martes, 12 de febrero de 2019

Becqueriana / 151



Ordenados, simétricos, artificiosos son los jardines franceses. Los ingleses, desordenados, agrestes, espontáneos. Los portugueses son jardines escondidos entre tomateras y árboles frutales. Los españoles, descuidados. El jardinero fuma sentado a las puertas de la caseta mientras los setos crecen desparejados y las copas se desfiguran porque nadie las ha podado con gracia. Somos coleccionistas de jardines. Nos gustan todos. Los nórdicos abusan de las praderas. Los alemanes subrayan la tristeza de los tilos. Los marroquíes son privados, hay un vigilante en cada puerta. En todos descubrimos un banco solitario donde reencontrarnos con una lejana adolescencia sin cuarto propio, nuestro lugar.