Los tratados antiguos hubieran
definido las artes de relojero a las que aspira Alejandro Céspedes (1958) como
«juicio del mundo». Y el primer acierto del libro es dividirlo en dos partes:
la del mundo en sí, y la del mundo dentro de uno mismo. Arranca con el alegato
contra las guerras que el poeta emprendió iniciada la de Ucrania, y desde
entonces no ha dejado de acrecentar actualidad. Más impactante resulta la
segunda parte, «El relojero del ser», el escalofriante retrato de una
enfermedad neurodegenerativa, contada por quien asiste a su avance y lo
acompaña: «Ella es solo un murmullo».
