Cuando se publica un libro, todo es alrededor silencio. Estoy contenta con la edición, pero soy la única. Bueno, se lo mandé a mi prima de Uruguay y le encantó recibirlo. La empleada de Correos, que me tiene vista, me preguntó si hacía el envío a mi hija. «No, a mi prima», le dije, pero me inquietó la vida que hubiera ocurrido si escribiera a Uruguay a la hija que no tengo. El hijo que tengo está en Londres, pero no se lo he enviado. Le mandé una foto por wassap. Me dijo: enhorabuena, mami; así, todo escrito en minúscula.
viernes, 1 de enero de 2021
Pequeño cuento de Año Nuevo
En cada inicio se esconde una falacia. En el de las palabras el fraude del significado, fruto cuyo dulzor deja la promesa de una semilla que se lanza al otro lado del camino. En el de los cuentos, la farsa de que la memoria los ha conservado, miel dentro de un tarro en lo alto de la alacena, a lo largo del tiempo que hubo una vez. En el de la escritura el embuste de que fue regalo de los dioses, un mar que nutre los ríos y los arroyos y alcanza el manantial y se adentra en la roca.
lunes, 28 de diciembre de 2020
Cuentos del hada jubilada (vigésimo segundo)
Os diré lo que me ocurrió el año pasado. Minutos antes de la medianoche decidí subir a las almenas para desde la altura despedirme del viejo año. Ascendí por la escalera de caracol, a oscuras a aquellas horas y al llegar arriba encontré cerrada la verja. Me di la vuelta y descendí casi rodando, pero llegué demasiado tarde. Alguien había clausurado la puerta de acceso. Grité, claro, pero mis berridos se perdieron en mitad de la algazara general por la venida del nuevo año. Solo, sin copa con qué brindar, muerto de frío, abandonado. ¿Habré de despedir dos años este?
miércoles, 23 de diciembre de 2020
Cuentos del hada jubilada (vigésimo primero)
El desierto es sed que se manifiesta con el vacío. No es grito, como los bosques. Tampoco oración, como son los ríos. Ni la melodía de las nubes. El desierto, cauce de un deseo. Agua que no está regando. Sombras que no habitan. Es voces que no celebran. Una mirada sedienta de realidades, el desierto. A veces, también, un oasis. Un hilo de humo que sutura lo real en lo irreal. Las palmeras, una rana que chapotea por la orilla. El oasis es un desierto que ha dejado de tener sed. Deseos que se transforman en una mata con flores.
sábado, 19 de diciembre de 2020
Cuentos del hada jubilada (vigésimo)
Los cisnes avanzan por el centro del río. Se han lavado y limpiado con el pico, y han realizado sus cantos rituales. Ahora desfilan. Uno tras otro. Son los amos del tiempo. Por no verles, cuando atraviesan su territorio, los patos sumergen la cabeza en el agua con más frecuencia que de costumbre, como si de repente les entrara un ataque de hambre. Las gaviotas les graznan. Reunidas en su reducto, aprovechan su cualidad de muchedumbre para abandonar su descanso y lanzarles, a coro desangelado, sus chillidos. Los cisnes, ni se inmutan. Han nacido solo para posar en cuadros románticos.
lunes, 14 de diciembre de 2020
Cuentos del hada jubilada (decimonoveno)
Abandonado entre las flores queda un botón de oscuridad que la noche olvida recoger. La abeja lo encuentra. Sin atreverse a acercarse, se acerca. No percibe aromas en las inmediaciones ni su color presagia dulzores. Es más bien un agujero mal colocado en la realidad. Algo atrae al insecto hacia el fragmento oscuro. Tampoco es sonido ni textura. Quizá sea una idea, quién sabe. Pero lo cierto es que nada de cuanto ve delante está contemplado en las instrucciones del trabajo que en nombre de la reina de la colmena desempeña a diario. Y si fuera algo prohibido, ¿cómo perdérselo?
miércoles, 9 de diciembre de 2020
La siesta de un fauno | L’âme
No dejará la luz ningún destello, ni siquiera sobre la superficie del lago, ciega de tan ávida por mostrar cuanto ve. Ningún sonido en el vacío creado por el sueño de los durmientes. Y aunque me desvele, no sabré descubrir otro camino que no sea el del regreso. La ropa usada dentro de una maleta y, fuera, las canciones cuyos estribillos tararea la memoria sin saber qué dicen. Un ir que ya se parece a volver en el gesto distendido de quien pretende saludar a quien ve en el espejo. La luciérnaga que no salta de un tronco al siguiente.
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