jueves, 5 de mayo de 2016

Becqueriana / 90


Hay insectos que caminan sobre la superficie del agua y hay labios que levitan en contacto con otros labios. Hay barcas que surcan los cauces con el impulso que alguien le entrega a los remos y hay manos que navegan vertiendo en la piel el dulzor de la mañana. Hay saltos de agua en los que brota la espuma que la luz colorea al atravesarla y hay abrazos que destilan gemidos al sentirse cuerpo inundado por otro cuerpo. Hay lagos pacientes y lagunas inquietas en lo alto de las montañas y hay un hombro sobre el que una cabeza descansa.

martes, 3 de mayo de 2016

Becqueriana / 89


Nos habíamos sentado bajo un roble. Llevaba yo un libro en la bolsa y quisiste que te leyera una página. Eran poemas de tonos dulces, melodiosos, y la brisa de la tarde emergía del aliento de un dios benévolo y complaciente. Tras aquella página con versos que acercaron más un cuerpo al otro, quizá para escuchar mejor la voz, o tal vez para sentir en la piel los acentos que el poeta había distribuido con tanto acierto, seguí leyendo palabras que hablaban de ti y de mí hasta que los labios las convirtieron en reales. Igual que lo contó Dante.

domingo, 1 de mayo de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, y 8


Entre las figuras que visitan el jardín prefiero siempre a Ibn Al’Arabi. Se despierta antes de la salida del sol y ya parece que sus ojos vean donde no han prendido los colores. Y puede afirmarse que tampoco mira cuando ve, sino que medita. Aun sumido en las tinieblas siento cómo abandona una mano sobre una rama por acariciar acaso las flores que aguardan el primer rayo para brotar y sé que está pensando. Más. Se diría que está escrutando qué conocimiento hay en el interior de cada palabra que contempla. También cuando me mira. Y tiemblo, yo, Prunus Triloba.

viernes, 29 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 7


Pintor extraño, el invierno. Como si se hubiera gastado el dinero para comprar pigmentos en la taberna y solo le quedara para los más baratos. Ocres, pajas, limón. Cubre los campos o traza los enramados y se olvida de irisarlos. Descuidado artista, el invierno. Sus cuadros son ásperos, oscuros, silenciosos. Más dibujante que pintor, deja los lienzos a medias. Inacabadas estampas que las nubes ocultan, la niebla cubre. La nieve se apiada de tanto vacío. Pese a ser un pésimo paisajista, le queremos. En los bolsillos de su gabán guarda la semilla de los colores, al contrario que el Herbicida.

miércoles, 27 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 6


Llegué envuelto en una bolsa de plástico negra, apenas un palo mustio, débil y enjuto que sobresalía. Solo unos ojos visionarios podían ver en aquella vara sin gracia el arbusto del que brotarían tantas flores, tantas, en una esquina del jardín. Con sus manos cavó un hoyo no más grande que una cabeza, removió la tierra para mí, la oxigenó, me sacó de la bolsa que indignamente me guardaba, la desgarró y cayeron terrones de la tierra seca que se desprendieron de mis extenuadas raíces. Me plantó y dejó dentro, conmigo, algo de sí misma. Fue a buscar la regadora.

lunes, 25 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 5


Tal vez fuera el laurel quien inventara la melancolía o quizá solo quien mejor la encarna. Las ninfas alzaban su cabeza desde las aguas del río y el río era hermoso, era diáfano. Se leía en letra carolina lo que la alondra anuncia a los amantes, o lo que les evoca el ruiseñor en lo alto del sauce. Hablaban los perros, respondía la avutarda. No hay fronteras entre los seres. El limonero colorea con lunares ígneos el mantón de la niebla. Las luciérnagas entre la maleza escenifican los puntos suspensivos de las frases que el día dejó a medio decir…

sábado, 23 de abril de 2016

23 de abril de 1616


Despierta la mañana el chasquido del agua que ha saltado por la ventana al azotar piedras y arena. Le responde la imprecación que provoca y el gañido del perro alcanzado que huye en dirección a Francos, dobla la esquina, desaparece. Calle del León. Asciende un carro del que tira una mula lunática que ha heredado el ojo que le falta al arriero. Las maderas crujen bajo el peso de unos cuantos sacos, los herrajes chirrían. Del hedor nacen blasfemias. Un mirlo se detiene a trajinar por las trazas y fugaz emprende el vuelo con una lombriz columpiándose en el pico.

jueves, 21 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 4


Quien dibuje un círculo y se inscriba en su centro ha perdido el contacto con lo que le rodea. No lo ve cuando mira porque cuanto existe ha dejado de estar dentro del trazo que cercena la existencia. Solo se encontrará a sí mismo quien se considere el núcleo, el resto vivirá a sus espaldas. Como vivían el granado romano, el níspero gótico y los gatos renacentistas en este abandono antes de que llegara Ella. La que me plantó junto a la puerta, me cuidó, me quiso como quería a todo lo viviente. Una planta más, un ser entre seres.

martes, 19 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 3


Deja el río de lucir sus aguas cristalinas, los setos se llenan en días de viento de bolsas de plástico que nadie se acerca a retirar, los insecticidas acaban también con los zumbidos. Va enmudeciendo la voz que habla en las aguas, dentro del bosque, por los campos. Animal se convierte en un insulto y su valor o se mide a peso o resulta despreciable. Y conforme calla la armonía no se instaura el silencio, sino los ruidos. Mecanismos, motores, aparatos empiezan a vociferar su idioma ilegible. Mis ramas y mis flores también enronquecen. Quizá por eso Ella me cuida.

sábado, 16 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 2


Cuando está receptiva, aunque no se acerque a mi breve remolino de color, los días extienden sobre el jardín su mantel de celebración. Si oigo que llama a los gatos por el nombre, les riñe por las aventuras nocturnas, les acaricia el lomo al escabullirse. Si la veo hablar con los jacintos de poesía barroca, peinar el repeinado, avivar los colores. Si sé que estudia el movimiento de los insectos, la cadencia del canto de las aves emboscadas, el dibujo de las sombras sobre la hierba… Si está atenta a cuanto ocurre en nuestro mundo, todo de repente cobra sentido.

jueves, 14 de abril de 2016

PRUNUS TRILOBA - memorias, 1


A diferencia de los animales, cuya contemplación exige pérdida de libertad, en nuestro reino el jardín no supone humillación. Antes al contrario, se diría que es antes un invento nuestro que de los humanos; más evolución vegetal que idea de los cuidadores. Igual que ellos han alcanzado con el paso de los siglos conceptos más dignos, como el de democracia, nosotros hemos culminado en el jardín el camino de perfección. Y al igual, ay, que ellos traman recesiones y liberalismos para mancillar logros, nosotros también sentimos como retroceso algunas perversiones de nuestro paraíso, como el jardín municipal y el pipicán. 

martes, 12 de abril de 2016

Dietario de sensaciones, 12


Un té a media tarde es una bola de cristal que todo lo sabe, pero que ha decidido no adivinar nada. Dejarlo en suspenso. En el ámbar líquido se concentran los designios del universo, las maravillas, los conocimientos, las contradicciones. Se diría que el té lo conoce todo. Por eso nada le inquieta. Salvo una galleta de avena, que si se desmigaja en su interior, ambos —galleta y líquido— se funden como amantes encandilados. Nada más necesita meditar el té sobre el mundo. De ahí la paz que entrega cuando humea en la taza. Cuando regala la quietud que acerca.

domingo, 10 de abril de 2016

Dietario de sensaciones, 11


Es la noche la que desvela los colores verdaderos. No los colores con los que se rodean las cosas, ni los colores con los que se ocultan, tampoco los colores que decoran el mundo a cada instante con un matiz novedoso. No las palabras de colores que se oyen y hasta se dicen sin pensar al ir por la calle. Ni los gestos de colores que de tan aprendidos se repiten sin que nadie los solicite ni digan ninguna verdad. Tampoco los colores que visten, ni siquiera los que desnudan, para disfrazar el auténtico color. El que revela la noche.

viernes, 8 de abril de 2016

Dietario de sensaciones, 10


Soñolienta, la luz. Grisácea. El cielo, el mar. Las gaviotas graznan. Sentado en la mesa del café, junto a la cristalera, veo un paisaje moteado por la huella de las gotas de las últimas lluvias, que aún no han limpiado. El periódico en una esquina, la taza de té mediada, el cuaderno abierto en una página en blanco. La pluma, dormitando a su lado. Nada se mueve en la arena, salvo las olas, obstinadas, y las gaviotas, nerviosas. Y yo, como la hora y la playa, aletargado. A la espera de que entre por la puerta y despierte la tarde.

miércoles, 6 de abril de 2016

# 552 oiɿɒƚɘib ,yɒnƨo⅃ ɒǫɒM


Un razonamiento no vale más ni menos que el papel moneda. Ambos sirven para lo mismo: que algo pase de una mano a otra. Certifican pertenencias. Y no lo hacen ya por certidumbre ni convicción, sino únicamente por cantidad. La razón, sin embargo, no se vende; compra. Los argumentos son el papel moneda que somete voluntades. Es la libertad que las encauza. Las autopistas se alzan como gran monumento a la racionalidad. Para escribir quedan los prefijos: lo asistemático, lo irracional, lo desorientado. Cuando el convencimiento se convierte en sinónimo de conquista, solo se intuye una huida: el pensamiento desleído.

lunes, 4 de abril de 2016

# 551


A lo que queda por nombrar nadie lo ve. Y en el no oír un nombre, hasta lo innominado se desconoce a sí mismo. Se confunde con la nada, siendo algo. No hay confusión más absurda. Convierte a un inocente en reo de la galería de los penados a perpetuidad. Y como nadie lo ha nombrado se le atribuye idéntica condición a la que posee lo que ha perecido, existiendo aún. Y en el no ser leído su nombre ignora dónde habrá de darse la vuelta, cuándo tendrá que alzar la mirada, cómo sonará el lugar que replique sus pasos.

sábado, 2 de abril de 2016

# 550


Como más reales se perciben las calles de una ciudad es con su ausencia. El olor de la fritanga a mediodía, el vocerío perpetuo, la incomodidad del tráfico, la dureza del empedrado. Donde no están se huelen, se oyen, se disfrutan tal como nunca se olieron, ni se escucharon, ni seguramente produjeron gozo alguno. Solo con no caminarlas, la seducción de las calles crece. Su incertidumbre se añora; la posibilidad —ilusa— de que entre tantas cosas que ocurren sobreviva algo. Y solo ahora, cuando sucede el mayor acontecimiento, que es que nada pase, la nostalgia de lo nimio las engrandece.

miércoles, 30 de marzo de 2016

# 549


Al muro del viejo molino hace tiempo que se le voló la partitura con la que interpretaba su lugar. Le queda al desmemoriado su sola memoria para trenzar los sonidos que crean consistencias. Amontonados los sillares que han caído, hechas añicos las tejas, las vigas festín de la carcoma y la inmundicia como único residuo del tiempo. Cuando levanto la pierna para acceder a lo que fue un círculo que hablaba con el viento imagino que al devolverla al suelo no oiré nada. Y sin embargo, un chasquido. Aún la palabra muro alzada. Melodía antigua que pervive con otras letras.

lunes, 28 de marzo de 2016

# 548


No posea, tal vez, corporeidad de tiempo. Ni extensión de tiempo. Ni siquiera propicie el olor o el tacto que el tiempo entrega a los cuerpos. Tampoco acerque la apatía y el cansancio que el tiempo acarrea entre sus bultos. No es el tiempo del tiempo, sino otro tiempo el de la escritura. Tiempo poético. Tiempo que levita sobre el tiempo. Leve nube en cielo azul. Sombra de sauce en día de verano. Fuente que mana entre dos piedras. Un tiempo construido con la realidad de las palabras. Con su convicción. Con su intimidad. Con su consistencia. Un poético existir.

sábado, 26 de marzo de 2016

# 547


El manto que los jazmines han tejido sobre la tapia de un jardín. La calle. En la luz de invierno, los ciruelos florecen. El caminar me lleva de uno a otro. El viento agita las ramas. Una paloma aletea para alzar el vuelo. Los pasos de quien calza botas detrás. Un furgón de reparto los borra, pero su lejanía me los devuelve. Así es como se va comprendiendo el oleaje de lo real. Una frase que me regalan los muchachos que caminan hacia el instituto. Alguien que tiende la colada desde una ventana. Pensar, ir de una a otra sensación.

jueves, 24 de marzo de 2016

# 546


Líquido que el aire bebe durante el día, la luz abandona poco a poco el cuenco de lo real y en su fondo queda el sedimento de lo que hubo, concentrado ahora en la sequedad y en la nada de la noche. En la intensidad de lo que no está se descubre el valor de lo que no se ha ido. Los cristales en el suelo bajo el pie descalzo del que se ha desvelado. La sal de las horas que el tiempo no logra desleír. Y los afectos, también los afectos, la gasa que limpia las hendiduras del resplandor.

martes, 22 de marzo de 2016

Maga Losnay, dietario # 545


Género redundante, lo es el diario cuando copia el tiempo que ha sido. Si se ha ido, ¿qué le añade lo escrito? ¿La permanencia? Pero no amarran las palabras el tiempo como los cabos sujetan el barco al noray. ¿Qué le añade, entonces, al querer así fijarlo? El buque retenido en puerto —mientras los marineros engordan y las arañas aprovechan los orificios de la cadena que tensa el ancla para sus delirios geométricos—, ¿continúa siendo navío? Al diario le corroe idéntica quietud. Solo le libera desentenderse del tiempo: contar lo que ocurra cuando una ya no esté. Ser espacio.

sábado, 19 de marzo de 2016

1960


Tal día como hoy también cayó en sábado. Por la plaza Orfila apenas pasan transeúntes, una Vespa traquetea el aire. Desangeladas islas que asedia el oleaje del empedrado. Una la preside un simple farol. En la otra, la boca del metro por donde aparecen dos sombras apresuradas. Delante asciende mi padre, cabizbajo, nervioso; detrás, la mujer, que va a lo suyo. En la mano, el maletín sanitario. Es la hora de comer. En los árboles, secos y clamorosos de la plaza hay lunares verdes a punto de brotar. El sol se entretiene contando palomas. Y yo, con ganas de llorar.

jueves, 17 de marzo de 2016

Becqueriana / 88


Es biógrafa. Estudia la vida de las palabras. Cuándo se levantan cada día, qué piensan de sí mismas, cómo se relacionan con el aire al ser pronunciadas, dónde se sienten más a gusto. Observa sus matices, sus inflexiones, su cansancio o euforia. Confecciona con los datos estadísticas y leyes que anota en el cuaderno de los versos. Es biógrafa de las palabras, pero de vez en cuando se olvida del trabajo y de su objeto, se diría que se va de vacaciones, que silencia los vocablos para no tener que acumular más saberes sobre ellos. Es cuando se deja besar.

martes, 15 de marzo de 2016

Becqueriana / 87


El carmín que habla desde la servilleta donde ha quedado grabado construye un lugar. Piedra y argamasa, vigas de pino, tejas oscuras. Enciende el fuego al caer la tarde, en invierno, y abre las ventanas de par en par cuando la luz se alía con los sueños. Encuadra una esquina de cielo, una pincelada de bosque, el caballo blanco que balancea su cola. Y de vez en cuando la alza. Otras tardes da al mar. Una rosa recién cortada contempla la estancia en su jarrón de cristal. La música abraza los silencios. Y el carmín habla quedo en los labios.

sábado, 12 de marzo de 2016

Becqueriana / 86


En el cesto de mimbre reposan las mazorcas de maíz. Cada una tiene la forma de una galaxia. Llena de soles. Tanta luz condensada desconcierta. El labrador lo alza, sin embargo, sobre el remolque del tractor que, en marcha, lanza un humo negro alrededor que se esparce sin estrellas. Luego arranca y se va dejando la huella de los neumáticos en el camino como un sello de lacre que cerrara una carta secreta. La que guarda la intimidad de la tierra mientras gesta la llegada de la primavera. Cada universo tiene un universo dentro y nosotros, al pasear, lo desentrañamos.

jueves, 10 de marzo de 2016

Becqueriana / 85


Tus zapatos de muchacha que llega tarde al colegio te alejan del beso de despedida que acabamos de entregarnos como vitualla para el día. Veo aletear calle abajo tu falda de color duna diciéndome adiós con ansia de pañuelo ferroviario. Adiós le respondo con los ojos y la mano se me alza para agitarse a su ritmo. Imagino el bamboleo de tus pendientes de celosía en flor, fieles guardianes de la idea de misterio. Al poco solo me queda la mancha de pintura de tu blusa verde sobre el lienzo por pintar de la mañana. Que va a permanecer blanco.

martes, 8 de marzo de 2016

Maria Gabriela Llansol, charla (y 8)


Tras tanto tiempo viviendo en los puntos suspensivos, en carromatos que circulan por la página con las cortinas echadas, como las otras hermanas, o unas mujeres beguinas, o el viento aquella tarde estropeaba la caligrafía del humo… Cisca se sorprendió al ver su nombre escrito con letra de la cronista sobre el pergamino del Libro de Horas. Pensó, al principio, que se trataba de un apelativo de la Romana, o incluso de un error. Cualquier cosa que la mantuviera donde siempre había estado. Pero al saberse ella misma reflejada, y no otra, sintió angustia por la pequeñez de su nombre.

sábado, 5 de marzo de 2016

Maria Gabriela Llansol, charla (7)


Las hormigas y sus trazados geométricos. Las arañas y sus tableros de ajedrez transparentes. Los gatos y sus elipses. En la quietud lee Blanca el movimiento. Y con los dedos inquietos sobre el mástil del laúd dicta las leyes que lo comprenden. Observa el debate entre silencio y relincho. E imagina notas delicadas sobre la crin de una yegua lunar. Estudia la composición de las mazorcas despojadas de sus hojas y ensarta las palabras en las canciones que entonará el amanecer cuando coloree los campos. En la soledad adivina la voz de Blanca los amores que interpreta. Y yo escucho.

jueves, 3 de marzo de 2016

Maria Gabriela Llansol, charla (6)


Bergamota se ha cansado de ir de un lado para otro. De hacer el hatillo sin siquiera saber lo que echaba dentro, lo que quedaba fuera. Viajar se había convertido en una manera de permanecer siempre en el mismo sitio. El lugar que no cambia de lugar cuando cambia de lugar, por decirlo con gracia juglaresca. Se ha hartado. Ni siquiera se le advierte un ápice de nostalgia cuando las hermanas se recogen el pelo, se calzan las sandalias de suela gruesa y parten. Y si me acerco a consolar sus soledades, me desdeña y desaparece. Como cuando se iba.

martes, 1 de marzo de 2016

Maria Gabriela Llansol, charla (5)


Cestos de mimbre a medio llenar, o medio vacíos, arrumbados bajo un soportal. Cántaros que dan de beber al sol. Gallinas que estrenan la libertad. Basta el paso por las callejas del mercado de Marta y María, las dos hermanas beguinas, para que lo perentorio extravíe sus razones. También a mí me ocurre. Por seguirlas con la vista descuido cualquier negocio que tuviera entre manos. Y ni siquiera voy a susurrarles severa cuestión al oído y escuchar su consejo con pasmo en el rostro. Ni desdoblo las mil dobleces de una carta para oír cómo transforman los garabatos en palabras.

sábado, 27 de febrero de 2016

Maria Gabriela Llansol, charla (4)


Entrelazadas, sobre la falda, las manos. Como abandonadas entre las telas, ignorantes de cualquier voluntad. Nunca he lamentado tanto no haber estudiado los secretos de la pintura para suplir lo que la memoria no sabrá guardar durante el tiempo que viva. Aquello que contemplaba Hadewijch de Bravante tampoco hubiera podido representarlo porque mis luces solo me permitían ver un carpe blanco de tronco ancho y abotargado. Empecé a comprender el sentido de la visión cuando desvié la mirada hacia la abertura de sus ojos cerrados, la respiración alterada, el cuerpo desprendido y, sobre todo, las manos temblorosas y tan ajenas.

lunes, 22 de febrero de 2016

Maria Gabriela Llansol, charla (3)


La nostalgia de réplicas la suple Eleonora gracias a una pequeña maceta con siete bulbos de narciso. Si el terciopelo de los nubarrones cuelga como cortina ante la ventana, la coloca en el alféizar. Si una frase adolece de esta ausencia de voces por los corredores de su construcción, la deja entonces en la mesa, sobre el montón de folios escritos. Sin precaución, a veces, por regarla, vierte la jarra del agua y me apresuro trapo en mano a limpiar tierra y humedad antes de que la tinta abandone las palabras, salte de unas a otras, las confunda, las ciegue.

viernes, 19 de febrero de 2016

Maria Gabriela Llansol, charla (2)


Árbol ojival, el níspero camina a paso lento por la senda lateral y de soslayo te sonríe, María Gabriela, cuando ni siquiera lo ves porque pasas atareada con las manos en los bolsillos del delantal. Extiende la tarde su mantel de meriendas sobre los parterres sosegados. Canta una calandria entre las hojas desmemoriadas del árbol lunático. El Eriobotrya Japónica apoya su bastón para avanzar con lentitud entre los macizos de dalias y cuando atraviesas el jardín con los ojos pendientes del papel que garabateaste anoche, tus zancadas dejan atrás la leve inclinación de cabeza con la que siempre te saluda.

lunes, 15 de febrero de 2016

Maria Gabriela Llansol, charla (1)


Un charco de luz donde flotan las ramas que el viento del otoño ha arrancado. Encuentro a Ana de Peñalosa en la cocina. Escribe. El cuaderno abierto sobre el mantel de cuadros rojiblancos. La escucho con la espalda apoyada en los azulejos de la pared. Con el frescor recorriéndola. El rumor de la pluma al arañar el papel. La atiendo ensimismado. Sé que podría decir algo en cualquier momento, y Ana levantaría los ojos para mirarme. Pero entonces dejaría de oírla, así que callo. Y sin embargo hay una conversación. Las ramas del tilo que caen en la blanca alberca.

viernes, 12 de febrero de 2016

Dietario de sensaciones, 9


Este pequeño parterre, isla en el cruce de dos avenidas e inaccesible para los peatones a través del puente de listas blancas que facilita atravesarlas, tiene trazada una escueta senda en su ajardinado césped. Se puede caminar por las losas que lo cercenan, pero también yo, incívico rastreador de atajos urbanos, prefiero la tierra húmeda. Es curioso: este inmenso contenedor de memoria que es la ciudad, acaso el mayor que pueda existir real, es incapaz de recordar sus caminos, siempre sobre piedra o asfalto. Un andar desmemoriado, siempre, que no deja nunca el mínimo cauce. Salvo aquí, donde nadie pasa.

martes, 9 de febrero de 2016

Dietario de sensaciones, 8


Los sueños nos cuidan. Estiran el edredón sobre el cuerpo si se destapa. Mantienen alejados los ruidos y desvían las luces estridentes. Acarician la espalda para que la sangre la recorra con más entusiasmo. Calientan los pies cuando se quedan fríos. Esparcen aromas de flores en la almohada. Nos besan en las mejillas para que cobren color. Provocan cosquillas en la cara interior del brazo que se mueve. Colocan el pelo en su lugar si se alborota. Nos susurran al oído melodías armoniosas que imitan el silencio. Cuelan bajo los párpados imágenes sosegadas, dulces, para que se encandile el sueño.

martes, 2 de febrero de 2016

Dietario de sensaciones, 7


La platea está inclinada hacia el escenario. El suelo, alfombrado. Las butacas son de terciopelo rojo. La altura de la sala es enorme y está flanqueada por cinco círculos. El frontal de los cinco pisos y los palcos brillan decorados con molduras doradas. También el arco del proscenio luce laberintos áureos que encierran tres ojos con pinturas contemporáneas. El telón, con ondulaciones carmesíes, aguarda el momento de ser alzado. Una gran lámpara cenital, en el centro de un artesonado de fantasía, ilumina. Cuando se apague, todo quedará en silencio y sonará orquesta. En el camerino, los cantantes calientan la voz.

jueves, 28 de enero de 2016

Becqueriana / 84


En el hogar el fuego, charlatán irredento, ensaya un monólogo hamletiano. Sus versos arropan aunque no se les haga demasiado caso. Hoy preservan también del frío la chaqueta de las caricias y la blusa de los besos. Dos cuerpos tumbados sobre la alfombra azul de lana navegan el mar del tiempo. Un trío de cámara, el que forman un piano en el tocadiscos, el chisporroteo en la chimenea y el violín de los suspiros, le pone melodía a la danza de las estrellas. El gozo viste los cuerpos, el deseo abriga los corazones. La noche ciega con recato las ventanas.

sábado, 23 de enero de 2016

Becqueriana / 83


Donde el espacio nunca se degrada
por la luz o las tinieblas, u otro tiempo.
G. UNGARETTI

Apareciste en el portal
vestida de rojo
G. UNGARETTI

En los espacios que no degrada el tiempo siempre te encuentro. Apareces, sin haber llegado de ningún sitio ni haber entrado por puerta alguna, vestida con una camiseta de color rojo que también es una falda muy corta. Enlazas tus brazos a mi cuello y mi camisa y la tuya se abrazan en nuestro abrazo, primero, y después continúan abrazadas, como la encarnación de una metáfora, cuando caen al suelo y son tu piel y mi piel las que se estremecen al rozarse. Y después, cuando amanece, te descubro dormida sobre mi pecho en el espacio que el tiempo alumbra.