sábado, 23 de mayo de 2020

De la pintura VI



Había empezado por casualidad. Un día decidió usar la bañera en lugar de ducharse porque le habían regalado, en un amigo invisible, un saquito con sales. Teñida de rosa, el agua le parecía pintura y la piel las cerdas que untaba. Se acordó de una fotografía de los años sesenta que retrataba a una mujer impregnada en pintura dibujando con su cuerpo figuras en el suelo al ser arrastrada por otra. A tanto no iba a llegar, pero salió de la bañera, despreció la toalla, y admiró cómo las traslúcidas salpicaduras ilustraban con sus brillos el parqué del piso entero.

lunes, 18 de mayo de 2020

De la pintura V



Largos, finos, ahuesados y sucios. Con restos de pintura que dibujan en la piel el trazo de líneas y cicatrices. Los mismos dedos que sujetan el pincel con precisión, que han serrado los listones y han claveteado encima la tela, ahora cuentan las monedas que dan de cambio. Y antes de entregar el cuadro, lo envuelve en la hoja de un periódico que se ha llevado por la mañana del bar donde toma el café. Y que no ha leído. Tampoco le importa que le compren una pintura u otra, con tal de regresar con lo suficiente para otra semana.

miércoles, 13 de mayo de 2020

De la pintura IV



En el arduo oleaje cromático sobre las paletas que utiliza quizá exista más pensamiento que sobre los lienzos que amontona en un rincón sin que nadie haya querido exhibirlos. En la simple madera donde coloca los colores por meditar su espesor, allí donde los mezcla obsesionado por el matiz que no existe. Luego, cuando ha tomado la decisión y el pincel los reparte por la tela, aflora solo una idea descabellada de la forma. Despropósito de las figuras. Un hueco que había dejado la historia del arte sin cubrir, de pura nimiedad, el pintor lo convierte en su esencia. Trivial.

sábado, 9 de mayo de 2020

De la pintura III



Basta con diluir blancos para reproducir lo que la luz ilumina, sin otro misterio que darle visibilidad a cuanto se está viendo. Una fachada al sur y la artesanía del artista. Prefiero el pintor que entre su mirada y la luz coloca algo, no sé, un árbol cuya sombra se extienda sobre la cal de las paredes; otro edificio, fuera de cuadro, que deje en penumbra una parte de las ventanas que ya no refulge al sol. El magisterio empieza al conseguir en los colores la umbría y en el lienzo lo que se ve, pero no acaba de verse.

lunes, 4 de mayo de 2020

De la pintura II



Cuando paseo por aquella calle, subo el repecho que se alza frente a la casa del pintor, en las afueras, y a través del balcón, abierto la mayor parte de los días, observo desde la distancia el cuadro sobre el caballete en el que esté trabajando. Aunque la mirada coincida con la dirección de la luz, la lejanía me impide admirar los detalles o la veracidad de cada color. La visión solo me sugiere una cierta idea. En alguna ocasión he visto al pintor contemplar su cuadro, encima de él, comiéndoselo. Pienso entonces que tampoco lo ve mejor que yo.

viernes, 1 de mayo de 2020

De la pintura I



Sobre el lienzo azul de la tarde los pinceles de la luz nos retratan mientras caminamos de la mano, mirándonos uno al otro, por un sendero de arena. La inquietud de los vencejos le obliga a la salpicadura, una gota negra en la tela que un giro ágil del dedo meñique directamente sobre el color convierte en movimiento de alas. Ni lo vemos, abstraídos como estamos en nosotros mismos. La brisa sobre el trigo que crece en los campos espolea el virtuosismo técnico de la luz. Un uso de crines cuya sutileza imita con perfección lo que no estamos mirando.

lunes, 27 de abril de 2020

Safo | El destierro 07



Las gaviotas. De repente no mueven el barco las sacudidas del oleaje en la madera, ni la panza tensa de la vela, ni el coro de lamentaciones de los remeros. Solo graznidos. Y en el horizonte, un bulto oscuro, un reptil de arena sobre las aguas. Siracusa. Dan ganas de sacudir las alas y de chillar con las gaviotas el nombre de los dioses dementes que mudan los destinos con un mohín en el labio superior. La «dulce bahía», la llaman los marineros que sueñan con otras geografías. El dulce muro creo que gritaré cuando mis pies reciban su aspereza.

jueves, 23 de abril de 2020

Safo | El destierro 06



Los días en Lesbos suben y bajan colinas. Con el báculo del pastor en la mano y los perros que jadean a sus pies. En el sudor que brilla sobre el pelaje de las acémilas y el chasquido de los cascos si golpean las piedras del sendero. Ante el relumbre del sol desde los herrajes y el crepitar de las sandalias al marcar el paso sobre la arena. Los días transitan. Las horas dentro del navío reverberan igualdades. Los ojos se mueven con el vaivén de las olas. No parece que exista abandono cuando nada parece dirigirse a ninguna parte.

sábado, 18 de abril de 2020

Safo | El destierro 05



El que siendo idéntico a sí mismo resulta desconocido. Impronunciable, aunque posea palabra que lo nombre. La sé. Me sujeta por la cintura desde que siendo niña descubrí las dimensiones del universo. Cualquier camino que emprendiera, allí iba. Y aun acostumbrándome a su presencia constante, nunca lo veía de cara. Desde las colinas de Ereso comprobaba cuán inabarcable era el ausente, y seguía con los juegos. Ahora son tus manos las del amante que recela. Y el escaso reino donde no reinas, las maderas húmedas que enfrían mis pies, es lo único que no eres tú, oh mar, el incógnito.

lunes, 13 de abril de 2020

Safo | El destierro 04



El atardecer construye paredes de adobe en el horizonte. Los ha dejado secar al sol durante el día en un baldío que desde babor ni se imagina. Pero basta levantar los ojos del agua para comprobar con qué premura alza el muro de la oscuridad. El que nos encierra en el gineceo con única y pálida ventana. Nos quedan los juegos con las manos, el peine con el que enmendar las travesuras del viento y los ojos, que donde no logran ver nada siempre miran el bosque de olivos cuyas ramas, de niña, me asustaban tanto como ahora la noche.

jueves, 9 de abril de 2020

Safo | El destierro 03



Como si lucieran vestida la túnica no visible de la desazón, los vientos olvidan qué les dio origen y desconocen cualquier destino que les aguarde. Reflejos de mi ansia parecen en su revolverse y alterar la honda filosofía de las aguas. Pasean el desgobierno por la enormidad vacía del espacio, pero en verdad veo que se encaminan hacia este cuadrado blanco que me aleja de donde los lugares tenían nombre. La vela los reúne como mantel de un ágape funesto. Y sentados a la mesa alzan sendos cálices de oro para arrancarme en cada sorbo de distancia una palabra mía.

sábado, 4 de abril de 2020

Safo | El destierro 02



Ni las vocales de la infancia en los arroyos por las calles durante las lluvias. Ni las consonantes, camino del templo, enredadas en el peplo que el sol sigue por verse brillar. Tampoco las tinajas enterradas en la arena con la cosecha transformándose en espíritu. Y de las canciones que aprendíamos en el gineceo durante el vuelo de las tabas queda el murmullo con el que se desea ahogar en los oídos el gemido coral de los remeros. El tiempo es el agua de la ola cuando se retira tras borrar las huellas de quien había ido en su busca.

miércoles, 1 de abril de 2020

Safo | El destierro 01



Por más torpes que los barcos parezcan, sin caminos por donde alejarse, sin siquiera una pareja de caballos que los arrastren, se van. Abandonan las palabras, el papiro de súbito se queda impoluto, ni una mancha de tinta que se parezca a una letra. Por más que la espuma que se arremolina en popa crea que escribe. Pero, en verdad, borra. Ni las antorchas encendidas en la noche quedan de Mitilene. Ni las suaves colinas sobre las que se tumba a descansar su nombre. Al regresar a proa por leer el mar, me asustan los renglones que nadie ha escrito.

sábado, 28 de marzo de 2020

1493 | El estudiante Fernando de Rojas en el claustro de la Catedral



Bajo el colchón es el primer lugar donde buscarlos. En un manto envueltos. Ideal para el verano, pero ¿cómo salgo en noviembre? En el arcón mayor ni pensarlo, se abre solo ¿Qué haré con estos papeles? Soñarlos. Eso ya lo sé. Tan dulce como arisca, Melibea. No tenía ningún nombre y ahora no me lo quito de la cabeza. Menudo patán Calixto. He de volver a leerlos esta noche, a la intimidad de la vela les crecerá la emoción. Antes he de encontrar un lugar donde esconderlos, aunque papeles revueltos sobre la mesa en cuarto de estudiante, ¿quién muestra interés?

martes, 24 de marzo de 2020

1485 | Luisa Manrique de Lara Castañeda habla de su padre



No se me dan bien. Mi madre guarda entre paños las dos que le encontraron en la loriga, no hace mucho me lo confesó. Era una niña entonces, y aún no he dejado de serlo. Mi padre le hizo coplas a la muerte del suyo, que tan breve tiempo le precedió, pero qué coplas podría escribirle yo si ni siquiera me acuerdo de cómo era. Y además, nunca me casan los acentos. De su muerte apenas guardo algunos sonidos. La aspereza de unos golpes en plena noche, relincho de un caballo, tamborileo de pasos arriba y abajo, un estremecedor alarido.

jueves, 19 de marzo de 2020

1432 | Íñigo López de Mendoza le escribe una carta a su amigo Ausiàs March



No ser señor de este tiempo ni de aquel. Oler el mar de Gandía en una gavilla de cebada. Escribir en castellano y cantar en provenzal. Montar a caballo una mañana que congela los alientos y añorar el azote de las llamas en el rostro que descansa sobre la caricia octogonal de una alfombra trenzada en Alcaraz. Pensar como un pastor en sus majadas y hablar como un caballero en sus dialectos. Ser del presente y no andar con las sombras. Haber ganado una batalla contra el silencio del bosque. Pero siempre, sin ser Pelayo, presto a abandonar la montería.

domingo, 15 de marzo de 2020

1340 | Juan Ruiz medita sobre las cuadernas vías escritas para que las cantaran los ciegos



No hay controversia menuda. Cuanto más altos los muros, mayor facilidad para saltarlos con el brinco de la imaginación; cuanto más anchos, mejores grietas. Todo lo que veo con los ojos quietos del sueño lo vierten real los pasos de baile de la tinta oscura sobre la arena blanca. No se conoce báculo que no se combe ni río que se abstenga de zigzaguear. Las memorias inventadas cobran vida en la voz de quien no puede verlas. Nada hay como reírse para tomar en serio la demencia del mundo. Las calles en cuesta de Hita, en el llano del cautiverio.

martes, 10 de marzo de 2020

1264 | Berceo, «ya cansado», se despide de los novicios



Desde que rezo bajo esta techumbre, en el interior infinito de estos muros de antiguas piedras, el río Cárdenas no ha dejado de irse, y lo hace para mantener presente, cada una de las noches, el murmullo que salta la tapia tras las Completas. Tampoco la tinta en la que unto el cálamo a diario ha dejado de encaminarse pausadamente hacia las palabras y en ellas encarnarse para que permanezcan fijas, señeras, en el pergamino. Igual que la nieve cae en invierno para revivir en Nuestra Señora de Marzo, así su blancura cubre a los mortales para salvarles del tiempo.

jueves, 5 de marzo de 2020

1201 | João Soares de Paiva (c.1140) compone una cantiga



Abandonados para siempre los caminos que impregnan de parda compañía el manto azul, con apenas el bonete plumado y una gonela ligera, el señor de Castelo cruza la alegre cantinela del río Paiva por sus pasarelas de piedra. El verano canta en el coro de cigarras hasta confundir el fragor enemigo que aún restriega sus asperezas por las paredes de la memoria. Cuando el agua oscurece el guadamecí del calzado y la agreste soledad del monte se transforma en sensaciones y melodía, en mitad del cauce Joham Soares le arranca a la cítola las más estremecedoras, extrañas, palabras de amor.

domingo, 1 de marzo de 2020

1101 | «Vna ninna de nuef annos a oio se paraua»



Paño como este ni en sueños. Aljuba de llamarse don, zaragüelles de acariciar. Y no, no lo he robado. Nadie daría una piedra del camino por lo que se me ocurrió. Sin mal de nadie. Todo regalado. Por mi madre, que fue la que me contó que de niña a don Rodrigo Díaz vio cruzar Burgos. No le asustó la nariz arrugada de su caballo ni el relincho. Le habló. Mi madre era un caso. Tantas veces me lo contó que me puse a recordarlo el otro día en la plaza y no encontraban qué darme que tuviera más valor.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Unterschleissheim



Sí, no me queda más remedio que reconocerlo. Me he enamorado. Dicen que el amor no es pragmático, pues se equivocan. No he llegado tarde ni una sola mañana a la oficina, como tenía por costumbre hasta el día en el que alcancé de milagro el de las 8:29. Entré cuando las puertas se cerraban. Y la descubrí allí, mirando el móvil, indemne al gentío. A veces sonreía ella sola, como si le hubiera enviado yo un mensaje desde otro mundo. Me sitúo cerca, pero discreto. He meditado decirle algo, pero temo que el mínimo mohín de rechazo me desenamore.

sábado, 22 de febrero de 2020

Unterföhring



Me pidió que no fuera. Que me quedara por ella. Como si tuviera que actuar por la gente y no por mí mismo. Porque me apetece. Porque me da la gana. Como si tuviese que dar explicaciones de lo que haga o deje de hacer. Por ella. Qué gracia me hizo. ¿Qué hace ella por mí?, esta es una buena pregunta. Nadie sabe hacerse buenas preguntas, solo meterse en medio. Y en mí no manda nadie. Lo que quiera. Lo que se me ocurra. Eso haré. Subirme al tren en cuanto venga e ir. Porque ir es superior a mí.

martes, 18 de febrero de 2020

Neufahrn



Que un día, mañana quizá, añore la parsimonia con la que el reloj se acerca a la llegada del tren, el viento que sacude los andenes, la gente que se arremolina donde se abrirán las puertas y los vaivenes del trayecto sujeta a una barra que repueblan de microbios infinidad de manos. Que prefiera el zumbido destemplado del despertador, el café de estampida, la noche aún pegada a fachadas y cielo, eso a cualquier otra cosa que me aguarde. Que lo encuentre ya hermoso ahora, que voy a entregar la baja que me firmó ayer, en la consulta, la oncóloga.

viernes, 14 de febrero de 2020

Lohhof



Habrá un día, y espero que no sea como este tren y no tarde en llegar, en el que me moriré de la risa de toda esta gente que espera de pie, a punto de congelarse, con la vista perdida en un punto donde las dos paralelas se unen, y lo que las une no aparece. Me partiré el pecho pensando en las puertas que se abren y la multitud que se arrolla por entrar en un vehículo que jamás van a conducir. En ese momento cambiaré de marcha y apretaré el acelerador diciendo bye bye trenecito. No falta tanto.

domingo, 9 de febrero de 2020

Johanneskirchen



De hecho, no puedo decir que sean conocidos. Ni sé sus nombres, nada de sus trabajos y menos de su carácter. Que han de tenerlo. A veces una forma de anudarse el pañuelo de cuello o de golpear el cemento del andén con la puntera de la bota permiten intuirlo. Pero tampoco puedo decir que sean desconocidos. Cada mañana laborable aparecen puntuales para tomar el tren de las 8:14 —siempre he pensado que los minutos se deciden para quienes redondean las horas. A las ocho y cuarto ya lo han perdido. Algunos días incluso paso lista. Y sé quién falta.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Ingolstadt Hbf



De tener que construir algo útil para la raza humana, asunto harto improbable, diseñaría un túnel vertical y un convoy que lo enfilara vertiginoso rumbo a los magmas ígneos del centro de la tierra. No con la pretensión de enviar allí a la pequeña multitud que aguarda arracimada el tren a estas horas, qué va, sino para lo contrario, por salvarla de estas agónicas esperas. La convicción de que nunca llegarían a ninguna parte en tren alejaría a los seres humanos de las estaciones, de las que huirían asustados, y los retendría en sus pequeñas huertas, junto a los corrales.

sábado, 1 de febrero de 2020

Daglfing



No todas las que se sientan solas en los bancos del andén han de ser necesariamente personas solitarias. Yo mismo puedo ser un ejemplo. He dejado la mochila sobre mi asiento de la derecha para ocupar el último a la izquierda. Así me quedan las manos libres para manipular la pantalla del móvil mientras acabo con la bolsa de nachos. Me parecería injusto que me tomaran por quien no soy. En especial quienes arrastran maletas y parecen emprender un viaje a un lugar mejor que este. Siempre he pensado que las pasean vacías, solo para aparentar lo que no hacen.

martes, 28 de enero de 2020

La margen del río Uji (tríptico)



1 
De camino, anduve durante tres días por un sendero en paralelo al río Seta, desde la orilla del Lago Biwa hasta Uji. Procuré no atender las preguntas de ningún caminante, en conversación única con el murmullo del caudal que descendía. Me contaba su presente de agua e invierno. El viento y los pájaros lo traducían a palabras que anotaba en mi cuaderno con caligrafía rápida, dispar. Solo para mi lectura. Al entrar en el Templo del Poema, el destino del viaje, hallé el getabako a rebosar de sandalias. Con las mías en la mano vi que me contemplaba un búho. 
Quizá por la costumbre de atender al rumor de los juncos, el caso es que sentí vértigos al acceder a la sala donde el fragor de los poetas deslucía el corte de sus kimonos. Se diría que convocados a un concurso de elegancia para desvergonzados. En un rincón del tatami hice seiza con mi fatigado cuerpo y mi escandalizada mente. No tardó en aparecer entre la multitud arremolinada de artistas el heddo de la reunión, ni siquiera para dejarle hablar se moldeó un respetuoso silencio. Aun así, elevó la voz cuanto pudo y sin dejar de reír anunció el tema. 
3 
«Poema de la mañana siguiente», incrédulo oí retumbar el vozarrón. Hasta el washi de las paredes tembló, no de emoción. Los artistas siguieron tranquilamente de cháchara, luciendo cada cual su acento. Luego se desperdigaron por el jardín del Templo. Desplegué ahí mismo mi pliego de papel de arroz, lo sujeté con el pisapapeles, deshice la tinta en el tintero y el pincel de bambú desgranó diecisiete signos en dos columnas: «No es ayer palabra que existiera hasta este día». Lo abandoné sin sello. Limpié el pincel, el tintero. Me levanté, me fui. Antes de llegar ya había perdido el concurso.

viernes, 24 de enero de 2020

Dietario de sensaciones, 70



La tarde se sienta en un banco del paseo cuando se ve a sí misma desvalida. «Me canso», se dice para justificar que no sigan llegando a todas partes sus dorados de orfebrería. Y cuando se ha sentado, la dama de la noche lo aprovecha para cubrir con su túnica la realidad. Lo hace subrepticiamente. Aún a la tarde le queda un ápice de fuerza y quiere levantarse. La sangre se le agolpa en la cabeza, con el esfuerzo, y el cielo se torna malva. Es cuando la tomo del brazo y la acompaño mientras se marcha despacio cielo adentro.

domingo, 19 de enero de 2020

Dietario de sensaciones, 69



Una infusión de destellos dorados. Diáfana. Humeante. El tintineo de una cucharilla. La noche interpreta la melodía del silencio en un piano cuyas teclas se encuentran dispersas por el interior de los cuerpos. Una gota de miel se diluye en el líquido con movimientos de buceador. Los objetos cuelgan ingrávidos en el aire justo en el instante en el que se detiene el tiempo para que un sorbo acaricie los labios y los conquiste la suavidad del sabor. Cuando vuelve la taza a la mesa regresan las cosas a los soportes que las sostienen y el pianista inicia una sonata.

martes, 14 de enero de 2020

Dietario de sensaciones, 68



Corren. Su único propósito es correr. Kilómetros y kilómetros en un campo de hierba al que algún labrador mira con la desconfianza del despilfarro. Van detrás de una pelota, que corre más que nadie porque siempre va por delante, aunque carezca de piernas. Hay unos cuantos que no paran, pero hay otros que están sentados. Aunque gritan más. Especialmente cuando la bola es cazada por una red gigante que hay a ambos lados del baldío. Lo observo a lo lejos. Sin excesiva atención. Es como un decorado navideño que sigue sobreviviendo en enero. Tanto movimiento reconozco que hipnotiza. Da sueño.

viernes, 10 de enero de 2020

Dietario de sensaciones, 67



Aquí y allá. Como manchas en el uniforme de un soldado descuidado crecen desperdigadas. Desprecian la firmeza y el valor de lo dorado, prefieren la textura suave de un pañuelo de seda. Se dejan mecer por la brisa y que la brisa gobierne sus rumbos. Allá y aquí, carecen de orden, de sentido, de dibujo. Viven entre los demás y no buscan afines para afirmarse consecuentes. Son casuales, esporádicas, leves, intermitentes, cariñosas. Desprecian el control del territorio, solo ponen acentos que endulzan su pronunciación. Los pintores paisajistas las aman. Dejan caer una gota roja en el lienzo, nace una amapola.

domingo, 5 de enero de 2020

Pequeño cuento de la Noche de Reyes



El atardecer de invierno bosteza en el andén mientras los trenes llegan y parten hacia destinos indescifrables. Guarda el billete en la cartera, y la cartera en el bolsillo interior del abrigo. Luego lo dobla sobre la maleta que ha dejado en el suelo. Nada le llama la atención, pero en un instante, como por arte de magia, la maleta ha desaparecido. ¿Cartera, documentación? Un país extranjero, no conoce a nadie ni habla la lengua. ¡Mi abrigo…!, grita. Un tipo barbudo, vintage, pelirrojo le tira de la manga y señala sonriendo al otro costado. La maleta volcada. El abrigo doblado.

miércoles, 1 de enero de 2020

Teatrillo de Año Nuevo



—¿Nuevo? ¿Qué quiere decir nuevo?
—Ya sabe, que el papel aún huela a tinta.
—Tiene que ir a otra liberaría, aquí solo se venden libros viejos.
—¿Viejos?
—Usados. Bueno, si quiere tengo la primera edición. Aquí está.
—La cifra que aparece en la página, ¿es el precio?
—De cortesía. Correcto.
—¿Precio de cortesía lo llama? Si vale diez veces más caro que nuevo.
—No, página. Página de cortesía.
—¿Y la primera no se considera nueva a este precio?
—En su tiempo lo fue.
—Ah, entonces ¿vale usted más de viejo que de joven?
—Yo no, pero mi primera decisión sí.

sábado, 28 de diciembre de 2019

Bye, bye 2019



La iconografía de la muerte impresiona. Un fogonazo, de noche. De día, la súbita ceguera de una lengua de humo. Un portazo y su estridencia como preámbulo a la quietud. Los postigos cerrados en la casa donde los cristales no reflejan los rayos de sol. La imaginería de la muerte se trenza. Persecución del Viejo por el Nuevo; quien la contempla, sentado, vestido con una túnica raída y un báculo en la mano, sostiene el punto de vista. El pulgar romano invertido. Por esa razón te pido que te vayas, Dos Punto Diecinueve, como si fuera yo quien lo decidiera.

martes, 24 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 66



Nunca se acaba de jugar. Un día, tan lejano como incomprensible, alguien les llamó para el baño, la cena, el sueño e interrumpieron plaza, columpios, pilla-pilla… con un extraño malhumor que hoy se llamaría desolación. El día que se quedó sin tiempo sigue ahí, en la memoria de lo olvidado; quiere continuar en la niña y en el niño que con cara seria tuvieron que abandonar el paraíso. Niña y niño que recuperan de repente la antigua sonrisa del rostro, la utopía del tiempo de juego infinito, cuando echando a correr una al otro grita A que no me pillas.

viernes, 20 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 65



Las máquinas hablan para sentirse hablar. Son seres ensimismados. No lograron aprender música porque jamás han oído nada que no sea ellas conversando consigo mismas. Desconocen lo que es un lamento, una caricia, un silencio, aquello que necesita ser escuchado. De ahí que parezcan tan cargantes como las personas que las imitan, las que solo hablan para oírse. También máquinas. Lo que define una máquina, la incapacidad para detenerse a apreciar el canto de un pájaro, el batir de una ola sobre la arena, la sinfonía estival de los grillos. Quien no ha oído la pinaza crujir bajos sus pasos.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 64



En su piano el amanecer interpreta, en una esquina del cuarto, una pieza solitaria que nadie escucha, atento cada cual a sus propios sueños. El anochecer, sin embargo, dirige una gran orquesta en un fastuoso teatro, decenas de músicos vestidos con uniformes de colores brillantes frente a una multitud dispuesta a lanzar sus bravo en cuanto el director cierre el puño, la música cese de repente y deje su eco prendido en las cortinas de terciopelo. El amanecer llega despacio, coloca la partitura en el atril y apenas se oyen las notas cuando empieza a salpicarlas. Mientras el público duerme.

martes, 10 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 63



Detrás de las palabras, de su combinación armónica de sílabas y de ideas, existe una partitura. Escrita, como todas, en un sobrio pentagrama. Cinco alambres tensos sobre un patio de baldosas de tierra cocida. Por las mañanas, la luz aprende ahí la lección de las paralelas. Y a veces alguien sujeta bocabajo piezas de ropa equilibristas que se balancean poco o mucho conforme el viento de la tarde sople o ruja. Cuando nadie usa las cinco líneas, una bandada de gorriones se detiene en los alambres. Uno aquí y otro allá. Componen una instantánea casual que se contempla en silencio.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 62



Las hojas. Dicharacheras, coquetas. Se visten de verde para los días luminosos. Bailan con cualquier ritmo que les ofrezca la orquesta del viento. Se multiplican. Durante las largas mañanas del verano se entretienen haciendo dibujos sobre el suelo. Siempre el mismo dibujo y a cada momento plasmado en un lugar diferente. Es su pequeño milagro anticientífico: logran que sea el sol quien vaya dando vueltas a su alrededor, como si fuera un admirador más. Como quien las estudia. Las acaricia y luego guarda una entre las páginas del libro que camina en el macuto. Las hojas. Con sus viejas canciones.