lunes, 15 de octubre de 2018

1867. Rosalía recibe la invitación a los «IX Jochs Florals de Barcelona»



Una tarde, de paseo, la arranqué del talud donde florecía después de cada lluvia porque me pareció hermosa. Al llegar a casa la coloqué en un jarroncito de porcelana con un dibujo azul que ganaba polvo en el desván. Cuando se secó, al poco, la guardé entre las páginas de un libro. Han pasado diez años y La flor, que no ha vuelto a brotar al pie del camino, ha ido creciendo y multiplicándose por ahí sin que sepa ya gobernar su destino. Barcelona tiene un mar azulado que con certeza inspira a los ceramistas. Pero queda tan lejos todo.

jueves, 11 de octubre de 2018

1855. Gustavo Adolfo y Rosalía visitan juntos el Cementerio de San Isidro en Madrid.



Cuchillo que corta el pan en rebanadas, el sol de la tarde divide sobre el seto de cipreses el mundo. Una grieta que solo los dos jóvenes ven. Entre bromas saltan de uno al otro lado, riendo, sin averiguar aún qué costado prefieren, si el de la luz o el de las sombras. Rosalía les habla a las figuras femeninas, cabizbajas, para escuchar su acento neblinoso. Gustavo se alza sobre los mármoles para acariciar las alas de los ángeles. «¡Arden!», grita y un puñado de gorriones echa a volar. Aún debe de haber carbonilla de humeante locomotora en sendas melenas.

sábado, 6 de octubre de 2018

1852. Rosalía escribe su primer poema en la Huerta de la Paz



Bajo el torso del cielo cuando se tumba sobre la hierba a descansar, sombrío, no somos más que hormigas en trajín. Y aplastada por la musculatura gris y negra del día, esta mesa de piedra donde escribo no pasa de diminuto guijarro. Idéntico a aquel con el que, bajo el papel, la pluma tropieza para torcer el trazo rectilíneo de la ele. Me pregunto si mientras duren poema y caligrafía quedará memoria en un verso de la gravilla que le molestó. O, de igual modo que las nubes se olvidan al día siguiente cuando aparecen con otro rostro, nada permanece.

lunes, 1 de octubre de 2018

Rosalía



Hay dos poéticas que admiro en la obra de Rosalía de Castro. La paisajista, sobre todo, que supo abandonar el gabinete de la memoria como lugar de escritura y se puso a recorrer los caminos con la caja de acuarelas de la escritura en la bolsa. En sus versos, la naturaleza suena, huele, hechiza y responde. El pensamiento prende y florece siempre en el lugar y desde el lugar, que entrega sus razones a lo que existe. La otra Rosalía admirable, parece una paradoja, es la metafísica. No hay mirada ni descripción que no suscite una pregunta sobre la permanencia.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Dietario de sensaciones, 53



El lago conserva las últimas luces del día y las mantiene encendidas cuando las sombras han cubierto por completo el paisaje. Sobre la piel del agua dibujo con guijarros círculos en los que la veo estremecerse. Pronto asomará la luna y verterá sobre la superficie su melancolía. El lago sueña, las barcas en la orilla duermen. El silencio recoge el chasquido de los pasos como quien cuida el polluelo que se ha resbalado del nido antes de saber volar. Los ojos guardan la última luz del lago al abrir la puerta del coche. Cuando se cierra nada desaparece, al desaparecer.

sábado, 22 de septiembre de 2018

Dietario de sensaciones, 52



La sesión matinal del cinematógrafo programa cada día la misma película y cada mañana resulta una película diferente. Es un cine impropio, esa es la verdad. En lugar de reflejar el movimiento en la pantalla y dejar a los espectadores quietos en sus asientos durante la proyección, el cine de las mañanas transporta a los espectadores a lo largo de una realidad quieta —las avenidas, los árboles, los edificios, los escaparates, la luz—al otro lado de la pantalla de cristal con motas. Me acomodo en la butaca y mantengo la máxima atención. El director de la película soy yo.

martes, 18 de septiembre de 2018

Dietario de sensaciones, 51



He mirado con desánimo el cuaderno. Palabras de caligrafía incierta anotadas en desorden hace días, tachaduras y un mínimo dibujo geométrico que sustituye la frase que quedó en el aire. El resto, casi toda la hoja, en blanco. O quizá, en negro. Tampoco el lápiz se ajusta a la mano, parece entre los dedos alguien que nunca ha navegado cuando sube a un barco en día de oleaje. De pronto oigo, en el vacío de la página, el piafar de un caballo. Y el caballo aparece allí y el jinete lo detiene frente a quien ya está escribiendo, bosque adentro.

jueves, 13 de septiembre de 2018

# 604


La madrugada arrastra por los suelos el bajo de sus faldones. Amplios, acampanados, de otro siglo. Las rozaduras han desvirtuado el encaje que remata el vestido y sobre su calado el polvo inscribe un zócalo oscuro. Se mueve con lentitud y cada gesto olvida un sonido en el aire. Con una bandeja vacía en las manos recorre las estancias. Nadie ha sabido si trae o retira algo. Ni qué. En los suelos de madera el tacón de sus zapatos resuena como música de los campanarios. Sobre las baldosas, da golpes de percusionista novato. Ni qué deja ni qué se lleva.

sábado, 8 de septiembre de 2018

# 603


El barco de papel que alguien hizo con la hoja arrancada de una libreta escolar navega casi invisible a mitad del cauce y casi inverosímil en medio de una corriente que arrastra ramas y troncos río abajo. El barquito con unas cuantas, pocas, palabras escritas a lápiz en el endeble papel que les da consistencia sortea cada instante del multitudinario empuje de las aguas y sus adversidades. Asciende por la cresta de las ondulaciones, salta cuando la superficie de súbito desciende. Nada le turba en su destino de barco que navega hacia las manos que lo desplieguen y lo lean.

martes, 4 de septiembre de 2018

# 602


No necesito un escenario. Mesa de roble, papel verjurado, tintero lleno. Tampoco su vertiente contemporánea. Pantalla de cristal líquido, teclado inalámbrico, ratón tridimensional. No requiero las paredes forradas de libros, ni paneles de metacrilato de colores pastel. Lo cierto es que para la escritura solo necesito un papel cualquiera —la cuenta de un comercio, una servilleta, un folleto publicitario— y cualquier cosa que escriba, sea lápiz o sea bolígrafo. Ni siquiera una mesa preciso. Escribo contra la barra del asiento delantero en el autobús, en la barandilla de un puente o sobre las piernas. Lo importante nunca es dónde escribo.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Maga Losnay, dietario # 601


Cuando agosto se pasea por la estación donde llegó con todo su calor a cuestas y se detiene a anotar los horarios del tren que ha de coger de regreso al calendario, es, sin duda, época de moras silvestres. Un sombrero de paja, una camiseta de las que están a punto de quedarse para trapos, una cesta en el antebrazo y por recorrer los caminos tantas veces recorridos. El placer de coger moras no procede de su sabor, astilloso y casi amargo, sino de la memoria. De las tardes que salí a buscarlas siendo la misma niña que ahora soy.

jueves, 30 de agosto de 2018

Becqueriana / 147



Restos de un naufragio, las cosas flotan sin rumbo ni orden sobre una superficie amorfa. Así son encontradas al abrir los ojos. Da pena ver una realidad tan desorientada. Con un desconcierto que rige solo la batuta de lo casual. Así son vividas, dispersas, las cosas. Sus inertes significados. Entrelazar las manos es aparejar el mundo. Empezar a ordenarlo. Un ir colocando los objetos en el lugar que digan algo. Que se relacionen. Unos con otros. Crear un paisaje. Darle sentido. Salir a caminar juntos es devolver a la realidad la melodía. La razón de estar ahí cuando se miran.

martes, 28 de agosto de 2018

Becqueriana / 146



En general disfrutan con nosotros, las palabras. Se lo pasan bien. Salen con vehemencia a recorrer calles, caminos, lugares por donde gozan del paseo. Y aparecen siempre en pandilla, bien acompañadas unas con otras, las tuyas con las mías, se dan la mano y desaparecen en circunstancias que les encantan. Participan, activas, en comidas y cenas, se duchan, se calzan. Se olvidan de que existe el silencio que las encierra y enclaustra y las deja sin poder significar nada de cuanto ocurra. Nosotros no, les damos vida y la viven con alegría. Solo en ocasiones se vuelven, pudorosas, de espaldas.

domingo, 26 de agosto de 2018

Becqueriana / 145



Cuando ya no están, siguen estando. Las voces suenan desde el baño o en la cocina, y las persianas abiertas inundan de luz lo que fue noche, pero permanece sobre las sábanas el dibujo de los cuerpos juntos. El edredón revuelto, la habitación aireándose, los sueños diluidos en el quehacer diario. Los pasos por el pasillo. Tintineo de platos y cubiertos que trajinan las manos. Una música dulce en un canal de la radio y allí donde ya no están queda el molde que dejó un abrazo sobre la blancura de la sábana. Una composición de pliegues donde siguen estando.

viernes, 24 de agosto de 2018

Becqueriana / 144



Viajar es unas veces aguardar trenes, autobuses, esperas en aeropuertos idénticos, caminar por lugares desconocidos interpretando un mapa ininteligible, oír hablar una lengua y no comprender ni siquiera el más elemental saludo… Y viajar es también, en otras ocasiones, quedarse quieto. Donde uno esté. Cerrar los ojos y sentir en la piel una hilera de hormigas avanzar por donde unos dedos se deslicen. Y oír un gemido y conocer su significado. Y abrir los ojos y descubrir cómo la luz se filtra entre cabellos extendidos y juega a construir las más asombrosas visiones. Viajar es entonces encaminarse hacia uno mismo.

miércoles, 22 de agosto de 2018

Becqueriana / 143



Comer a dos una manzana tiene tradición. Perversa. Dulce y amarga al mismo tiempo, en equilibrio. La endulza el ser fruto prohibido y le da un punto de acidez la guerra de Troya que, dicen, se debió a una manzana como la que ahora mordemos en dueto. Con la boca llena, me recuerdas también que fue emblema de Venus —dices Venus con mirada pícara— y yo, con un hilo de zumo recorriendo el cauce de los labios, asiento. Y me acuerdo, también, que es símbolo de belleza, pero cuando voy a decirlo solo queda un tronco pelado donde hubo manzana.

lunes, 20 de agosto de 2018

Becqueriana / 142



Fuera ha sido dentro tantas veces. Tumbados en una duna, sobre la hierba de un claro de bosque, sentados en un banco del parque, de camino a orillas del río. Lugares cuya intemperie las palabras conseguían convertir en paredes de intimidad. Y a veces también dentro es fuera. Y el cuarto y la ventana cerrada se transforman, con la conversación, en una terraza de paseo marítimo, o en la sala de un museo frente al cuadro que deseaban contemplar, o en la estación del tren que ha de llevarles al centro de una ciudad que desconocen, dentro de su cuarto.

viernes, 17 de agosto de 2018

Becqueriana / 141



El pequeño jardín al final de la calle, en lo alto de un barrio de casas bajas, calles de artesanos y talleres a cuya puerta se reúnen los operarios con las manos sucias. Y cuando fuman, abren los paquetes al revés para extraer los cigarrillos por la punta por donde los van a encender. Es un camino en cuesta el que recorren cada atardecer, y esos pequeños gestos les acompañan. Después, en un banco, se ríen de los fumadores que han visto con las manos entintadas. Y bajo un tilo se van olvidando de las palabras, convirtiéndolas en silencioso acercamiento.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Estética



El pianista multiplica sus dedos sobre las teclas y las notas dibujadas por solo dos manos ocupan en un instante detenido el hueco del teatro con mínimos gusanos luminosos. Ni un solo rincón queda sin la luz sonora de la música. Y una vez ensanchado el espacio, una vez vaciado el espacio de mero espacio, llaga la voz. Su temblor al vestir cada palabra. La inflexión que pide una consonante, las vocales. La dicción se tumba sobre la hierba de los oídos a contemplar el cielo de los significados incomprensibles. La voz, túnica que cubre el cuerpo de las palabras.

lunes, 13 de agosto de 2018

Fenomenología



La escritura de la madrugada filtra una hebra de luz entre las consonantes; y las vocales, aún por despertar, se mueven inquietas en el pensamiento. El reflejo de las flores silvestres, que desde el sábado habitan un jarrón sobre la cómoda, avanza por el aire todavía en pijama. La ropa me espera engalanando una silla, que se mira en el espejo del armario y se ve como le gustaría aparentar siempre. Las aves continúan desaparecidas en el incógnito lugar donde pasan las noches y en un lejano hangar un conductor arranca el autobús de línea al que he de subir.

sábado, 11 de agosto de 2018

Metafísica



A veces, entre horarios exigentes y tiempos idénticos en metros y autobuses, durante días de una semana como cualquier semana en la laboriosa ciudad, a veces solo aportan novedad, mudanza, invención, sorpresa las palabras. Solo las palabras. Las que vuelan con las hojas en las calles donde sopla el viento. Las que uno se dice a sí mismo cuando se sueña. Las que quedan escritas en la servilleta de un restaurante tras salir por la puerta sin siquiera recordarlas. Las que susurra el atardecer desde las cañerías y el cableado telefónico que cruza las fachadas de los edificios, a veces.

jueves, 9 de agosto de 2018

Moralidades



Lo que se dice dentro nada tiene que ver con lo que se oye fuera. Fuera está el ruido, la feria, tiovivo de las sensaciones que arrastra toda quietud hacia un destino incierto. Se une al griterío de la intemperie, a su sordera. La que otorga razones para abrir los ojos y querer oír el matiz de un sonido en la nube que se dibuja en el cielo. Lo que se oye fuera nada tiene que ver con lo que se ha dicho dentro. Dentro, el pecho alienta la pureza con la que las palabras son pronunciadas. Su cauta entrega.

martes, 7 de agosto de 2018

Ética



La pureza es un helado de limón en la mano de una niña que corre calle abajo en busca de un amigo con quien compartirlo. Es el amigo que se da la vuelta al oír su nombre y en el gesto de aburrimiento dibuja de repente una sonrisa capaz de derretir todo un iceberg. Es el iceberg del polo sur que el cambio climático empuja a la deriva de los vientos, una montaña de fulgor blanco que añora el continente helado que lo vio partir. Es el helado de limón que los dos han compartido una vida en la memoria.

sábado, 4 de agosto de 2018

08 | Hopperiana


Farmacia de guardia en la avenida, un forúnculo de luz que irrita la piel de la noche. Ante su desvelo se arremolinan en la acera los indolentes que aborrecen el día y beben para que no amanezca nunca y los ansiosos que empuñan el buril de las horas hasta hendir otra muesca detrás de la puerta del tiempo. Los conductores disminuyen la velocidad al pasar frente a mujeres que les gritan las palabras de amor que solo conocen por las películas. El pintor insomne se aleja por una travesía lateral y en el cuaderno de hojas blancas escribe «Silbers Pharmacy».

miércoles, 1 de agosto de 2018

07 | Hopperiana


Hay un violín oculto en el silencio de la noche dentro del pasaje subterráneo. Crepitan los tubos de calefacción al enfriarse. Un temblor metálico de persianas bajadas cruje cuando las roza una corriente. Nada oye quien camina, ensordecido por el eco de los pasos al golpear el pavimento. Suena un violín encubierto en el laconismo con el que el camarero del turno de noche vierte en el vaso con hielo un licor. Tampoco se percibe, ahogado por la plegaria que rezan, acodados en la barra, los escasos clientes. Una melodía que se olvida en el cenicero, junto a las colillas.

jueves, 26 de julio de 2018

06 | Hopperiana


El oleaje quieto del terciopelo azul del telón y los flecos tan verdes como hieráticos observan. Mientras el operario no baje la palanca que oscurezca la sala y alce la que libera el escenario, la luz excesiva de la platea la convierte en involuntario teatro. Por los corredores avanzan actrices y actores a pesar suyo, concentrados en memorizar un número de asiento que conocen de memoria, empeñados en contrastarlo con la realidad, estudiosos del programa de mano. Personajes cabizbajos ante los ojos de las lámparas y el ojo del cíclope que ha de conmutar su pena durante hora y media.

lunes, 23 de julio de 2018

05 | Hopperiana


Luz para insomnes, dicen. Tantos palés de ladrillos, la hormigonera sin descanso y la pericia de los albañiles para ir trazando un círculo que ascendiera al cielo. En la biblioteca pedí un volumen de arte babilónico. En verano colocan un ventilador delante de los anaqueles con los libros que nadie lee. Las páginas corren solas. Es como leer en un avión mientras me informaba sobre las grandes torres de babel. La nuestra, una vez alzada, se ha quedado muda. Solo la iluminan para los noctámbulos, que desde lejos no ven el farolillo que dejo encendido en el porche mientras duermo.

viernes, 20 de julio de 2018

04 | Hopperiana


El guante que se corresponde con la mano que sujeta el asa de la tacita de café no está sobre la mesa. Ni apretado en la mano izquierda, que permanece enguantada. En la cristalera la realidad se resume en el reflejo de la hilera de lámparas que iluminan el local. Un radiador de pared, junto a la puerta, se ve cuestionado al comprobar cómo la joven no se ha quitado el abrigo ni la pamela. El camarero, al otro lado del salón, la mira decepcionado. La muchacha observa la noche en su taza. Cuando la haya bebido, seguirá la noche.

martes, 17 de julio de 2018

03 | Hopperiana


Al levantarse de la silla frente al caballete, artista maduro y posiblemente impedido, el tiempo le habrá dado un codazo al bote de los morados derramando sobre el cielo el color que lo inflama. Cada día un poco más torpe, reflexiona, al alzar los ojos por encima de la alameda antes de echar la llave a la primera bomba de gasolina. Cada día un poco más qué, piensa frente a la segunda. Y ante la tercera se detiene. No han parado suficientes vehículos. Uno que ahora llenara el depósito compensaría la jornada. Aguarda, la vista en la carretera. Silencio. Oscurece.

jueves, 12 de julio de 2018

02 | Hopperiana


A sí misma se contempla en el reflejo de los cristales, larga melena. Con destellos de oro. Cuajada de grano. En la ladera bascula a capricho de la brisa. Se gusta, marea amarilla. Don. Cuarteada por el espejo de los vanos donde se mira, incapaces de captar su extensión, que es también la vastedad del verano. Hay gritos de chiquillería alrededor del estanque y una larga mesa con el mantel anudado a las cuatro esquinas. A sí misma se mima, sin descubrir por qué las ventanas permanecen cerradas. Ni por qué un rumor mecánico ahoga el canto de los pájaros.

miércoles, 4 de julio de 2018

01 | Hopperiana


El ademán administrativo de la farola encendida tramita con insectos el movimiento de la salamandra. Ufano de su geometría, el enladrillado de la tapia mal iluminada descredita la libertina idea de laberinto. En el círculo de maleza que se dibuja al pie, un roedor con mono de camuflaje juega al solitario y de vez en cuando lanza una carta con mohín irritado, sin que nadie sepa cómo le va la partida. A lo lejos, un perro le ladra a la luna. La oscuridad urde, aunque sin propósito. Nada existe más ajeno a la experiencia del vigilante nocturno que lo inesperado.

lunes, 2 de julio de 2018

# 600


Dependen de que alguien los mire para ser. Solos no son nada. Parecen hermosos, acaso tristes, pero es una impresión. Únicamente son lo que son. Una ladera, una playa, el horizonte. Minerales, vegetales, insectos. Una combinación biológica que posee su propia mecánica y que podría existir durante siglos sin nadie. Pero no serían nada. Ni agrestes, ni metafóricos, ni seductores. Si algo son, es porque hay quien se levanta temprano, se viste con ropa ligera, sale en su busca. Y al encontrarlos —la colina, las dunas, un prado—, al sentarse a contemplarlos, les entrega su ser. Y entonces son.

viernes, 29 de junio de 2018

# 599


El tiempo se entretiene cosiendo. Con dos agujas entrelaza hilos de madejas diferentes. Mientras tanto escucha la radio y a veces también habla con la ventana. La ventana le cuenta cómo es el mundo y el tiempo lo interpreta en las cenefas de la bufanda que teje. Cada día anda liado con su labor y al atardecer tararea canciones de otra época. Pero con peor voz. Luego lo guarda todo en la cesta de la costura y en la cocina tuesta dos rebanadas. En el hervidor el agua aprende a bailar suelto en un cursillo acelerado para melancólicos. El tiempo.

miércoles, 27 de junio de 2018

# 598


Las palabras que en invierno se pronuncian dentro del bosque quedan escritas sobre su atmósfera con la tinta blanca del denso aliento. Un pequeño cúmulo de calor corporal las imprime en la gélida humedad del ambiente y fluyen entre las copas de los árboles como versos de un poema futurista. Una extensa oda triunfal va quedando atrapada entre las ramas a cada paso. Un poema vanguardista que recita la hojarasca con voz ronca y memorizan los insectos entre los arbustos. Una sinfonía de sensaciones oblicuas que convierten el paseo por el bosque en una perfomance. Escritura del lugar. Del instante.

lunes, 25 de junio de 2018

Maga Losnay, dietario # 597


Hay quien cree que las historias tienen principio y fin, y en medio un recorrido que se convierte en itinerario. O en conflicto, según el género. Son las convencionales. Porque ninguna historia empieza, todas han empezado ya antes de que llegue el narrador y se siente a contarla. Qué buen relato sería el que anda en busca de su inicio y sin encontrarlo nunca del todo cae en olvido. Tampoco tienen final. Al día siguiente de acabar una historia amanece, alguien pone la cafetera en el fuego, enciende la radio. Las mejores aventuras son las que se reescriben cada día.

sábado, 23 de junio de 2018

Dietario de sensaciones, 50



La niebla oculta un horizonte de montañas, las azoteas, las calles. El cielo nublado ha convertido el sol en la piedra que cae al fondo de un río de aguas agitadas. Losas con las que cubren la arena de la plaza donde antes la chiquillería jugaba a pelota. Lo que no deja ver aquello que se sabe que está debajo. Ni oler, ni tocar, ni presentir. Está ahí, con una presencia ida. Con la voz ahora muda. Una noche que se ha quedado a vivir en horas diurnas. La ausencia. Un globo que se escapa de la mano del niño.

miércoles, 20 de junio de 2018

Becqueriana / 140



Llueve. Y de repente arrecia. Tambores sobre la realidad. Igual que si alguien hubiera lanzado un grito ante el máximo horror. La marquesina los recoge. Una barca en mitad de un océano iracundo. En el bolso de ella no hay paraguas. Tampoco en el macuto de él. Cuando han salido lucía el sol. Y ahora diluvia. Ni los autobuses llegan, solo pasa un río de agua por el lateral de la calzada. Bajo la marquesina, ven llover. En una isla solitaria. Un brazo por el hombro, el otro alrededor de la cintura. El agua golpea el frágil techo con ganas.

martes, 19 de junio de 2018

Dietario de sensaciones, 49



Las metáforas nacen en la piel. De la brisa húmeda que la ventana cuela. De una imagen que estremece recordar. De una caricia que se sintió durante un sueño. La piel da sentido a muchas palabras que prenden en las sensaciones del tacto. A otras que la cubren, en cantidad durante el invierno, con liviandad durante los días calurosos del verano. Y aun a términos que la explican, que la nutren, que la vivifican. Tantas palabras brotan de la fuente incesante de sensaciones que es la piel. Pero las decisivas, las que revive con mayor intensidad son, siempre, las metáforas.

sábado, 16 de junio de 2018

Becquerina / 139



Una toalla te envuelve cuando sales del baño. El cabello aún húmedo, la piel que brilla. Caminas descalza. Sobre la cama has dejado las prendas que has elegido para este sábado en el que las nubes transitan por el cielo con pesares de otoño. Te desprendes de la toalla y tu desnudez viste de luz la habitación. A tu espera, un claro de bosque, que alzas hasta tu cintura. Dos cumbres gemelas que acogen tus pechos. Un salto de agua cristalina recorre tus piernas, que una ladera ajusta. Abotonas, luego, una playa de dunas y te abrigas con su oleaje.

jueves, 14 de junio de 2018

Dietario de sensaciones, 48



Tierra que ampara. Oscura, húmeda. Las manos la han moldeado, no para cántaro. Para que cobije solo. Para que alimente. Sin nada más. Para que sea tierra, ella misma lo que ha sido siempre, ahora en el alféizar de una ventana. Quien le ha enseñado a la tierra lo que la tierra siempre ha sabido: a acoger. Los dos brotes han llegado deslucidos. Famélicos tal vez. Allí donde habían nacido, entre piedras, paseantes, tráfico, no llegarían lejos. Pero han tomado un autobús. Han caminado. Han subido escaleras. Un sueño. Y ahora se acuestan en la tierra que les han preparado.