viernes, 23 de octubre de 2026

59 Miradas



Que tenga marido me incentiva. Si alguien ata una cuerda entre un álamo y otro en ambas orillas del río, lo cruzo sin dudarlo. Que esté a punto de llegar, llave en la cerradura, me arrebata más que la belleza. Si se descubre una sima, soy el primero que se adentra en lo incógnito. Las muchachas de mi edad no cesan de hablar en ninguna circunstancia. Ella, sin embargo, calla siempre. Y su opaco silencio mana como la hiel de un moribundo, extendiéndose por las caricias que nos unen. El miedo y la culpa en sus ojos encienden los míos.