He levantado tantas veces la copa de vino en este lugar que solo con entrar el brazo se alza, aunque no sujete nada entre los dedos. Tantos vítores he lanzado por los éxitos que alcanzaban los amigos que no bebían, tantas alegrías fomentaban la alegría esencial del vino en mis días. Que un día tuve que dejarlo para que no me abandonara a mí la vida. Ahora entro en la taberna y me sirven agua. Los colegas continúan mereciendo enhorabuenas que ya no sé si celebro. Y cuando al rato me voy, las calles siguen igual de anodinas que yo.
