lunes, 26 de enero de 2015

El pabellón dorado [6]


Una manzana es el chasquido de la carne jugosa cuando hincan los dientes en ella su voracidad. La tersura en la mano que la ha acerado a la boca. El aroma ácido a tierra que desprende. Es la tarde remansándose y alrededor una bandada de estorninos al posarse en las ramas del eucaliptos más alto. Un lápiz también puede ser una manzana, se dice. Si al dibujarla el rumor del grafito sobre el papel se condensa en una imagen que carecerá de cuanto convierte en manzana una manzana. Quizá también lo sea. El papel cruje, es terso. No es jugoso.

viernes, 23 de enero de 2015

El pabellón dorado [5]


La oscuridad es el envés de una visión. Es la visión concebida como atmósfera. Como líquido. Como humo. Como sima. Es el interior de un envoltorio. El relleno de una tarta que aguarda en una repisa del obrador. Lo que se transporta en un baúl que recorre la línea ferroviaria apilado junto a una ventana. Que no contempla. La parte rugosa del tapiz que no trasluce los tintes. Donde están anudadas las costuras de lo real que la mirada no ve. La negrura de los ojos que la ven. De los ojos que solo acceden al dorso de la claridad.

miércoles, 21 de enero de 2015

El pabellón dorado [4]


No hay más lugar que el que alcanzan los dedos a desentrañar. La piel rugosa de los revestimientos. La aspereza de las paredes donde la pintura se ha ido secando en su correoso noviazgo con el tiempo. Las maderas cuya suavidad busca compañía. Quien deja la mano sobre la mesa de nogal, quien acaricia el abedul de las molduras de la silla. La impresión fría del cristal, su seductora perfección de realidad superpuesta. La rugosidad desengañada del barro. El puchero, el cántaro, las orzas. Cuando palpar es conocer, el horizonte está concentrado en la materia. No hay ideas, solo asimiento.

lunes, 19 de enero de 2015

Arnaldo Calveyra. Una elegía


De estudiante, en La Plata, —le escuchaba decir a Arnaldo— acudía todos los fines de semana a Buenos Aires, me alojaba en casa de Carlos Mastronardi y pasábamos los días hablando y paseando. Y al poco entre sus palabras se deslizaban detalles de las avenidas en las que caminaban, los parques por donde cruzaban, las luces de la tarde sobre las aguas del Río de la Plata que acompañaban aquellas interminables conversaciones evocadas. Las palabras ya no estaban, hacía muchos años que habían prendido sus simientes. Y ya eran otras. De aquel tiempo quedaba solo el reflejo cárdeno del aire. 

No sé si entonces me extrañó o no que mencionara aquellos detalles. Pero ahora, cuando pienso en Arnaldo reaparece la puerta del hotel, la luz de una mañana primaveral en la acera donde alguien me lo presenta, la ruta que seguimos después por Barcelona y las calles que le muestro y me descubre descubriéndolas. También las de su barrio en París, estrechas y coloristas. Las sillas de mimbre con vistosas almohadillas donde nos sentamos a tomar un café. Cuando levanta la vista y señala el balcón de un primer piso y dice: ahí murió Verlaine. Y lo contemplamos con emoción.

[Diario de un inicio]

viernes, 16 de enero de 2015

Cuaderno de tapas rojinegras \ 32


Viernes. El aleteo de una paloma que se despide del sopor de la plaza. La lámina de agua que se vierte por encima del mirador del estanque tras la lluvia. El ciervo que asoma curioso la cabeza un instante entre los arbustos antes de desaparecer. Habitar un viernes. Cucharada de miel en la infusión de hierbas de la tarde. Nube que brinda su blancura a los delirios cromáticos de un sol senil. Dedos que modulan sobre las teclas blanquinegras del piano una melodía cuya partitura fue escrita por el deseo. Hoy es viernes. Todo lo dice. Claro de bosque. Ensenada.

miércoles, 14 de enero de 2015

Cuaderno de tapas rojinegras \ 31


Esquinas, rincones, recovecos. Los lugares. Universos en miniatura. La mesa de la cocina. El tronco de la acacia. La marquesina de la parada del autobús. Cada lugar con su memoria, el relato de una conversación, de una caricia, de una mirada. Los lugares humildes, casi sin historia, sin prestigio. Son los que se eligen para permanecer, para charlar, para quererse. Se impregnan de una historia, una memoria y ofrecen su gratitud, su no pedir nada a cambio, su hacer sentir tan a gusto. Los lugares minúsculos, donde la época no se detiene. Ni siquiera los mira. Los propios, los inolvidables.  

lunes, 12 de enero de 2015

Becqueriana / 60


Cabellos repeinados con gomina, almidón en el traje, brillantina en las mejillas. Los músicos suben al escenario. Susurros en el micrófono —sí, sí, ¿se oye?—, algunas notas desparejadas, toques de baqueta en la caja, temblor de platillos y un golpe en el bombo. Repentino silencio en la mano elevada del pianista. Cuenta: uno, dos, tres. Y la orquesta del atardecer arranca su bolo de viernes noche para los dos únicos bailarines sobre la hierba del jardín. Con el vestido que más admira, ella; con la camisa de lino que le gusta acariciar, él. Descalzos, los dos. La noche, mirándolos.

sábado, 10 de enero de 2015

Becqueriana / 59


Lo mejor del día es cuando dejamos que nos hable la tarde. Que nos cuente el arroyo su vida nómada, la antigüedad mineral de su linaje, sus altas aspiraciones. Y lo haga con sonidos tenues, casi cansados, mientras le escuchamos, devotos siempre de los lienzos que pinta a cualquier hora con pigmentos desprendidos de la luz. Que nos reciten los peces de colores saltarines los poemas que aprendieron de memoria siendo alevines, cuando serpenteaban entre juncos. Que nos descubra la piedra de suave tacto su corazón enamorado. La paciencia con la que aguarda que la crecida la empuje. Y acerque.

jueves, 8 de enero de 2015

M \ 1000 \ Mil \ 千


(Al principio esta entrada era una aspiración. Un mito. Soñaba con lo que escribiría. Luego, conforme se acercaba, se convirtió en un lugar donde llegar. Era un final posible para una escritura que, por carecer de trama, andaba en su busca. La convención de un libro, unas páginas, una cubierta que se cierra sobre ellas. Un espejismo. Ahora ya sé que la reflexión soñada o el punto final carecen de sentido. Lo que anima estas palabras no es un argumento, sino un fluir. No acabarlas es su forma de irse consumiendo al paso que se apaga lo que las alienta.)

martes, 6 de enero de 2015

El pabellón dorado [3]


¿Ese ruido, madre?
El viento. Lo trastorna todo.
No, el viento ya lo oigo. Digo el chasquido.
¿Cuál? Hay tantos. Lo aturrulla todo el viento.
El tris tris.
¿Serán las cañerías al pasar el aire?
No, eso lo conozco. Es como un rechinar, en grande.
¿Dónde lo oyes?
Hacia la izquierda. Por allí.
Ah, no es nada. Una bolsa que se ha quedado atrapada en la verja.
¿Una bolsa? ¿Qué tipo de bolsa?
Una bolsa de plástico. De las que dan en las tiendas.
Sí, lo veo.
El viento la empuja y el alambre la frena.
¿Tantas bolsas hay perdidas?

domingo, 4 de enero de 2015

El pabellón dorado [2]


Lo que huele tiene también corporeidad. La rebanada de pan que se tuesta en la lumbre, el calor que vierte como una fuente la cafetera, el barro endurecido de la taza. El desvelado crea imágenes con aromas. El de los cuerpos que llegan del campo, el de los que salen el domingo por la tarde hacia el baile. Moldea volúmenes con fragancias. La acidez de las naranjas y de los limones, el dulzor de las fresas, lo floral de las manzanas. La salinidad que revolotea en el aire cuando el mar se encrespa y acaba por discutir todas las ideas.

viernes, 2 de enero de 2015

El pabellón dorado [1]


Rota contra el suelo la tinaja de la luz, en su derramarse la oscuridad se ensucia. Se encharca. La araña recorre la silenciosa geometría del aire donde la polilla no ha desistido aún de aletear. El gorrión se limpia el flanco con el pico, pero son las hojas de la enredadera las que se agitan. El perro le ladra a las sombras que bosqueja el lápiz del amanecer. Una bolsa de plástico regresa a estas horas abrazada al viento y dando traspiés de alcohólica. El insomne traduce a su nada las impresiones que le alcanzan. Lo que le habla existe.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Bye bye 2014


«¿Qué quedará de ti, año de métrica alejandrina?» —pregunta la Sibila arrodillada sobre la losa de mármol, con la cabeza oculta entre los brazos. «Todo», responde el Oráculo. «¿Todo? ¿He oído bien?» —no sale de su asombro la Sibila, que levanta la mirada inquisitiva hacia la piedra de donde la voz ha emanado— «¿no era más bien Nada la respuesta? ¿Ha dejado de ser la nuestra una pregunta retórica?». «Todo», reitera el Oráculo. E interpretando su postrer silencio el escriba anota: todo quedará registrado y cuando necesites algún dato esquivo las noticias más triviales del 2014 lo ocultarán en Google.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Becqueriana / 58


Desde el horno un aroma dulce, a canela y a virutas de limón, impregna la tarde. Con su vaho desembarca en el puerto del recuerdo la niebla de una infancia. Por la pasarela del presente desciende confusa dentro de uno mismo, que al evocar aquel olor de la inocencia habla ahora con un tono más alto, más desinhibido también. Es el dulzor que expande por el aire una idea muy precisa del gozo. Rumor de multitud que en el muelle espera ver llegar al forastero. Expectativa del encuentro, cuando la cafetera lo mezcla con el olor a cabaña de bosque.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Becqueriana / 57


Cada gesto de la mujer que se ha asomado a la ventana modifica el paisaje, lo transforma. Si sopla como quien deshace un diente de león, las flores de la acacia pintan la hierba y los guijarros del sendero de amarillo-van-gogh. Si silba la melodía de una canción de amor las violetas despiertan en el talud del ferrocarril y lo saludan cuando pasa. Si canta la letra de un poema que se aprendió de memoria cuando era niña, los gatos se tumban en el alféizar a escucharla. Si sueña, unas manos vaporosas sujetan su cintura por detrás y la elevan.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Ni por esas. (Pequeño cuento de Navidad)


En la radio, trompetas tempestuosas, violines sinuosos. La marcha Radetzky. Debe de ser Navidad. O quizá el anuncio de unos grandes almacenes. Me asomo a la ventana y veo la raya del peinado de la gente trazada con esmero. Sí, es Navidad. No cabe duda. La música me está animando. Es inaudito, pero la inesperada euforia me incita a acompañar la marcha con palmas. Me acerco al aparato, las manos enfrentadas, y chas, primero mi palmoteo e inmediatamente los platillos del percusionista. Espero el siguiente compás. Yo por un lado, la orquesta por otro. Qué humor de perros. Fuera radio.

martes, 23 de diciembre de 2014

Teoría del Lugar \ y 7


Medio desencajada y con los cristales rotos, los herrajes de la ventana chirrían cuando trato de abrirla, sin lograrlo. Tropieza su cierre. Astillas de pintura caen como escamas de un pez muerto nada más rozarlas. Sobrevuelan la estancia y brillan un instante sobre los escombros acumulados en el suelo. Tiemblan las hojas si las fuerzo. Ni yo mismo podría explicar por qué quiero abrir una ventana que ya no tiene cristales. Pero sigo intentándolo. La observo por descubrir el estorbo. Me empeño. Cuando lo consiga, me digo, habré hecho lo que otra persona hacía a diario. Aquí. Reharé sus gestos.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Teoría del Lugar \ 6


No son buenos pintores, los lugares. No les guía ninguna estética. Lo ancho resulta estrecho. Lo menudo, basto. Tampoco entienden los colores. Los mezclan mal. Desconocen la simetría, estropean la perspectiva, alteran la ordenación. En una lámina solo convocarían irritados garabatos en rojo del corrector. Algún improperio, quizá. Sin embargo, a diferencia de las obras artística, los lugares huelen. Los pasos resuenen en su interior. Les hablan con sensaciones a los dedos que se aventuran. Cultivan higueras cuyos frutos carnosos se ofrecen con desprendimiento. Lo hacen todo sin boceto ni premeditación. Nunca serán reconocidos paisajistas, una simple niebla los ciega.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Teoría del Lugar \ 5


El lugar nunca es el lugar a secas. Aparece vestido con su condición metafórica. El lugar es siempre el valor que evoca. Las ventanas que quedan abiertas delante, para mirar dentro y ver reflejado, en el espejo del fondo de la sala que lo contempla, el lugar que ha quedado fuera. Se comprende el lugar en los juegos oblicuos de las metáforas. En lo que despierta cuando la luz lo dibuja en la retina. Ese descerrajado baúl de palabras que se guarda en el altillo de la memoria. Pero las metáforas son columpios. Cualquier signo, despertado, conduce a un lugar.

martes, 16 de diciembre de 2014

Teoría del Lugar \ 4


El espacio se transforma. Hay quien lo cree así. Llegan unos obreros. Durante toda la mañana golpean las paredes. Los sacos de escombros dejan un reguero de polvo tras su paso. Se enfada algún vecino. A las seis bajan riendo y dando voces por la escalera. A las ocho del día siguiente regresan. Silenciosos. Así unos días. Lo transforman. Se diría que el espacio es el fénix, siempre otro, cuando siempre es el mismo y quien va a metamorfosearse acaba de llegar con sus pertenencias y las está distribuyendo en el armario aún con olor a barniz. El espacio transforma.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Teoría del Lugar \ 3


No es la saeta que se alza y sin nada alcanzar gira y regresa. Ni el tranvía que se detiene un instante en la parada sin que dé tiempo a descender y sigue luego calle abajo. No es cauce. El lugar no avanza. Tampoco, perpetuo oleaje, permanece estancado. Como la luz tenue de una estrella, se expande; raíz, copa de un almendro en flor o pétalos de una camelia. Envejece y renace al mismo tiempo, y su tiempo no decora el presente. Lo encarna. Es el presente quien no gira y regresa, quien no sigue calle abajo. Quien suma. Congrega.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Teoría del Lugar \ 2


SEMPRONIO:¿Tú piensas que la distancia del lugar 
 es poderosa de apartar el entrañable amor…? La Celestina 

Florecillas que nacen en las hendiduras del muro. Helecho que ha prendido en la tierra acumulada sobre la cañería, dentro del patio umbroso. Hierba que crece en la fisura. Así emerge el amor. Un poco de arena, humedad, luz. Un tallo que la brisa cimbrea. Que brilla si el cuenco de la luz vierte sus colores al amanecer. No solo enraíza en el lugar. El amor es el lugar. Convierte lo anodino en memorable. Donde nos vimos, donde enlazamos nuestras manos, donde me lo dijiste. Establece signos. Y en la distancia imagina —construye— espacios. Donde verse, donde abrazarse, donde hablar.

martes, 9 de diciembre de 2014

Teoría del Lugar \ 1


Una descripción tiene algo de epitafio anticipado. El lugar que acoge y se dispone como un argumento que da noticias del vivir no es menos fugaz que una fecha. Se ignora mientras el lugar no se diferencia de quien lo habita; bien porque se acabe de conocer, bien porque se haya residido allí de un modo prolongado. Pero si la ausencia aleja del lugar, el regreso ya no reconoce espacios. Solo existen ojos, entonces, para lo que no está. Únicamente lo que ha muerto se ve. Toda descripción es un ejercicio optimista —un espejismo de permanencia— que oculta una elegía.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 30


Escribo ahora en la pantalla del ordenador. Otras veces lo hago a mano, con pluma, sobre las páginas de un cuaderno. Los cuadernos me gustan, pero se quedan en los cajones para uno mismo, para nadie. El ordenador se muestra como una paradoja, siendo enteramente impersonal su escritura, es capaz sin embargo de llegar a alguien en un tiempo que el reloj ni se molesta en computar. Siendo un intrincado enigma su modo de escribir —un programa traduce al alfabeto el incomprensible código digital en el que lo graba y transmite—, inmediatamente lo colma de sentido quien lo recibe.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 29


La experiencia de cada día alienta en el nuevo día que todo ocurra igual, porque siendo igual será siempre diferente, repitiéndose logrará ser inesperado. Es una de las paradojas del vivir. Solo lo novedoso y cambiante insiste en su vacuidad. La vida no es un camino hacia lo desconocido que exista más adelante, sino un descenso a lo conocido que hay en la propia vida. Un descenso a las honduras de lo que es. Solo lo conocido puede proporcionar conocimientos desconocidos. Lo desconocido únicamente convoca palabras conocidas con que malbaratarlo. Las palabras visionarias ahondan, penetran. Anhelan lo que han vivido.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 28


No se sientan nunca las sillas. En pie siempre. Esperándonos. Igual que un perro que aguardara el regreso de su amo junto a la puerta. Un ramo de rosas sobre la mesa que pide un jarrón lleno de agua. Así las sillas nos esperan. Su paciencia, imperturbable. Y cuando nos sentamos, también ellas al fin se sientan. Descansan. Ladrido del can feliz, aroma de flores. Nos hacen masajes en la espalda, en el trasero, en las pantorrillas. Sujetan los brazos. Y cuando nos movemos intervienen en la conversación con un ligero gruñido, que es su rara manera de expresar alegría.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Becqueriana / 56


El modo cómo las olas se lanzan contra las rocas y su golpe retumba con un sonido grave, intenso, estremecedor, y su impulso y fuerza se fraccionan en una lluvia de gotas que humedece la impasibilidad de las piedras, tiene algo erótico. Un erotismo primitivo, agreste, germinal. Como el de los volcanes y su incandescencia. Como el de un géiser y su desmesura. Un erotismo no de los cuerpos, sino de la naturaleza. De las selvas. De los ríos cuando devienen cascada. De las tormentas. Escuchamos el retumbar de las olas también dentro de las venas. Ese desbordamiento. Ese exceso.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Becqueriana / 55


Los días de lluvia imprimen un pequeño diccionario. Con sus tapas de color de nube, el papel con tacto de agua y la tipografía de moras silvestres en los taludes del camino. Cada tarde sale de la imprenta un nuevo volumen que se añade a la colección en los estantes de la memoria. Nuevas palabras, nuevas definiciones. Las escriben los gestos. Las manos en la melena. Un pie adentrándose por la pernera de los pantalones. Hombros contra otros hombros de quien baila de espaldas. Cada inventada caricia requiere un término. Su etimología. Los prefijos. Una manera intensa de ser vivida.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

El inmortal


La mayor parte de mi obra periodística permanece desconocida. Es curioso, aunque sepa que todos mis artículos antes o después serán compuestos por los tipógrafos e impresos de madrugada, la mayor parte sigue inédita. Escribo necrológicas. Cada día ocupo mañana y tarde en este oficio con el que me gano la vida. Hablo de políticos, de artistas, a veces también de deportistas, pero en este caso no tengo nunca demasiada prisa en acabarlos. Sintonizo la radio cuando trabajo. Un canal de noticias. Cuando informan de un óbito, busco al personaje en el archivo, añado la fecha y llamo al periódico.

domingo, 23 de noviembre de 2014

«Almacén. Dietario de lugares». Editorial Polibea. Madrid, 2014 110 páginas



El tiempo sienta mal. Envejece. Los lugares rejuvenecen. El tiempo desanima. El espacio anima. El espacio exterior, el interior, el galáctico, el subterráneo, el secreto, el recordado, el visionario… siempre animan a emprender, o reemprender, su conocimiento. El tiempo se repite. Nos repite. El lugar nos crea y nos recrea. Nos funda y constantemente nos refunda. Mirar con los ojos del tiempo es constatar identidades, mirar con los ojos del lugar es descubrir lo diferente. El tiempo nos aleja, aunque parezca que nos acerque, siempre nos aleja. En el lugar estamos y aunque no estemos tenemos la capacidad de imaginárnoslo. 

El lugar encarna el huidizo tiempo presente. Su inexistencia como tiempo (cómo en un punto se es ido y acabado) cobra corporeidad en el espacio. El espacio detiene el tiempo. O al menos podemos creer que lo detiene. Que lo subyuga. Que lo atenúa. Al menos. El espacio funda la memoria, la conforma, la ordena; el tiempo le pone un post-it encima con un número. El tiempo es pronombre numeral, el lugar es sustantivo, verbo, adjetivo y adverbio. El tiempo conduce —nos condena— a la angustia. El espacio, cada lugar que hacemos nuestro con palabras, nos redime de la condena.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Desencantados Encantes


Detecto una anomalía en mi percepción de las cosas, ya solo me acuerdo de lo que no está. He ido a los Encantes. Voy todos los miércoles, pero desde hace mucho ya no lo cuento. Quizá desde que trasladaron a esta nueva ubicación, casi vanguardista, la sórdida y polvorienta campa donde los objetos se revolcaban. Tengo la impresión de que cada vez es menos rastro y hay más anticuarios enmascarados, aunque tampoco estoy seguro. Me cuesta, sí, concentrarme en lo que veo. Si me despisto, acabo contemplando solo los puestos y lotes que alguna vez vi en el otro lado.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 27


Llega de ninguna parte, ordena el viento a su favor, un estrépito que reclama todas las atenciones mientras se le ve correr con estruendo, una cinta de película mal regulada, y en un tris ya ha desaparecido camino de ninguna parte. Deja la mente pensativa. Desorientada. A quién trae, a quién se lleva. Las ramas de los árboles y los setos que acompañan su pasar de manera enloquecida poco a poco regresan a la quietud. Las dos vías recobran su resignación de trazos que añoran encontrarse. Ha pasado el tren. Su intensidad. Queda el eco de los símbolos. Un hueco.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 26


El otoño es un cronista de cielos. Carga su cámara con las lluvias de noviembre y se la echa al hombro por los caminos, entre los campos, en los claros. Allí donde una hondonada consigue reunir un poco de agua planta su puesto de reconocimiento. Cada bache, cada charco, cada balsa se convierte en un observatorio de estrellas. La quietud es vidrio; la transparencia, nitrato de plata. El otoño es un artesano de espejos. Y cuando cesa el temporal salgo a recorrer la exposición de sus obras fotográficas. El vuelo de una gaviota, de las nubes, de los deseos ignotos. 

jueves, 13 de noviembre de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 25


He bajado del autobús en una calle desconocida de una ciudad de la que solo sé el nombre. Tal vez lo recuerde de un verso leído alguna tarde de lluvia mientras tumbado en el sofá alargaba la manta de algodón hasta los pies justo antes de que empezara a refrescar. Nada más. Transeúntes en todas direcciones. Por encontrar un signo que me guíe busco en las sombras. En el cielo también. Un campanario, una torre, un árbol alto quizá. Echo a andar hacia el norte. Los escaparates me reflejan, pero nadie en la multitud me mira. Solo soy un extraño.

martes, 11 de noviembre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 十


De paseo por el bosque la cabaña que habito se alza con paredes diáfanas, posee una galería hacia el atardecer y está cubierta por una techumbre imperceptible. Va siempre conmigo. Una casa en mitad del llano, bajo el pinar, sobre la duna. Sus tejas son palabras; las columnas, el recuerdo de un poema; la tarima, un xilofón cuando los pies descalzos caminan por la arena. Una casa en la cima, junto a la ribera, con ventanas a poniente. No se desprende nunca de mí. Sus paredes son no tener paredes; su tejado, el oscuro cielo; el mirador, alguien que contempla.

domingo, 9 de noviembre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 九


Me invitas a tu cuerpo. Agua clara que fluye entre la mansedumbre del prado en el que estoy tumbado. Extiendo los brazos, hundo mis manos en la corriente y se estremecen con el impulso de tus caderas. Sueño con tu cuerpo. Sombra de sauce bajo el corazón del día que la brisa de las caricias airea y desviste. Mi hanfu huye a saltos por la hierba. Alabo tu cuerpo. Coro de aves cantarinas que replica las palabras que te digo y las divulga por bosques y colinas. Como un cántico. Entro en tu cuerpo. Y somos parte de esta naturaleza.

viernes, 7 de noviembre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 八


Empujado por el prestigio de la montaña quise conocerla en el momento —según decían quienes se asombraban con mi ignorancia— de su mayor esplendor. Tras el deshielo, cuando las hojas del ciruelo empiezan a brotar. Preparé la cesta para un camino solitario y no recuerdo tarea más inútil. A cada paso encuentro quien me ofrezca tajadas de ganso, ollas de mejillones, sopas de jengibre. Me asaltan para que juegue mis ahorros al Nard —si aún fuera al viejo Liubo—, en las noches el estrépito de las fiestas persiste y de madrugada no hay paso que no huelle una inmundicia. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 七


Pese a no callar, ni en sueños, no suelen los humanos decir nada. O nada que valga la pena caligrafiar con tinta. Y aunque una multitud inquieta se reúna en calles o mercados a murmurar, tiene más valor lo que escriba el paseante que, para oír, se adentra solitario en la fronda. Dicen las aves y los insectos y dicen las flores y los árboles, pero acaso aún mayor locuacidad posean las rocas. No hay formas que desconozcan o no logren evocar, desde el dragón hasta el sapo. Desde la luna hasta una horquilla del pelo, las piedras expresan siempre.

lunes, 3 de noviembre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 六


El esplendor de los pabellones que me deslumbra en esta montaña sin ningún nombre, o peor, con un nombre errado, me desconcierta. Pregunto al letrado que me hospeda por los poemas que ensalzan el lugar, por las pinturas que lo evocan. Guarda silencio. Me maravilla no solo la arquitectura de las construcciones, sino también su antigüedad. Y aún más la nula reputación. En el balcón las vistas convierten en jardín toda la ladera. Ni siquiera una rama rebelde altera la armonía. Y cuando insisto, solo oigo: Es el fruto de una larga paz. Nadie anhela lo que no conoce, asiento.

sábado, 1 de noviembre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 五


El valle primoroso, el cobrizo pedestal de los brotes rosados, el díscolo rumor de aves. No me pregunto tampoco en este momento, tras alcanzar la cumbre a la que con tanto esfuerzo he ascendido por la senda del norte, si realmente estoy contemplando, en este instante, el valle, los ciruelos en flor o las garzas. Las garzas interpretan la partitura de la tarde, enloquecidas por nubes que absorben todos los naranjas del sol. La ladera, con rubor de mejilla levemente azorada, parece levitar. Nada miro. Leo. Absortos mis ojos en los versos donde había conocido el valle antes de conocerlo.