¿Por qué compraba pinzas de colores si luego, cuando tendía, las sacaba de la cesta alargando el brazo hacia atrás, sin mirar siquiera un instante la que sus dedos seleccionaban? A Gerôme le parecía la misma prosa de los anuncios, de los periódicos, de las novelas. Las palabras igualmente lanzadas al recipiente de la hoja sin ton ni son. El mismo caos que el tráfico en las avenidas de París. No tendía Gerôme por ayudar a su madre, sino para ofrecer poesía desde el patio de vecindad; soñaba que la armonía cromática entre pinzas y ropas encandilaba algún corazón desconocido.
martes 7 de julio de 2009
sábado 4 de julio de 2009
«Vagas noticias de Klamm», de José Sanchis Sinisterra, en la sala Beckett
Citas de Beckett, citas de Pinter, citas de Brecht, citas de Melville... autocitas. ¿Son memoria o listas de enlaces en una ideación hipertextual? Citas siempre vacías: la máquina de los ruidos, la de escribir, Klamm: son retórica de lo que fue teatro. La obra parece remontar, con la misma devoción, el curso de las décadas. Hasta los setenta: sociedad, parodia, épica y hasta una interpretación de alumnos de taller de teatro del instituto. ¿Y Klamm? Citas: única noticia. Tanto conocimiento para arropar errores de principiante: un final tan desangelado. La idea, sin embargo, me enternece: erudición teatral e ingenuidad dramática.
jueves 2 de julio de 2009
A vueltas con la vida recién estrenada: incomprensiones de quien no ha merecido comprensión. (Tríptico)
Encuentro en El silencio de la tragedia, de Hertmans, la explicación de cuanto quise escribir en la novela: mostrar la imposibilidad del presente para concebir con sentido trágico sus tragedias. El pensamiento inflamado, enfático, en clave de burda comedia del personaje que encarnaba esta imposibilidad iba escrito en un lenguaje inflamado, enfático, tópico. ¿De otra manera debería haberlo hecho para contentar a mis reseñistas futuros? ¿O no se han dado cuenta ellos de que el libro está escrito en dos tonalidades? ¿Ha de escribir uno con previsión de las ideas preconcebidas y los prejuicios estéticos en los reseñistas al uso?
(2)
Dice Hertmans que «ya no hay exterioridad, ningún lugar fuera de nosotros para penar por las tragedias de nuestro tiempo». Es posible, aunque la novela parte de la existencia en el presente de un lugar fuera de la subjetividad para penar los sinsentidos; es decir, un lugar del que se ha desterrado la ironía autocomplaciente y la risa cegadora. El Holocausto tiene para nosotros la perdida dimensión cósmica de las tragedias antiguas, pues muestra el último gran duelo entre los hombres y los dioses: la pretensión humana de incluir el exterminio entre los parámetros cartesianos de la racionalidad (nuestro dios).
(3)
Estos personajes de la novela que no son nadie (así señala el reseñista, enfadándose conmigo) por fuerza han de ser nadie: carentes de la conciencia crítica que hoy exige la tipificación del fenómeno: el héroe que se enfrenta a los nazis. Han de ser nadie para encarnar el pavor y la parálisis que preludian el sometimiento ante la nueva ley racional (divina): el exterminio como superación de la especie. Sólo quien se arrogue la muerte del profesor se alzará sobre el dios vencido de la conmiseración. Sólo quienes comprendan al arrogante serán premiados con el sentido de la nueva racionalidad.
lunes 29 de junio de 2009
«Retrato de Shunkin», de Tanizaki

En esa suerte de historia universal de las pasiones amorosas paradójicas que forman las novelas breves de Junichiro Tanizaki (1886-1965), Retrato de Shunkin se plantea y desarrolla como el amor asimétrico entre la dama aristocrática, genial y ciega, y el criado lerdo y servicial. De hecho el amor se funda en la imposibilidad de la existencia de la pareja. Cuando Tanizaki ha convencido al lector de la necesidad de esta asimetría para mantener el sentimiento, la historia da un giro y los personajes descubren que aún quedaba amor por desvelar: el más sublime, el que nace en la completa simetría.
jueves 25 de junio de 2009
Los tranvías
Estambul. Foto de DamielPara José Antonio Montano, que anduvo buscando a Ohelah por calles encharcadas
Desprecia los tranvías. Ohelah prefiere caminar durante horas por las calles de Estambul desde el supermercado donde trabaja. Soporta con paciencia los grupos de niños que le salen al paso para molestarla de algún modo, transige con los vendedores ambulantes que la asaltan en las aceras, procura no tropezar en el empedrado ni perderse por las callejas que toma para ir escribiendo con sus pasos, sobre un mapa imaginario, el nombre dulce del amado: AASHIQ. Tras rodear la plaza que dibuja la Q, se siente abandonada por la vida y espera a que el primer tranvía que pase la recoja.
lunes 22 de junio de 2009
Summertime (Gershwin, 1935)
El verano que abre las ventanas y que entorna las puertas me impedirá verla. El verano que brinca entre las piernas de las muchachas alzándoles las faldas y que descubre el torso sudoroso de los repartidores la ocultará. El verano que distribuye su gelatina por los cuartos y que inunda las calles con una luz caprichosa que parece no gastarse nunca le devolverá a mis manos la condición inútil de la utilidad. El verano se erguirá sobre la pira para que arda, melancolía, tu peso de manta antigua y el chapoteo constante de la lluvia en los canalones de hojalata.
sábado 20 de junio de 2009
Vida de novelista (y 5): el buhonero
Una novela es un vertedero. Quien la escribe acumula desperdicios de tiempo en su prosa. Entierra entre inmundicias amontonadas un sinfín de instantes en los que tuvo que decidir una palabra. En los que una palabra daba cuerpo o no a un personaje y su peripecia. Estos —es decir, el argumento— devoran cuanto cae en su escombrera. Es lo que encuentran los críticos cuando buscan algo que decir por sesenta euros. Uno novela es el légamos que deja en la ribera la crecida. Hay quien lo ve todo enrunado; hay quien remueve el cascajo y descubre lúcido los instantes abandonados.
viernes 19 de junio de 2009
Vida de novelista (4): el añorado
Ignoro las razones por las que un joven decide convertirse en novelistas, y a poco que piense también desconozco los motivos que me han llevado por este frecuentado camino. La novela ha sido siempre, para mí, la manera más fácil de no tener que escribir poesía. Lo que me justificaba, como si fuera un escolar que no ha hecho los deberes. Callar hubiera sido más sencillo. Lo he anhelado. El silencio: mi fracaso más pertinaz. Apagar el fuego con fuego. Quizá, pero el fuego de la novela es agua tibia —reconforta, elude— frente al vértigo del poema. Peor: su añoranza.
miércoles 17 de junio de 2009
Vida de novelista (3): el itinerante
Llego a una ciudad para presentar la novela. La víspera un periodista me ha hecho una entrevista telefónica. Como guardo celosamente explicaciones y respuestas para el acto, le respondo merodeos, trivialidades. Compro el diario local y veo la página con desagrado. Va ilustrada con una foto de otra época, bajada de Internet, borrosa. A su hora, en un ilustre palacio, desvelo las esencias del libro ante una docena de personas que miran insondables. Un fotógrafo me asedia. Al día siguiente, sin embargo, nada se publica. Me pregunto si me habré equivocado. Pero no: la realidad y yo compartimos gustos anacrónicos.
lunes 15 de junio de 2009
Vida de novelista (2): el efímero
De mis veranos de adolescente recuerdo la pregunta que todos repetían nada más verme llegar al pueblo donde iba a pasar las vacaciones: ¿Cuándo te vas? En mis veraneos de novelista recién llegado al oficio choco con una pregunta igual de frustrante: ¿Qué está escribiendo? El libro, que aún huele a tinta, está sobre la mesa, la posibilidad de que algún día lo lea quien me interroga me parece remota; sin embargo, he de responder a esta cuestión palpitante. Miento: un escritor siempre tiene algo cociéndose en el horno. Presentar novelas es lo único que amputa la voluntad de escribirlas.
sábado 13 de junio de 2009
Vida de novelista (1): el impostor
Se publica una reseña francamente desfavorable. La leo en un café y me asalta una repentina euforia. Desvelado el intruso que hay en mí, nada temo. Uno llega al mundo literario desde la ingenuidad. Ha escrito un libro. Lo manda a un editor, lo presenta a un premio. Se publica, quizá le paguen bien, lo que no recibieron ni Pessoa ni Kafka. Una sospecha empieza a corroerle: ¿me habré colado en un mundo al que no he sido invitado? Un crítico me señala: ¡soy un impostor! Me siento como un personaje de Jim Thompson tras el tercer güisqui en ayunas.
jueves 11 de junio de 2009
Pastiche literario sobre hechos verídicos en recuerdo del poeta Jorge Gomes Miranda
Abre el ojo de buey que me permite contemplarlo cuando mira cómo mis entrañas zarandean su colada. Me vacía con gesto malhumorado, por las molestias en su espalda. Apila la ropa sobre la tapa del cesto. El montoncito crece en pobre equilibrio. Entonces suena el timbre. Al erguirse, una mitad de su cuerpo gira hacia la puerta del lavadero y la otra se lanza sobre la torre de ropa que amenaza con desplomarse. La cabeza no entiende al cuerpo y se golpea con un borde de aluminio. Sangra. El cartero aguarda con un paquete. Encuentra el libro cuando lo abre. lunes 8 de junio de 2009
Azulejo sanitario y escombros
Al fondo del pasillo, quizá con los pies descalzos para que el frescor de las losas compense el bochorno de las noches de verano. O quizá arrastrando las zapatillas por el corredor, con frío, sin despertar aún el cuerpo mientras se orina, a oscuras, con los ojos cerrados. O con los ojos prendidos del ventanuco por donde se airea o de la cortina ennegrecida de la ducha, con tal de evitar la mirada del espejo. Siempre al fondo del pasillo la silenciosa e inhábil construcción de la intimidad con secreciones. Penosas soledades que sin miramiento descubre la empresa de derribos.
domingo 7 de junio de 2009
Europa
Lo veo venir: van a echar la culpa de la abstención que se avecina a los ciudadanos. Para los ciudadanos Europa es parte de la vida cotidiana —quién no ha viajado por sus ciudades en los vuelos baratos, quién no tiene amistades por todo el continente, quién no lee sus periódicos en Internet, quién no admira una escritora o un futbolista... de Europa como si fuera suyo—, y, sin embargo, ¿dónde está el marco político que ampare esta comunidad de facto? ¿En qué candidatura? Estas elecciones son como preguntarle a un homo sapiens qué chimpancé quiere que le represente.
viernes 5 de junio de 2009
Tonteos
Isabel: eso que tu llamas tonteos son poemas, sin duda alguna; y lo que contemplas como entretenimiento de ordenador sobre las piernas en el sofá no es otra cosa que escritura. Posiblemente lo otro, la otra escritura que soñamos como un corpus precioso y perfecto no sea ya más que un espejismo. No hay más escritura que la que escribimos cada día. Y ésta se construye siempre a nuestras espaldas, por la sencilla razón de que si la hiciéramos a propósito nunca descubriríamos nada. Resulta evidente, ¿no? ¿Cómo vamos a descubrir qué si escribimos a propósito para descubrir algo nuevo?
miércoles 3 de junio de 2009
De sitios y jardines
En la caseta de Páginas de Espuma, en la Feria de Madrid, mientras contemplo cubiertas se acerca un tipo alto, con cierta ansiedad, y pregunta: no tendrán ustedes un libro que se titula el sitio de Leningrado. Cómo me hubiera gustado escribir esa novela para este lector. En ella contaría cómo —con la gracia de los cisnes del estanque aún prendida en nuestras sonrisas— nos adentramos en lo más acogedor de la alameda, de la mano, hasta un maltrecho banco solitario donde floreció, en nuestro abrazo, el beso más dulce. El Jardín de Verano es mi sitio predilecto de Leningrado.
lunes 1 de junio de 2009
Galería de charcos
Suele considerarse, en tiempos modernos, que las decisiones estructurales —en especial la extensión de un texto— dependen directamente del contenido. No coincide con mi experiencia de escritura. Igual de absurdo resulta escribir un soneto que prescindir de su enseñanza formal: su tensión la pautan los catorce versos, no el tema. El sometimiento del contenido a las formas es la única norma de la tradición que prefiero no olvidar. De ahí las cien palabras: los charcos que quedan en la calzada tras el chaparrón. El breve perímetro de su cristal sucio no capta el bulevar, pero algo refleja. Como el soneto.
jueves 28 de mayo de 2009
Nostalgia de los suplementos literarios
El fallecimiento reciente de un crítico me recuerda la agonía del oficio que practicaba. El modo como años atrás fue apartado del diario donde trabajaba Ignacio E. (aunque no me gustaran sus argumentos, con frecuencia apriorísticos: igual podían servir para denostar un libro que para ensalzarlo) ilustra el óbito de la crítica literaria en los periódicos; el día en el que el redactor jefe se dijo faltaría más que pueda escribir lo que le dé la gana por encima de los intereses (lo que de hecho pensaban todos: editores, autores y hasta críticos) y actuó en consecuencia: instaurando el boletín.
lunes 25 de mayo de 2009
Turistas
Me siento en la plaza de la Sagrada Familia a ver pasar turistas. Igual que ellos contemplan la ciudad feliz de los monumentos y sus bellezas, yo admiro la pasión de la pareja viajera, la amistad de los grupos de amigos, el espíritu familiar de las familias. Ni ellos ni yo asistimos a un espejismo. La ingenuidad que rodea al turismo es una vía necesaria para la felicidad: creer que el mundo está bien hecho en otra parte. Lo que no saben de nosotros —lo que no sé de ellos— permite la percepción sólo de lo amable. Que también existe.
viernes 22 de mayo de 2009
Addenda a «Me acuerdo», de Elías Moro, en Calambur
ME ACUERDO de la primera carta que recibí de Elías. Como si protagonizáramos una película de espías, llegó con una contraseña para que le reconociera: los tranvías de Lisboa.ME ACUERDO de que me había olvidado de que leí la primera edición, más breve que ésta, de Me acuerdo; pero me acordé de que lo había leído en cuanto puse los ojos en sus versículos, algunos acaso relato.
ME ACUERDO de tantas cosas cuando lo leo. De las trencas, los gordinis, los tentetiesos, los plomos fundidos. De que quise ser impresor. Y de que mi madre también me llamaba Adán.
jueves 21 de mayo de 2009
Blusa malva y asfalto
Al tacto siempre lo nuevo vibra, cruje. El chasquido de la bolsa de celofán al dejarla sobre el mostrador. El frufrú del papel de seda que da cuerpo a la prenda doblada, al desdoblarla. Pan horneado, hoja de laurel desprendida de la rama. Llamita que se enciende en los ojos es el color no desgastado por la luz, un tintineo de puertas que se abren. En la baraja de lo nuevo falta siempre el as del deterioro. Quizá por eso tiemblen las manos necesitadas de esta ausencia. Incautas manos que en casa tirarán celofán, papel y crujidos a la basura. martes 19 de mayo de 2009
Alberto:
está bien que vayas escribiendo mientras aguardas —o la buscas, da igual— la llegada de la poesía. Como posiblemente se retrase, no por ella, que suele ser dama puntual (un oxímoron como otro cualquiera), sino por ti, que la recuerdas como una pequeña emoción efímera cuando acaso ya sólo sea una conmoción cerebral, pues no está mal escribir otras cosas, de otro modo, contarlo incluso si uno no sabe de qué hablar. De hecho, cuando haya pasado el tiempo tal vez descubras que su ausencia es lo mejor que te ha dado. Ella es así. Kafka la llamó la metamorfosis.
domingo 17 de mayo de 2009
Mompou
Barcelona, composició decorativa, 1932. Óleo.En cuanto uno se detiene a observar los cuadros de Josep Mompou (1888-1968) expuestos en La Pedrera descubre no pocas paradojas en el remanso de su coherencia. La que más sorprende: que siendo un pintor culto que encubre las citas con discreción y elegancia, su mirada hacia la realidad coincida siempre con la tópica del paisajista de fin de semana. Su afición a las naturalezas muertas contrasta con una aspiración colorista inquietante. La distancia sentimental que impone a los motivos, propia del convencionalismo burgués, no logra ocultar un aire cosmopolita. Y al revés, su cosmopolitismo se tiñe de tristeza provinciana.
viernes 15 de mayo de 2009
Económicos economistas
La consecuencia más cargante y antipática de la crisis es que vaya uno por donde fuere siempre encuentra a alguien hablando de economía. La economía es la única ciencia cuyo conocimiento tiende a la simplificación y generalización máximas. Dicen «3% de PIB» como si fuera una revelación. Suelo compararlo, entonces, con alguien que al regresar de Estambul afirme «los turcos usan bigote» como sublime exponente de su experiencia. Con todo, estas simplificaciones resultan lo más sensato que se escucha decir a los economistas; cuando se ponen a hablar de la sociedad y la analizan con más palabras, provocan vergüenza ajena.
miércoles 13 de mayo de 2009
Hildur
Ayer, en la cripta de La Central del Raval alumbramos Hildur. Oficia sobre la memoria Mauricio Wiesenthal, proustianamente. Toni Montesinos, impaciente por condición, habla «bien e tan mesurado» de la paciencia. La literatura órfica estrena su novela sobre Eurídice. No sé por qué el regreso de Orfeo a las tinieblas uno se lo imagina camino de los cielos. Acaso porque el infierno esté siempre en la orilla de aquí. Hildur/Eurídice emprende el aciago viaje a la vida en busca del busto de sal de su amado. Aunque la sal le entre por los ojos, por la boca, por el alma.
domingo 10 de mayo de 2009
Multatuli (tríptico)
(1)
En Ámsterdam, conforme se sale de este café, a la derecha, en mitad del puente que cruza el canal, donde antiguamente se alzaba una torre carcelaria, hay una escultura de piedra oscura que evoca la figura de Multatuli, seudónimo del escritor Eduard Douwes Dekker (1820-1887). Su novela más célebre es Max Hávelaar (1860), cuya traducción del neerlandés por Francisco Carrasquer ahora se reedita. La importancia de esta novela tiene fundamentos sociales: la denuncia del injusto trato a la población asiática en las colonias —hoy Indochina— bajo el amparo del rey de Holanda. Pero el valor emana de su dimensión literaria.
(2)
Multatuli, que regresa a Ámsterdam con la experiencia amarga de la vida en la colonia, no se limita a relatar su caso; sino que despliega la denuncia en una asombrosa multitud de niveles de expresión, que reúne el simbólico —las fábulas sobre la vida de los indígenas—, el dramático —las conversaciones entre los colonos—, el naturalista —los casos concretos—, el satírico —dando voz a los perpetradores de injusticias—, el documental —con un conjunto de cartas oficiales estremecedoras— y, finalmente, la intervención directa, en las páginas finales, donde el propio Multatuli, en su nombre, clama su denuncia.
(3)
Multatuli engasta su historia en un diestro juego de autorías —los narradores son un comerciante burgués y un joven idealista alemán— tan cervantino como borgiano. Y pessoano, pues él mismo se desdobla en dos personajes: Hávelaar y el escritor desgraciado, Chalman. Su portentosa ironía utiliza dos curiosos recursos: el vivo diálogo y apelación constante al lector, y las sarcásticas observaciones metaliterarias sobre la propia escritura de la novela. Ambas características lo hermanan con otro escritor de la misma época, pero del otro lado del planeta: Machado de Assis (1839-1908). El inicio del capítulo IV se diría escrito por el brasileño.
viernes 8 de mayo de 2009
Haworth's notebook, & 3
jueves 7 de mayo de 2009
Haworth's notebook, 2
Un cartelito inane, en una calle por la que nunca antes se ha transitado, sugiere de repente otra cotidianidad. Y al mirar hacia la ventana es el reflejo de uno mismo lo que se ve tras los visillos, con una taza de té en las manos, dándolas calor, y los ojos prendidos en la lluvia que no cae en Haworth; tarde de nubes obesas que se pavonean por un cielo extraído de la paleta de un mal pintor. Y el verso en el que esté pensando le deja a uno pensativo. Una casa en alquiler invita siempre a otra vida.
martes 5 de mayo de 2009
Haworth's notebook, 1
Para Yolanda Soler Onís, que me contó esta historia
Jamás soñé de niño con el oficio que me llevaré al Más Allá. Di tumbos hasta que me acogió el Reverendo Brontë en su parroquia y me enseñó los nadires de la tipografía funeraria. Para labrarla me sobraba maña y paciencia. Incluso aprendí, con los años, el primoroso inglés con que una vida merece ser llorada por sus familiares durante generaciones. Para labradores y artesanos sin hidalguía yo mismo rebuscaba palabras que les otorgaran eternidad. Mucho más que mi propia lápida me costaba esculpir el papelito que el Reverendo me entregó tras la muerte de cada uno de sus hijos.
domingo 3 de mayo de 2009
Anotaciones a la vuelta, y 5
Cuando llego a la estación del aeropuerto, un tren acaba de partir. Me siento a esperar el siguiente en el andén vacío. Diez minutos después me acompañan unas pocas personas. Veinte minutos más tarde, sólo algunas más. En los diez minutos últimos un río de gente invade mi antigua soledad. Si cada tres minutos aterriza un avión, y el flujo de personas es necesariamente aleatorio, ¿qué ley explica este importante crecimiento de su intensidad ante la inminencia de la salida ferroviaria? No sé qué dirá la matemática; la sociología conoce bien la atracción de las multitudes hacia las recompensas inmediatas.sábado 2 de mayo de 2009
Anotaciones a la vuelta, 4
El avión entra en la península por el cielo de Cádiz y su ruta continúa hacia el norte paralela a la costa. Cuando sobrevuela el delta del Ebro me sorprende y excita que el paisaje se parezca tanto a los mapas donde aprendí geografía. Imagino que buena parte de las emociones estéticas nacen de esta coincidencia de lo real con lo que nos enseñaron —pensamos o creemos— que es la realidad. Celebramos la desaparición de los dualismos. Y sorprende esta identidad porque tal vez lo normal sea que la realidad ni siquiera se parezca a lo que creemos que es.martes 28 de abril de 2009
Anotaciones a la vuelta, 3
Leo durante el vuelo el tercer tomito con los diarios de Eugenio Padorno. En esta ocasión no hay erratas en la cubierta, pero sí en las tripas. Un montón. Compite con las ediciones malagueñas en el descuido tipográfico. Hasta faltas de ortografía. Qué pena, porque —en el libro siempre leo «por que» sic— la prosa densa, pétrea, atlántica, cada día más gnómica, me seduce como pocas. Su argumento es lo suficientemente reducido como para evitar la contaminación lumínica de las noches mundanas: un poeta obsesionado por convencerse — a sí mismo, con razones sociales y personales— de la condición que posee. lunes 27 de abril de 2009
Anotaciones a la vuelta, 2
En el aeropuerto, frente a un mostrador de embarque, contemplo una larga cola de aficionados tinerfeños. Pregunto: van a San Sebastián. El sueño de que su equipo suba a primera les empuja a cruzar medio Atlántico y toda la península. El otro día fueron mil seguidores del Español a ver cómo empataba con el Numancia. En este caso, el sueño que les movía era el opuesto: no bajar a segunda. Me pregunto si no será su inmutabilidad la razón del escaso interés que despierta socialmente la cultura: los de primera siempre están arriba y los de segunda, en ninguna parte. martes 21 de abril de 2009
Anotaciones a la vuelta, 1
La última mirada antes de abandonar un cuarto de hotel se la dedica el huésped a sí mismo. Concienzudamente se asegura de que nada suyo queda perdido —prendido— en la estancia. Abre las puertas del armario donde estuvo colgada su americana, la que lleva puesta, porque necesita la postrera comprobación de lo obvio. Revisa los folletos informativos sobre la mesa donde dejó algún libro, la pluma y el teléfono, que abulta en el bolsillo. Estira colcha y sábanas; mira dentro de los cajones. Cuando regrese y le pregunten por el hotel, no sabrá qué responder: nada ha dejado allí olvidado.domingo 19 de abril de 2009
De poëziealbum van een landschapschilder, en 7
Los dos soldados se quedaron al otro lado de la calle, al borde mismo del canal que les impedía situarse aún más lejos. Cuando abrí, el oficial esperaba ante la puerta y dijo un nombre, que no recuerdo. Me tendió un petate, al que me abracé. Al besarlo, mis labios se impregnaron con la arenilla que lo ensuciaba. Los tres permanecieron en silencio un buen rato, hasta que tuve fuerzas para agradecérselo. Dentro: camisetas, calzoncillos, una toalla, dos camisas, un pantalón, un monedero, hojas de papel doblado, una pluma y estos siete libros que desde entonces son mi única lectura.viernes 17 de abril de 2009
De poëziealbum van een landschapschilder, 6
Libros y lectura son motivo habitual en la pintura holandesa y casi obsesión en las naturalezas muertas y en los interiores de Gerrit Dou (1613-1675). Hay una composición muy hermosa —«Escuela nocturna» (1665)— donde niñas y niños aprenden a leer a la luz de una vela: el pincel refleja el gesto dubitativo al pronunciar las palabras desconocidas. Los hombres suelen leer en relación con sus oficios —pintores, músicos, astrónomos, ermitaños—. Para las mujeres, sin embargo, la lectura carece de finalidad y objeto. Es un espacio íntimo. Acaso Dou, sin darse cuenta, haya reflejado los primeros pasos de una liberación.
martes 14 de abril de 2009
De poëziealbum van een landschapschilder, 5
Una irisación en tonos verdosos tamiza el sobre a través de la botella de vino que, lavada y limpia tras la celebración, decora la repisa donde ha dejado la carta. El oro blanco de la tarde reclama la autoría de esta pequeña travesura del color y aun de otros reflejos que cruzan la estancia: el lomo de los libros donde estudió artes de navegación, los cabos de cuerda con los que ensayaba diferentes nudos, el marco dorado de la fotografía que le echaron durante su primera travesía. Retoza la luz y juguetea con el sello del Ministerio de la Guerra.
lunes 13 de abril de 2009
De poëziealbum van een landschapschilder, 4
Foto MCP
La mañana que de un salto se subió a la caja del camión, había dejado la bicicleta apoyada en la baranda del puente que cruza el canal. Estuve observándole desde la cocina, y ni siquiera se dio la vuelta para despedirse de ella. Ni de mí. Pronto empezó a oscurecerse el metal de sus engranajes y a soportar la suciedad de los pájaros. Una tarde, el vecino tomó prestada una de las ruedas. El invierno la convirtió en un bulto blanco. La derribó un día el viento y algún transeúnte la apartó a un rincón, junto al poste del tranvía.
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