jueves, 17 de agosto de 2017

Coro de ausentes \ PERMANENCIA


Estar. Sin otra cosa 
que hacer. El viento insólito 
que admira un mar en calma. 
La nieve que disfruta 
en lo alto del día 
sereno. Solo estar. 
Sin preocupación. 
Pájaro entre las ramas 
que canta la belleza 
de la nada. Las olas 
que salpican las aguas 
que la arena absorbe. 
Estar y al estar, ser. 
Paloma, campanario, 
guijarro, brisa, fuente. 
Ajenos al correr, 
a la premura, afán, 
ansia. Canción que entona  
una niña que baila, 
asceta en el jardín. 
Botes de la pelota 
contra la tapia, el niño 
que juega en un estadio 
de naranjos. Estar. 
Viviendo lo que es.

martes, 15 de agosto de 2017

Coro de ausentes \ MIRAR


El cielo encierro en un cuadrado.
O mejor, en un cubo. Cada vez
que rueda por la alfombra de los días,
se detiene y exhibe diáfano
una cara. La miro.
Vuelve a girar. Se inmoviliza.
La contemplo. Voltea.
Se para.
La observo. No repite cara el cubo
que muestra el cielo porque la mirada
nunca es la misma. Cada instante
nace en la cara que descubro
en la imagen del cielo
que miro, nunca en el mirar.
Por eso la mirada es otra,
es siempre diferente a la que vio
el cielo que precede.

Hablo del tiempo que me vive.

domingo, 13 de agosto de 2017

Teoría de la brevedad | 1


Y me dejo fotografiar. Sentada, con la taza de café en la mano y una sonrisa compuesta en los labios. La tarde se disfraza de compañía de titiriteros que anuncia su espectáculo por toda la plaza. Nada parece ocurrir más allá de sus cantos interrumpidos por exclamaciones de alegría. Visten de naranja. He tenido que sostener el gesto mientras encuadraba y después agradecer su guiño de agradecimiento. No entiendo qué más ha ocurrido. El oleaje de la multitud se lo ha llevado con su cámara. De este lugar quedará un instante que no ha existido cuya existencia se podrá demostrar.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Dietario de sensaciones, 34


Los poemas eróticos empiezan en las puntas del cabello y cuando concluyen los pies se sienten plumas de ave. En su inicio congregan un caudal de lenguajes capaz de desbordar cauces e inundar cualquier terreno, pero conforme avanzan van perdiéndolo. Desaparecen las palabras y los ojos se cierran. Se simplifican también todos los gestos y solo queda en el rostro un único signo. Las manos se convierten en intérpretes de una sola nota y el poema se deshace en las sábanas como un hielo fuera de la nevera, sobre el mármol. Es cuando los versos resultan más intensos, menos literarios.

lunes, 7 de agosto de 2017

Becqueriana / 114


Lo imita la cigarra en tardes de verano entre matas de salvia. La alfombra de pinaza que cubre el bosque de coníferas cuando al caminar por encima los pasos van recordándolo. El canto de la abubilla, oculta entre las ramas, lo evoca con mayor dulzura. El agua que baja por el arroyo, algo precipitada, le copia ímpetu y resonancia. La pequeña cascada en el desnivel del terreno perfecciona el duplicado que imagina su despeñarse y de nuevo encontrar el cauce. Lo presagia la voz cuando regresa al bosque de los símbolos y los brazos cuando empiezan a rodear la cintura.

sábado, 5 de agosto de 2017

Dietario de sensaciones, 33


A primera hora de la tarde las palabras están tumbadas en el sofá. Unas ven una película en blanco y negro; otras leen un libro con un pájaro y una flor dibujados en la cubierta. Hay algunas que se han levantado y he oído cómo batían algo en la cocina y luego un aroma a delicia antigua ha inundado la sala. Veo también otras que se preparan para salir a pasear, con gorra, gafas de sol y camiseta. O las que regresan, que van subiendo por la escalera. Hay quien piensa que las palabras están en el diccionario, qué ingenuidad.

jueves, 3 de agosto de 2017

Un ovillo en el Laberinto


Una blusa con corazones bordados. De color verde desvaído. Algo grandes, quizá. ¿Quién la habrá elegido? Camina despacio, en línea recta. Sonríe. También cuando avanza sola por el pasillo. Si la llamo, sonríe con un gesto aún más abierto. «¿Has visto al dire?», le pregunto y su sonrisa responde que está en su despacho. Y continúa por los corredores que tan bien conoce. Cuando ya no la veo continúo escuchando el chasquido del bastón abriéndole paso. Sonríe, pero está triste. Se va, ya se lo han dicho. Es difícil saber qué significa tristeza para quien solo ha aprendido a sonreír.

martes, 1 de agosto de 2017

Dietario de sensaciones, 32


Hay un momento en el que el agua pierde su habitual serenidad. Dan ganas de bajar a la farmacia para comprar algún medicamento contra la tensión, aunque sería más fácil desconectar el fuego de la cocina, claro. El agua empieza a inquietarse. Tiembla. Una erupción de mínimas burbujas le cubre como eccema todo el interior. Sufro por su estado. Pienso en una crema para la piel, pero arruinaría el sabor. De repente empieza a dar saltos, ¿serán de alegría? No da tiempo a averiguarlo, inmediatamente le lanzo dos bolsas de té verde con limón. Y dejo que vuelva a serenarse.