martes, 17 de febrero de 2026

Quinto libro de odas (5)



Cuenta que en aquel entonces comía piedras. Las retenía en la boca durante horas y así lograba, despacio, deshacer lo que los siglos habían juntado. Nadie le cree cuando lo explica, pero le escuchamos embobados. Alimentarse con rocas, insiste, es tan natural como comer hierbas. Aquí alguno le discute, pero enseguida le cede la razón. Y añade que aún, de vez en cuando, si se aburre cuando va de una población a otra, se echa un guijarro a la boca y lo chupetea como si fuera un caramelo. Y de nuevo nos camela y pide otra ronda que tampoco paga.