Pintora de nocturnos, la laguna refleja con exactitud el cielo en los días benignos del verano. Los montañeros se acercan hasta la orilla, pasean y desde aquí oigo cómo crujen los guijarros que van pisando. De vez en cuando alguno fuma y entre sus sombras con la mirada sigo un punto incandescente. Como una estrella que se hubiera escapado del lienzo. A veces me preguntan por parientes o amigos que han pernoctado en el refugio y siempre les digo que les pregunten a ellos por mí, que será más fácil. Se ríen y dan media vuelta para encarar el sendero.
