Salgo de casa, como cada día, y de repente no sé dónde estoy. No reconozco nada. La lóbrega calleja donde vivo, una avenida. Reluciente, de película americana filmada en la costa oeste. Coches espectaculares transitando, ninguno aparcado con las ruedas invadiendo la acera, como me sacan de mis casillas a menudo. Los vecinos, transformados. Qué trajes, qué colores, qué sonrisas. Busco las cámaras, por si todo es un decorado, pero sigo adelante y el mundo parece aún cubierto con el celofán de la tienda. Feliz Año, me canturrean todos los desconocidos. Contrariado, me pregunto cómo se regresa a la Nochevieja.
jueves, 1 de enero de 2026
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