viernes, 14 de febrero de 2020

Lohhof



Habrá un día, y espero que no sea como este tren y no tarde en llegar, en el que me moriré de la risa de toda esta gente que espera de pie, a punto de congelarse, con la vista perdida en un punto donde las dos paralelas se unen, y lo que las une no aparece. Me partiré el pecho pensando en las puertas que se abren y la multitud que se arrolla por entrar en un vehículo que jamás van a conducir. En ese momento cambiaré de marcha y apretaré el acelerador diciendo bye bye trenecito. No falta tanto.

domingo, 9 de febrero de 2020

Johanneskirchen



De hecho, no puedo decir que sean conocidos. Ni sé sus nombres, nada de sus trabajos y menos de su carácter. Que han de tenerlo. A veces una forma de anudarse el pañuelo de cuello o de golpear el cemento del andén con la puntera de la bota permiten intuirlo. Pero tampoco puedo decir que sean desconocidos. Cada mañana laborable aparecen puntuales para tomar el tren de las 8:14 —siempre he pensado que los minutos se deciden para quienes redondean las horas. A las ocho y cuarto ya lo han perdido. Algunos días incluso paso lista. Y sé quién falta.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Ingolstadt Hbf



De tener que construir algo útil para la raza humana, asunto harto improbable, diseñaría un túnel vertical y un convoy que lo enfilara vertiginoso rumbo a los magmas ígneos del centro de la tierra. No con la pretensión de enviar allí a la pequeña multitud que aguarda arracimada el tren a estas horas, qué va, sino para lo contrario, por salvarla de estas agónicas esperas. La convicción de que nunca llegarían a ninguna parte en tren alejaría a los seres humanos de las estaciones, de las que huirían asustados, y los retendría en sus pequeñas huertas, junto a los corrales.

sábado, 1 de febrero de 2020

Daglfing



No todas las que se sientan solas en los bancos del andén han de ser necesariamente personas solitarias. Yo mismo puedo ser un ejemplo. He dejado la mochila sobre mi asiento de la derecha para ocupar el último a la izquierda. Así me quedan las manos libres para manipular la pantalla del móvil mientras acabo con la bolsa de nachos. Me parecería injusto que me tomaran por quien no soy. En especial quienes arrastran maletas y parecen emprender un viaje a un lugar mejor que este. Siempre he pensado que las pasean vacías, solo para aparentar lo que no hacen.

martes, 28 de enero de 2020

La margen del río Uji (tríptico)



1 
De camino, anduve durante tres días por un sendero en paralelo al río Seta, desde la orilla del Lago Biwa hasta Uji. Procuré no atender las preguntas de ningún caminante, en conversación única con el murmullo del caudal que descendía. Me contaba su presente de agua e invierno. El viento y los pájaros lo traducían a palabras que anotaba en mi cuaderno con caligrafía rápida, dispar. Solo para mi lectura. Al entrar en el Templo del Poema, el destino del viaje, hallé el getabako a rebosar de sandalias. Con las mías en la mano vi que me contemplaba un búho. 
Quizá por la costumbre de atender al rumor de los juncos, el caso es que sentí vértigos al acceder a la sala donde el fragor de los poetas deslucía el corte de sus kimonos. Se diría que convocados a un concurso de elegancia para desvergonzados. En un rincón del tatami hice seiza con mi fatigado cuerpo y mi escandalizada mente. No tardó en aparecer entre la multitud arremolinada de artistas el heddo de la reunión, ni siquiera para dejarle hablar se moldeó un respetuoso silencio. Aun así, elevó la voz cuanto pudo y sin dejar de reír anunció el tema. 
3 
«Poema de la mañana siguiente», incrédulo oí retumbar el vozarrón. Hasta el washi de las paredes tembló, no de emoción. Los artistas siguieron tranquilamente de cháchara, luciendo cada cual su acento. Luego se desperdigaron por el jardín del Templo. Desplegué ahí mismo mi pliego de papel de arroz, lo sujeté con el pisapapeles, deshice la tinta en el tintero y el pincel de bambú desgranó diecisiete signos en dos columnas: «No es ayer palabra que existiera hasta este día». Lo abandoné sin sello. Limpié el pincel, el tintero. Me levanté, me fui. Antes de llegar ya había perdido el concurso.

viernes, 24 de enero de 2020

Dietario de sensaciones, 70



La tarde se sienta en un banco del paseo cuando se ve a sí misma desvalida. «Me canso», se dice para justificar que no sigan llegando a todas partes sus dorados de orfebrería. Y cuando se ha sentado, la dama de la noche lo aprovecha para cubrir con su túnica la realidad. Lo hace subrepticiamente. Aún a la tarde le queda un ápice de fuerza y quiere levantarse. La sangre se le agolpa en la cabeza, con el esfuerzo, y el cielo se torna malva. Es cuando la tomo del brazo y la acompaño mientras se marcha despacio cielo adentro.

domingo, 19 de enero de 2020

Dietario de sensaciones, 69



Una infusión de destellos dorados. Diáfana. Humeante. El tintineo de una cucharilla. La noche interpreta la melodía del silencio en un piano cuyas teclas se encuentran dispersas por el interior de los cuerpos. Una gota de miel se diluye en el líquido con movimientos de buceador. Los objetos cuelgan ingrávidos en el aire justo en el instante en el que se detiene el tiempo para que un sorbo acaricie los labios y los conquiste la suavidad del sabor. Cuando vuelve la taza a la mesa regresan las cosas a los soportes que las sostienen y el pianista inicia una sonata.

martes, 14 de enero de 2020

Dietario de sensaciones, 68



Corren. Su único propósito es correr. Kilómetros y kilómetros en un campo de hierba al que algún labrador mira con la desconfianza del despilfarro. Van detrás de una pelota, que corre más que nadie porque siempre va por delante, aunque carezca de piernas. Hay unos cuantos que no paran, pero hay otros que están sentados. Aunque gritan más. Especialmente cuando la bola es cazada por una red gigante que hay a ambos lados del baldío. Lo observo a lo lejos. Sin excesiva atención. Es como un decorado navideño que sigue sobreviviendo en enero. Tanto movimiento reconozco que hipnotiza. Da sueño.

viernes, 10 de enero de 2020

Dietario de sensaciones, 67



Aquí y allá. Como manchas en el uniforme de un soldado descuidado crecen desperdigadas. Desprecian la firmeza y el valor de lo dorado, prefieren la textura suave de un pañuelo de seda. Se dejan mecer por la brisa y que la brisa gobierne sus rumbos. Allá y aquí, carecen de orden, de sentido, de dibujo. Viven entre los demás y no buscan afines para afirmarse consecuentes. Son casuales, esporádicas, leves, intermitentes, cariñosas. Desprecian el control del territorio, solo ponen acentos que endulzan su pronunciación. Los pintores paisajistas las aman. Dejan caer una gota roja en el lienzo, nace una amapola.

domingo, 5 de enero de 2020

Pequeño cuento de la Noche de Reyes



El atardecer de invierno bosteza en el andén mientras los trenes llegan y parten hacia destinos indescifrables. Guarda el billete en la cartera, y la cartera en el bolsillo interior del abrigo. Luego lo dobla sobre la maleta que ha dejado en el suelo. Nada le llama la atención, pero en un instante, como por arte de magia, la maleta ha desaparecido. ¿Cartera, documentación? Un país extranjero, no conoce a nadie ni habla la lengua. ¡Mi abrigo…!, grita. Un tipo barbudo, vintage, pelirrojo le tira de la manga y señala sonriendo al otro costado. La maleta volcada. El abrigo doblado.

miércoles, 1 de enero de 2020

Teatrillo de Año Nuevo



—¿Nuevo? ¿Qué quiere decir nuevo?
—Ya sabe, que el papel aún huela a tinta.
—Tiene que ir a otra liberaría, aquí solo se venden libros viejos.
—¿Viejos?
—Usados. Bueno, si quiere tengo la primera edición. Aquí está.
—La cifra que aparece en la página, ¿es el precio?
—De cortesía. Correcto.
—¿Precio de cortesía lo llama? Si vale diez veces más caro que nuevo.
—No, página. Página de cortesía.
—¿Y la primera no se considera nueva a este precio?
—En su tiempo lo fue.
—Ah, entonces ¿vale usted más de viejo que de joven?
—Yo no, pero mi primera decisión sí.

sábado, 28 de diciembre de 2019

Bye, bye 2019



La iconografía de la muerte impresiona. Un fogonazo, de noche. De día, la súbita ceguera de una lengua de humo. Un portazo y su estridencia como preámbulo a la quietud. Los postigos cerrados en la casa donde los cristales no reflejan los rayos de sol. La imaginería de la muerte se trenza. Persecución del Viejo por el Nuevo; quien la contempla, sentado, vestido con una túnica raída y un báculo en la mano, sostiene el punto de vista. El pulgar romano invertido. Por esa razón te pido que te vayas, Dos Punto Diecinueve, como si fuera yo quien lo decidiera.

martes, 24 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 66



Nunca se acaba de jugar. Un día, tan lejano como incomprensible, alguien les llamó para el baño, la cena, el sueño e interrumpieron plaza, columpios, pilla-pilla… con un extraño malhumor que hoy se llamaría desolación. El día que se quedó sin tiempo sigue ahí, en la memoria de lo olvidado; quiere continuar en la niña y en el niño que con cara seria tuvieron que abandonar el paraíso. Niña y niño que recuperan de repente la antigua sonrisa del rostro, la utopía del tiempo de juego infinito, cuando echando a correr una al otro grita A que no me pillas.

viernes, 20 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 65



Las máquinas hablan para sentirse hablar. Son seres ensimismados. No lograron aprender música porque jamás han oído nada que no sea ellas conversando consigo mismas. Desconocen lo que es un lamento, una caricia, un silencio, aquello que necesita ser escuchado. De ahí que parezcan tan cargantes como las personas que las imitan, las que solo hablan para oírse. También máquinas. Lo que define una máquina, la incapacidad para detenerse a apreciar el canto de un pájaro, el batir de una ola sobre la arena, la sinfonía estival de los grillos. Quien no ha oído la pinaza crujir bajos sus pasos.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 64



En su piano el amanecer interpreta, en una esquina del cuarto, una pieza solitaria que nadie escucha, atento cada cual a sus propios sueños. El anochecer, sin embargo, dirige una gran orquesta en un fastuoso teatro, decenas de músicos vestidos con uniformes de colores brillantes frente a una multitud dispuesta a lanzar sus bravo en cuanto el director cierre el puño, la música cese de repente y deje su eco prendido en las cortinas de terciopelo. El amanecer llega despacio, coloca la partitura en el atril y apenas se oyen las notas cuando empieza a salpicarlas. Mientras el público duerme.

martes, 10 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 63



Detrás de las palabras, de su combinación armónica de sílabas y de ideas, existe una partitura. Escrita, como todas, en un sobrio pentagrama. Cinco alambres tensos sobre un patio de baldosas de tierra cocida. Por las mañanas, la luz aprende ahí la lección de las paralelas. Y a veces alguien sujeta bocabajo piezas de ropa equilibristas que se balancean poco o mucho conforme el viento de la tarde sople o ruja. Cuando nadie usa las cinco líneas, una bandada de gorriones se detiene en los alambres. Uno aquí y otro allá. Componen una instantánea casual que se contempla en silencio.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 62



Las hojas. Dicharacheras, coquetas. Se visten de verde para los días luminosos. Bailan con cualquier ritmo que les ofrezca la orquesta del viento. Se multiplican. Durante las largas mañanas del verano se entretienen haciendo dibujos sobre el suelo. Siempre el mismo dibujo y a cada momento plasmado en un lugar diferente. Es su pequeño milagro anticientífico: logran que sea el sol quien vaya dando vueltas a su alrededor, como si fuera un admirador más. Como quien las estudia. Las acaricia y luego guarda una entre las páginas del libro que camina en el macuto. Las hojas. Con sus viejas canciones.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 61



Sobre el tronco caído en un claro del bosque, escondido tras un frondoso arbusto, soy tronco. Inmóvil, silencioso, casi invisible. Observo la llegada de los pájaros a comer el revuelto de grano que les he traído. Se acercan de dos en dos, de cuatro en cuatro. Otros, solitarios. Trazan círculos nerviosos alrededor del montoncito que he dejado en el nudo de un árbol. De repente, uno se atreve. Se acerca, con el pico sujeta un pedazo y sale volando. Contemplo extasiado la danza de herrerillos, petirrojos, mirlos… Tejen en el bosque una red de movimientos y sonidos que me atrapa.

viernes, 29 de noviembre de 2019

7 | Grün



La luz corteja de modo caprichoso la realidad. Se adentra en la fronda para pintar lunares. Rotula sombras y esclarece minucias. Trabaja en un desangelado estudio, sin aire acondicionado, y a cualquier hora tiene paciencia para avanzar, viñeta a viñeta, el dibujo de lo vivido. Acaso, si siente apetito, se alimente de bocadillos sin levantarse del restirador. Migas, que aliadas con el carboncillo, se pasean por el tablero como algo más que amigos. La luz lo transforma todo a su antojo. Para que haya o no haya. Y a su hora, sin recoger nada, se larga nunca se sabe dónde.

lunes, 25 de noviembre de 2019

6 | Grün



Lo que no ocurre se tumba en la hierba con una brizna en los labios y una sinfónica de aves entre los árboles. Las adivinanzas que le plantean las nubes al pasar le entretienen la mirada. De vez en cuando entorna los ojos ante las páginas de un libro tan primoroso que ningún autor ha sido capaz de escribir. El sol matiza la temperatura con delicadeza de confitero mientras la brisa cursa un ciclo de peluquería. El tiempo que no refrendan los relojes acaricia el brazo descubierto de quien le acompaña. Lo que se digan no ha sido pronunciado todavía.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

5 | Grün



Los símbolos han alejado de los ríos a quien los piensa. La mirada que se posa en la superficie, como una hoja otoñal cualquiera, parte. Una marcha cuya finalidad se pierde de vista del mismo modo que la broza desaparece arrastrada por la corriente. De ahí que se confunda lo que está, el agua que fluye, con la idea de un destino que se desconoce. Los cauces, sin embargo, trazan caminos en el laberinto. Antes que gurús, se comportan como filósofos. Algo despreciados, tal vez, porque el bosque ignora las enseñanzas, tenaz en su quedarse y en su caótico porte.

viernes, 15 de noviembre de 2019

4 | Grün



La altura es una aspiración natural. Se empareja pronto al verbo crecer. Lo que se ensancha hacia el horizonte, lo que se eleva hacia el cielo. Una acción que no conoce límites, solo los descubre. Lo alto desviste. Convierte algo en singular. Contra el cielo cualquier elemento parece la esencia de sí mismo. Frente a la tierra, no es más que un cromo que se repite. Lo religioso asciende. Lo corpóreo cae. Es el algoritmo que ordena las metáforas. El alerce erguido suspira, el fresno talado gime. La indiferencia de las nubes no atiende ni a uno ni a otro.

domingo, 10 de noviembre de 2019

3 | Grün



La maraña es el estado natural del paisaje igual que la razón es la vocación artificial del ser humano. Ambas parecen avanzar por sentidos opuestos, si hay alguien que se anime a recorrerlos. El bosque por sí mismo cada vez se vuelve más intrincado y el pensamiento más diáfano. La utopía consiste en juntarlos. Bien el filósofo andariego, bien el excursionista sensible. Como experimento, no está mal. Lo cierto, sin embargo, es que, con el tiempo, todo parece acabar en tránsitos paralelos. Las espesuras desaparecen al mismo tiempo que las ideas, y ambas han pasado a manos de los coleccionistas.

martes, 5 de noviembre de 2019

2 | Grün



Hay algo en lo que se parece la mecánica del carrusel a las ideas que existen sobre la belleza. A las niñas y niños les excita el movimiento constante, pero madres y padres, sin embargo, están tranquilos, charlando, porque saben que tanta agitación no va a ninguna parte. Ni se mueve de lugar. Lo mismo ocurre con la naturaleza. Su carácter agreste y su permanencia cíclica excitaron a los filósofos, grandes constructores de tiovivos. A su semejanza se forjaron los ideales de la hermosura, y a semejanza de estos ahora se moldea el paisaje, tan inofensivo como quien lo admira.

viernes, 1 de noviembre de 2019

1 | Grün



Cuando me levante de donde, tumbado, contemplo las nubes, alcance el camino y me ausente de este paraje, nada me añorará. Durante un rato mi paso por aquí será un tenue dibujo en el prado, cuyas briznas de hierba ha hundido mi cuerpo. Pronto la brisa las peinará. Es lo que me impresiona del lugar. Su ausencia de compromiso con los mortales. Diría su indiferencia, pero en eso me equivoco. Nunca al paisaje se muestra insensible hacia los elementos que lo forman. Cada pieza, desde el mínimo insecto, le resulta esencial. Compone el instante. En el siguiente, ya no estaré.

martes, 29 de octubre de 2019

Cándida, sjung med oss



En el banco del parque donde te sentabas el murmullo de la pequeña cascada no enmudecía el canto de los pájaros. Tampoco el crepitar de las suelas en la gravilla cuando alguien se acercaba por el camino e iba en silencio. Si hablaban, antes te habían llegado las voces. Con ese hilo cosías las mañanas de domingo sin lluvia. Ven a cantar con nosotros, Cándida, te hubiéramos dicho de saber que necesitábamos estribillos para nuestras canciones. Pero estábamos entretenidos cada cual con su vida y la tuya resultaba invisible. Tan discreta y honda. Solo empezamos a darnos cuenta al irte.

viernes, 25 de octubre de 2019

Candida, laula kanssamme


Ah, ser actriz. Para que mane desde el interior la hermosura que anhelas. Y desde fuera el aplauso de los párpados que no parpadean. Ser otra distinta a ti, lo que siempre has deseado, Cándida. Cambiarte el nombre. Y los zapatos cada semana. Un armario solo para los abrigos de entretiempo. Que te vista el pintor que vierte colores sobre la paleta. Ser célebre, vivir como artista. Aquel día que leíste un reportaje sobre la soledad de las actrices, su angustia ante el envejecimiento, el miedo al fracaso, etcétera, lanzaste un grito de alegría. Tenías todas las condiciones para serlo.

domingo, 20 de octubre de 2019

Цандида, певај са нама


Para que se cierren los ojos que mantienes abiertos y cuando se sobrepongan los colores al negro lo estarás viviendo en la vida que se vive por dentro. Por eso entras la primera en la sala y no tras los créditos, como hacen tus amigas por seguir hablando hasta el último segundo posible antes de que se decrete el silencio. Es tu teoría del cine, Cándida, ese fundido en negro que confunde exterior e interior. Razón por la que se va a ver una película. No para que un chico se siente al lado y le haga a una cosquillas.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Candida, chante avec nous


La mañana en la que te subiste al tren por primera vez, Cándida, cuando bajaste en Ingolstadt habías memorizado todas las estaciones hasta Hamburgo. Las que recorrerían los vagones con el asiento de ventanilla donde te habías sentado vacío. Sin embargo, en el andén te era imposible reprimir la sonrisa de colegiala de internado en día de excursión. Del oeste llegaban unos nubarrones oscuros. El viento lo hacía todo más difícil. Los pasajeros que se habían apeado contigo ya eran solapas alzadas y gorras hundiéndose escaleras abajo. Pero te sentías feliz porque aún estaba pendiente un viaje, el de vuelta.

viernes, 11 de octubre de 2019

Cândida, canta com a gente


Los toques del despertador suenan sobre el atril antes del que primer gesto de batuta, poner un pie dentro de la correspondiente zapatilla, dé inicio a la sinfonía de la jornada. La música del vivir. O tal vez sea un único golpe seco el que dé arranque a la grabación de los días, una serpiente aún en celuloide donde los movimientos son el fruto de la redundante quietud. La película de la vida. Suena el reloj cada mañana a las siete, Cándida, para que no empiece nada que no esté previsto en la partitura o en el guion que sigues.

domingo, 6 de octubre de 2019

Candida, sing with us


Hay palabras, Cándida, con las que paseas a menudo, aunque no te pertenezcan todavía. Pudiera ser cualquiera, te dices. Este, aquel, elegante, informal. No hay estilo que lo entorpezca. Pero ninguno da el encuadre que sueñas para las frases en las que aparece la palabra «novio». De niña los veías llegar desde abajo, como casi todo, pero los novios de las vecinas eran siempre más altos y una aureola acompañaba cada gesto. Aprendiste enseguida a admirarlos y ahora ya sabes el halo que ha de brillar en los ojos que te hablen. Es el que tienen todos y ninguno posee.

martes, 1 de octubre de 2019

Cándida, canta con nosotros


Te leen los libros por dentro. De par en par el balcón de tus ojos y los personajes sin necesidad ni siquiera de usar la puerta. En el sillón se tumban con los pies sobre el vidrio de la mesita baja, el mantelito de punto de cruz hecho una boñiga, las figuritas de porcelana por el suelo, el cenicero de cristal a rebosar de colillas. Abren los cajones de la cómoda y la intimidad de tus prendas en oleaje. Descuelgan tus vestidos del armario para olerlos. Se limpian los dientes con tu cepillo. Y tú, Cándida, sin decir nada, leyéndolos.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Práctica del espejo VII



Roto, el cristal se convierte en un territorio surcado por afluentes cuyo caudal va de uno a otro sin que la corriente descubra cuál es el río que va a dar en la mar. Su manera de dibujar lo real también cambia. Lo desglosa y cada fragmento establece una frontera con lo que siempre se había sentido junto. Hay un ojo que se desliga de su nariz. Y una mano que cuenta las sílabas de un verso en dos partes diferentes. De ahí que nadie quiera hablar de un espejo fracturado. Ni siquiera para acabar lo que no tuvo principio.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Práctica del espejo VI



Mercurio que tiembla, la noche, si enciendo la lamparilla y el cuarto se contempla a sí mismo a través del cristal de la ventana. Sin exterior. Y así, verte ocurre cuando te miro y cuando dejo de mirarte. No sé por qué el sueño lo desbarata. Un aliado de la mañana no sería tan fiel. Ni siquiera frente a cualquier espejo. No los necesita el instante. Basta con que estire el brazo en lo oscuro y dé con el cable, lo siga hasta el interruptor y prende una llamita en el silencio. Para que me vea a mí, así, contigo.

martes, 17 de septiembre de 2019

Práctica del espejo V



Se había quedado tan solitario como yo. Me apenaba más el suyo que mi desamparo. Era más alto, proporcionado, minucioso. La mimaba antes de que saliera a la intemperie. La dibujaba idéntica a su sueño. Tan exacta como quería ser la despedía. Procuraba yo no borrar la imagen impregnada en la memoria del azogue. Cuando definitivamente se fue, los dos nos quedamos sin ella. Un día arrimé una mesita al espejo, coloqué el tablero, me senté delante y le pregunté: ¿te apetece una partida? Me sonrió con mi misma sonrisa. Lo aproveché para mover el peón del rey una casilla.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Práctica del espejo IV



Frente al espejo hay algo con más interés que uno mismo. Mayor que cuanto por andar ahí se le abre. A uno mismo. La superficie de la cómoda, un jarrón menudo, las pertenencias alineadas —la cartera, las llaves, el móvil, la tarjeta agotada del transporte, unas monedas—. Uno mismo. Tal vez la libreta donde anote tácticas para huir de lo real. Como la de dejar un libro cuyo título, frente al espejo, resulte ilegible. Lo conocido se desvanece en su valor de estar ahí y no como ausencia. Uno mismo desaparece si la mirada, de repente, camina hacia atrás.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Práctica del espejo III



Rosácea mancha en la superficie del vaho. Óptica desenfocada en la que los ojos no descubren dónde han de meditar. Acaso un pomo de armario de baño si lo hubiera. Busto de piedra calcárea, que los siglos han erosionado, en una pantalla sin conexión eléctrica. Es así cómo me ve quien me está observando al otro lado del desconcierto de trazos. Un borrón sonrosado por el fluorescente del techo. Una palabra tachada entre las líneas de este escrito, partitura impresionista en manos escolares. Antes de que la humedad del aire se disipe. Ese segundo de lucidez que precede al tratado.

jueves, 5 de septiembre de 2019

Práctica del espejo II



Idilio, el de los orines y el ambientador, vertido sobre el suyo. Si alguien golpea la puerta, hay otra puerta que se abrirá antes que la nuestra. Un cerrojillo. Densa prosa de los anversos. Así abrazados, me aboca al cuneiforme de los sentidos. Sus suspiros se los lleva el remolino de la cisterna vecina vaciándose. Llenándose. También en el suelo, feraz lirismo. Entremos a un lugar donde te pueda ver. No es una frase que ofrezca lecturas, aunque la continúe leyendo. En el oleaje, encaro la pila. Agrietada. Y al otro lado de la ventana que hay encima, dos desconocidos.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Práctica del espejo I



Unos pétalos azules sobre un círculo vacío, lo que veo cuando me miro. Y si un día solo existe la geometría regular de las baldosas sé que no he devuelto la cortina de baño a su extensión Unos pétalos grandes, suspendidos en la luz turbia del plástico. Se amoldan a los pliegues con naturalidad gimnasta. Se conforman en su mera flotación. No creo que vuelva a encontrar un diseño igual. Nada permanece, como si el tendero se cansara de vender dos veces el mismo producto. Cuando esa corrosión ambarina de la humedad haya escalado, tendré que cambiarlas. Y seré otro.

miércoles, 28 de agosto de 2019

06 | Tumba de Juan Ramón Jiménez


Atleta que se ejercita junto al estanque, el torso desnudo y los ojos fijos en la superficie, se desentiende. Culturista de la desmemoria, se vanagloria sin embargo de las gestas memorables que ampara. Tantos primera vez casi como existen. Pese a la umbría remodelada día a día por el jardinero municipal, cuya paciencia remunera un sueldo fijo, el verano manda al asilo a los muertos. Recogen las cruces de piedra y los ángeles de piedra, la grava de los senderos, las flores mustias en guirnalda, el jarroncillo con tulipán y agua sucia, los retratos ovalados. Y se quedan donde están.