martes, 20 de agosto de 2019

04 | Tumba de Juan Ramón Jiménez


—¿No te gustaría llamarte Juan Ramón?
—¿Para qué? Ya tengo nombre.
—Es elegante. Sonoro. Te pega.
—Ah, ya. Para que tú te llamaras Zenobia.
—Quita. Qué nombre más feo.
—Regular.
—Suena a zanahoria.
—También es elegante.
—¿La zanahoria?
—Cuando quieres, te vuelves imposible.
—Si tú te llamaras Juan Ramón y yo Zenobia…
—¿No habíamos quedado que no te gustaba?
—Ay, déjame acabar… podríamos estar aquí…
—Ya lo estamos, ¿o no? Y con nuestros nombres.
—…para siempre.
—¿Ahí debajo? ¿Igual que esos?
—Para siempre. Juntos. ¿No suena bien?
—No estoy convencido.
—¿No querrás que te entierren a mi lado?
—Claro. ¡Solos!

viernes, 16 de agosto de 2019

03 | Tumba de Juan Ramón Jiménez


Tipo solitario, al frío no le interesan, sin embargo, las tumbas. Tampoco le atraerían los espejos en armarios roperos si le permitieran el acceso a las habitaciones. Nada que le recuerde a sí mismo le puede gustar. Lo que le obligue a encarar la nada que anida en su interior. Es lo que desalienta del invierno, aun cuando se haya ido y queden en la losa los nombres acostados sobre un viejo colchón de cifras. Aunque al hablar no se congele el aliento, las palabras al pie de la boca se petrifican si alguien se da la vuelta por mirarlo.

domingo, 11 de agosto de 2019

02 | Tumba de Juan Ramón Jiménez


Dicen que aquí no ha nevado desde el 54. Ni falta que hace, repiten, no hay mayor blancura que el encalado de las casas alineadas en las calles. Hay quien recuerda también los pétalos de azahar sobre el empedrado. Son disputas que armoniza el tintineo de las copas cuando el camarero las junta para llenarlas de un único vertido. Afirman unos que debió ver la nieve por segunda vez —la primera, en las calles donde no nieva y siempre está nevado— en Madrid; otros, en Nueva York. Luego piensan en la losa de pétrea piedra, pero sobre eso nada saben.

martes, 6 de agosto de 2019

01 | Tumba de Juan Ramón Jiménez


Las hojas que zarandea la tarde ventosa escuchan de lejos el ulular de la ambulancia que se lo lleva a la capital, y siguen cayendo. Nadie en el cementerio sabe del percance. El otoño ha empezado a arrastrar los bajos de la túnica, las zapatillas de esparto, el coscorrón del cayado. Las primeras, con el verde del silencio aún entre los nervios, abrigan el nombre de Zenobia. Las segundas, las fechas. Un día llegará al camposanto para no salir el jardinero. Mientras la junta tramita el puesto, la hojarasca continúa borrando los muertos. El nuevo funcionario se tomará su tiempo.

jueves, 1 de agosto de 2019

Dietario de sensaciones, 60



La noche deja en ocasiones una maraña de sombra sobre la copa de las encinas y de los robles, un cielo desplomado sobre bosque, una luz húmeda que es el título de un cuadro, «Invierno», caligrafiado en el reverso del lienzo por el pintor. Abandona la tiniebla un fardo del aire frío que ha vertido en las laderas del valle y frente al que los rayos del sol fracasan en su propósito de seducción. En silencio, por no helar las palabras, camino por el sendero que se adentra en la niebla. Bajo el anorak presiento el calor del próximo verano.

domingo, 28 de julio de 2019

Dietario de sensaciones, 59



Están llenos las calles y los adustos paseos del tiempo con guirnaldas de recuerdos. Un mal cineasta decoraría fachadas y árboles con objetos simbólicos, colgados aquí y allá, y tras filmarlo lo insertaría después de un encuadre del personaje, a modo de plano subjetivo. Es decir, mostrando no la realidad sino lo que cada uno ve al mirarla. Bueno, a los cineastas les gusta contar cuentos. A la gente, vivirlos. Y las avenidas y los senderos están llenos de sus paseos. Donde recuerdan un circo que vieron de niños, hay un circo; donde piensan en el ausente, florece un clavel.

miércoles, 24 de julio de 2019

Dietario de sensaciones, 58



Cada muro, denso, arrogante, tiene una rendija. Por ella transitan las hormigas de uno al otro lado trenzando una cuerda invisible que lo ata a sí mismo. Y se escurren las lagartijas de la posibilidad de perder sus colas traviesas. En su hueco se acumulan las semillas que transporta el viento y entre la aspereza de lo rocoso crecen, en primavera, flores amarillas, tan diminutas como intensas manchas de color sobre el gris. Cada día tiene una rendija por donde transitan las hormigas del pensamiento y por donde el deseo se escurre de la realidad. Donde las semillas esperan florecer.

sábado, 20 de julio de 2019

Dietario de sensaciones, 57



Sentado en un banco del parque veo cómo se acerca una bicicleta. Alcanza pronto mi altura y luego desaparece. Durante un instante he visto cómo, al pasar, sus ruedas giran y en su trazar siempre el mismo círculo, avanzan. De hecho, parece una vieja aporía. La rueda gira sobre sí misma, siempre igual, y ese girar sobre su centro le supone al ciclista un avance en el espacio. Me quedo un instante debatiendo la implicación metafórica. Todo gira con los días, es cierto. Pero hay ruedas que giran sin moverse y otras que giran avanzando. ¿Cuál es la del reloj?

martes, 16 de julio de 2019

Coche de línea



En la estación de autobuses de Belgrado hemos subido al que va a Voivodina. Ruidosos, alborotados, mis amigos se instalan en la última fila. Nada más sentarse, cantan y ríen. No sé por qué me quedo despistado junto al conductor, quizá pagando, y al darme la vuelta para unirme al grupo en el segundo salto me detengo. Junto a la ventanilla, en la tercera fila, una muchacha me devuelve la sonrisa con la que me burlo de mis compañeros.  A su lado, un asiento vacío. La miro, los miro. Un dilema. Ellos tan divertidos, ella tan silenciosa. Ni lo dudo.

jueves, 11 de julio de 2019

# 612


Un simple bollo de pan partido en dos, una galleta, una pastilla de chocolate. Al dividirlos en dos partes, solo ambas se pueden volver a reunir. Una parte diferente, cortada de otro bollo, galleta o pastilla nunca daría el conjunto original. Así, cuando alguien toma de la mesa un panecillo y lo parte con la mano y entrega una mitad, solo esa mitad y la que conserva consigo podrán reconstruir el panecillo primigenio. Igual ocurre con las conversaciones. Son también una tableta compartida. Cada uno dice una parte de la unión de dos. De nada sirve juntarlas a otra mitad.

sábado, 6 de julio de 2019

# 611


Puertas, arcos triunfales, atrios. Es mejor no entrar nunca por donde se entra. Ni salir por donde se huye. Pórticos, portalones, porches. Nada me dicen. Hay que desentenderse de las señales que los indican. Pasar de largo. Una vereda perdida entre las huertas conduce lejos por donde solo algún labrador cansado pasa. Un sendero entre maleza devuelve, por detrás de los campos de frutales, a las calles acostumbradas. Conozco las fisuras del territorio y solo por ellas deseo transitar. Prefiero las rendijas a los ventanales y las grietas en la arena al tupido asfalto. Busco la ruta de los solitarios.

lunes, 1 de julio de 2019

Maga Losnay, dietario # 610


La taza de té te mira. Taimada, sus suspiros dibujan en el aire figuras huidizas. Desde el reposo le gusta verte. A veces únicamente atisba la mano y el brazo, que pasan por encima y regresan con una galleta de avena. Otras, te ve pensando, si te quedas pensativa frente al líquido áureo. Y te observa. También cuando te acercas con el tarro de la miel y una cuchara de dulzura que viertes. O, en invierno, al entrelazar las manos frías alrededor de la cálida porcelana. La taza habla, igual que lo haría un espejo que reflejara solo la ausencia.

viernes, 28 de junio de 2019

Ventanas de Dachau | Crematorio



De repente, los muertos. Los miembros inútiles, la color extraña, el impenetrable silencio. Un garabato en el suelo, sobre una litera, trazado de cualquier manera. No hay lugar sin cuerpos abandonados. Las duchas, la sala de fumigación, los barracones, los senderos, las letrinas. Cuantos más vivos, más muerte. Juntos forman montículos que no van a ninguna parte. Su quietud expresa la rebeldía que no se puede contener. Que no acepta ya sometimiento. El grito callado. Mirada acusatoria en ojos áridos. El gemido de las ruedas del carro que retira los cadáveres. Uno, luego otro. Retumba al caer su peso muerto.

lunes, 24 de junio de 2019

Ventanas de Dachau | Alambrada



Alguna especie de corporeidad poseen. La del pájaro extraviado que en vuelo rasante se araña el vientre y esparce diminutas gotas de sangre sobre las hojas que soy capaz de ver cuando sueño. Los rasguños en la cabeza del lince que persigue una presa y cree que puede atravesar el muro de aire que sujeta los espejismos del ensueño. El bulto de la comadreja que ha quedado atrapada en las espirales de espino y cuyo silencio se convierte en una oración nocturna. Alguna consistencia, materia o grosor han de tener para que no consigan tampoco los sueños traspasar la alambrada.

miércoles, 19 de junio de 2019

Ventanas de Dachau | Torre



Cómo a los lejos, si siempre está tan cerca. Cómo tan cerca, si se alza en la lejanía del campo. No hay manera de comprender la paradoja. Quizá nadie esté vigilando allí donde se vigila. Si el soldado ha posado el fusil en el suelo y el recuerdo de una noche en la que sintió el vigor de los dioses en su cuerpo le vence y el sueño pasa por delante de las bien aprendidas instrucciones, aun así, la vigilancia sigue impertérrita. No es la mirada legañosa del recluta el vigía. Lo son los ojos de los vigilados, siempre vigilándose.

viernes, 14 de junio de 2019

Ventanas de Dachau | Foso



Cauce quieto, y de ahí la amenaza. Cuadrangular, cerca. No es el río que corre por el centro de la población y permite decir que uno está a un lado o al otro lado con solo cruzar uno de los puentes. No hay puentes. Razón por la que jamás podrá parecerse a un río, pese al hueco hendido en la tierra. Circunscribe, no atraviesa. Se queda, no va a ninguna parte donde alguien desee viajar, aunque tampoco le importe no ir todavía. Permanece como quien lo rodea por descubrir el cerco de todas las querencias. Nuestras vidas son el foso.

lunes, 10 de junio de 2019

Ventanas de Dachau | Barracones



Dentro, la madera aprende a ser piadosa y acoge. El lugar donde el tiempo se sienta en el suelo con su mono de presidiario arrugado y las manos agrietadas sobre el rostro para que no le vean aquellos a quienes no deja de mirar. El frío, expectante en los cristales empañados. Crepitación de guijarros cuando las botas de la patrulla los alteran durante la noche que jamás duerme. La lengua, cada una de las lenguas, posee palabras que se guardan en el monedero como calderilla. Existe casa. Y pueblo. Y ciudad. Aves que echaron a volar y cruzaron la verja.

miércoles, 5 de junio de 2019

Ventanas de Dachau | Duchas



Ha cerrado los ojos a la luz. A la reverberación sobre su voluble vestimenta. A la inquietud que les hace a las gotas jamás sentirse quietas. Cauce continuo, borboteo, apremio. El agua. La túnica simbólica con la que oculta su insaciable infancia. La he visto cerrar los ojos y pasar por los cuerpos arracimados con la opacidad de la incertidumbre, agua que transita por tuberías gélidas y regresa a la tierra en sumideros por donde abandona lo real la realidad. Desnudeces que no ve porque ha cerrado a la luz los ojos de su esencia. Porque no ha podido callar.

sábado, 1 de junio de 2019

Ventanas de Dachau | Verja



No mienten las palabras. Nunca. Dicen, expresan, a veces sienten. Por eso abochorna verlas mentir. Aunque no las veamos afrontar la vedad, ellas no son las que falsean. En la verja de entrada al campo de concentración de Dachau, el hierro junta dos vocablos hermosos. Trabajo y libertad. No solo son auténticas todas las palabras, sino que otorgan credibilidad a quien las usa. A quienes se visten con su túnica, les proporciona honores. Confianza a quienes se acercan a escucharlas. Dádivas a quienes con ellas comprenden. De ahí que la mentira resulte tan cruel. Un crimen como el crimen mismo.

martes, 28 de mayo de 2019

Septeto fluvial | 07



Regato que el mediodía dejará en breve hundimiento, en oscuro trazo sobre la arena; mientras aprovechas la pendiente para recorrerla, inventas. Un camino. En el mío, que atraviesa el tuyo, se ha necesitado una tradición de gente que vaya de un lugar a otro para consolidarlo. Una lluvia de primavera, un exabrupto de gotas, basta para tu sinuosa afirmación sobe el día. Arroyuelo, cómo aprenderé filosofía en tu fortuita existencia. Cómo extraeré de lo trivial una lección de poética con la que pueda escribir el poema que me ha sugerido tu paso. Esta mañana. Yendo a ningún lugar hasta encontrarte.

jueves, 23 de mayo de 2019

Septeto fluvial | 06



El nombre de un río nunca se va con él. Se queda sobre el talud, en un cartel de latón, al pie de una carretera por donde también se van quienes lo pronuncian como un murmullo fugaz que aspira a ser recuerdo. Cuanto se está yendo deja instantes detenidos en su tránsito. Es lo que desorienta a los filósofos. Se entendería mejor un quedarse quieto para la fotografía. Incluso un no dejar rastro, pues la ignorancia es buen aliado del saber. Pero el que los ríos tengan nombre y que se pueda memorizar resulta un desafío. O quizá, una bendición.

sábado, 18 de mayo de 2019

Septeto fluvial | 05



¿Por qué hasta ahora no he percibido su indiferencia? Como me refleja en el espejo sucio si me asomo desde la baranda, la inercia me ha hecho creer que algún interés tengo para su pasar. O quizá sea porque le escribo cartas y sueño que las lee mientras la luna cabalga desnuda en su lomo. Pero por más que me desviva hablando, sé que no me escucha, sordo y cabizbajo. Ensimismado. Tal como a veces ando yo mientras paseo por la orilla, y es el río entonces quien echa el brazo de su discurrir sobre mi hombro por darme ánimos.

lunes, 13 de mayo de 2019

Septeto fluvial | 04



Por no haber tenido río mi infancia, en una ciudad de travesías secas, me siento en la orilla con frecuencia, devoto quizá con un pasado por perdonar. Las piedras que no he tirado, ahora las lanzo hacia el centro del cauce e imagino su lento descender hacia el lecho. El limo poco a poco las hará suyas y tras el vuelo permanecerán ahí, por siempre ápteras, en el fondo de un cauce que no deja nunca de irse a otro lugar, donde tampoco habrá de quedarse. Nunca he comprendido del todo las metáforas fluviales. ¿Soy la piedra o la corriente?

miércoles, 8 de mayo de 2019

Septeto fluvial | 03



Agua de hierro, el filo de la doladera del tiempo. Grieta. El color de la sangre cuando se coagula a la intemperie, cauce. Serenos el cielo, las antiguas locomotoras de la explotación minera, la herrumbre de los vagones, los pinos, la fábrica de los hangares, las balsas oscuras. Serena la corriente que mana como una herida que ya no duele. Los pasos crepitan sobre la grava de los caminos. Y la luz, que se compadece de sí misma por convertir lo diáfano en inquietud roja, agarrada a los herrajes junto a la puerta de los túneles excavados en la jornada.

sábado, 4 de mayo de 2019

Septeto fluvial | 02



A esta hora le gusta al puente dibujar paralelas sobre la cartulina oscura de la corriente. Los patos se espulgan el cuello en un acto que les parece de contrición a quienes, con el brazo al aire, fuman en las ventanas el cigarrillo de la sobremesa. La ciudad realiza sus ejercicios escolares con desgana. Quien cruza de una orilla a otra lo hace con la premura de no ser observado o con la parsimonia de quien, por no ir a parte alguna, necesita fotografiarlas todas. Nada hay que valga la pena contar. He abierto este cuaderno para volver a cerrarlo.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Septeto fluvial | 01



Una vez violines, violas, violoncelos y contrabajos ocupen el cauce, la barca de un piano aparezca amarrada en la orilla, flautas, clarinetes, oboes y fagots revoloteen como pájaros por la fronda del bosque de ribera de trompas, trompetas, trombones y tubas, y bajo mis pies suenen los timbales, tambores y el xilofón de los guijarros del camino, cuando levante los brazos y de nuevo los empiece a mover la música del río inundará la sala de conciertos del atardecer con una cadencia de ritmo asonantado, dulzor melancólico y la carta que a diario escribe la belleza sin destinatario ni remite.

sábado, 27 de abril de 2019

Dietario de sensaciones, 56



El tiempo es un perro que se queda fuera cuando la cancela se cierra. Y ladra sin que nadie le oiga, dentro. Hay un pianista encerrado en una caja oscura que no se cansa nunca de interpretar la misma melodía y una lámpara que ha dorado su luz en un mercado de orfebres orientales. En mitad de la sala el sofá navega, barca serena que se desliza por la superficie quieta de la laguna, una noche de verano. Un remo se resbala de las manos que lo sujetan y cae al agua, chof, y al hundirse deja la escena perpleja.

martes, 23 de abril de 2019

Dietario de sensaciones, 55



Los aromas identifican lo que no se ve. El del café, olor del tiempo que arranca con su engranaje de minutos y horas. Y el del pan tostado, que lo es del otro tiempo, el que se lleva dentro, el que evoca los lugares donde corrían niñas, niños, luego adolescentes y hasta adultos, aunque todavía con la ilusión infantil en la mirada. Los aromas dan identidad a lo que se ve. El de las calles mojadas por la lluvia, la fragancia de las flores madrugadoras, los que abren los espacios y muestran su densidad interior. La salida de la cueva.

viernes, 19 de abril de 2019

Dietario de sensaciones, 54



Un globo en la mano del niño despistado, eso son las palabras. Cuando se lo entregan lo admira sobre su cabeza con ilusión, pero al instante algo le atrae —una niña, quizá, que alcanza en el columpio más altura que él— y afloja la fuerza con la que lo sujeta, y el globo parte hacia un viaje celeste que el niño, preocupado por la exhibición del columpio, no advierte perder, ni siquiera lo mira. ¿Para qué? Lo ha visto un instante brillar con su vivo color y se ha visto sujetándolo. El significado ya es suyo. El globo, que vuele.

lunes, 15 de abril de 2019

# 609


Lo que espacio o tiempo no convocan lo reúne la escritura cuando araña el papel. Luz y noche, novios que pasean de la mano en el vuelo de la luciérnaga. Mar y sábana comparten idéntica materia durante el abrazo. Lo que el tiempo desconoce y lo que el espacio —gran visionario— sueña con los ojos abiertos lo construye el sonido de una voz al susurrar un nombre. La realidad no ha sido nunca la taxonomía de insípidos instantes. Lo concreto solo registra el informe de ruidos. El silencio en el que transcurre una mirada queda en las afueras del tiempo.

miércoles, 10 de abril de 2019

# 608


Ave, también quien camina, aunque solo alce el vuelo por arduos senderos que ascienden a limitadas cumbres en el paisaje para descubrir los espacios que son suyos. Descubrir no es desplegar un mapa en blanco ni hablar de prodigios que nunca han existido. Es solo dar un sentido a lo que se ve. Que la piedra, que el árbol, que la luz, que las nubes signifiquen. Que instilen en el cuaderno de la memoria una frase no escrita. Y así el lugar se convierta en aforismo. Sea de las aves, de los insectos, del viento, de los cielos. Y propio.

sábado, 6 de abril de 2019

Maga Losnay, dietario # 607


La taza de té me mira. Taimada, sus suspiros dibujan en el aire figuras huidizas. Desde el reposo le gusta verme. A veces únicamente atisba la mano y el brazo, que pasan por encima y regresan con una galleta de avena. Otras, me ve pensando, si me quedo pensativa frente al círculo. Y me observa. También cuando me acerco con el tarro de miel y con una cuchara de dulzura que vierto. O, en invierno, al entrelazar las manos frías alrededor de la cálida porcelana. La taza me habla, igual que lo haría un espejo que reflejara solo la ausencia.

martes, 2 de abril de 2019

1927 (díptico)


Berenice Abbot, fotógrafa veinteañera, retrata a Eugène Atget, 
fotógrafo septuagenario, en el que será su último invierno.

1
—¿Podría colocarse perpendicular a la cámara, monsieur Atget?
—¿De perfil lo prefiere, miss Abbott?
—Puede llamarme Berenice.
—Claro, como desee, miss Abbott.
—Sí, le haré una fotografía de perfil.
—¿Y por qué de perfil?
—No sabría decirle, monsieur Atget, ¿por pudor?
—No me haga reír, un fotógrafo tímido es un como un lanzador de jabalina manco.
—Bueno, no va a creerme si le digo que es para que no me vea hacerle la foto, pero puedo encontrar otro argumento.
—Inténtelo, miss Abbott.
—Quiero contemplarle mientras está mirando.
—¿Cómo si estuviera yo haciendo una foto, miss Abbott? 
—Berenice.
—Disculpe, miss Abbott.

2
—¿Busco una cámara, miss Abbott?
—No hace falta, eso sería retórico.
—Es cierto.
—Aunque creo que la razón es otra, y usted ya la sabe.
—La luz sobre la manga del abrigo.
—¿Cómo ha sido capaz de adivinarlo?
—Hay, miss Abbott, quien me dice: Conozco esa calle, la recorría a diario con un ramillete de gardenias, ahí tuve una novia, por sus fotos parece que uno pueda volver a meterse en el portal.
—Otros ven realidad donde usted, monsieur Atget, solo ve luz, líneas, volúmenes, sombras, ángulos y texturas, ¿no es cierto?
—¿Por qué no me llama Eugène, miss Abbott?

sábado, 30 de marzo de 2019

07 | Gramática del tragaluz



Donde exista una ventana hay otras a las que nunca podrá decirles algo de cara. (País de soledad en paralelo). El lugar que contemplo, sin embargo, lo están viendo otros ojos de los que nunca sabré nada. Ni me importará no saberlo. Tampoco conozco el nombre ni las inquietudes de aquellos cuyo aliento respiro en el autobús a la hora punta. Es a lo que llaman ciudad. Un conjunto ordenado de miradas. Y lo más curioso, sin que nadie se dé cuenta. Ni siquiera yo, ahora, cuando me asomo a la ventana como un rito de paso. Hacia la cocina.

martes, 26 de marzo de 2019

06 | Gramática del tragaluz



Fuera es una manera fugaz de estar dentro. El tiempo en el que se rebasa una abertura en las cortinas. Un interior, y poco después, otro. Avanzar por la calzada es también atravesar la ciudad de sala en sala, de cuarto en cuarto (tratar un universo en un relámpago). Hay una manera ensimismada de caminar y otra aforística, que resuelve los enigmas de la realidad de un vistazo. Fuera es una manera pasajera de no estar dentro de uno por estarlo dentro de lugares desconocidos en los que, con certeza, el tiempo de rebasar una ventana se es otro ser.

jueves, 21 de marzo de 2019

05 | Gramática del tragaluz



Mínimas astillas de hielo se acumulan poco a poco en la madera y permanecen pegadas durante horas en el cristal. Tejen opacidades. Las cortinas que no hay para limitar una luz que tampoco existe. El cuadrado de cuadrados blancos. Una realidad que ha perdido su pigmentación. El invierno. A veces el viento trae la nieve hasta el círculo de luz bajo el cual abro el libro que estoy leyendo. Virutas del mismo color que el papel cubren las manchas de tinta. Esos ojos que me miran con sus significados han dejado de verme. El resto de la sala, a oscuras.

sábado, 16 de marzo de 2019

04 | Gramática del tragaluz



Una renuncia a la comodidad: dos cojines de cama en el alféizar. Al pasear por el jardín hay quien se pregunta si es lícito echar un vistazo rápido hacia el interior de una ventana entreabierta. Una fisura en el monolito de la fachada. (Existe también quien no se hace preguntas por no resultar indiscreto consigo mismo, y no es quien pasa sin mirar). Las ranuras en los muros eran la escritura del miedo. Girar la cabeza para observar dentro de la rendija es una aseveración filosófica, la de quien considera que en la realidad no todo ha sido explicado convenientemente.

lunes, 11 de marzo de 2019

03 | Gramática del tragaluz



Un poco más cada día, extiende el cuerpo y el brazo y los dedos de la mano, todo su verdor, por tratar de alcanzar. Su carácter exterior (más: su absoluta necesidad de exterior) queriendo entrar. Un gesto que carecería de importancia si no me encontrara en el interior viendo cómo no me llega la luz que al árbol le hace crecer. Se diría que se acerca en forma de hojas que arañan o acarician el cristal, inmutable perfil egipcio. Y si la abriera, la ventana entregaría a la curiosidad un interior y a mí una sombra temblando en el suelo.

miércoles, 6 de marzo de 2019

02 | Gramática del tragaluz



La geometría es una disciplina interior. Penetra por el equilibrio rectangular de una ventana y reproduce su forma de entrar en paredes y suelos. El mismo orden se advierte en los objetos, cuya disposición tiende a que pasen desapercibidos en su silencio. Nada se puede aventurar de quienes se han puesto ahora a hablar con gesticulación discreta. Desde fuera (donde escribo esta nota en mi cuaderno) es el escenario que aprovecha el aprendiz de titiritero para realizar ejercicios de dedos. Sin diálogo la viñeta permanece huérfana de historia. Mera descripción del candor geométrico del vacío. Un espejo que no mira.

viernes, 1 de marzo de 2019

01 | Gramática del tragaluz



Por decir (por empezar este poema con alguna exaltación) digo que a veces te confundo, ventana de biblioteca, con el libro que estoy leyendo dentro. También es, abierto, un rectángulo y posee, como tú, hojas. Te abre a ti el bibliotecario las mañanas de verano porque das al norte y esa referencia, que ha leído en novelas donde puede pisar la nieve sobre la que nunca ha caminado, le refresca. En invierno, la cierra, aunque ni siquiera un poco de hielo se ha tumbado nunca sobre el peinazo de los cuarterones. No es que te lea, ventanal, solo me distraes.