jueves, 17 de abril de 2014

Becqueriana / 47


El papel sobre el que se escribe el primer poema del día es la luz de la mañana. La pluma de los labios, que ha sido cargada en el tintero de las caricias nocturnas, pronuncia las palabras que quedan grabadas en el aire, revoloteando como una bandada de pájaros cantarines. Un nombre, el que traza el horizonte. Los signos, los que señalan el río donde se bañan. Los ojos, fluviales, acogen la pureza y la abrigan con su humedad. Dibujan la alameda donde una tarde se acercó una mano a otra mano y quedaron así entrelazadas. La caligrafía cursiva del gozo.

martes, 15 de abril de 2014

Becqueriana / 46


Las calabazas condensan el silencio de los crepúsculos. Cuando las matas que las vieron nacer se marchitan, consiguen ver entre las hojas alicaídas la imagen del sol último antes de ocultarse por el horizonte y a su semejanza se moldean a sí mismas. Su forma abultada se redondea y el verde negruzco de la tierra se convierte en la luminosidad azafranada de la piel. El sueño del cielo les da identidad y dulzura. Nos hemos sentado en un mojón frente a un campo de calabazas. Admiramos la desprendida alegría. El descaro. Aprendemos de las calabazas a soñarnos mientras nos contemplamos.

domingo, 13 de abril de 2014

Contra el tiempo


Se le da más importancia al tiempo de la que quizá tenga. Como idea, muestra una concepción muy pobre. Como práctica, no pasa de ser un sistema de medición rudimentario. Se piensa que influye decisivamente en la vida de las personas, pero bien pensada no es esta más que una creencia que empobrece la vida. Hay aspectos más decisivos y determinantes a los que a veces no se les da ninguna importancia. Lo peor, sin embargo, de otorgarle privilegios al tiempo es que reduce cuanto se somete a su consideración. Siendo inagotable el vivir, el tiempo lo convierte en repetitivo.

viernes, 11 de abril de 2014

Contra el presente


Cuantas más noticias hay sobre lo que ocurre, menos me apetece conocerlo. Como si la realidad, en realidad, solo fuera un estorbo para descubrir la realidad. La espuma sucia que el cauce remansa en un recodo y es donde se está mirando al pronunciar la palabra río. Un país ideal, aquel en el que al cambiar de emisora en busca de mejor música no se comprende el idioma de los noticiarios. De repente, ese vacío le da sentido a lo que se vive. La información, una garrafa de licor barato con el que rellenar la realidad que no es real.

miércoles, 9 de abril de 2014

Becqueriana / 45


En una de las paredes de la sala hay un cuadro donde de vez en cuando entramos a pasar la tarde. Una mínima bahía, con una estrecha playa de piedras y una barca de pesca varada. La mañana de invierno se ha remangado la falda y se remoja los pies y las piernas, hasta las rodillas; el rostro de viejo pescador con pipa en la boca de las rocas la contempla con indiferencia. Buscamos en la acuarela una piedra donde sentarnos. Le subimos el cuello al abrigo, porque la brisa llega gélida, nos damos la mano y suspendemos el pensamiento. 

lunes, 7 de abril de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 13


Cualquier descripción tiene siempre algo de epitafio anticipado. El lugar que acoge y se dispone como un argumento que evidencia el vivir no es menos fugaz que una fecha. Se ignora mientras el lugar no se distingue de quien lo habita; bien porque se acabe de conocer, bien porque se haya residido allí de un modo prolongado. Pero si la ausencia aleja del lugar, el regreso ya no reconoce espacios. Solo existen ojos, entonces, para lo que no está. Únicamente lo que ha muerto se ve. Toda descripción es un ejercicio optimista —un espejismo de permanencia— que camufla una elegía. 

sábado, 5 de abril de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 12


La mediocridad tiene dos caras. Pongamos un tema sobre la mesa. Cualquiera. Cuatro personas alrededor. La primera enumera tópicos como si dijera aquello por primera vez.  Intervención espuria. La segunda les da la vuelta. Con humor. No es así, sino al contrario. Mejor, con chistes. Primera cara de la mediocridad, el iconoclasta. La tercera le enmienda. Guardián de las esencias. No recurre al tópico, sino a lo que, en la creencia consensuada,  es. Segunda cara. Queda una cuarta persona. Es posible que sea yo, que estoy en silencio. Miro a ambos. Y no veo que haya otra cosa que decir. 

jueves, 3 de abril de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 11


Compro en un puesto del mercadillo donde solo hay cerezas —hermosas, gordas, brillantes, apetitosas— un cuarto de kilo. La mujer recorta un pedazo de papel de estraza, hace en un instante casi de magia un cucurucho y lo llena con cerezas que elige de la parte posterior del montón que muestra. Me voy contento, feliz, ansioso por probar la delicia de los dioses. Pero abro el cucurucho y dentro solo hay un montón de cerezas, todas, sistemáticamente todas, podridas. Ni siquiera se me ocurre ir a reclamarlo: me ha regalado la más cruel de las metáforas por un precio ridículo.

martes, 1 de abril de 2014

Intemperie / 17


Al líder de un partido político la sociedad le pide que acalle las voces o gestos discordantes, que domine férreamente el pensamiento expresado por los suyos, que su voz sea la única que se escuche, que no se mueva nadie en sus filas. Cualquier opinión fuera del discurso oficial del partido se convierte en una acusación de debilidad en el liderazgo. Una simple controversia derrumba las expectativas electorales del partido. La sociedad, que se rige por un sistema democrático, exige a los aspirantes a gobernarla una incuestionable formación como dictadores en su partido. De hecho, suelen serlo. ¿No resulta contradictorio?

sábado, 29 de marzo de 2014

Becqueriana / 45


En una de las paredes de la sala hay un cuadro donde de vez en cuando entramos a pasar la tarde. Una mínima bahía, con una estrecha playa de piedras y una barca de pesca varada. La mañana de invierno se ha remangado la falda y se remoja los pies y las piernas, hasta las rodillas; el rostro de viejo pescador con pipa en la boca de las rocas la contempla con indiferencia. Buscamos en la acuarela una piedra donde sentarnos. Le subimos el cuello al abrigo, porque la brisa llega gélida, nos damos la mano y suspendemos el pensamiento.

jueves, 27 de marzo de 2014

Becqueriana / 44


Los amantes clásicos. Les gusta la madera de los bancos del parque. Aquellos situados en el sendero que llega hasta la tapia, casi cubiertos por la fronda que no poda el jardinero. Allí donde les conduce la lentitud de los pasos entrelazados las tardes en las que al sol se le ha roto el tubito de vidrio de la purpurina sobre la paleta de sus óleos. Se sientan en el banco a sentir dentro el espacio exterior, remansado en las palabras, próximo en las miradas, inofensivo en la luz. Amantes que al besarse interpretan una dulce, ensimismada, melodía de cámara.

martes, 25 de marzo de 2014

Becqueriana / 43


Lo enigmático se esconde en las pequeñas liturgias del día. Instantes que parecen de transición, un ir a hacer algo y detenerse nadie sabe para qué. Ni siquiera quien entra en el cuarto para acostarse y antes de deshacer el embozo se acerca a la ventana para sentirse cerca de las estrellas. O quien se levanta del escritorio para realizar una tarea y desvía los ojos hacia el cielo que cuela la puerta que alguien ha abierto, y ve cimbrear una rama sobre una cartulina azul en un trabajo escolar de la infancia. Lo desconocido me acompaña. Está ahí, dentro.

sábado, 22 de marzo de 2014

Suárez


Escucho estos días, reproducidos, fragmentos de los discursos de Suárez. La mayoría los recuerdo. Ahora me chocan. No hay político con un engrudo retórico —y envarado— mayor que él. Sus discursos son perpetuas perífrasis. Retórica mala. Sin embargo, no he encontrado ni una sola frase que no tuviera conexión con la realidad. Con lo que hacía. Ahora uno nunca se sorprende de que ocurra lo contrario. Los políticos hablan de un modo coloquial, sin siquiera una frase bien estructurada, pero nada de lo que dicen tiene que ver con la realidad. Como si hablar fuera un fin en sí mismo.

jueves, 20 de marzo de 2014

Mañana después de la Cremà


Isabel, gracias por acordarte ayer. Los cumpleaños se parecen tanto a las jarras que tenían antiguamente en las vaquerías y cuyo significado uno, cuando era niño, se esforzaba por comprender. Una especie de peine con números de vez en cuando las recorría de arriba abajo. La vaquera metía la jarra en la cuba e iba soltando leche hasta que algo le decía que ya debía verterla en el recipiente que llevaba mi madre. Qué sabiduría la suya. Siempre acertaba. No sobraba, en el fondo, ni una pizca. Dónde estaría la magia, me preguntaba. Ojalá supiéramos también leer así la edad.

martes, 18 de marzo de 2014

«Adiós al fútbol», de Valerio Magrelli, en Xordica


Como no era bueno ni siquiera de defensa, los de mi clase solían dejarme la portería en los recreos. Éramos cuatro o cinco porteros bajo palos. Cuando se acercaban los delanteros de cada partido se quedaba uno y los demás nos apartábamos. A veces llegaban dos ataques juntos, y cada uno lo defendía por su lado. Jamás nos estorbábamos. Jugábamos en mundos paralelos. Valerio Magrelli cuenta algo parecido de los parques públicos en Roma, «compartimentados en decenas de efímeros rectángulos». Del fútbol que nace de la experiencia —preciosas las observaciones sobre los sonidos de la pelota— habla estremecedoramente este libro.

domingo, 16 de marzo de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 10


Cuando uno llega a deshora a un aeropuerto, y al seguir los pasos de los otros viajeros por los vastos corredores siente que pertenece a una tribu nómada en mitad del desierto, observa con inquietud el bulto solitario de personas que aquí y allá, permanecen sentados o tumbados en las hileras vacías de asientos. Si están despiertos, su rostro apenas consigue expresar nada. Y uno se queda meditando, a veces, en el extraño simbolismo de la imagen. Parecen personas que se hubieran quedado sin tiempo. Atrapadas en la rejilla del sumidero que es la vida. Sin un presente que despilfarrar.

viernes, 14 de marzo de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 9


Dejan los libros una mancha de aceite en el lugar donde ha pernoctado la lectura. Como los coches averiados. La maquinaria antigua. Como el tiempo. Es un tizne blanco, a veces amarillo, con aguas que hacen visos al mirarlas con detenimiento. Un polvo apelmazado por la sequedad. Los libros abandonan bultos que resisten al ser rascados con lija o rociados con líquidos cáusticos. Una humedad que ninguna corriente logra airear. Los libros no sirven para calzar armarios ni trazan peldaños que conduzcan de un lugar a otro más alto. Sí, son una molestia porque permanecen. No se los lleva la nada.  

martes, 11 de marzo de 2014

Becqueriana / 42


La noche es la lona que el vendedor del mercadillo extiende sobre los colores de sus mercancías cuando los compradores han desaparecido del recinto y solo sombras caminan por las callejas del barrio antiguo. Las cortinas tamizan la luz que escapa por las ventanas. Se expanden olores de alimentos al fuego. La retransmisión deportiva compone la banda sonora de la ciudad deshabitada, invadida por un viento crispado que recorre con cierta desesperación el laberinto en busca de una salida y halla una plaza mal iluminada con un surtidor cantarín en medio, donde los amantes recientes aprovechan para besarse con timidez.

domingo, 9 de marzo de 2014

Becqueriana / 41


El blanco viste la desnudez tendida entre unos brazos. Es el blanco del horizonte, allá, sobre la lejanísima caricia que el cielo parece entregar al mar. El blanco de la palma de una mano cuando se acerca a una melena revuelta para peinar su desconcierto. Blanco de las coladas tendidas en las ventanas de los barrios populares, colegiales que saludan ruidosos desde el tren que les lleva hacia el final de la infancia. La delicadeza, la tenacidad, la alegría tejen sobre la piel un vestido de nieve cálida, de arena dulce, de silencios amables. Cuando se amanece entre unos brazos.

viernes, 7 de marzo de 2014

Becqueriana / 40


El país del brezo y del tomillo es áspero. Araña con sus escarpaduras el algodón de las nubes. Las pantorrillas de los caminantes. El lomo de los perros abandonados. La brisa aromática lo zarandea sin descanso y los insectos interpretan la incesante sinfonía de su vuelo. Las tierras altas del romero y las azaleas son abruptas. Los caminos se convierten en zanjas, en taludes, en angosturas. El caminar, en una crepitación de piedras arrastradas. Su sequedad causa impresión a las palabras. Su angustia estremece. Su reciedumbre, sin embargo, acompaña. Solo en un paisaje tan solitario se es más uno mismo.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Machadiana \ y 5


Un lugar es también el nombre de un poeta a cuyos pies se tiende un mar hospitalario que lame las heridas de la playa. Un sol orfebre que dora el torso de las hojas de yedra y la cabeza erguida de las aves. Un lugar son los garabatos desposeído de paisaje. Un mirlo en lo alto de la tapia. El conejo subiendo el talud del camino. El rastro de cartuchos que abandona el cazador en su escondite. Un lugar, su pesadilla. En la losa dejo una maceta de narcisos para que den luz sobre el lomo en sombra de febrero.

martes, 4 de marzo de 2014

Machadiana \ 4


Esta hoja de papel donde escribo es, Leonor, una metáfora del universo. El sol que lleva tu nombre es palabra radiante y las palabras que le acompañan forman galaxias. Cuando te levantas, descalza, al amanecer sigo tus pasos en el susurro que su caricia deja sobre la piel de la madera. Las ventanas de la casa dan a hojas de papel en las que leemos cielo cuando miramos hacia lo alto y bosque si nos contemplamos, Guiomar, uno al otro con el mismo embeleso que si tuviéramos quince años y nos descubriéramos por primera vez. Como, de hecho, nos descubrimos.

sábado, 1 de marzo de 2014

Balada de Ana María Moix


Soplaba el viento. En las calles al norte se arremolinaba bajo el abrigo y se perdía por la camisa. En el cielo empujaba densos nubarrones. De repente, un chaparrón; luego, un claro. Por las aceras correteaban lentejuelas de vestidos años veinte, plumas de sombreros de fantasía, pisoteados pedacitos de serpentinas. Restos de un aventado carnaval. Entré en una librería. No había casi nadie. La librera se había disfrazado. Tuve una rara sensación. Todo se había quedado como detenido, pese a las sacudidas de la ventolera. Una luz elegíaca llegaba desde dentro. Quiero contarte, Ana María, lo que dejaste de ver.

martes, 25 de febrero de 2014

Machadiana \ 3


Lo llaman Castilla, pero no es más que un crepitar de guijarros bajo las botas. La luz que alguien arruga, un paso. La llama en la que alguien caligrafió las palabras erradas, otro paso. Caminar es el revés de la escritura, un ir deshaciendo lo que se sabe. Un convertir el frufrú metódico de la pluma sobre el papel en rumores. El agua del arroyo, la cantinela de los gorriones, el temblor de la maleza donde se embosca el animal. En murmullos sin significado. Lo llaman paisaje, pero no es más que el chasquido de ramas tiernas bajo las botas. 

sábado, 22 de febrero de 2014

Machadiana \ 2


En el entablado del proscenio nunca se acaba el polvo. Siempre están sucios los codos del apuntador y las rodilleras en los pantalones del artista que más sufre el desdén de la trama. Por los camerinos la mugre camela a las virutas de carmín que desprenden las voces. Los suelos de cerámica en corredores y aulas huelen a vapor de lejía. Cualquier palabra traza un eco átono, sin gracia. Hay que borrar las pizarras varias veces para exhalar un aire menos riguroso. Y cuando suena la campana no empieza, acaba. El destino ya no tropieza en los clavos mal hincados.

martes, 18 de febrero de 2014

Machadiana \ 1


La madreselva salta la tapia del jardín y desciende hacia la calle donde saluda con desmelenado gesto a los solitarios. Las sombras ensanchan los bultos por perpetuar, en el crepúsculo, la luz invisible de los jazmines. Sevilla sueña. Las sílabas tintinean. En la página modernista nada es lo que parece. La yedra está alegre con su traje oscuro. Los jacintos desangelados en su remolino de color. Niño que musita palabras emborronadas frente a un caramelo. Las rimas dan las horas desde el campanario del poema. En el azúcar modernista solo existe lo que sueña. Sevilla es también un cartel ferroviario.

viernes, 14 de febrero de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 8


La lluvia es un pintor que no mezcla los colores en la paleta. Aplica el óleo directamente desde el tubo, con toda su intensidad de marrones tierra y de verdes hierba. Un chorretón sobre la tersura del lienzo, que se queda durante horas cenagoso. La lluvia es un pintor rebelde, que no quiere que nadie cuelgue sus cuadros, ni siquiera que una mirada transite por ellos. Ha inventado artilugios de toda índole para cegar sus obras: los paraguas, la niebla, el barro. Es un pintor que siempre me ha gustado. Me sobrecogen sus interiores: la chimenea, la manta, un libro.

domingo, 9 de febrero de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 7


Un tímido sol les hurta grisura a las nubes nómadas de la mañana, restos del temporal. La cordillera del Canigó, en el horizonte, luce una cresta nevada. Los almendros solitarios desbordan la carretera con flores diminutas que se apiñan para formar, desde lejos, una única flor. La casa encalada abre los ojos somnolienta cuando el olor a cerrado la abandona. El mantel que extiendo en la mesa lleva aguardando todo el invierno para sentir esta alegría. Febrero se prueba vestidos blancos frente al espejo. Da vueltas para ver cómo giran sus volantes. Sueña con los colores que nunca ha visto. 

miércoles, 5 de febrero de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 6


De los días vividos con intensidad, también de las palabras con las que han sido encarnados, quedan revoloteando en el aire aparasoladas cipselas como si el tiempo hubiera soplado un diente de león. Cada acrobática semilla lleva en su interior momentos de vehemencia, notas de una canción, sílabas que pertenecieron a un nombre pronunciado. El viento antojadizo y cambiante las conduce a lugares diferentes, las dispersa en los campos y por calles empedradas de los pueblos. Casi burbujas de jabón, flotan en la cavidad del recuerdo si cerramos los ojos. Escribir es recolectarlas. Reunir la flor antes de ser soplada.

domingo, 2 de febrero de 2014

Intemperie / 16


Echar un vistazo a lo que ocurre inquieta. Los signos apuntan, con tozudez, hacia un mismo significado. Algunos oficios esenciales para la vida social están siendo humillados por el poder político. Son, curiosamente, aquellos a los que la sociedad reconoce una concepción autónoma de su labor: los jueces y su independencia judicial, los profesores y su libertad de cátedra, las profesiones con códigos deontológicos nada coyunturales (médicos, periodistas…). Hay un oficio que, mientras estos naufragan, está adquiriendo un protagonismo insólito y desmesurado en la sociedad: los fiscales. La única profesión civil que reconoce en su organización el orden jerárquico. Curioso.

jueves, 30 de enero de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 5


El amanecer teje sonidos con displicencia. Permite que los gorriones despierten al bosque con su inarmónico cántico y vandálico piar. Una celebración sonora de la luz que acompaña la caótica creación de las formas, la profunda desorganización de lo visible que para mitigar sus efectos denominamos paisaje. El coro desafinado de gaviotas se une, con graznidos ásperos e intimidatorios. Le sigue el lánguido lamento de los mamíferos, el zumbido de los insectos, el chapoteo de los reptiles. Una orquesta de aprendices fogosos que de repente, cuando una batuta de palabras golpea el atril, el poeta consigue conciliar para los demás.

martes, 28 de enero de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 4


En el cristal de la ventana la lluvia deja caligrafiado su monólogo interior. Igual que ocurre con las palabras, cada gota refleja en su esfera un universo. Coincide con lo que la ventana encuadra y al mismo tiempo no coincide. Como un espejo diminuto capta lo que los ojos pueden ver, pero su redondez transforma las dimensiones de lo reverberado. El poema de la lluvia habla de cuanto existe bajo su escritura incesante, pero con las proporciones cambiadas. Lo diminuto más próximo es mayor que lo grande más lejano. Una miga de bizcocho en el mantel deja pequeño al monte. 

sábado, 25 de enero de 2014

Becqueriana / 39


Los colores tienen memoria. No los colores, sino los matices de los colores. Los aspectos que la lengua solo consigue atrapar con metáforas. Por eso son tan importantes las metáforas. Nos diferencian de las matemáticas. De la convención matemática a la que conduce el uso pragmático del lenguaje. El rojo es rojo. Cuando nunca ha sido rojo el rojo. Ha sido clavel rojo en un balcón, crepúsculo de verano, vuelo de mariquita, tomatera, vestido, o ha sido gota de sangre sobre la piel. Cada rojo, una imagen. La del té que tomo mientras escribo, una carta de amor al silencio.   

jueves, 23 de enero de 2014

Becqueriana / 38


La lluvia presenta un mundo recién extraído de su tarro de cristal. Intacta, su fragancia húmeda se expande por todo lo visible. Inventa colores. Modifica formas. Altera distancias. Invade pensamientos. Se divierte haciéndolo. Su intensidad asusta. Su empeño desespera. Su perseverancia impregna de melancolía las notas de las canciones. La lluvia trastorna el mundo conocido. Ciegos videntes, el tacto resulta inútil para comprenderlo. El olfato es su primera conquista. Los pasos temen los charcos. El oído, la redundancia. Lo ahuyenta. Lo hace inasible. Transforma texturas, anula olores, convoca desconciertos. Pero bajo su repiqueteo las palabras acercan lo que está lejano.

martes, 21 de enero de 2014

Becqueriana / 37


La humedad oscurece, en invierno, la arena de la playa. Su granulación se arracima, se compacta, se alisa el cabello con la gomina del rocío. Fragua un yeso siena sobre el que la suela del calzado escribe con caligrafía gótica su deambular. Los pasos, a lo largo de la bahía, componen un poema chino de cuatro caracteres. Buscan estrellas de mar. Antiguas astros del cielo, tal vez, abandonados por la luz, cuyo postrer destello se convirtió en animal oceánico. Almas olvidadas, quizá, de viejos poetas románticos que lanzaron sus escritos a las aguas. Nunca encuentran estrellas, pero siempre descubren explicaciones.

sábado, 18 de enero de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 3


El pájaro se acerca al charco a saltitos, con precaución. Picotea su borde para asegurarse de que no es lo que su superficie dibuja, una nube aburrida en un día de sol. Cuando tiene la certeza de que la alfombra en medio del camino es de agua, extiende un poco las alas, como para sobrevolarlo, pero se adentra de un brinco y sumerge un instante el pico. Lo saca tan rápidamente como ágiles son sus movimientos para sacudirse las gotas. Extiende, ahora sí, las alas y echa a volar. Poco a poco la nube regresa a la mirada del charco.

jueves, 16 de enero de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 2


Los días sombríos, osco el cielo y la luz sucia, alguien parece enfadado con nosotros por algo que no somos conscientes de haber hecho. Nada hay que se realice a gusto, nada que se emprenda por placer. Los huesos sienten nostalgia de su futuro y se abandonan. Los músculos no soportan esa cháchara de pensionistas. El alfiler de la humedad teje su desangelado hábitat con el hilo de la incomprensión hacia las aspiraciones de los mortales: el paseo hasta el parque, la araña entre los setos, el vocerío de los niños, el chasquear de las páginas del periódico al pasarlas.

lunes, 13 de enero de 2014

El poema del trece de enero

Para M.
Las calles recitan cada día su poema. Para quienes no lo conocen y pasan por allí al acaso de una gestión, es una única salmodia. La canción de todas las calles. El tránsito, los comercios, las marquesinas en las paradas de los autobuses, el debate de los semáforos. Para quienes transitan todos los días, sin embargo, nada hay tan diferente a una palabra como la misma palabras pronunciada en otro tono, leída en otra frase. Nada tan distinto como la melodía que recita cada día la misma calle. La incidencia de la luz sobre las paredes, cristaleras, miradas. Su convicción.  

sábado, 11 de enero de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 1


Abro el cuaderno. El salitre en el fondo del recipiente que contuvo un pensamiento. La luz del día despejado después de la nevada. Las letras dejan su huella de botas altas que avanzan por la página descubriendo objetos, realidades, en los bultos blancos. Ahí los asientos del parque, el seto, un arbusto, la fuente. Los pasos alrededor, contemplándolos, los descubren. Los describen. Su materia, sus colores, el tacto, las fisuras, ahora ocultos, aparecen de súbito ante la mirada de quien, en la página escrita, les pasa la mano enfundada en un guante por encima para retirar la nieve cuando lee.

jueves, 9 de enero de 2014

«Las ruinas del cielo», de Christian Bobin, en Sibirana Ed. de Zaragoza


Al leer las frases de Christian Bobin se percibe el frufrú de la pluma al escribirlas en el cuaderno. El tacto verjurado del papel, la prestancia de las tapas de cartón duro. Desde su cocina llega el olor de la cafetera y se oye un coro de gorriones desafinados al otro lado de su ventana. Cada página es un libro entero. Cada libro, una biblioteca. Los aforismos de Bobin se imprimen acompañados por la luz de la estancia donde se leen. Y donde la mirada queda enmarañada de palabras. Sus fragmentos, sutiles e incisivos, por el lápiz que los señala.