El coro de ancianos, en las mesas últimas del café, junto a los lavabos, interpreta con los chasquidos de las fichas de dominó sobre la falsa resina de la fórmica una pieza para percusión y suspiros. La escucho como partitura del libreto escrito con las noticias de la víspera que trae el periódico de ayer que leo. Me siento junto a la cristalera que da al paseo, pero no queda lejos la época en la que tendré que aprender juegos de mesa para sobrevivir. De niño me aburrían solemnemente. También recuerdo el propósito de irme lo antes posible de aquí.
miércoles, 1 de julio de 2026
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