sábado, 20 de diciembre de 2014

Teoría del Lugar \ 6


No son buenos pintores, los lugares. No les guía ninguna estética. Lo ancho resulta estrecho. Lo menudo, basto. Tampoco entienden los colores. Los mezclan mal. Desconocen la simetría, estropean la perspectiva, alteran la ordenación. En una lámina solo convocarían irritados garabatos en rojo del corrector. Algún improperio, quizá. Sin embargo, a diferencia de las obras artística, los lugares huelen. Los pasos resuenen en su interior. Les hablan con sensaciones a los dedos que se aventuran. Cultivan higueras cuyos frutos carnosos se ofrecen con desprendimiento. Lo hacen todo sin boceto ni premeditación. Nunca serán reconocidos paisajistas, una simple niebla los ciega.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Teoría del Lugar \ 5


El lugar nunca es el lugar a secas. Aparece vestido con su condición metafórica. El lugar es siempre el valor que evoca. Las ventanas que quedan abiertas delante, para mirar dentro y ver reflejado, en el espejo del fondo de la sala que lo contempla, el lugar que ha quedado fuera. Se comprende el lugar en los juegos oblicuos de las metáforas. En lo que despierta cuando la luz lo dibuja en la retina. Ese descerrajado baúl de palabras que se guarda en el altillo de la memoria. Pero las metáforas son columpios. Cualquier signo, despertado, conduce a un lugar.

martes, 16 de diciembre de 2014

Teoría del Lugar \ 4


El espacio se transforma. Hay quien lo cree así. Llegan unos obreros. Durante toda la mañana golpean las paredes. Los sacos de escombros dejan un reguero de polvo tras su paso. Se enfada algún vecino. A las seis bajan riendo y dando voces por la escalera. A las ocho del día siguiente regresan. Silenciosos. Así unos días. Lo transforman. Se diría que el espacio es el fénix, siempre otro, cuando siempre es el mismo y quien va a metamorfosearse acaba de llegar con sus pertenencias y las está distribuyendo en el armario aún con olor a barniz. El espacio transforma.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Teoría del Lugar \ 3


No es la saeta que se alza y sin nada alcanzar gira y regresa. Ni el tranvía que se detiene un instante en la parada sin que dé tiempo a descender y sigue luego calle abajo. No es cauce. El lugar no avanza. Tampoco, perpetuo oleaje, permanece estancado. Como la luz tenue de una estrella, se expande; raíz, copa de un almendro en flor o pétalos de una camelia. Envejece y renace al mismo tiempo, y su tiempo no decora el presente. Lo encarna. Es el presente quien no gira y regresa, quien no sigue calle abajo. Quien suma. Congrega.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Teoría del Lugar \ 2


SEMPRONIO:¿Tú piensas que la distancia del lugar 
 es poderosa de apartar el entrañable amor…? La Celestina 

Florecillas que nacen en las hendiduras del muro. Helecho que ha prendido en la tierra acumulada sobre la cañería, dentro del patio umbroso. Hierba que crece en la fisura. Así emerge el amor. Un poco de arena, humedad, luz. Un tallo que la brisa cimbrea. Que brilla si el cuenco de la luz vierte sus colores al amanecer. No solo enraíza en el lugar. El amor es el lugar. Convierte lo anodino en memorable. Donde nos vimos, donde enlazamos nuestras manos, donde me lo dijiste. Establece signos. Y en la distancia imagina —construye— espacios. Donde verse, donde abrazarse, donde hablar.

martes, 9 de diciembre de 2014

Teoría del Lugar \ 1


Una descripción tiene algo de epitafio anticipado. El lugar que acoge y se dispone como un argumento que da noticias del vivir no es menos fugaz que una fecha. Se ignora mientras el lugar no se diferencia de quien lo habita; bien porque se acabe de conocer, bien porque se haya residido allí de un modo prolongado. Pero si la ausencia aleja del lugar, el regreso ya no reconoce espacios. Solo existen ojos, entonces, para lo que no está. Únicamente lo que ha muerto se ve. Toda descripción es un ejercicio optimista —un espejismo de permanencia— que oculta una elegía.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 30


Escribo ahora en la pantalla del ordenador. Otras veces lo hago a mano, con pluma, sobre las páginas de un cuaderno. Los cuadernos me gustan, pero se quedan en los cajones para uno mismo, para nadie. El ordenador se muestra como una paradoja, siendo enteramente impersonal su escritura, es capaz sin embargo de llegar a alguien en un tiempo que el reloj ni se molesta en computar. Siendo un intrincado enigma su modo de escribir —un programa traduce al alfabeto el incomprensible código digital en el que lo graba y transmite—, inmediatamente lo colma de sentido quien lo recibe.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 29


La experiencia de cada día alienta en el nuevo día que todo ocurra igual, porque siendo igual será siempre diferente, repitiéndose logrará ser inesperado. Es una de las paradojas del vivir. Solo lo novedoso y cambiante insiste en su vacuidad. La vida no es un camino hacia lo desconocido que exista más adelante, sino un descenso a lo conocido que hay en la propia vida. Un descenso a las honduras de lo que es. Solo lo conocido puede proporcionar conocimientos desconocidos. Lo desconocido únicamente convoca palabras conocidas con que malbaratarlo. Las palabras visionarias ahondan, penetran. Anhelan lo que han vivido.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 28


No se sientan nunca las sillas. En pie siempre. Esperándonos. Igual que un perro que aguardara el regreso de su amo junto a la puerta. Un ramo de rosas sobre la mesa que pide un jarrón lleno de agua. Así las sillas nos esperan. Su paciencia, imperturbable. Y cuando nos sentamos, también ellas al fin se sientan. Descansan. Ladrido del can feliz, aroma de flores. Nos hacen masajes en la espalda, en el trasero, en las pantorrillas. Sujetan los brazos. Y cuando nos movemos intervienen en la conversación con un ligero gruñido, que es su rara manera de expresar alegría.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Becqueriana / 56


El modo cómo las olas se lanzan contra las rocas y su golpe retumba con un sonido grave, intenso, estremecedor, y su impulso y fuerza se fraccionan en una lluvia de gotas que humedece la impasibilidad de las piedras, tiene algo erótico. Un erotismo primitivo, agreste, germinal. Como el de los volcanes y su incandescencia. Como el de un géiser y su desmesura. Un erotismo no de los cuerpos, sino de la naturaleza. De las selvas. De los ríos cuando devienen cascada. De las tormentas. Escuchamos el retumbar de las olas también dentro de las venas. Ese desbordamiento. Ese exceso.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Becqueriana / 55


Los días de lluvia imprimen un pequeño diccionario. Con sus tapas de color de nube, el papel con tacto de agua y la tipografía de moras silvestres en los taludes del camino. Cada tarde sale de la imprenta un nuevo volumen que se añade a la colección en los estantes de la memoria. Nuevas palabras, nuevas definiciones. Las escriben los gestos. Las manos en la melena. Un pie adentrándose por la pernera de los pantalones. Hombros contra otros hombros de quien baila de espaldas. Cada inventada caricia requiere un término. Su etimología. Los prefijos. Una manera intensa de ser vivida.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

El inmortal


La mayor parte de mi obra periodística permanece desconocida. Es curioso, aunque sepa que todos mis artículos antes o después serán compuestos por los tipógrafos e impresos de madrugada, la mayor parte sigue inédita. Escribo necrológicas. Cada día ocupo mañana y tarde en este oficio con el que me gano la vida. Hablo de políticos, de artistas, a veces también de deportistas, pero en este caso no tengo nunca demasiada prisa en acabarlos. Sintonizo la radio cuando trabajo. Un canal de noticias. Cuando informan de un óbito, busco al personaje en el archivo, añado la fecha y llamo al periódico.

domingo, 23 de noviembre de 2014

«Almacén. Dietario de lugares». Editorial Polibea. Madrid, 2014 110 páginas



El tiempo sienta mal. Envejece. Los lugares rejuvenecen. El tiempo desanima. El espacio anima. El espacio exterior, el interior, el galáctico, el subterráneo, el secreto, el recordado, el visionario… siempre animan a emprender, o reemprender, su conocimiento. El tiempo se repite. Nos repite. El lugar nos crea y nos recrea. Nos funda y constantemente nos refunda. Mirar con los ojos del tiempo es constatar identidades, mirar con los ojos del lugar es descubrir lo diferente. El tiempo nos aleja, aunque parezca que nos acerque, siempre nos aleja. En el lugar estamos y aunque no estemos tenemos la capacidad de imaginárnoslo. 

El lugar encarna el huidizo tiempo presente. Su inexistencia como tiempo (cómo en un punto se es ido y acabado) cobra corporeidad en el espacio. El espacio detiene el tiempo. O al menos podemos creer que lo detiene. Que lo subyuga. Que lo atenúa. Al menos. El espacio funda la memoria, la conforma, la ordena; el tiempo le pone un post-it encima con un número. El tiempo es pronombre numeral, el lugar es sustantivo, verbo, adjetivo y adverbio. El tiempo conduce —nos condena— a la angustia. El espacio, cada lugar que hacemos nuestro con palabras, nos redime de la condena.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Desencantados Encantes


Detecto una anomalía en mi percepción de las cosas, ya solo me acuerdo de lo que no está. He ido a los Encantes. Voy todos los miércoles, pero desde hace mucho ya no lo cuento. Quizá desde que trasladaron a esta nueva ubicación, casi vanguardista, la sórdida y polvorienta campa donde los objetos se revolcaban. Tengo la impresión de que cada vez es menos rastro y hay más anticuarios enmascarados, aunque tampoco estoy seguro. Me cuesta, sí, concentrarme en lo que veo. Si me despisto, acabo contemplando solo los puestos y lotes que alguna vez vi en el otro lado.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 27


Llega de ninguna parte, ordena el viento a su favor, un estrépito que reclama todas las atenciones mientras se le ve correr con estruendo, una cinta de película mal regulada, y en un tris ya ha desaparecido camino de ninguna parte. Deja la mente pensativa. Desorientada. A quién trae, a quién se lleva. Las ramas de los árboles y los setos que acompañan su pasar de manera enloquecida poco a poco regresan a la quietud. Las dos vías recobran su resignación de trazos que añoran encontrarse. Ha pasado el tren. Su intensidad. Queda el eco de los símbolos. Un hueco.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 26


El otoño es un cronista de cielos. Carga su cámara con las lluvias de noviembre y se la echa al hombro por los caminos, entre los campos, en los claros. Allí donde una hondonada consigue reunir un poco de agua planta su puesto de reconocimiento. Cada bache, cada charco, cada balsa se convierte en un observatorio de estrellas. La quietud es vidrio; la transparencia, nitrato de plata. El otoño es un artesano de espejos. Y cuando cesa el temporal salgo a recorrer la exposición de sus obras fotográficas. El vuelo de una gaviota, de las nubes, de los deseos ignotos. 

jueves, 13 de noviembre de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 25


He bajado del autobús en una calle desconocida de una ciudad de la que solo sé el nombre. Tal vez lo recuerde de un verso leído alguna tarde de lluvia mientras tumbado en el sofá alargaba la manta de algodón hasta los pies justo antes de que empezara a refrescar. Nada más. Transeúntes en todas direcciones. Por encontrar un signo que me guíe busco en las sombras. En el cielo también. Un campanario, una torre, un árbol alto quizá. Echo a andar hacia el norte. Los escaparates me reflejan, pero nadie en la multitud me mira. Solo soy un extraño.

martes, 11 de noviembre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 十


De paseo por el bosque la cabaña que habito se alza con paredes diáfanas, posee una galería hacia el atardecer y está cubierta por una techumbre imperceptible. Va siempre conmigo. Una casa en mitad del llano, bajo el pinar, sobre la duna. Sus tejas son palabras; las columnas, el recuerdo de un poema; la tarima, un xilofón cuando los pies descalzos caminan por la arena. Una casa en la cima, junto a la ribera, con ventanas a poniente. No se desprende nunca de mí. Sus paredes son no tener paredes; su tejado, el oscuro cielo; el mirador, alguien que contempla.

domingo, 9 de noviembre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 九


Me invitas a tu cuerpo. Agua clara que fluye entre la mansedumbre del prado en el que estoy tumbado. Extiendo los brazos, hundo mis manos en la corriente y se estremecen con el impulso de tus caderas. Sueño con tu cuerpo. Sombra de sauce bajo el corazón del día que la brisa de las caricias airea y desviste. Mi hanfu huye a saltos por la hierba. Alabo tu cuerpo. Coro de aves cantarinas que replica las palabras que te digo y las divulga por bosques y colinas. Como un cántico. Entro en tu cuerpo. Y somos parte de esta naturaleza.

viernes, 7 de noviembre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 八


Empujado por el prestigio de la montaña quise conocerla en el momento —según decían quienes se asombraban con mi ignorancia— de su mayor esplendor. Tras el deshielo, cuando las hojas del ciruelo empiezan a brotar. Preparé la cesta para un camino solitario y no recuerdo tarea más inútil. A cada paso encuentro quien me ofrezca tajadas de ganso, ollas de mejillones, sopas de jengibre. Me asaltan para que juegue mis ahorros al Nard —si aún fuera al viejo Liubo—, en las noches el estrépito de las fiestas persiste y de madrugada no hay paso que no huelle una inmundicia. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 七


Pese a no callar, ni en sueños, no suelen los humanos decir nada. O nada que valga la pena caligrafiar con tinta. Y aunque una multitud inquieta se reúna en calles o mercados a murmurar, tiene más valor lo que escriba el paseante que, para oír, se adentra solitario en la fronda. Dicen las aves y los insectos y dicen las flores y los árboles, pero acaso aún mayor locuacidad posean las rocas. No hay formas que desconozcan o no logren evocar, desde el dragón hasta el sapo. Desde la luna hasta una horquilla del pelo, las piedras expresan siempre.

lunes, 3 de noviembre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 六


El esplendor de los pabellones que me deslumbra en esta montaña sin ningún nombre, o peor, con un nombre errado, me desconcierta. Pregunto al letrado que me hospeda por los poemas que ensalzan el lugar, por las pinturas que lo evocan. Guarda silencio. Me maravilla no solo la arquitectura de las construcciones, sino también su antigüedad. Y aún más la nula reputación. En el balcón las vistas convierten en jardín toda la ladera. Ni siquiera una rama rebelde altera la armonía. Y cuando insisto, solo oigo: Es el fruto de una larga paz. Nadie anhela lo que no conoce, asiento.

sábado, 1 de noviembre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 五


El valle primoroso, el cobrizo pedestal de los brotes rosados, el díscolo rumor de aves. No me pregunto tampoco en este momento, tras alcanzar la cumbre a la que con tanto esfuerzo he ascendido por la senda del norte, si realmente estoy contemplando, en este instante, el valle, los ciruelos en flor o las garzas. Las garzas interpretan la partitura de la tarde, enloquecidas por nubes que absorben todos los naranjas del sol. La ladera, con rubor de mejilla levemente azorada, parece levitar. Nada miro. Leo. Absortos mis ojos en los versos donde había conocido el valle antes de conocerlo.

jueves, 30 de octubre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 四

Viajeros entre montañas y arroyos, de Fan Kuan. Dinastía Song

En el Palacio Imperial de Taipéi me detuve a admirar una pintura de Fan Kuan, aquella que relata su viaje por las montañas siguiendo el cauce de un río. Hubiera previsto con facilidad el asombro que una obra de tanta belleza podía producirme. El pasmo, quizá. Pero nunca que sufriera de inmediato una sensación de incomodidad. Miré mi vestuario y hallé del todo inadecuadas mis sandalias. Ridículo también mi liviano hanfu de seda. El malestar me turbó. Empecé a tiritar como antes de una nevada y cuando quise abandonar la contemplación mis pies chapoteaban agua de arroyo sobre las alfombras.

martes, 28 de octubre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 三


Tal vez porque resolví mal el cálculo de jornadas y distancia, me vi asediado por la voluntad de escribir sobre el Manantial que deseaba ver varios días antes de poder comprobar con mis propias manos la fuerza con la que brotaba. La tarde en la que debía llegar a mi destino la montaña no era más que una anécdota del horizonte. Pero mi cabeza bullía con los versos que deseaba escribir. Me tumbé bajo la sombra de unos bambúes y describí la fuente tal como la imaginaba. Incluso los arcoíris del agua. Al llegar, no tuve que variar ninguna rima.

sábado, 25 de octubre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 二


No solo era el tronco de un ciprés descomunal atravesado en mitad del sendero que se había estrechado bajo la sombra de las altas peñas, sino sobre todo la fragosidad que crecía a su amparo. El cansancio, ante la imposibilidad de que el camino me liberara de la fronda, me sentó sobre una piedra extrañamente cuadrada. La mirada solo me devolvía las tachaduras del lugar. Su indiferencia. Por eso bajé los ojos y escarbé con una rama por entretenerme. Me pareció ver una palabra. Luego, una inscripción. Logré leer el carácter de «Paraíso» y la maraña empezó a cobrar sentido.

jueves, 23 de octubre de 2014

En el Pabellón de Paredes Imperceptibles 一 在看不见的墙壁大厅


Como no era una de las colinas célebres, antes de alcanzar su falda el camino se desviaba hacia el oeste. Flecha que apunta a poniente, pensé, que no he de seguir. La ruta de mis pasos al abandonar el camino apenas se veía bajo el acoso de la maleza. Las zarzas arañaban la túnica y mis tobillos daban de comer a los insectos. La decisión no era más certera de aquella que toma el que huye. Aguardaba únicamente el don de la soledad. Quién podía imaginar, entre aquellos barrancos insalubres, que sin soñarlo siquiera hallara el Huerto del Ciruelo Inmortal.

martes, 21 de octubre de 2014

Autumn


El país del otoño tiene color de tierra y del aire que incendian las copas de los árboles con sus túnicas granates. Esta paleta de tonos severos echa a la cesta del pensamiento ideas lentas y reposadas. Los versos se extienden por la hoja cuando se le describe. Sus frutos son rugosos y estriados. Renuncian a la seducción y al dulzor de las frutas del verano, pero ganan austeridad y pureza en el gusto. Carecen de la voluptuosidad de los jugos, aunque sus texturas ásperas poseen poder evocador. El otoño siempre rememora. Y ofrece recorrer sus recuerdos a los desmemoriados.

sábado, 18 de octubre de 2014

Ciutadella express & 7


También el cielo en los atardeceres de verano muestra el orín de la luz que declina y la herrumbre en la que se convierten las horas. Al horizonte se le llama sobrecogedor espectáculo y su disposición cromática es captada por innúmeras cámaras que sacrifican el instante de contemplación por la mecánica de preservar su recuerdo. En eso se convierte el tiempo, una sucesión de instantáneas no vividas. Y son las imágenes coleccionadas la prueba de que no hubo vivencia, solo fotografía. Por eso, bicicleta crepuscular, no sé si cuando pasé frente a ti supe admirar tu belleza o solo captarla.

jueves, 16 de octubre de 2014

Ciutadella express 6


John Cage ideó un método de composición que invertía las convenciones musicales. Dejaba fluir los instrumentos en pura improvisación, y el registro de lo ocurrido se convertía en la partitura de la pieza. Algunas de las partituras así concebidas se parecen a las paredes de piedra de la cantera. También, por cierto, una orquesta de picos, cuñas y levas, de escoplos, cinceles y macetas, de escuadras, vitolas y metros, de sierras radiales y de tronzadores ha interpretado su obra con sonoridades y estridencias que acaso encarnen el sentimiento de la piedra al ser cuarteada y removida de su lítico silencio.

martes, 14 de octubre de 2014

Ciutadella express 5


Entregad mis ojos a Argos, el de los mil ojos, rogaba el despreciado en amores. Quien cerró esta ventana, para que quedara así por siempre, abrió al llegar los ventanales de su casa. El aire recorrió las habitaciones, y los jarrones y figuras de porcelana se contemplaron orgullosos en sus sombras. Solo quedó, en el abandono, el desprendido consuelo del crepúsculo, que a diario acude a lamer las molduras maltrechas y desliza los dedos de ceguera en la imperturbable celosía. Se diría que interpreta en ella una canción portuaria. Triste y desdentada. Romanticismos sin base. Argos ya planea un hotel.

sábado, 11 de octubre de 2014

Ciutadella express 4


La gente se reía de Adolfo Suárez cuando respondió que «uno de Henry Moore» a la pregunta de qué libro estaba leyendo. Aquel episodio daba qué pensar. Es cierto que Suárez no era un intelectual, pero su resbalón tal vez signifique que todavía creía, aunque debiera fingirlo, en el valor cultural como parte de la formación del político. En la tradición del humanismo. Hoy los periodistas a los políticos solo les preguntan por cuestiones deportivas. Se da por supuesto que el ingrediente cultural ha desaparecido. Y no lamento esta agonía del ideal humanista, sino que ya ni sea necesario fingir.

jueves, 9 de octubre de 2014

Ciutadella express 3


En mi juventud la palabra «váter», que como anglicismo debió de ser una adquisición rutilante años antes, empezaba ya a sonar regular. No tan mal como ahora, quizá. Lo fino era, en un restaurante, preguntar por el «uve ce». Y pese a ser una expresión tan abstracta, o tal vez tan obtusa, no tardó mucho tampoco en empeorar. Le sucedió durante un tiempo el término «servicio». Una bonita paradoja: el lugar donde nadie es servido. Tal vez sea el que más he usado durante mi vida, y si no controlo aún se me escapa. Hoy ya resulta feo. E impropio. 

Fue sustituido por «lavabo». Magnífico eufemismo: resulta tan higiénico querer lavarse. La verdad es que, con cierta ingenuidad, pensé que este había llegado para quedarse. Lo asimilé con facilidad y cierto entusiasmo, pero pese a los buenos propósitos de la raíz, «lavabo» empieza también a parecer rudo. Quizá incluso palurdo. Más me cuesta hacerme con su sustituto actual. Preguntar por la ubicación de la «tualet» o «tualet-e» suena cursi, aunque no veo otra opción. Peor parado ha quedado —pienso— el verso con el que Fray Luis de León traduce otro del Cantar de los Cantares: «Metióme Elrey en su retrete».

martes, 7 de octubre de 2014

Ciutadella express 2


Para Matilde y Juanjo

Cuando se encienden los focos de mayor potencia para que la luz ciegue contrastes y claroscuros, y vayan los ojos a ver únicamente donde nada ven salvo lo que se muestra, para mostrarse, para de verdad ser contemplado cuando alguien acaso vea, queda el exiguo patrimonio de la oscuridad. De la casi inexistencia. Ah, en una época que cercena los márgenes, sin importarle los multiplica. Y emergen los invisibles matices lejos de donde la luz abrasadora ilumina el rostro tiznado de lo visible. Catacumbas, o mejor, un milagro. Ediciones de cien ejemplares donde la literatura se refugia de la obscenidad.

sábado, 4 de octubre de 2014

Ciutadella express 1


Para Jesús Aguado 

Que Ramon Llull —o quizá ya desde el principio Raymond Lully— conoció y admiró las filosofías orientales es bien sabido. Que le gustara también el jazz implica una condición de visionario que tampoco le es del todo ajena. Que fuera un enamorado de la contracultura no ha de sorprender a nadie que haya leído Blanquerna. Que pudo ser un poco hippie es fácil intuirlo en cualquiera de las estampas que lo retrata como gran barbado y un poco informal. Que le hubiesen interesado Howl y On the road es seguro. Que pertenezca a la Beat Generation no resulta tan raro.

viernes, 3 de octubre de 2014

Octubre


Octubre es silencioso. Camina descalzo. Colecciona gotas de ámbar con hormigas atrapadas. Es discreto en sus vestidos de tono rosa ocráceo. Octubre. Como el telón que ciega el escenario y deja a los espectadores ante el juicio de sí mismos tras los últimos ecos de la obra, así también invita a la introspección. Deshila la madeja de la memoria y despierta los sonidos del propio cuerpo al latir, al respirar, al moverse. Octubre llega en una carta que trae el cartero, con un sello timbrado y el nombre del destinatario, el de cada cual, escrito a pluma. Con su letra.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Café il tempo y 14

Foto Elías Moro Cuéllar
Para Elías

Nor hours, days, months, which are the rags of time
JOHN DONNE

Abuelo y nieta llegan al parque. El sol de la tarde hace crochet en un banco mientras escucha por la radio un magazine. Desabrocha el abuelo las tiras que la sujetan al cochecito. La niña enseguida estira los brazos para decir que sabe que va a salir y quiere. El abuelo le habla despacio. La nieta sonríe. El abuelo es alto. Muy alto, incluso. La niña es una niña que acaba de empezar a andar, pero los dos avanzan de la mano por la arena municipal. Ahí, en esas manos que se dan, se transmite lo que invalida al tiempo.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Café il tempo 13


El reloj se para. Lo sacudo un poco. Intento darle cuerda, como si en los relojes de ahora quedara algo del pasado de los relojes. Ni se inmuta. Me siento desorientado. Una vía ferroviaria sin vías. La pantalla de la parada acude veloz en mi ayuda. En tres minutos llega mi autobús. Un salvavidas. Echo un vistazo a mi alrededor: un reloj de pulsera gigante y tres móviles. Ninguno da la misma hora, pero hago la media. El monitor, dentro, indica hasta los segundos. En cada esquina, un reloj digital; cada tres manzanas, una relojería. Creo que algo me persigue.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Café il tempo 12


El tiempo no cuenta. No tictaquea. Ese ser autista que da vueltas día y noche, siempre las mismas vueltas, se ha detenido. Ya no hay tiempo. No es que no quede tiempo, no, eso es otra cosa. Queda el mismo tiempo que quedaría, es decir, esa incógnita que hace más intensa la vida. Una vida en la que dejemos correr el tiempo. Lo liberemos de su esfera. Que ande los caminos. Que se tumbe a la sombra de los robles. Que se bañe en el mar. El tiempo. Que salga de donde está y se venga con nosotros a vivir.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Café il tempo 11


El tiempo distrae. Una atracción de feria frente a la que se arracima una cola de gente para disfrutarla, con la vista en una taquilla que nadie ha abierto. Un estadio vociferante que hierve ante una final que ya ha sucedido antes de que los jugadores salten al campo. Un caramelo que ha caído en la arena justo al salir del envoltorio. El tiempo ciega. Quien sabe cómo tratarlo siempre se equivoca. Quien se deja arrastrar por él nunca acierta. El tiempo, el espejo dentro del cual uno cree que ocurre lo que acontece enfrente. Es lo que nunca pasa.