miércoles, 1 de abril de 2020

Safo | El destierro 01



Por más torpes que los barcos parezcan, sin caminos por donde alejarse, sin siquiera una pareja de caballos que los arrastren, se van. Abandonan las palabras, el papiro de súbito se queda impoluto, ni una mancha de tinta que se parezca a una letra. Por más que la espuma que se arremolina en popa crea que escribe. Pero, en verdad, borra. Ni las antorchas encendidas en la noche quedan de Mitilene. Ni las suaves colinas sobre las que se tumba a descansar su nombre. Al regresar a proa por leer el mar, me asustan los renglones que nadie ha escrito.

sábado, 28 de marzo de 2020

1493 | El estudiante Fernando de Rojas en el claustro de la Catedral



Bajo el colchón es el primer lugar donde buscarlos. En un manto envueltos. Ideal para el verano, pero ¿cómo salgo en noviembre? En el arcón mayor ni pensarlo, se abre solo ¿Qué haré con estos papeles? Soñarlos. Eso ya lo sé. Tan dulce como arisca, Melibea. No tenía ningún nombre y ahora no me lo quito de la cabeza. Menudo patán Calixto. He de volver a leerlos esta noche, a la intimidad de la vela les crecerá la emoción. Antes he de encontrar un lugar donde esconderlos, aunque papeles revueltos sobre la mesa en cuarto de estudiante, ¿quién muestra interés?

martes, 24 de marzo de 2020

1485 | Luisa Manrique de Lara Castañeda habla de su padre



No se me dan bien. Mi madre guarda entre paños las dos que le encontraron en la loriga, no hace mucho me lo confesó. Era una niña entonces, y aún no he dejado de serlo. Mi padre le hizo coplas a la muerte del suyo, que tan breve tiempo le precedió, pero qué coplas podría escribirle yo si ni siquiera me acuerdo de cómo era. Y además, nunca me casan los acentos. De su muerte apenas guardo algunos sonidos. La aspereza de unos golpes en plena noche, relincho de un caballo, tamborileo de pasos arriba y abajo, un estremecedor alarido.

jueves, 19 de marzo de 2020

1432 | Íñigo López de Mendoza le escribe una carta a su amigo Ausiàs March



No ser señor de este tiempo ni de aquel. Oler el mar de Gandía en una gavilla de cebada. Escribir en castellano y cantar en provenzal. Montar a caballo una mañana que congela los alientos y añorar el azote de las llamas en el rostro que descansa sobre la caricia octogonal de una alfombra trenzada en Alcaraz. Pensar como un pastor en sus majadas y hablar como un caballero en sus dialectos. Ser del presente y no andar con las sombras. Haber ganado una batalla contra el silencio del bosque. Pero siempre, sin ser Pelayo, presto a abandonar la montería.

domingo, 15 de marzo de 2020

1340 | Juan Ruiz medita sobre las cuadernas vías escritas para que las cantaran los ciegos



No hay controversia menuda. Cuanto más altos los muros, mayor facilidad para saltarlos con el brinco de la imaginación; cuanto más anchos, mejores grietas. Todo lo que veo con los ojos quietos del sueño lo vierten real los pasos de baile de la tinta oscura sobre la arena blanca. No se conoce báculo que no se combe ni río que se abstenga de zigzaguear. Las memorias inventadas cobran vida en la voz de quien no puede verlas. Nada hay como reírse para tomar en serio la demencia del mundo. Las calles en cuesta de Hita, en el llano del cautiverio.

martes, 10 de marzo de 2020

1264 | Berceo, «ya cansado», se despide de los novicios



Desde que rezo bajo esta techumbre, en el interior infinito de estos muros de antiguas piedras, el río Cárdenas no ha dejado de irse, y lo hace para mantener presente, cada una de las noches, el murmullo que salta la tapia tras las Completas. Tampoco la tinta en la que unto el cálamo a diario ha dejado de encaminarse pausadamente hacia las palabras y en ellas encarnarse para que permanezcan fijas, señeras, en el pergamino. Igual que la nieve cae en invierno para revivir en Nuestra Señora de Marzo, así su blancura cubre a los mortales para salvarles del tiempo.

jueves, 5 de marzo de 2020

1201 | João Soares de Paiva (c.1140) compone una cantiga



Abandonados para siempre los caminos que impregnan de parda compañía el manto azul, con apenas el bonete plumado y una gonela ligera, el señor de Castelo cruza la alegre cantinela del río Paiva por sus pasarelas de piedra. El verano canta en el coro de cigarras hasta confundir el fragor enemigo que aún restriega sus asperezas por las paredes de la memoria. Cuando el agua oscurece el guadamecí del calzado y la agreste soledad del monte se transforma en sensaciones y melodía, en mitad del cauce Joham Soares le arranca a la cítola las más estremecedoras, extrañas, palabras de amor.

domingo, 1 de marzo de 2020

1101 | «Vna ninna de nuef annos a oio se paraua»



Paño como este ni en sueños. Aljuba de llamarse don, zaragüelles de acariciar. Y no, no lo he robado. Nadie daría una piedra del camino por lo que se me ocurrió. Sin mal de nadie. Todo regalado. Por mi madre, que fue la que me contó que de niña a don Rodrigo Díaz vio cruzar Burgos. No le asustó la nariz arrugada de su caballo ni el relincho. Le habló. Mi madre era un caso. Tantas veces me lo contó que me puse a recordarlo el otro día en la plaza y no encontraban qué darme que tuviera más valor.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Unterschleissheim



Sí, no me queda más remedio que reconocerlo. Me he enamorado. Dicen que el amor no es pragmático, pues se equivocan. No he llegado tarde ni una sola mañana a la oficina, como tenía por costumbre hasta el día en el que alcancé de milagro el de las 8:29. Entré cuando las puertas se cerraban. Y la descubrí allí, mirando el móvil, indemne al gentío. A veces sonreía ella sola, como si le hubiera enviado yo un mensaje desde otro mundo. Me sitúo cerca, pero discreto. He meditado decirle algo, pero temo que el mínimo mohín de rechazo me desenamore.

sábado, 22 de febrero de 2020

Unterföhring



Me pidió que no fuera. Que me quedara por ella. Como si tuviera que actuar por la gente y no por mí mismo. Porque me apetece. Porque me da la gana. Como si tuviese que dar explicaciones de lo que haga o deje de hacer. Por ella. Qué gracia me hizo. ¿Qué hace ella por mí?, esta es una buena pregunta. Nadie sabe hacerse buenas preguntas, solo meterse en medio. Y en mí no manda nadie. Lo que quiera. Lo que se me ocurra. Eso haré. Subirme al tren en cuanto venga e ir. Porque ir es superior a mí.

martes, 18 de febrero de 2020

Neufahrn



Que un día, mañana quizá, añore la parsimonia con la que el reloj se acerca a la llegada del tren, el viento que sacude los andenes, la gente que se arremolina donde se abrirán las puertas y los vaivenes del trayecto sujeta a una barra que repueblan de microbios infinidad de manos. Que prefiera el zumbido destemplado del despertador, el café de estampida, la noche aún pegada a fachadas y cielo, eso a cualquier otra cosa que me aguarde. Que lo encuentre ya hermoso ahora, que voy a entregar la baja que me firmó ayer, en la consulta, la oncóloga.

viernes, 14 de febrero de 2020

Lohhof



Habrá un día, y espero que no sea como este tren y no tarde en llegar, en el que me moriré de la risa de toda esta gente que espera de pie, a punto de congelarse, con la vista perdida en un punto donde las dos paralelas se unen, y lo que las une no aparece. Me partiré el pecho pensando en las puertas que se abren y la multitud que se arrolla por entrar en un vehículo que jamás van a conducir. En ese momento cambiaré de marcha y apretaré el acelerador diciendo bye bye trenecito. No falta tanto.

domingo, 9 de febrero de 2020

Johanneskirchen



De hecho, no puedo decir que sean conocidos. Ni sé sus nombres, nada de sus trabajos y menos de su carácter. Que han de tenerlo. A veces una forma de anudarse el pañuelo de cuello o de golpear el cemento del andén con la puntera de la bota permiten intuirlo. Pero tampoco puedo decir que sean desconocidos. Cada mañana laborable aparecen puntuales para tomar el tren de las 8:14 —siempre he pensado que los minutos se deciden para quienes redondean las horas. A las ocho y cuarto ya lo han perdido. Algunos días incluso paso lista. Y sé quién falta.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Ingolstadt Hbf



De tener que construir algo útil para la raza humana, asunto harto improbable, diseñaría un túnel vertical y un convoy que lo enfilara vertiginoso rumbo a los magmas ígneos del centro de la tierra. No con la pretensión de enviar allí a la pequeña multitud que aguarda arracimada el tren a estas horas, qué va, sino para lo contrario, por salvarla de estas agónicas esperas. La convicción de que nunca llegarían a ninguna parte en tren alejaría a los seres humanos de las estaciones, de las que huirían asustados, y los retendría en sus pequeñas huertas, junto a los corrales.

sábado, 1 de febrero de 2020

Daglfing



No todas las que se sientan solas en los bancos del andén han de ser necesariamente personas solitarias. Yo mismo puedo ser un ejemplo. He dejado la mochila sobre mi asiento de la derecha para ocupar el último a la izquierda. Así me quedan las manos libres para manipular la pantalla del móvil mientras acabo con la bolsa de nachos. Me parecería injusto que me tomaran por quien no soy. En especial quienes arrastran maletas y parecen emprender un viaje a un lugar mejor que este. Siempre he pensado que las pasean vacías, solo para aparentar lo que no hacen.

martes, 28 de enero de 2020

La margen del río Uji (tríptico)



1 
De camino, anduve durante tres días por un sendero en paralelo al río Seta, desde la orilla del Lago Biwa hasta Uji. Procuré no atender las preguntas de ningún caminante, en conversación única con el murmullo del caudal que descendía. Me contaba su presente de agua e invierno. El viento y los pájaros lo traducían a palabras que anotaba en mi cuaderno con caligrafía rápida, dispar. Solo para mi lectura. Al entrar en el Templo del Poema, el destino del viaje, hallé el getabako a rebosar de sandalias. Con las mías en la mano vi que me contemplaba un búho. 
Quizá por la costumbre de atender al rumor de los juncos, el caso es que sentí vértigos al acceder a la sala donde el fragor de los poetas deslucía el corte de sus kimonos. Se diría que convocados a un concurso de elegancia para desvergonzados. En un rincón del tatami hice seiza con mi fatigado cuerpo y mi escandalizada mente. No tardó en aparecer entre la multitud arremolinada de artistas el heddo de la reunión, ni siquiera para dejarle hablar se moldeó un respetuoso silencio. Aun así, elevó la voz cuanto pudo y sin dejar de reír anunció el tema. 
3 
«Poema de la mañana siguiente», incrédulo oí retumbar el vozarrón. Hasta el washi de las paredes tembló, no de emoción. Los artistas siguieron tranquilamente de cháchara, luciendo cada cual su acento. Luego se desperdigaron por el jardín del Templo. Desplegué ahí mismo mi pliego de papel de arroz, lo sujeté con el pisapapeles, deshice la tinta en el tintero y el pincel de bambú desgranó diecisiete signos en dos columnas: «No es ayer palabra que existiera hasta este día». Lo abandoné sin sello. Limpié el pincel, el tintero. Me levanté, me fui. Antes de llegar ya había perdido el concurso.

viernes, 24 de enero de 2020

Dietario de sensaciones, 70



La tarde se sienta en un banco del paseo cuando se ve a sí misma desvalida. «Me canso», se dice para justificar que no sigan llegando a todas partes sus dorados de orfebrería. Y cuando se ha sentado, la dama de la noche lo aprovecha para cubrir con su túnica la realidad. Lo hace subrepticiamente. Aún a la tarde le queda un ápice de fuerza y quiere levantarse. La sangre se le agolpa en la cabeza, con el esfuerzo, y el cielo se torna malva. Es cuando la tomo del brazo y la acompaño mientras se marcha despacio cielo adentro.

domingo, 19 de enero de 2020

Dietario de sensaciones, 69



Una infusión de destellos dorados. Diáfana. Humeante. El tintineo de una cucharilla. La noche interpreta la melodía del silencio en un piano cuyas teclas se encuentran dispersas por el interior de los cuerpos. Una gota de miel se diluye en el líquido con movimientos de buceador. Los objetos cuelgan ingrávidos en el aire justo en el instante en el que se detiene el tiempo para que un sorbo acaricie los labios y los conquiste la suavidad del sabor. Cuando vuelve la taza a la mesa regresan las cosas a los soportes que las sostienen y el pianista inicia una sonata.

martes, 14 de enero de 2020

Dietario de sensaciones, 68



Corren. Su único propósito es correr. Kilómetros y kilómetros en un campo de hierba al que algún labrador mira con la desconfianza del despilfarro. Van detrás de una pelota, que corre más que nadie porque siempre va por delante, aunque carezca de piernas. Hay unos cuantos que no paran, pero hay otros que están sentados. Aunque gritan más. Especialmente cuando la bola es cazada por una red gigante que hay a ambos lados del baldío. Lo observo a lo lejos. Sin excesiva atención. Es como un decorado navideño que sigue sobreviviendo en enero. Tanto movimiento reconozco que hipnotiza. Da sueño.

viernes, 10 de enero de 2020

Dietario de sensaciones, 67



Aquí y allá. Como manchas en el uniforme de un soldado descuidado crecen desperdigadas. Desprecian la firmeza y el valor de lo dorado, prefieren la textura suave de un pañuelo de seda. Se dejan mecer por la brisa y que la brisa gobierne sus rumbos. Allá y aquí, carecen de orden, de sentido, de dibujo. Viven entre los demás y no buscan afines para afirmarse consecuentes. Son casuales, esporádicas, leves, intermitentes, cariñosas. Desprecian el control del territorio, solo ponen acentos que endulzan su pronunciación. Los pintores paisajistas las aman. Dejan caer una gota roja en el lienzo, nace una amapola.

domingo, 5 de enero de 2020

Pequeño cuento de la Noche de Reyes



El atardecer de invierno bosteza en el andén mientras los trenes llegan y parten hacia destinos indescifrables. Guarda el billete en la cartera, y la cartera en el bolsillo interior del abrigo. Luego lo dobla sobre la maleta que ha dejado en el suelo. Nada le llama la atención, pero en un instante, como por arte de magia, la maleta ha desaparecido. ¿Cartera, documentación? Un país extranjero, no conoce a nadie ni habla la lengua. ¡Mi abrigo…!, grita. Un tipo barbudo, vintage, pelirrojo le tira de la manga y señala sonriendo al otro costado. La maleta volcada. El abrigo doblado.

miércoles, 1 de enero de 2020

Teatrillo de Año Nuevo



—¿Nuevo? ¿Qué quiere decir nuevo?
—Ya sabe, que el papel aún huela a tinta.
—Tiene que ir a otra liberaría, aquí solo se venden libros viejos.
—¿Viejos?
—Usados. Bueno, si quiere tengo la primera edición. Aquí está.
—La cifra que aparece en la página, ¿es el precio?
—De cortesía. Correcto.
—¿Precio de cortesía lo llama? Si vale diez veces más caro que nuevo.
—No, página. Página de cortesía.
—¿Y la primera no se considera nueva a este precio?
—En su tiempo lo fue.
—Ah, entonces ¿vale usted más de viejo que de joven?
—Yo no, pero mi primera decisión sí.

sábado, 28 de diciembre de 2019

Bye, bye 2019



La iconografía de la muerte impresiona. Un fogonazo, de noche. De día, la súbita ceguera de una lengua de humo. Un portazo y su estridencia como preámbulo a la quietud. Los postigos cerrados en la casa donde los cristales no reflejan los rayos de sol. La imaginería de la muerte se trenza. Persecución del Viejo por el Nuevo; quien la contempla, sentado, vestido con una túnica raída y un báculo en la mano, sostiene el punto de vista. El pulgar romano invertido. Por esa razón te pido que te vayas, Dos Punto Diecinueve, como si fuera yo quien lo decidiera.

martes, 24 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 66



Nunca se acaba de jugar. Un día, tan lejano como incomprensible, alguien les llamó para el baño, la cena, el sueño e interrumpieron plaza, columpios, pilla-pilla… con un extraño malhumor que hoy se llamaría desolación. El día que se quedó sin tiempo sigue ahí, en la memoria de lo olvidado; quiere continuar en la niña y en el niño que con cara seria tuvieron que abandonar el paraíso. Niña y niño que recuperan de repente la antigua sonrisa del rostro, la utopía del tiempo de juego infinito, cuando echando a correr una al otro grita A que no me pillas.

viernes, 20 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 65



Las máquinas hablan para sentirse hablar. Son seres ensimismados. No lograron aprender música porque jamás han oído nada que no sea ellas conversando consigo mismas. Desconocen lo que es un lamento, una caricia, un silencio, aquello que necesita ser escuchado. De ahí que parezcan tan cargantes como las personas que las imitan, las que solo hablan para oírse. También máquinas. Lo que define una máquina, la incapacidad para detenerse a apreciar el canto de un pájaro, el batir de una ola sobre la arena, la sinfonía estival de los grillos. Quien no ha oído la pinaza crujir bajos sus pasos.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 64



En su piano el amanecer interpreta, en una esquina del cuarto, una pieza solitaria que nadie escucha, atento cada cual a sus propios sueños. El anochecer, sin embargo, dirige una gran orquesta en un fastuoso teatro, decenas de músicos vestidos con uniformes de colores brillantes frente a una multitud dispuesta a lanzar sus bravo en cuanto el director cierre el puño, la música cese de repente y deje su eco prendido en las cortinas de terciopelo. El amanecer llega despacio, coloca la partitura en el atril y apenas se oyen las notas cuando empieza a salpicarlas. Mientras el público duerme.

martes, 10 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 63



Detrás de las palabras, de su combinación armónica de sílabas y de ideas, existe una partitura. Escrita, como todas, en un sobrio pentagrama. Cinco alambres tensos sobre un patio de baldosas de tierra cocida. Por las mañanas, la luz aprende ahí la lección de las paralelas. Y a veces alguien sujeta bocabajo piezas de ropa equilibristas que se balancean poco o mucho conforme el viento de la tarde sople o ruja. Cuando nadie usa las cinco líneas, una bandada de gorriones se detiene en los alambres. Uno aquí y otro allá. Componen una instantánea casual que se contempla en silencio.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 62



Las hojas. Dicharacheras, coquetas. Se visten de verde para los días luminosos. Bailan con cualquier ritmo que les ofrezca la orquesta del viento. Se multiplican. Durante las largas mañanas del verano se entretienen haciendo dibujos sobre el suelo. Siempre el mismo dibujo y a cada momento plasmado en un lugar diferente. Es su pequeño milagro anticientífico: logran que sea el sol quien vaya dando vueltas a su alrededor, como si fuera un admirador más. Como quien las estudia. Las acaricia y luego guarda una entre las páginas del libro que camina en el macuto. Las hojas. Con sus viejas canciones.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 61



Sobre el tronco caído en un claro del bosque, escondido tras un frondoso arbusto, soy tronco. Inmóvil, silencioso, casi invisible. Observo la llegada de los pájaros a comer el revuelto de grano que les he traído. Se acercan de dos en dos, de cuatro en cuatro. Otros, solitarios. Trazan círculos nerviosos alrededor del montoncito que he dejado en el nudo de un árbol. De repente, uno se atreve. Se acerca, con el pico sujeta un pedazo y sale volando. Contemplo extasiado la danza de herrerillos, petirrojos, mirlos… Tejen en el bosque una red de movimientos y sonidos que me atrapa.

viernes, 29 de noviembre de 2019

7 | Grün



La luz corteja de modo caprichoso la realidad. Se adentra en la fronda para pintar lunares. Rotula sombras y esclarece minucias. Trabaja en un desangelado estudio, sin aire acondicionado, y a cualquier hora tiene paciencia para avanzar, viñeta a viñeta, el dibujo de lo vivido. Acaso, si siente apetito, se alimente de bocadillos sin levantarse del restirador. Migas, que aliadas con el carboncillo, se pasean por el tablero como algo más que amigos. La luz lo transforma todo a su antojo. Para que haya o no haya. Y a su hora, sin recoger nada, se larga nunca se sabe dónde.

lunes, 25 de noviembre de 2019

6 | Grün



Lo que no ocurre se tumba en la hierba con una brizna en los labios y una sinfónica de aves entre los árboles. Las adivinanzas que le plantean las nubes al pasar le entretienen la mirada. De vez en cuando entorna los ojos ante las páginas de un libro tan primoroso que ningún autor ha sido capaz de escribir. El sol matiza la temperatura con delicadeza de confitero mientras la brisa cursa un ciclo de peluquería. El tiempo que no refrendan los relojes acaricia el brazo descubierto de quien le acompaña. Lo que se digan no ha sido pronunciado todavía.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

5 | Grün



Los símbolos han alejado de los ríos a quien los piensa. La mirada que se posa en la superficie, como una hoja otoñal cualquiera, parte. Una marcha cuya finalidad se pierde de vista del mismo modo que la broza desaparece arrastrada por la corriente. De ahí que se confunda lo que está, el agua que fluye, con la idea de un destino que se desconoce. Los cauces, sin embargo, trazan caminos en el laberinto. Antes que gurús, se comportan como filósofos. Algo despreciados, tal vez, porque el bosque ignora las enseñanzas, tenaz en su quedarse y en su caótico porte.

viernes, 15 de noviembre de 2019

4 | Grün



La altura es una aspiración natural. Se empareja pronto al verbo crecer. Lo que se ensancha hacia el horizonte, lo que se eleva hacia el cielo. Una acción que no conoce límites, solo los descubre. Lo alto desviste. Convierte algo en singular. Contra el cielo cualquier elemento parece la esencia de sí mismo. Frente a la tierra, no es más que un cromo que se repite. Lo religioso asciende. Lo corpóreo cae. Es el algoritmo que ordena las metáforas. El alerce erguido suspira, el fresno talado gime. La indiferencia de las nubes no atiende ni a uno ni a otro.

domingo, 10 de noviembre de 2019

3 | Grün



La maraña es el estado natural del paisaje igual que la razón es la vocación artificial del ser humano. Ambas parecen avanzar por sentidos opuestos, si hay alguien que se anime a recorrerlos. El bosque por sí mismo cada vez se vuelve más intrincado y el pensamiento más diáfano. La utopía consiste en juntarlos. Bien el filósofo andariego, bien el excursionista sensible. Como experimento, no está mal. Lo cierto, sin embargo, es que, con el tiempo, todo parece acabar en tránsitos paralelos. Las espesuras desaparecen al mismo tiempo que las ideas, y ambas han pasado a manos de los coleccionistas.

martes, 5 de noviembre de 2019

2 | Grün



Hay algo en lo que se parece la mecánica del carrusel a las ideas que existen sobre la belleza. A las niñas y niños les excita el movimiento constante, pero madres y padres, sin embargo, están tranquilos, charlando, porque saben que tanta agitación no va a ninguna parte. Ni se mueve de lugar. Lo mismo ocurre con la naturaleza. Su carácter agreste y su permanencia cíclica excitaron a los filósofos, grandes constructores de tiovivos. A su semejanza se forjaron los ideales de la hermosura, y a semejanza de estos ahora se moldea el paisaje, tan inofensivo como quien lo admira.

viernes, 1 de noviembre de 2019

1 | Grün



Cuando me levante de donde, tumbado, contemplo las nubes, alcance el camino y me ausente de este paraje, nada me añorará. Durante un rato mi paso por aquí será un tenue dibujo en el prado, cuyas briznas de hierba ha hundido mi cuerpo. Pronto la brisa las peinará. Es lo que me impresiona del lugar. Su ausencia de compromiso con los mortales. Diría su indiferencia, pero en eso me equivoco. Nunca al paisaje se muestra insensible hacia los elementos que lo forman. Cada pieza, desde el mínimo insecto, le resulta esencial. Compone el instante. En el siguiente, ya no estaré.

martes, 29 de octubre de 2019

Cándida, sjung med oss



En el banco del parque donde te sentabas el murmullo de la pequeña cascada no enmudecía el canto de los pájaros. Tampoco el crepitar de las suelas en la gravilla cuando alguien se acercaba por el camino e iba en silencio. Si hablaban, antes te habían llegado las voces. Con ese hilo cosías las mañanas de domingo sin lluvia. Ven a cantar con nosotros, Cándida, te hubiéramos dicho de saber que necesitábamos estribillos para nuestras canciones. Pero estábamos entretenidos cada cual con su vida y la tuya resultaba invisible. Tan discreta y honda. Solo empezamos a darnos cuenta al irte.

viernes, 25 de octubre de 2019

Candida, laula kanssamme


Ah, ser actriz. Para que mane desde el interior la hermosura que anhelas. Y desde fuera el aplauso de los párpados que no parpadean. Ser otra distinta a ti, lo que siempre has deseado, Cándida. Cambiarte el nombre. Y los zapatos cada semana. Un armario solo para los abrigos de entretiempo. Que te vista el pintor que vierte colores sobre la paleta. Ser célebre, vivir como artista. Aquel día que leíste un reportaje sobre la soledad de las actrices, su angustia ante el envejecimiento, el miedo al fracaso, etcétera, lanzaste un grito de alegría. Tenías todas las condiciones para serlo.

domingo, 20 de octubre de 2019

Цандида, певај са нама


Para que se cierren los ojos que mantienes abiertos y cuando se sobrepongan los colores al negro lo estarás viviendo en la vida que se vive por dentro. Por eso entras la primera en la sala y no tras los créditos, como hacen tus amigas por seguir hablando hasta el último segundo posible antes de que se decrete el silencio. Es tu teoría del cine, Cándida, ese fundido en negro que confunde exterior e interior. Razón por la que se va a ver una película. No para que un chico se siente al lado y le haga a una cosquillas.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Candida, chante avec nous


La mañana en la que te subiste al tren por primera vez, Cándida, cuando bajaste en Ingolstadt habías memorizado todas las estaciones hasta Hamburgo. Las que recorrerían los vagones con el asiento de ventanilla donde te habías sentado vacío. Sin embargo, en el andén te era imposible reprimir la sonrisa de colegiala de internado en día de excursión. Del oeste llegaban unos nubarrones oscuros. El viento lo hacía todo más difícil. Los pasajeros que se habían apeado contigo ya eran solapas alzadas y gorras hundiéndose escaleras abajo. Pero te sentías feliz porque aún estaba pendiente un viaje, el de vuelta.