viernes, 9 de junio de 2017

1999-«Desgracia»


Ostensiblemente cojean. Todos, de raso y terciopelo. Un rizo caracolea en la frente de cada uno. Pasaba unos días en Atenas y su viaje coincide con el festival Byron. Decenas de byrons recorren las calles de Vyronia. Empieza a marearse. Una pesadilla no le hubiera resultado tan exasperante. Unos, corsarios de opereta; otros, donjuanes de tebeo; algún manfred estudiadamente despeinado. Solo intuye complicidad en la única persona que mira con gesto aún más sorprendido que el suyo. Piensa que se deben echar un cable. Se acerca, «John Maxwell», dice alargando la mano, que al instante es aceptada. «George Gordon, encantado».

miércoles, 7 de junio de 2017

1998-«El poeta de Pondichéry»


Madame, le susurra desde el fondo del pasillo Denis Diderot, conserje del Collège de France, 11 Place Marcelin Berthelot, distrito quinto, Paris, y añade con amabilidad: Madame, s'il vous plaît. Adília siente un escalofrío que recorre su espalda, un metro con las luces apagadas que no se detiene en ninguna estación. Suda bajo del abrigo, una tensión en las piernas a punto de brincar, zozobra en la mirada de animal acorralado que busca un escondrijo en los vetustos pasillos. La plúmbea atmósfera del saber, sin embargo, sin huida posible. Diderot insiste: Madame, la salle de conférence est pleine. Ils attendent.

lunes, 5 de junio de 2017

1997-«Doble ciego»


«¡Ay qué pereza!», exclama para sí el agente Mário de Andrade, sargento de guardia en el barrio de Urca, al tiempo que por el rabillo del ojo ve pasar una sombra. Y en la mano de la sombra, la sombra de un aerosol. Se da la vuelta y se transforma en sombra perseguidora. Una gira a la izquierda, otra gira a la izquierda. Cruza la avenida, la rotonda, el parque y Armando llega a la playa. Amanece. El agente cruza y cruza. Armando agita el bote. El agente pita. Armando escribe. El agente grita. Sobre la arena queda el chillido.

sábado, 3 de junio de 2017

1996-«La más que viva»


«Ven, no te quedes ahí, con este tiempo», le grita Teresa de Ávila desde el interior del puesto callejero. «¿Yo?». «Claro, resguárdate aquí, bajo la marquesina; no hay mañana en la que no te vea detenerte delante». «Me gustan las flores; gracias, solo soy un estudiante». «Y yo una florista de barrio. ¿Qué flor te gusta más?». «Ninguna hay que me disguste». El anorak de Christian aún gotea, una nota a pie de páginas del tratado que redacta la lluvia. «Te enseñaré mis preferidas». «Son preciosas». «Son algo más. Tras marchitarse no desaparecen. Se quedan para siempre en la memoria».

jueves, 1 de junio de 2017

1995-«La princesa manca»


Los hermanos Grimm trabajaron durante años en el tiovivo que había en Gala Placidia. Jacob cubría el horario matinal. Limpiaba, vendía tickets y estudiaba los variados acentos de las canguros que cuidaban niñas y niños. Wilhelm venía tarde por la tarde. Era algo caótico. De las acompañantes prefería observar otros aspectos, pero contaba en cada ronda un cuento. Cuando Gustavo lo descubrió no dejó que lo llevaran a otra plaza. Disfrutaba, siempre, del último viaje, en el que Wilhelm cambiaba la dirección, los caballos avanzaban por su grupa y tras clamar: Y este cuento se ha acabado, el cuento empezaba.

martes, 30 de mayo de 2017

Becqueriana / 112


El argumento y los personajes de la película que ven esta noche poco a poco se irán diluyendo en la memoria y cuando un día reaparezca el título al acaso y busquen en el gran armario de los recuerdos alguno que se la evoque, una secuencia, una imagen o un diálogo, estirando de ese hilo —como si la pantalla se hubiera convertido de repente en cámara y, en lugar de mostrar, registrara lo que tiene delante— evocarán al instante las piernas revueltas, los brazos por el cuello, por la cintura, y cómo tantas veces en lugar de mirar, se miran.

domingo, 28 de mayo de 2017

Becqueriana / 111


Hay un atlas en la cabeza de los amantes que no aparece en ningún volumen de geografía. No es un plano de colorines con las particiones políticas, ni de verdes y marrones que indican las orografías, ni siquiera un conjunto cartográfico con las actividades económicas de una región. Tampoco se estudia en las facultades de Historia, ni lo contemplan los modernos programas informáticos que vuelcan cualquier dato en una gráfica al instante. Es un atlas íntimo. Lo han dibujado tarde a tarde. De cierta esquina a claro de bosque. Es el mapa que señala los lugares donde han estado juntos.

viernes, 26 de mayo de 2017

Becqueriana / 110


Vestida de oscuro, despliega las grandes telas oscuras que arrastra y las extiende sobre las cosas bajo la vigilancia atenta de un farol blanco que luce desde el extremo del báculo en el que se apoya. La noche. Un pliegue de negrura cae sobre la ventana del cuarto y reparte la penumbra por los rincones. Las caricias dibujan paisajes en la espalda y los besos trazan lunares de color sobre la piel. Son imágenes que se salvan de lo sombrío. Las manos, arroyo montaña abajo; los labios, colina arriba. Como si alguien levantara el extremo de la tela al bies.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Becqueriana / 109


El día en el que al pintor de amaneceres se le pegaron las sábanas y la campana de la iglesia se volvía loca repicando sin que nadie vertiera sobre la paleta de los colores el contenido del tubo blanco que entrega la luz a los mortales. El día en el que la tiniebla continuó ejerciendo fuera de su negociado nocturno, y las persianas se alzaban inútilmente pues no había rayos de sol que dejar pasar. El día que fue noche durante las horas matinales para pasmo de la gente. Para todos menos para los amantes, abrazados al destiempo del abrazo.

lunes, 22 de mayo de 2017

Becqueriana / 108


Alguien que estuviera ahí, en la puerta de la habitación, o tal vez una cámara que registrara un plano para una película sobre la vida, los vería caminar de espaldas, de la mano, la cabeza apoyada en su hombro, a veces; otras sería la suya la que se inclinara dulcemente sobre el hombro, alejándose del cuarto, avanzando serenos, mirándose y mirando al frente al mismo tiempo, cada vez más juntos y cada vez más difusos, hasta fundirse, para los ojos que lo estuvieran viendo o para el objetivo que lo estuviese captando, en un punto, un único destello de luz.

sábado, 20 de mayo de 2017

1994-«La línea de las cosas»


«El siguiente» —clama desde dentro Tito Lucrecio Caro, encargado de selección de personal para los supermercados De Rerum Natura. Su voz recorre las miradas indecisas de los jóvenes que aguardan de pie en mitad del corredor. Ramón, que acaba de llegar, da un paso y se cuela. La puerta ahoga la protesta de los aspirantes. «Vengo por lo del puesto de reponedor» —balbucea antes que dice. «Veamos». «A la noche habría que devolverle el terciopelo de su tacto. A la madrugada, la alondra. Al papel de los libros, la hendidura de cada letra. Al vuelo, el silencio». «Ajá» —asiente Lucrecio.

martes, 16 de mayo de 2017

1993-Constance


De su nuevo país a Jane le impresiona la melena pelirroja de los bosques otoñales, el brillo de ojo de caballo del lago, el chasquido de los pasos en el silencio. Pero los raros vecinos que encuentra en sus paseos parecen inmunes a estos elogios. «¿Conoces ya los dulces de Emily?» Que los probara era su único empeño. Y qué chasco se lleva en la pastelería Amherst. Cuatro cruasanes rancios, un desalmado dumpling de manzana, hasta que aparece la señora Dickinson, vestida de blanco inmaculado, le sonríe —«Ven, he acabado unas delicias de jengibre»— mientras abre la puerta del obrador.

lunes, 15 de mayo de 2017

1992-«Marca de agua»


Joseph lo había comprado nada más llegar. Cerca del Campo de San Polo. Una tienda minúscula que apestaba a humedad y a curtidos. «Thomas Mann. Impresor veneciano desde 1912». No le había costado barato, pero cada vez que acariciaba la piel de la cubierta la suavidad le hacía olvidar el precio. O si se sentaba en un Café, el color ahuesado en la página en blanco le encandilaban como la lectura ideal. Destapaba la pluma, pero el verjurado le intimidaba. Aborrecía envilecerlo. Arrancaba una hoja del periódico, anotaba los versos que nunca escribiría en el cuaderno y guardaba los recortes dentro.

sábado, 13 de mayo de 2017

1991-«Nueva York»



Donatien Alphonse François de Sade, reconocido fabricante de espejos francés, abrió comercio en Palma, ya anciano, en un local estrecho y húmedo bajo los soportales de la Plaza Mayor donde una mañana luminosa de verano entró el joven Blai: «Le vi el domingo en la Seu». Monsieur Sade arrugó el ceño y musitó: «Unas pinturas…». «¿Cree que si me miro en alguno de estos espejos reconoceré mis ojos?», preguntó jovial el muchacho. El artesano tropezó con un ladrillo suelto del pavimento: «Su precio le quedará lejos». Blai sonrió: «Entonces mírese usted y le veo». «Eso he hecho siempre», crepitó Sade.

miércoles, 10 de mayo de 2017

1990-«Los amores imposibles»


—¡Sereno!
—Ya va, ya va, impaciente. A tu edad toda espera es falta. Dice Kabir: ¿cuál es tu nombre?
—Jesús. Y ya tarda.
—Si vuelves a tu hora, pasas sin conocerme. Dice Kabir: La joven, ¿qué nombre tiene?
—Lucía. No, Lucero. O quizá Lucy. No me acuerdo, estaba muy oscuro.
—La luz que no ilumina, eclipsa. Dice Kabir: ¿Para volver ahora tienes permiso?
—Si no hace mucho ruido al abrir, mejor.
—Los juegos entretienen al niño. Dice Kabir: ¿Dónde voy a leer lo que no has visto?
—¿En un poema? Buenas noches.
—Las doce y muy sereno. Lo dice Kabir.

lunes, 8 de mayo de 2017

1989-«El palacio de la luna»


Gafas oscuras de montura metálica, bigote vintage, traje de mercadillo y acento confuso, el doctor Guy de Maupassant, entomólogo del Central Park, se entretiene hurgando en la hojarasca. A Paul, una mañana en la que ha hecho novillos, le llama la atención su ensimismada figura de parloteo jovial con un escarabajo. «Un bupréstido», le responde sin mirarle cuando el muchacho se acerca a preguntarle. «Fitófago, —y continúa— como la prosa americana, tufo a soja transportada en vagón». «¿Y?», abre los ojos el colegial. «Una novela aérea, delicada, transparente, una cetonia aurata sobre una peonía». «¿Qué es una peonía?», inquiere Paul.

sábado, 6 de mayo de 2017

1988-«El otro nombre de la tierra»


En la cuneta de la carretera, a la sombra de un laurel, el ciclista, tres veces cuarto en La Grandíssima, se limpia la cara con la camiseta. «Eres Hölderlin», le reconoce Eugénio, que pasea con una cesta de mimbre en la que recoge frutos de árboles silvestres: «Pero si estás llorando». «Es el sudor, que me ha entrado en los ojos», torpemente se excusa. «¿Quieres un melocotón? Está recién cortado». Friedrich acepta. «Me he detenido —confiesa— porque de repente no he sabido si corría tras el amor o estaba huyendo de él». «¿En bicicleta? Si no hay lugar para dos».

jueves, 4 de mayo de 2017

Becqueriana / 107


En un vaso de agua está por escribir la novela del día. Es el tintero que abre el escritor frente al pliego en blanco donde anotará el título del libro que va a empezar. El sorbo que se da, antes de entregarlo, es la pluma que caligrafía sobre la aspereza del papel las primeras letras. Y el sorbo que se ofrece, a continuación del dado, es ya el primer párrafo, hilera de hormigas que un día tendrán sentido. Un vaso de agua compartido es el inicio de cualquier novela romántica: dos labios que se han besado en el mismo cristal.

lunes, 1 de mayo de 2017

Becqueriana / 106


Al entrar un día en el bosque cuyos laberintos desconocen y cuya frondosidad les impone respeto, deciden diseminar un rastro de piedras blancas que señale el camino de regreso. Pero como no hay en el bosque ninguna piedra blanca, trazan una línea de recorrido de cantos cualesquiera, idénticos a los demás guijarros del camino, de forma que sin darse cuenta caligrafían la ida y la vuelta por idéntico sendero sin saber nunca cuándo han iniciado el regreso. Simplemente caminan y escriben con las piedras. Y a la salida del bosque, aún están yendo. Sin darse cuenta, han creado el infinito.

jueves, 27 de abril de 2017

Ver o mirar


Los caballos están sobrevalorados —me dice ante una manada de rocines blancos que pastan en las marismas—. Le miro con cara escéptica y cuando advierte que no voy a debatir añade: Cualquier escarabajo de los que hay en sus bostas es más interesante. No puedo asegurar que haya utilizado el término «bostas», pero sí que me dejó pensativo para el resto del paseo. Y cabizbajo. No tardo en ver una araña caminante cruzar el arenoso sendero. La observo. Parece agobiada. Quizá le asusten mis botas. Se detiene, se agita, continúa exasperada. Busco encuadrarla, pero al enfocar solo veo arena.

lunes, 24 de abril de 2017

Presentación de «Sine Tradere» en el Aula de Escritores del Ateneo

José Corredor-Matheos y Enrique Badosa. Abril, 2017

El plan del 38, cuenta Corredor-Matheos, obligaba a elegir dos lenguas extranjeras, si una era de los Aliados, otra del Eje. Por eso a los doce años Enrique Badosa estudiaba alemán y a los noventa reúne sus mejores traducciones en esta y en sus otras seis lenguas de cultura (catalán, francés, inglés, italiano, portugués y latín). Sine tradere no es solo el repertorio de una orquesta de solistas, sino el Libro Secreto de la Traducción. Su estudio inicial es la sombra que al sol proyecta el silente quehacer de quien recrea. Y su presentación, en Barcelona, la letra capital iluminada.

jueves, 20 de abril de 2017

Dietario de sensaciones, 27


Están dentro, pero también alrededor. Después de pronunciadas revolotean algún tiempo por el cuarto y luego descienden en zigzag, despacio, y aterrizan sobre la blancura de la sábana donde, aunque no sea posible distinguirlas, aguardan con paciencia que alguien se acueste para volver a alzarse sobre una pierna, ascender por la espalda, sujetarse en un mechón de cabello o simplemente pegarse a la piel cuando un cuerpo que descansa las ha cubierto por completo. Y así obtienen una nueva aventura con quien las acaricia ahora en silencio, sin su sonido, solo con el recuerdo de que fueron pronunciadas por alguien.

sábado, 15 de abril de 2017

Dietario de sensaciones, 26


Azul, ocre, duna, mar, en sí mismos, pronunciados al azar, no son nada. Sonidos y un brote de significado entre piedras, allá donde las raíces no encuentran dónde nutrirse. Té, galletas de avena, ventana, tarde, en sí mismos, no son más que ingredientes del día sin el día. Lo que proporciona hondura y sentido a azul y a mar, a ocre y a duna, es el idilio de memoria y metáfora. La unión de dos opuestos: la presencia y el deseo. Lo que también convierte los sabores del día en símbolos. Los colma de densidad y cuerpo. Les da vida.

domingo, 9 de abril de 2017

Dietario de sensaciones, 25


La penumbra del cuarto después de amanecer. La persiana traza paralelas imprecisas de luz que las cortinas difuminan. Una delicada claridad que entrelaza las manos del silencio. Las aves están a punto de que la costumbre las despierte, los rótulos anuncian el tren que ha de llegar y partir, los empleados del riego desperezan el empedrado de las calles sin que nadie los moleste. La tibia piel de los cuerpos, su dulzor ambarino, casi indolente, conoce el instante anterior a que el campanario de la iglesia diga «Acción» y la claqueta arranque el día. Aún a espaldas del mundo. Crisálida.

miércoles, 5 de abril de 2017

Dietario de sensaciones, 24


Algunas hojas han caído sobre las tablas de madera. Sin nadie el banco del parque languidece, casi ojeroso, casi asmático. Una paloma se ha detenido en el respaldo, mira altiva hacia la nada y deja en el lugar una huella que gotea de un listón a otro. Una hilera de hormigas ha descubierto en los intersticios un insecto muerto y aprovecha la soledad para trazar líneas. La brisa saca a bailar sobre el tablado del asiento hojas que pierden la inocencia con rapidez. Un banco vacío, junto al sendero, sin que importe si le da sombra o está al sol.

domingo, 2 de abril de 2017

Dietario de sensaciones, 23


Disfrutan de una realidad diferente a la realidad. Hasta tienen sabor. O vierten sabor en la memoria, lo que casi es más intenso que extraer un simple gusto. Lo mismo ocurre con su aroma. Huelen. Como el jazmín, o como el olor que se recuerda del jazmín. Como los cuerpos, o como la fragancia que se sueña en los cuerpos. Y suenan. Siempre aparecen ataviadas con el vestido largo de la sonoridad, o emergen con sonido desnudas. Les gusta la música y los bailes. Y seducen. Embriagan. Dulcifican. Sosiegan. Se sientan a un costado y acarician el cabello. Las palabras.

jueves, 30 de marzo de 2017

Becqueriana / 105


Baila la tarde una canción lenta, abrazados el sol y la sombra. El sol queriendo ser sombra, la sombra deseando aparecer iluminada. Bailan los insectos entre los restos que quedaron de la merienda. Alrededor de cada miga, un círculo de hormigas danza con su tesoro descubierto. Bailan los ojos cerrados con los ojos cerrados, y a través de su ceguera ven las manos, el pecho, las caderas. Un pie, cuando la impericia lo pisa. Baila la brisa con las hojas del sauce. Los gatos consigo mismos en lo alto de la tapia. Baila la realidad, no deja nunca de bailar.

martes, 28 de marzo de 2017

Becqueriana / 104


Tararea. El arroyo baja por el prado tarareando su canción preferida. Solo el estribillo. Una frase que le gusta y repite sin cansarse. Y también sin cansar. La escuchamos entre estrofa y estrofa de una conversación. Que no es en verso, ni cantada. Pero tampoco en la prosa que desvirtúa la belleza del mundo. A veces callamos para oír el murmullo de las aguas. Lo conocemos de memoria, pero presionas mi brazo para que atienda la melodía que llega desde el torrente. Su irse perpetuo y su constante estar presente. El enigma, o tal vez sea laberinto, que tanto seduce.

sábado, 25 de marzo de 2017

Becqueriana / 103


Si un día, atado por petición propia al palo trinquete de un velero para poder escuchar el canto que fascina, reconociera el suyo en mitad del océano y de un incierto camino de regreso, al instante pediría que algún marinero audaz, con los oídos y ojos tapados, me desatara las manos anhelantes, me liberara el cuerpo seducido por su voz, redimiera mis pensamientos de la sujeción a la lógica de los rumbos y me dejara encaramarme al bauprés hasta perder por completo el equilibrio y sentir el helor de las aguas como el mayor bien entre sus brazos de sirena.

jueves, 23 de marzo de 2017

1987- «La lección de música»


Se ha corrido la voz. Una nube de indigentes guarda la espalda de Stéphane Mallarmé, clarinetista de la filarmónica de París. Nadie le molesta mientras mantiene su solitario diálogo frente al tragaperras, que a ratos gorjea cataratas de monedas. Solo cuando se da la vuelta para irse, abandonando la calderilla en el cuenco de los premios, la avaricia se agolpa por retirarla. Y cuando el músico sale del bar, acompañado por su sombra, se le acerca Pascal, que acaba de concluir su práctica de escalas, y se ofrece a formar con ambos un trío de cámara. Silenciosos pasos calle abajo.

martes, 21 de marzo de 2017

1986-«El otoño de las rosas»


—Agente... Azorín.
—Muchacho, ¿por qué lloras?
—Recurro a usted, hip, porque se está cometiendo una injusticia.
—¿Cómo te llamas, chaval?
—Paco. El de Elca.
—Conozco a tu familia. Buena gente. Veamos, ¿qué te atormenta?
—La noche. Está a punto de caer.
—Sí. Es verdad. Noviembre es siempre así. Un mes oscuro.
—Contemplaba los campos. Su belleza desolada.
—¿Y por qué no estás jugando a pelota con los otros chicos?
—Porque me gusta ver cómo florecen los pensamientos y el hibisco.
—Extraño entretenimiento.
—La noche se cierne.
—Una amenaza no es un delito.
—La noche lo devorará todo.
—Algo siempre permanece.

sábado, 18 de marzo de 2017

1985-«Libro de horas»


En el escaparate de la sastrería de Saint John Perse hay guantes de piel amarilla y pajaritas de fantasía selvática. Pañuelos de seda con abstracciones geométricas. Camisas de blancura alpina, pantalones ajedrezados, calcetines pintados por Mondrian. Hay bluchers con suela encarnada. Capas de terciopelo. Americanas con tacto de nube. Tirantes color índigo. En la puerta ondulan aromas a madera y música de Monteverdi. Por delante cruza el mozalbete Rafael cada día, con su pesada cartera. Camina despacio, se detiene, aspira. Sueña con el día en el que abandone los pantalones cortos y la corbata con cuello de goma del uniforme. 

jueves, 16 de marzo de 2017

1984-«El amante»


La luna viste de azul el cuerpo níveo de la joven. Y del mismo azul que las aguas del Índico desdibujan con sus garabatos sobre las olas tiñe el humo de la pipa que exhala Li Bai. La brisa revuelve la melena de Marguerite, acodada en la baranda de popa, y estremece la piel en sus brazos descubiertos. Li Bai convierte el silencio en rumor y un ramillete de flores amarillas prende en las palabras que no se atreve a decir. Las argollas tintinean entre sí. La muchacha aprieta los dientes para que no castañeen.  Li Bai mira la luna.

martes, 14 de marzo de 2017

1983-«Fado alejandrino»


—¿Sargento Hemingway?
—¿Quién pregunta?
—Yo, mi sargento.
—¿Recluta Antunes?
—Yo, mi sargento.
—¿Y sabes decir algo además de yo mi sargento?
—Sí, mi sargento.
—Me alegro.
—Gracias, mi sargento.
—De nada. Nos vemos.
—¿Sargento?
—¿Querías algo?
—Sí, mi sargento.
—¿Ahora?
—Sí, mi sargento.
—¿Y sabes decir algo además de sí mi sargento?
— Mi sargento, sí.
—Fantástico. Felicidades.
—Gracias, mi sargento.
—De nada. Pásalo bien.
—Una pregunta, sargento.
—¿Quieres que pierda toda la mañana contigo?
—No, mi sargento.
—¿Así que hay algo que no entiendes?
—No, mi sargento; digo, sí mi sargento.
—¿Te aclaras?
—Sí mi sargento; digo, no mi sargento.

sábado, 11 de marzo de 2017

1982-«Paisajes después de la batalla»


En el obrador de la Pastelería Arcipreste un moscón se impone como violín solista a la sinfónica de moscas habituales. La mañana tampoco logra desperezarse con la melodía mientras Juan Ruiz, repostero mayor, ensaya un hojaldre en forma de corazón de serrana con una almendra en el centro. ¿Quieres probarlo? —le ofrece a Juan, el aprendiz a pesar suyo. No he comido antes un plato —responde reivindicativo— para merecer un postre. Alza un ojo el maestro: los cacharros por fregar, el suelo por barrer, la nata por batir. ¿Y si le ponemos un pistacho? —sugiere—, será más fácil de descascarar.

jueves, 9 de marzo de 2017

1981-«Los títulos»


La recibe de espalda. Mi nombre es Rosa. Ni se da la vuelta. El gerente y propietario de Industrias Cárnicas James Joyce S.L. abrillanta la plata del rótulo con un paño de algodón fino. He venido por el anuncio. Y sin siquiera girarse, después de esparcir su aliento por las letras y seguir frotando, recita: Aguja, aleta, babilla, brazuelo, cadera… siga, siga. Rosa se azora, tartamudea: cadera, cadera… carri-carrillada… contra… costillar. Por primera vez se da la vuelta el señor Joyce: ¡bravo! Culata, espaldilla, falda, llana, lomo… siga, siga. Rosa ahora no duda: Morcillo, morrillo, pecho, pescuezo… Aplaude: ¡Bravísima, contratada! 

martes, 7 de marzo de 2017

Becqueriana / 102


A mano se escriben los versos. Con los dedos se cuentan sílabas y con el lápiz se tacha la palabra que puede ser sustituida por otra que tenga más puntería. La lista de la compra, ya sin sílabas contadas, pero también en verso y con tachaduras. A pluma queda sobre el cuaderno el retrato del día, al natural. A bolígrafo, en un billete de autobús, sin ninguna modificación, el aforismo del instante. Un paseo por la playa o el ascenso a un monte tras un día de lluvia, con el rastro de las pisadas sobre el lugar.

domingo, 5 de marzo de 2017

Becqueriana / 101


Escribes. La luz se arremolina en el suelo, junto a las sillas vacías, alrededor de los zapatos nostálgicos de los pies. Tus labios escriben en el papel de la piel palabras nuevas que ya conozco y palabras conocidas que nunca he sentido. El tiempo se tumba en el sofá con una novela policíaca en las manos. Estás escribiendo. La brisa baila un lento con las cortinas recogidas en un extremo de la ventana. La humedad de los labios inventa sensaciones en la espalda, un caligrama de estremecimientos que brilla a la caída del sol. Escribes. El día cierra los ojos.

viernes, 3 de marzo de 2017

Becqueriana / 100


Ríos navegables, los cuerpos nacen en las recónditas montañas del deseo. Un pequeño salto, una corriente, un fluir por entre las rocas de arroyo menudo, un murmullo de cauce bajo la frondosidad de un bosque. El agua crea al cuerpo. Y la ilusión lo ensancha, profundiza su lecho, estremece su superficie. Así, la seducción traza en la llanura de la tarde meandros de suaves curvas, un serpenteo que alarga el recorrido, que marea al tiempo. El anhelo forma en el río un delta, un mar de dunas que fotografían al mar. Un encuentro de aguas. La exaltación de ese encuentro.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Becqueriana / 99


La ventana dispersa por el cuarto la luz del poniente como si preparara la base cromática de un lienzo. La música. La música la elige un estado de ánimo. Hoy vengo latina, le ha dicho al oído cuando ha entrado en sus brazos al bajar del autobús. El vestido. El vestido lo han elegido las preferencias que descubre cuando se miran. Se han descalzado. Sobre la madera del suelo los pies acompasan los latidos que golpean ya en el pecho. Hoy he estudiado latín para ti, le dice. Sonríen. Bailan. Afuera, la noche se asoma, como acostumbra, sorda y ciega.