán a este primer título elegíaco, escrito en 1995, el mismo año de la pérdida. A partir de aquí, Bobin reflexiona sobre el sentido que cobra su propia existencia ante lo irremediable y sobre la dimensión espiritual que adquiere el amor. Un libro que da vueltas a la inextricable escritura de la vida, preludio solo de los misterios de la muerte.

martes, 10 de mayo de 2016

«Morerías», de Elías Moro Cuéllar


Los aforismos de Elías Moro, sus Morerías, fomentan el buen humor. Mejoran el ánimo. No son humorísticos, se transitan con una sonrisa en la boca. El mundo está bien hecho, piensa quien va pasando las páginas. Proporcionan un instante de éxtasis: se descubre lo bien que se está leyéndolos. Son aforismos que recrean el mundo. Lo refundan. Las palabras siguen fieles la mirada del autor: ven algo e inmediatamente lo transforman. Al mirar, la escritura ya está viendo las metáforas y no las realidades. Aforismos cuyo racimo forma una alegoría. La de quien aprende también a jugar con el pensamiento.

sábado, 7 de mayo de 2016

Escalera

A Jesús Aguado
Un cuento con escalera me manda hacer mi profesor de microrrelatos y en mi vida me he dado mayor culada por bajar al metro ensimismada en la primera frase. Se me fue el pie de un sustantivo a un verbo y no hallé barandilla donde expresarme. Dolorida y atónita, en un peldaño, mientras la gente pasaba: páginas de novela policíaca. Un jardín de colillas, cáscaras de pipas sin pipas, una mina de bolígrafo sin bolígrafo, la varilla de unas gafas sin las gafas, el celofán de un paquete de tabaco sin paquete. Mi culo en el escalón. Pero con cuento.

jueves, 5 de mayo de 2016

Becqueriana / 90


Hay insectos que caminan sobre la superficie del agua y hay labios que levitan en contacto con otros labios. Hay barcas que surcan los cauces con el impulso que alguien le entrega a los remos y hay manos que navegan vertiendo en la piel el dulzor de la mañana. Hay saltos de agua en los que brota la espuma que la luz colorea al atravesarla y hay abrazos que destilan gemidos al sentirse cuerpo inundado por otro cuerpo. Hay lagos pacientes y lagunas inquietas en lo alto de las montañas y hay un hombro sobre el que una cabeza descansa.

martes, 3 de mayo de 2016

Becqueriana / 89


Nos habíamos sentado bajo un roble. Llevaba yo un libro en la bolsa y quisiste que te leyera una página. Eran poemas de tonos dulces, melodiosos, y la brisa de la tarde emergía del aliento de un dios benévolo y complaciente. Tras aquella página con versos que acercaron más un cuerpo al otro, quizá para escuchar mejor la voz, o tal vez para sentir en la piel los acentos que el poeta había distribuido con tanto acierto, seguí leyendo palabras que hablaban de ti y de mí hasta que los labios las convirtieron en reales. Igual que lo contó Dante.

domingo, 1 de mayo de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, y 8


Entre las figuras que visitan el jardín prefiero siempre a Ibn Al’Arabi. Se despierta antes de la salida del sol y ya parece que sus ojos vean donde no han prendido los colores. Y puede afirmarse que tampoco mira cuando ve, sino que medita. Aun sumido en las tinieblas siento cómo abandona una mano sobre una rama por acariciar acaso las flores que aguardan el primer rayo para brotar y sé que está pensando. Más. Se diría que está escrutando qué conocimiento hay en el interior de cada palabra que contempla. También cuando me mira. Y tiemblo, yo, Prunus Triloba.

viernes, 29 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 7


Pintor extraño, el invierno. Como si se hubiera gastado el dinero para comprar pigmentos en la taberna y solo le quedara para los más baratos. Ocres, pajas, limón. Cubre los campos o traza los enramados y se olvida de irisarlos. Descuidado artista, el invierno. Sus cuadros son ásperos, oscuros, silenciosos. Más dibujante que pintor, deja los lienzos a medias. Inacabadas estampas que las nubes ocultan, la niebla cubre. La nieve se apiada de tanto vacío. Pese a ser un pésimo paisajista, le queremos. En los bolsillos de su gabán guarda la semilla de los colores, al contrario que el Herbicida.

miércoles, 27 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 6


Llegué envuelto en una bolsa de plástico negra, apenas un palo mustio, débil y enjuto que sobresalía. Solo unos ojos visionarios podían ver en aquella vara sin gracia el arbusto del que brotarían tantas flores, tantas, en una esquina del jardín. Con sus manos cavó un hoyo no más grande que una cabeza, removió la tierra para mí, la oxigenó, me sacó de la bolsa que indignamente me guardaba, la desgarró y cayeron terrones de la tierra seca que se desprendieron de mis extenuadas raíces. Me plantó y dejó dentro, conmigo, algo de sí misma. Fue a buscar la regadora.

lunes, 25 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 5


Tal vez fuera el laurel quien inventara la melancolía o quizá solo quien mejor la encarna. Las ninfas alzaban su cabeza desde las aguas del río y el río era hermoso, era diáfano. Se leía en letra carolina lo que la alondra anuncia a los amantes, o lo que les evoca el ruiseñor en lo alto del sauce. Hablaban los perros, respondía la avutarda. No hay fronteras entre los seres. El limonero colorea con lunares ígneos el mantón de la niebla. Las luciérnagas entre la maleza escenifican los puntos suspensivos de las frases que el día dejó a medio decir…

sábado, 23 de abril de 2016

23 de abril de 1616


Despierta la mañana el chasquido del agua que ha saltado por la ventana al azotar piedras y arena. Le responde la imprecación que provoca y el gañido del perro alcanzado que huye en dirección a Francos, dobla la esquina, desaparece. Calle del León. Asciende un carro del que tira una mula lunática que ha heredado el ojo que le falta al arriero. Las maderas crujen bajo el peso de unos cuantos sacos, los herrajes chirrían. Del hedor nacen blasfemias. Un mirlo se detiene a trajinar por las trazas y fugaz emprende el vuelo con una lombriz columpiándose en el pico.

jueves, 21 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 4


Quien dibuje un círculo y se inscriba en su centro ha perdido el contacto con lo que le rodea. No lo ve cuando mira porque cuanto existe ha dejado de estar dentro del trazo que cercena la existencia. Solo se encontrará a sí mismo quien se considere el núcleo, el resto vivirá a sus espaldas. Como vivían el granado romano, el níspero gótico y los gatos renacentistas en este abandono antes de que llegara Ella. La que me plantó junto a la puerta, me cuidó, me quiso como quería a todo lo viviente. Una planta más, un ser entre seres.

martes, 19 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 3


Deja el río de lucir sus aguas cristalinas, los setos se llenan en días de viento de bolsas de plástico que nadie se acerca a retirar, los insecticidas acaban también con los zumbidos. Va enmudeciendo la voz que habla en las aguas, dentro del bosque, por los campos. Animal se convierte en un insulto y su valor o se mide a peso o resulta despreciable. Y conforme calla la armonía no se instaura el silencio, sino los ruidos. Mecanismos, motores, aparatos empiezan a vociferar su idioma ilegible. Mis ramas y mis flores también enronquecen. Quizá por eso Ella me cuida.

sábado, 16 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 2


Cuando está receptiva, aunque no se acerque a mi breve remolino de color, los días extienden sobre el jardín su mantel de celebración. Si oigo que llama a los gatos por el nombre, les riñe por las aventuras nocturnas, les acaricia el lomo al escabullirse. Si la veo hablar con los jacintos de poesía barroca, peinar el repeinado, avivar los colores. Si sé que estudia el movimiento de los insectos, la cadencia del canto de las aves emboscadas, el dibujo de las sombras sobre la hierba… Si está atenta a cuanto ocurre en nuestro mundo, todo de repente cobra sentido.

jueves, 14 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 1


A diferencia de los animales, cuya contemplación exige pérdida de libertad, en nuestro reino el jardín no supone humillación. Antes al contrario, se diría que es antes un invento nuestro que de los humanos; más evolución vegetal que idea de los cuidadores. Igual que ellos han alcanzado con el paso de los siglos conceptos más dignos, como el de democracia, nosotros hemos culminado en el jardín el camino de perfección. Y al igual, ay, que ellos traman recesiones y liberalismos para mancillar logros, nosotros también sentimos como retroceso algunas perversiones de nuestro paraíso, como el jardín municipal y el pipicán. 

martes, 12 de abril de 2016

Dietario de sensaciones, 12


Un té a media tarde es una bola de cristal que todo lo sabe, pero que ha decidido no adivinar nada. Dejarlo en suspenso. En el ámbar líquido se concentran los designios del universo, las maravillas, los conocimientos, las contradicciones. Se diría que el té lo conoce todo. Por eso nada le inquieta. Salvo una galleta de avena, que si se desmigaja en su interior, ambos —galleta y líquido— se funden como amantes encandilados. Nada más necesita meditar el té sobre el mundo. De ahí la paz que entrega cuando humea en la taza. Cuando regala la quietud que acerca.

domingo, 10 de abril de 2016

Dietario de sensaciones, 11


Es la noche la que desvela los colores verdaderos. No los colores con los que se rodean las cosas, ni los colores con los que se ocultan, tampoco los colores que decoran el mundo a cada instante con un matiz novedoso. No las palabras de colores que se oyen y hasta se dicen sin pensar al ir por la calle. Ni los gestos de colores que de tan aprendidos se repiten sin que nadie los solicite ni digan ninguna verdad. Tampoco los colores que visten, ni siquiera los que desnudan, para disfrazar el auténtico color. El que revela la noche.

viernes, 8 de abril de 2016

Dietario de sensaciones, 10


Soñolienta, la luz. Grisácea. El cielo, el mar. Las gaviotas graznan. Sentado en la mesa del café, junto a la cristalera, veo un paisaje moteado por la huella de las gotas de las últimas lluvias, que aún no han limpiado. El periódico en una esquina, la taza de té mediada, el cuaderno abierto en una página en blanco. La pluma, dormitando a su lado. Nada se mueve en la arena, salvo las olas, obstinadas, y las gaviotas, nerviosas. Y yo, como la hora y la playa, aletargado. A la espera de que entre por la puerta y despierte la tarde.

miércoles, 6 de abril de 2016

# 552 oiɿɒƚɘib ,yɒnƨo⅃ ɒǫɒM


Un razonamiento no vale más ni menos que el papel moneda. Ambos sirven para lo mismo: que algo pase de una mano a otra. Certifican pertenencias. Y no lo hacen ya por certidumbre ni convicción, sino únicamente por cantidad. La razón, sin embargo, no se vende; compra. Los argumentos son el papel moneda que somete voluntades. Es la libertad que las encauza. Las autopistas se alzan como gran monumento a la racionalidad. Para escribir quedan los prefijos: lo asistemático, lo irracional, lo desorientado. Cuando el convencimiento se convierte en sinónimo de conquista, solo se intuye una huida: el pensamiento desleído.

lunes, 4 de abril de 2016

# 551


A lo que queda por nombrar nadie lo ve. Y en el no oír un nombre, hasta lo innominado se desconoce a sí mismo. Se confunde con la nada, siendo algo. No hay confusión más absurda. Convierte a un inocente en reo de la galería de los penados a perpetuidad. Y como nadie lo ha nombrado se le atribuye idéntica condición a la que posee lo que ha perecido, existiendo aún. Y en el no ser leído su nombre ignora dónde habrá de darse la vuelta, cuándo tendrá que alzar la mirada, cómo sonará el lugar que replique sus pasos.

sábado, 2 de abril de 2016

# 550


Como más reales se perciben las calles de una ciudad es con su ausencia. El olor de la fritanga a mediodía, el vocerío perpetuo, la incomodidad del tráfico, la dureza del empedrado. Donde no están se huelen, se oyen, se disfrutan tal como nunca se olieron, ni se escucharon, ni seguramente produjeron gozo alguno. Solo con no caminarlas, la seducción de las calles crece. Su incertidumbre se añora; la posibilidad —ilusa— de que entre tantas cosas que ocurren sobreviva algo. Y solo ahora, cuando sucede el mayor acontecimiento, que es que nada pase, la nostalgia de lo nimio las engrandece.