De todos los lugares extraordinarios a donde he ido, quedándome la mayor parte de
las veces boquiabierto ante tanta belleza, he vuelto. No se trata nunca de un ir al
monte, al lago, al altiplano, sino solo de visitarlo. Llego, admiro y parto. Durante unas
horas vivo en el espejismo de habitar el lugar distante. Por esta razón, recorro una y
otra vez las calles de la ciudad que me acoge o repito el paseo por la misma vereda. No
intento engañarme, sino sentir el espacio tal como lo ve quien transita a diario y sueña
con conocer mi ciudad.
