miércoles, 20 de junio de 2018

Becqueriana / 140



Llueve. Y de repente arrecia. Tambores sobre la realidad. Igual que si alguien hubiera lanzado un grito ante el máximo horror. La marquesina los recoge. Una barca en mitad de un océano iracundo. En el bolso de ella no hay paraguas. Tampoco en el macuto de él. Cuando han salido lucía el sol. Y ahora diluvia. Ni los autobuses llegan, solo pasa un río de agua por el lateral de la calzada. Bajo la marquesina, ven llover. En una isla solitaria. Un brazo por el hombro, el otro alrededor de la cintura. El agua golpea el frágil techo con ganas.

martes, 19 de junio de 2018

Dietario de sensaciones, 49



Las metáforas nacen en la piel. De la brisa húmeda que la ventana cuela. De una imagen que estremece recordar. De una caricia que se sintió durante un sueño. La piel da sentido a muchas palabras que prenden en las sensaciones del tacto. A otras que la cubren, en cantidad durante el invierno, con liviandad durante los días calurosos del verano. Y aun a términos que la explican, que la nutren, que la vivifican. Tantas palabras brotan de la fuente incesante de sensaciones que es la piel. Pero las decisivas, las que revive con mayor intensidad son, siempre, las metáforas.

sábado, 16 de junio de 2018

Becquerina / 139



Una toalla te envuelve cuando sales del baño. El cabello aún húmedo, la piel que brilla. Caminas descalza. Sobre la cama has dejado las prendas que has elegido para este sábado en el que las nubes transitan por el cielo con pesares de otoño. Te desprendes de la toalla y tu desnudez viste de luz la habitación. A tu espera, un claro de bosque, que alzas hasta tu cintura. Dos cumbres gemelas que acogen tus pechos. Un salto de agua cristalina recorre tus piernas, que una ladera ajusta. Abotonas, luego, una playa de dunas y te abrigas con su oleaje.

jueves, 14 de junio de 2018

Dietario de sensaciones, 48



Tierra que ampara. Oscura, húmeda. Las manos la han moldeado, no para cántaro. Para que cobije solo. Para que alimente. Sin nada más. Para que sea tierra, ella misma lo que ha sido siempre, ahora en el alféizar de una ventana. Quien le ha enseñado a la tierra lo que la tierra siempre ha sabido: a acoger. Los dos brotes han llegado deslucidos. Famélicos tal vez. Allí donde habían nacido, entre piedras, paseantes, tráfico, no llegarían lejos. Pero han tomado un autobús. Han caminado. Han subido escaleras. Un sueño. Y ahora se acuestan en la tierra que les han preparado.

lunes, 11 de junio de 2018

Becqueriana / 138



Regreso al atardecer con un ramillete en la mano, los versos que he encontrado entre la hierba que bordea el camino. Un poema silvestre. Solo puro contenido, sujeto en el puño mientras la luz de la tarde se apaga como quien recoge las lonas que protegen del sol al mercadillo. Ya en casa le he buscado un jarrón con forma de soneto. Catorce flores con cuatro rimas combinadas. Lo he colocado sobre la cómoda y me ha parecido que el poema se sentía solitario. He buscado dónde descubrir más versos, pero solo estábamos tú y yo. Catorce caricias, otro soneto.

sábado, 9 de junio de 2018

Dietario de sensaciones, 47



Solo a través del frío el agua cobra forma. El calor, por el contrario, la anima a desaparecer, y desaparece. Las palabras son como el agua. La distancia las aquieta. Las ajusta a un molde. Enmudecen con el alejamiento. Y con el calor del abrazo de bienvenida se diluyen. Se evaporan. El cauce de las palabras es la conversación. Igual que el agua crea una corriente que aprovecha los desniveles para ir de un lugar a otro, las palabras, para viajar, utilizan a quienes charlan. Les acompañan. Pero agua y palabras aún tienen otro aspecto en común. Sacian la sed.

jueves, 7 de junio de 2018

Becqueriana, 137



La mañana se ha tumbado con ellos en el pequeño prado junto al río. Les señala aquello de lo que se siente satisfecha: un nube solitaria en mitad de un cielo cristalino, el vuelo ordenado de una bandada de patos nómadas, la torre del campanario en la iglesia y los álamos que crecen alimentados solo por su propia alegría. Se lo ensalzan todo. Les gustan las mañanas tranquilas y rurales. La brisa, el resplandor, los silencios. Se va agradecida. Saben los dos que luego, cuando hable con la nube los señalará a ellos, sus amigos en el prado, con orgullo.

martes, 5 de junio de 2018

Dietario de sensaciones, 46



Un carro de heno detenido junto a las puertas del pajar. Los andares de realeza de un pavo que contempla escéptico la escena. El mugido interesado de la vaca al ver su enormidad. El vuelo ágil y asustado de los gorriones que picoteaban por la grupa. El paso filosófico del caballo hacia la valla donde se ha quedado el forraje. Revuelo de moscas alrededor de las ideas en movimiento. Ella, vestida con camisa de leñador y botas de montar; él, con chaleco de cuero y pantalón ajustado. El cielo azul de un set de rodaje. El Tiempo de las Baladas.

domingo, 3 de junio de 2018

Becqueriana / 136



Deja la voz de ser voz para transformarse en melodía, y las manos dejan de ser manos por dirigir la orquesta de las sensaciones, y la piel deja de ser piel para convertirse en partitura de misterios, y el tiempo deja de ser día para erguir sobre la luz el templo alzado de la noche. Los labios dejan de pronunciar palabras sobre la sal de los cuerpos y los cuerpos dejan de ser meros personajes secundarios para asumir el papel protagonista del instante. El cabello renuncia a su peinado y las mejillas dejan su palidez olvidada entre rosas intensamente rojas.

viernes, 1 de junio de 2018

Dietario de sensaciones, 45



Se palpa los bolsillos por encima de la gabardina oscura, con la mirada revisa los lugares donde se suelen dejar los objetos —las llaves, el monedero, un pañuelo de seda— para asegurarse de que no se lleva nada consigo. Comprueba los cierres de la maleta donde ha guardado las telas negras con las que acostumbra a cubrir la realidad durante un tiempo. Ya está a punto para partir. Lo hará en el instante en el que una niña pizpireta entre dando saltos por la ventana y lo llene todo de color; todo, menos las pertenencias que sombría arrastra escaleras abajo.

lunes, 28 de mayo de 2018

Becqueriana / 135



Al atardecer leemos en voz alta lo que Emily ha dejado escrito: «La lámpara, dorada, sigue ardiendo / sin saber que el aceite se agotó». Te has vestido de blanco y yo simulo un uniforme de cartero. A Emily le gusta contemplar la realidad desde la mirada que cualquiera ve que está mirando. «Expulsarme a mí misma de mí misma. / ojalá yo supiera». Y el té. Tomamos té verde con bizcocho de zanahoria sobre un mantel bordado. Servilletas de tela. Notas de piano melancólico. Nos miramos, sonríes mientras recito: «Mínimos ríos, dócilmente, a un mar. / Mi Caspio, tú».

jueves, 24 de mayo de 2018

# 596


El silencio es la marquetería geométrica de un marco. El paspartú y el cristal. Un lienzo doblado en el cajón de un armario, un grabado traspapelado entre libros que solo acumulan polvo, una fotografía arrugada. Como caminar y no oír los pasos, tamborilear sobre el vaso de cristal y no apreciar el tintineo, posar la taza sobre el planto tras el primer sorbo en una película muda. El silencio es el amante de los sonidos que rescata el lienzo, el grabado o la fotografía y los enmarca y los cuelga. Quien permite escuchar la cotidiana sinfonía de mínimas, esenciales, resonancias.

lunes, 21 de mayo de 2018

# 595


Jersey de lana. El pañuelo en la cabeza. Botas con lunares de barro seco. Un cielo nuboso, gris por un costado, más oscuro hacia el norte. La lluvia fina, casi imperceptible, da brillo a las piedras comunes convirtiéndolas en minerales con algún prestigio. Después de contemplar el horizonte, y leerlo, bajo la vista. La tierra aún conserva el helor de la noche cuando me agacho a rozarla, áspera, dura. En las plantas busco los brotes que ya presienten la estación que no se ve y compruebo su salud con un leve asentimiento. El gesto que reconforta. Un día de invierno.

jueves, 17 de mayo de 2018

# 594


Hay un paisaje oculto en el paisaje. Contemplo los campos labrados, el pinar, el viejo molino, los prados. Hay una piel sensible debajo del vestido de la luz. Una vida secreta de raíces y rocas, de corrientes de agua, de animales que en su ceguera ven. Lo imagino sentados en un peñasco, con la vista tendida sobre el horizonte y las manos en olvido. Un manantial de sustancias del que se nutren los verdes y la policromía que los enriquece. Una tierra que me gusta acariciar con los pies cuando camino. Con la que me alumbro si cierro los ojos.

viernes, 11 de mayo de 2018

Maga Losnay, dietario # 593


Se vive, sobre todo, en los intervalos. Instantes que se desprecian entre dos momentos importantes, como si el reloj los distinguiera con un sonido entre las campanadas. Una conversación sutil que de camino se entretiene en los márgenes, no en el avanzar. ¿Dónde vas?, a veces alguien pregunta. Voy. Es la única respuesta. Ir es la meta, no llegar. Cocinar resulta tan reconfortante como comer. Vestirse tan excitante como salir. Contemplar al atardecer el paisaje desde la ventana, en silencio, entrega más conocimiento que oír un televisor sintonizado a todo volumen. Interludios, lapsos: el envoltorio del tiempo es el regalo.

domingo, 6 de mayo de 2018

Cuaderno de instantes



Cierro la libreta, el lápiz rueda por encima de la tapa, cae a la madera de la mesa con un ligero rumor y cuando ahí se detiene me doy la vuelta y continúo escribiendo. Con los pasos, al caminar por la estancia; con el cuerpo, al echarme en el sofá de contemplar estrellas. Escribo, brazos en alto, con las manos. Palabras, versos, poemas. Una caligrafía delicada que recoge con fidelidad la pared donde la luz de la lámpara se proyecta, aunque la desmemoria del aire que la escribe impida que se la aprenda. Igual que lo escrito en el papel.

jueves, 3 de mayo de 2018

Calambur noctívago



Un lenguaje de escalofríos. Delicada escritura de dedos nómadas cuyos manuscritos no conservan palabras sino temblores allí donde el lector lee. Una grafía de labios que inscribe en la piel oscilaciones del cuerpo que solo el cuerpo decodifica y comprende. Haz de significados cuyos signos varían y se inventan cada día, a cada momento. Una lengua de estremecimientos. La del susurro de las manos al caligrafiar sensaciones en el papel de los sentidos. La del trazo del pincel de las caricias que recorre el país del recóndito silencio. La de los acentos petrarquistas cuando inspiran las sílabas de un gemido.

domingo, 29 de abril de 2018

Becqueriana / 134



Quedan aún jirones eléctricos de sonido en el aire, entre el reposo de las nubes y el graznido lejano de las gaviotas. Rápidos descensos de los dedos por el mástil de las guitarras, dobles redobles de batería, golpes de mazo sobre el granito del bajo. Entre el tintineo de la cucharilla en la taza y la respiración de la rebanada recién tostada. Aullidos con forma de palabra que se retuercen en el aire con corporeidad metálica. Entre el arpegio del cuchillo al repartir democráticamente la mantequilla y tus zapatillas al acariciar el suelo cuando te levantas a buscar la mermelada.

jueves, 26 de abril de 2018

Becqueriana / 133



Hay un prado llamado silencio en el que crecen las amapolas de la respiración alterada y cuando suspiran al atardecer los juncos presagian el cauce que fluye entre dos cuerpos. Hay una brisa que no cuela la ventana ni una puerta, sino el movimiento que mece la melena y despeina los cuidados. Hay un sauce de manos que se vierten sobre piel del aire y una enredadera de piernas que se entrelazan al tronco. Hay una sombra, que el sol ansía desbaratar sin lograrlo nunca, donde solo los dos se contemplan a sí mismos. Hay dos ríos y un mar.

martes, 24 de abril de 2018

Becqueriana / 132



No sabes hacerlo, me dices. Miro el estanque y te miro. Una vez escribí un soneto con rima, respondo. Fantástico, ¿y ahora? Insistes en el reto. Sé que no abandonaremos el banco del parque donde nos hemos sentado hasta que lo intente. Menos mal que la sombra de un tilo nos acoge mientras pienso. Con un palo, quizá, puedo dibujarlos en la arena y saltar de uno a otro. Nunca lograrás darles idéntico color, dices tras adivinar mis pensamientos, y añades: No sabes caminar sobre nenúfares. Yo sí. ¿Quieres verlo? Cierra los ojos. Y unos labios caminan sobre los míos.

domingo, 22 de abril de 2018

Poética del atardecer



Serpenteo esquivando los charcos al caminar hacia la tarde y avanzo entre un suelo de nubes. Dentro de los bolsillos del gabán los dedos practican glissandos para la clase de una profesora rigurosa. Voy y no voy. Los pasos me acercan y me alejan. Ensayo conversaciones como un actor repite réplicas ante un espejo poco antes del estreno. Cuando tenga un poema entre las manos le sonreiré a la literatura, que me estará mirando desde una mesa al fondo de la cafetería. La lengua en la que escribo cada día me habla desde cualquier rincón. Los campos huelen a lluvia.

viernes, 20 de abril de 2018

Gorriones



El libro de texto del día se abre con el vuelo de un gorrión que abandona las ramas del olivo para detenerse en los cables de la conducción eléctrica, donde el primer rayo de sol dibuja sobre el sembrado una línea recta con su perfil de mago alado. Estudio en esta humilde lección de la mañana la teoría de las sombras. Lo que la luz ilumina el aire lo dibuja en la distancia con claroscuros. También mi retrato opaco me sigue cuando camino hacia el este, tras mis pasos, iluminado por el sol en el rostro. Sin ver la sombra.

lunes, 16 de abril de 2018

En compañía



Nunca está sola la palabra soledad. Un artículo le brinda su mano y salen a pasear juntos por la frase. Una nube de adjetivos la ronda siempre con la intención de hacerla más grata, o amable, incluso acompañada. Hay verbos que la alejan y otros que la acercan. Sustantivos que se enamoran (y hasta dan esquinazo a sus artículos para poder verse a solas con ella). No siempre les hace caso, sin embargo, por sentirse más sí misma, pero a veces encuentra en alguna que otra palabra, en un momento de soledad, aliciente para dejarse querer, por ejemplo, en compartida.

domingo, 15 de abril de 2018

# 592


Mejor olvidarse de las fiestas para adorar la fiesta. Que el calendario paute las alegrías no estimula a nadie. Para disfrutar es preferible transformar cualquier momento de un día cualquiera en una verdadera celebración. Sin que nadie lo haya estipulado ni exista previsión alguna. Así como así. Hoy: fiesta. A veces, al llegar a casa y quitarse las ropas de ciudad, de repente apetece vestir otras, inaugurar un hábito distinto. O convertir el paseo en una fiesta que se celebra en ese lugar al que tanto apetece ir a deshora. Quitar las fiestas del tiempo y colocarlas en el espacio.

jueves, 12 de abril de 2018

# 591


Ya no solo cambia el número. A veces el nombre del mes. Con los meses, la cifra anual. Cada día es, ahora, por fin, diferente. Cada jornada conserva un recuerdo distinto de su acaecer en el tiempo. Su almacén ha dejado de ser el calendario para instalarse en el territorio de la memoria. Cada fecha se siente orgullosa de sí misma. De lo que ofrece. De sus matices. De su singularidad. Y brinda, a quien quiera escucharla, noticias de su carácter. Cada día regala el lugar más propicio para ser vivido. Si hoy llueve, será el momento de pisar charcos.

miércoles, 11 de abril de 2018

# 590


Un paseo ordena el mundo. Su caos, su sinsentido, su dejadez. El caminar recoloca en su lugar los elementos del paisaje del mismo modo que el pintor compone una armonía cromática sobre el lienzo o que el fotógrafo afina la mirada para descubrir donde no hay nada un tema. El rumor de los pasos le escribe la partitura a la secuencia. Miro y las líneas se emparejan, los colores se combinan, las aves trazan movimientos inauditos en el cielo. Atravieso el río y queda a mi espalda el puente y la ciudad ya trazados. Con una idea de sí mismos.

lunes, 9 de abril de 2018

Maga Losnay, dietario # 589


Nada hay tan divertido como mezclar palabras y dibujos. Tan irreverente como suplantar palabras con dibujos, dibujos con palabras. El caligrafiar un paisaje con acuarelas o el trazar con acuarelas las líneas de una carta. Nada hay tan estimulante como combinarlo todo y encontrar sentido a cualquier combinación capaz de ser imaginada. Porque solo el pensamiento racional separa las artes y las cosas. Una manera de comprender escolar, que disgrega cuanto permanece unido, olvida las singularidades que cada cosa posee para enfrentarla a una idea de cosa que sirva para todas las cosas. Pero nadie piensa así si quiere divertirse.

sábado, 7 de abril de 2018

Dietario de sensaciones, 44



Hay un instante en el que la calma desciende sobre los cuerpos para abrigarlos y bajo su manto, mientras el sudor se funde con el sueño y las respiraciones se acompasan con el balanceo de dos actores camino del fundido final de la película, la noche susurra sonidos que parecen un bordado en la sábana del silencio. El sapo que croa en el estanque próximo. Una lechuza ulula en la nada. El ladrido enigmático de un perro. Son quizá palabras pronunciadas durante el día en un lugar lejano que llegan con atraso a los oídos, y cuyo significado desvela incógnitas.

jueves, 5 de abril de 2018

Dietario de sensaciones, 43




La visita del viento estremece la superficie sosegada del cauce. Su fluir cotidiano, un ir yendo por los días ensimismado, tiembla de repente, se agita. Siente. El tiempo abandona su condición de túnel y la corriente, sin remedio, olvida su destino. Cuando la mano del viento roza su piel. Se remueve en el lecho. Vibra, se desorienta. Se daría la vuelta y regresaría a las fuentes para tumbarse en los prados de montaña a percibir el aliento de los bosques. Basta que el viento lo acaricie. La longitud se alza en una inflamación vertical que convierte el río en géiser.

martes, 3 de abril de 2018

Dietario de sensaciones, 42



Todas las palabras son mágicas. O mejor será decir que son magos. Extraen del sombrero de unos sonidos la paloma blanca de un significado. Nada por aquí, nada por allá, dicen las palabras, y de repente sale de la nada una ristra de pañuelos anudados. Son las frases que descubren lo que existe. Que le dan sentido. Se mira a veces sin saber qué se ve, son las palabras las que le explican qué está viendo a la mirada. Uno va por la calle despistado y de pronto le dicen algo, sonríe y la piel de la realidad se estremece.

domingo, 1 de abril de 2018

Dietario de sensaciones, 41



El invierno dedica sus noches a la fabricación del blanco. En pleno dominio del negro nocturno, teje una sábana de blancura sobre el paisaje. Y cuando llega por fin la luz, su paleta de colores le resulta inútil. Ni puede pintar los árboles, que amanecen blancos; ni los campos, que se extienden blancos; ni los tejados, que lucen blancos. Solo se le permite gastar unas gotitas de marrón mezclado con una pizca de amarillo sobre los pájaros que sobrevuelan la blancura. La insistencia de la luz, sin embargo, con las horas, acaba imponiéndose y devuelve los colores a la costumbre.

viernes, 30 de marzo de 2018

# 588


Linternas, lámparas, bombillas. La claridad no está en encenderlas a la máxima potencia, sino en apagarlas. En dejar la luz de la luna acostada sobre la arena del sendero que se sigue. No está la claridad en borrar las sombras ni en desbaratar las penumbras, sino en comprender a través de la umbría la certidumbre del camino. No aparece más claro lo que no ven los ojos, sino lo que se sabe que está ahí aunque para verlo sea preciso cerrarlos. La claridad no solo oculta, sino que acostumbra a vivir sin aquello que esconde y solo de madrugada muestra.

miércoles, 28 de marzo de 2018

# 587


Cuanto se ha descubierto hasta hoy aún queda por descubrir. No basta ponerle nombre, fecha, lugar. De nada sirve archivar los descubrimientos en gabinetes cerrados con llave, ignífugos y herméticos o en simples cajas de cartón, paraíso de los pececillos de plata. Dentro, carecen de propiedades, de sensaciones, de provecho. Los descubrimientos andan siempre fuera. A la intemperie. Hay que ir a ellos, y descubrirlos cada vez una vez más. Y están, también, en quien los anda buscando. Que al encontrarlos, sabe que los ha encontrado. Los comprende. Los hace suyos un instante y luego los deja a su aire.

lunes, 26 de marzo de 2018

# 586


Nada hay en el tiempo donde reconocerse. Va a lo suyo, cuenta las horas por minutos y los minutos por segundos. Lo único que le importa es no descontarse. Sabe que avanza solo porque existen las fechas y las numeraciones. Sus ojos andan ciegos para cuanto ocurra a su alrededor que no sea su paso marcial. Sin embargo, cómo nos parecemos al espacio, aquel hermano menor del tiempo. El olvidado. Tan iguales al sitio donde estamos somos que si contemplamos nubes, somos nube; si andamos, sendero; si paseamos por la playa, oleaje. Cualquier lugar adquiere ser con lo que somos.

sábado, 24 de marzo de 2018

Maga Losnay, dietario # 585


La palabra oscuridad ilumina. También se puede bailar con la palabra silencio. Los días le añaden significados nuevos a lo que se dice con costumbre de siglos. Sentidos que se incorporan a las palabras, aunque solo los conozcan pocas personas. Igual que los cuentos enseñan que la palabra alfombra vuela y que la palabra flauta reúne, se acumulan otras enseñanzas en las voces con las que se ordena la realidad para que la realidad continúe siempre desordenada. La palabra río acerca, se puede nadar en la palabra duna. Y cada atardecer guardo con mimos en un tarro la palabra luz.

jueves, 22 de marzo de 2018

A destiempo



La mañana en la que el tiempo no comparezca, bien porque haya perdido el tren que lo trae puntualmente cada amanecer, bien porque se tome un día de fiesta que no le corresponda, esté o no justificado, porque eso no me incumbe fiscalizarlo; esa mañana, me digo, en la que los relojes desandarán los círculos y las citas dejarán sobre las páginas de las agendas la mancha de un poema minimalista, aprovecharé para desaparecer. Sin cumplir ningún preparativo me iré a oír los graznidos de las aves migratorias en los abruptos acantilados donde la realidad renuncia a la mezquindad.

martes, 20 de marzo de 2018

Lectura



Si la forma en la que se comprende lo que existe es una manera de leer, cuanto está ahí será una manera de expresar. Una escritura. Y también cuando se lee el tránsito de las nubes y el vuelo de las aves se pronuncia en su irse lo que impulsa al deseo. Leer y repetir lo leído era el medio de los antiguos para conocer. Ahora se usa un interruptor para desechar las sombras y otro para convocar las notas del piano, pero se camina por idéntica senda. Se dice lo que la luz escribe en la mirada para expresarse.

sábado, 17 de marzo de 2018

Cuadernos



No todas las palabras quedan anotadas. Dejo el lápiz un instante sobre el cuaderno abierto y los ojos pasan a leer la página que ofrece la ventana. Las hojas del albaricoque aleteando con el viento como si quisieran aprender a volar, las macetas ingenuas del alféizar, el pájaro que las merodea con insistencia, un trocito de cielo con una nube pizpireta que se muere por salir en el rectángulo de cristal que contemplo para llenarme de palabras que están ahí, conmigo, cuando escribo, pero que no apunto porque ya sé, y estoy seguro, que se podrán leer en las escritas.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Becqueriana / 131



De la lavadora la extraigo triste. Bueno, quizá solo arrugada y húmeda, pero con tantos pliegues y el agua que oscurece su viveza se parece a la melancolía. La extiendo con las manos y al extenderla es como si recobrara algo de alegría. Rugosidades aún abundan en el tejido, pero ya no mandan. Ahora las mangas, el talle reviven. Adquieren la forma que tuvieron antes de marearse en el centrifugado. Y en la cuerda, sujeta con dos pinzas de color combinadas con sus colores, al aire, revive igual que cuando un cuerpo la mueve con gracia y soltura. Tu blusa.

lunes, 12 de marzo de 2018

Becqueriana / 130



Hemos empezado a escribir, entre los dos, un libro. Tú le has puesto título: Manual de aves. Yo he preparado los bocadillos, los frutos secos, unos pastelitos japoneses de té verde y el agua para la primera jornada de escritura. «El nido». Será el capítulo inicial. Caminaremos por el bosque alzada la vista. Para descubrirlos. Preguntaremos en los pueblos, para que nos dejen entrar en los cobertizos. Desarrollaremos los siguientes aspectos: ubicación, medidas, materiales, formas, proceso y construcción. De los nidos. A casa regresaremos con el macuto vacío y con el cuaderno lleno de notas. Habrá que redactarlas. Otro día.