lunes, 18 de noviembre de 2013

Becqueriana / 34


Ha pasado la noche de correría y al amanecer continúa tan alegre como siempre, tan cantarín. Tan tamborilero. Bajo la fronda que alimenta y mima con su mero pasar por ahí, salta de una piedra a otra, juega al escondite, resbala por el musgo sin caerse. Cuando transita junto al puente de madera, travieso, busca cruzarlo también por encima, como hacen las personas que se detienen a escuchar su canción y a contemplar sus bailes. Chapotea las piernas de las muchachas y los brazos de los jóvenes. Eso le basta al arroyo para sentirse feliz. Como quien lo está mirando.