Le llaman en la aldea el Guapo. No es que lo sea más que los demás, pero se esmera.
Cuando una furgoneta levanta una polvareda en el camino, es a él a quien le trae un
paquete. Una camisa, unos pantalones, un pullover. Hasta que no me lo explicó, nunca
había sabido a qué se refería la gente cuando decía pullover. Lo mismo ocurre cuando
nosotros decimos despique y los de ciudad no nos entienden. El Guapo pretende ser
como ellos, empeñados en dejar memoria de sí mismos. Y nada hay más perecedero
que verle pasar engalanado por la plaza.
