Dibujaba perfiles sesgados con
narices siempre aguileñas, se esmeraba en los ojos, en las pestañas. Dibujos
que ocupaban el margen de un periódico, el reverso de una factura. A veces
aprovechaba el mismo espacio para copiar largas sumas con números de
tipografía gótica que a mí me parecían columnas. Descubrió la acuarela con el
tiempo. Empezó pintando paisajes con casa. Una serie. Luego animales, otra.
Flores exóticas. Y durante los últimos años retratos. Le guardaba las revistas
que regalan los periódicos. Su inmensa colección de semblantes me mira hoy desde la
pared donde los colgaba. En todos veo su rostro.
martes, 31 de marzo de 2015
domingo, 29 de marzo de 2015
El ensimismado
Cada uno de los ciento cuarenta y
cuatro pasajeros pasó a un metro del copiloto. Durante el embarque la puerta de
cabina permanece entornada, o abierta; entran y salen técnicos del aeropuerto.
Algunos viajeros echan un vistazo. Suelo hacerlo. Miro la cara de los pilotos,
casi siempre sonríen. El copiloto no debió de ver a nadie, ensimismado como
andaba. Detrás de él, tampoco a su lado, no supo mirar a nadie. Solo su
tragedia importaba: el globo desinflado de la ambición. A quienes no estábamos
dentro del avión nos queda una duda: ¿el ensimismamiento fue cosa personal o es
sociológico?
sábado, 28 de marzo de 2015
Cuaderno de tapas rojinegras \ 34
El ramillete de violetas
silvestres con el que se regresa de un paseo revitaliza el recibidor. Una rosa
en un jarrón de vidrio tan delgado como su tallo señorea encima de la mesa. Un
haz de tulipanes en una jarra de barro antigua hace amistad con los libros en
el estante. Una maceta con una orquídea solitaria controla la calidad de la luz
que la ventana cuela. En su alféizar un parterre de claveles se mira con gusto
en el reflejo del cristal. La tarde entre flores acentúa los valores del
presente. La exaltación de los colores desbanca el tiempo.
viernes, 27 de marzo de 2015
Fugas inversas (al «Arte de la fuga» de Vicente Valero y a modo de homenaje)
La del pastor de Ribatejo. Filósofo. Analfabeto. Soñó un día con la existencia de quien le escribiera sus pensamientos. Prefirió un poeta. Que hubiera viajado, pero no un viajero. Lisboeta, culto. Que hablara lenguas tan extranjeras como las que él comprendía al oír la naturaleza. La del ebanista de Tubinga que soñaba con alojar en el cuarto que daba al río a un poeta que al cantar la majestuosidad de los bosques le perdonara que convirtiera sus árboles en muebles. Aunque ese poeta fuera un loco. La de la amada que sueña con versos verdaderos escritos por un carmelita. Descalzo.
miércoles, 25 de marzo de 2015
«hay un rastro», de Elías Moro
El tránsito de la escritura de Elías Moro por la memoria de la guerra, desde los presagios que trae la nieve hasta la lluvia sobre los yertos rostros, apela al sentido de la derrota en tiempos de victorias triviales. La poesía de hay un rastro levanta la losa donde descansa lo que nadie debe olvidar. Lo que despierta el sentido de la tragedia, que posiblemente sea la mayor pérdida provocada por el ictus generalizado que sufre el presente. Este es un libro que no ha perdido la esperanza de mostrar a los lectores la vigencia del sentido de lo trágico.
martes, 24 de marzo de 2015
«Alfabeto», de Inger Christensen (1935-2009)
Podría haber sido un naranjo. Sendero de un jardín con tres naranjos. También la cabeza erudita de una vaca. Pero Inger Christensen elige para empezar a dibujar lo real la A del árbol de los albaricoques. La visión nunca avanza en línea recta. Cada letra emerge con la misma dimensión de todas las letras anteriores juntas. Una manera de evocar con versos la trama insondable. Todas las letras, hasta 14. El soneto que contiene todos los sonetos. No escribe «el soneto existe», lo escribe. Los lazos que entrecruzan la belleza y la destrucción. Una playa donde el mar practica caligrafía.
domingo, 22 de marzo de 2015
Cuaderno de tapas rojinegras \ 33
Los días nacen de sí mismos. No los arrastra el tiempo ni se engarzan en un tren mercancías que cruza el paisaje sin que alcance a distinguirse un vagón de otro. Cada día crea su propia identidad, su carácter único. Y así se ha de vivir, sin otros días antes y sin que importe que vengan otros días después. Sin pensar en ellos, porque aún no existen. Están por crear. Vive solo el día de hoy, el que se concibe desde el amanecer con palabras y con deseos. Solo las horas que se crean con la voluntad de ser transitadas.
sábado, 14 de marzo de 2015
Habla Zurita
Raúl Zurita. Barcelona, 13 de marzo de 2015
Habla Zurita hacia adentro. Como si recordara lo que va a decir en lugar de decirlo. Y dice: «Un idioma es la única posibilidad de resurrección. Los vivos interpretamos al hablar una partitura escrita por los muertos». Cavila Zurita con sus silencios. Y si la meditación no le alcanza para concluir una frase, se queda a medias aguardando. Y piensa: «Hablar es dejar hablar». Recita Zurita hacia afuera. Con voz que emerge donde no estaba. Con voces que se cruzan fugaces disputándose la palabra «yo». Y deja dicho: «La poesía es la posibilidad de lo que no tiene ninguna posibilidad».
jueves, 12 de marzo de 2015
Becqueriana / 64
La lluvia aprendió música en la calle. De un palo que golpea un tronco. De una teja desprendida que abolla el coche de un concejal. De una piedra que impacta con el cristal de la ventana. Sus sonidos son severos, rotundos. Nacen del abandono y de la injusticia. Maullidos en el fondo del callejón. Ulular en los corredores del edificio en ruinas. Graznar de aves famélicas. La lluvia no tuvo otro maestro que la intemperie ni otra compañía que el desprecio. De ahí su ira. Entramos en casa chorreando, sin paraguas, las ropas empapadas, el deseo a flor de piel.
lunes, 9 de marzo de 2015
Becqueriana / 63
A donde uno se dirija o de donde venga, sabe que existe alguien que está a la espera. Y lo está también quien va o regresa. La espera es víspera de celebración. Es presentimiento. Es vecindad de la plenitud. No es ausencia, ni incertidumbre, ni insatisfacción. La espera es, solo, predisposición para el encuentro. Saber que no hay tarea que no quede interrumpida cuando se produzca, ser consciente de que el tiempo solo existe de manera provisional hasta el momento. Que luego todo ha de empezar siempre desde el principio. Esta convicción es la espera. El gozo del gozo prometido.
sábado, 7 de marzo de 2015
El pabellón dorado [9]
Caminar es conocer. No cuando los pasos reboten contra las losas, tintineen, se agoten. Al encontrarse, se pierdan. Entonces la marcha desatiende, nada hay más opaco que la lisura de una calzada. Más ignorante. El bastón no descubre. Raya. Descorazona lo nimio que resulta lo fácil. Ensalzar lo fácil. La canción de los guijarros entrega la humildad de sus notas a quien la escucha. Los susurros de la arena, el chasquido de la pizarra. La condición nómada que los movimientos le devuelven al alma mineral. Caminar es ver con los pies. Sentir en las plantas lo agreste y lo cándido.
jueves, 5 de marzo de 2015
El pabellón dorado [8]
Que no puedas verlas.
¿Las manzanas?
Las manzanas en el cuadro. Las ha
dibujado tu hermano.
Veo las manzanas. Las toco, las
huelo, me gustan.
¿Pero en el cuadro?
También las veo. ¿Dan ganas de
tocarlas, de olerlas, de morderlas?
Claro.
¿Ves como las veo?
A veces pienso que ves mejor que
nosotros.
Mejor no, como vosotros.
Pero que no puedas ver las que ha
dibujado tu hermano.
¿Tienen algo especial?
Son manzanas. Pero están tan bien
hechas. Tan reales.
Es lo que imagino. Tendrás que
colgar más alto el cuadro.
¿Más alto?
Claro. Igual las confundo y
muerdo una.
martes, 3 de marzo de 2015
El pabellón dorado [7]
La palabra luz es la más difícil de comprender si aparece entre las voces que se refieren a algo. Su sonido escueto y vertiginoso cuando se pronuncia ilumina como un súbito destello, pero continúa dejando fuera de la claridad lo que en apariencia vuelve visible. Una epifanía. O mejor, el sueño de un resplandor capaz de moldear el amorfo fluir de la tiniebla. La palabra luz emerge entonces, dicha, para dar corporeidad a lo que no se puede ver. Y es en ese no verse de donde extrae los signos adversos a la razón. Los signos afines a la música.
domingo, 1 de marzo de 2015
El estante (cronológico) de los discos
Carol King, Creedence Clearwater Revival, Lou Reed, Grateful Dead, Neil Young, Focus, Traffic, Kevin Coyne, Frank Zappa, King Crimson, Tom Waits, Leonard Cohen, Paolo Conte, Thelonious Monk, Gonzalo Rubalcaba, Wynton Marsalis, João Gilberto, Chico Buarque, Maria Bethânia, María Dolores Pradera, Chavela Vargas, Cesária Évora, Rodrigo Leão, Bola de Nieve, Amancio Prada, El Camarón de la Isla, Wim Mertens, Philip Glass, Ludovico Einaudi, Johannes Ciconia, Leoš Janáček, Claude Debussy, Erik Satie, Federic Mompou, John Cage, Charles Ives, Morton Feldman, Luigi Nono, Luciano Berio, Elliott Carter, Virgil Thomson, Steve Reich, György Kurtág, Jorge Grundman, Lhasa de Sela, Lula Pena, Silvia Pérez Cruz.
jueves, 26 de febrero de 2015
Elogio de los elogios
Un elogio es a la realidad lo que la maqueta de una promoción a los pisos por construir que vende una inmobiliaria. La ensoñación de un ideal. Será porque me entretengo más de lo conveniente delante de las maquetas —hubo una tienda de trenes en miniatura en cuyo escaparate perdía los horarios viendo dar vueltas a uno— los elogios me gustan. No recibirlos, que incomodan siempre, sino verlos aparecer. De hecho, ni siquiera importa que sean, por lo general, un simple espejismo. Sin una utopía debajo, por inocente que sea, parece que solo exista lo que vierten los críticos literarios.
domingo, 22 de febrero de 2015
Elogio de febrero
Las tardes de febrero son las de un niño que se aventura a lanzarse, en el parque, por el tobogán de los mayores y a subirse en el columpio de los grandes. Cada día conquistan un trozo nuevo de jardín cuya hierba revive con sus dorados. Y como se hace con los pequeños, a quienes una señal detrás de la puerta señala su incesante crecimiento, hay quien traza líneas de su avance. Le ayudan en este presentimiento de la primavera los almendros, cuyas tímidas flores de nieve rosada fulguran en mitad del invierno. Todos esperan lo que ellas ya poseen.
miércoles, 18 de febrero de 2015
Elogio de la fotografía
Fotografía de Edu Barbero, Tiempo visible, pág. 165
Decir con lo dicho. Y que resulte recién dicho. Nunca antes pronunciado. Ese milagro. Descubrir fuera, donde no está, lo que solo está dentro. Y verlo ahí afuera, solo porque ha sido mirado. Encuadrado. Fijado. Verlo ahí. Lo que solo está adentro, ahí afuera, donde no hay nada suyo. Decir con lo ajeno como si se estuviera diciendo con lo propio. Sin apropiarse de ello. Sin siquiera acercarse. Mirando únicamente. La mirada como delatora. Como narradora de acontecimientos cuyo relato no está. Se escribe al verlos. Al mirar. Al encuadrar. Al disparar. Una manera de multiplicar el tiempo al dividirlo.
viernes, 13 de febrero de 2015
Elogio de las librerías
Asunto de cierta antigüedad y
renombre es vivir dentro de la literatura. Aspirar a convertirse en poema tiene
sus precedentes. Hoy, tan ciegos ya de visiones, por fortuna quedan aún las
librerías. Cada vez menos, pero ahí están. Las de nuevo, desmejoradas, algo patéticas
de tanto que quieren gustar, tan con el pie cambiado; las de viejo, algunas
verdaderos arrecifes dispuestos a hacer naufragar cualquier época venidera. Como
textos dadaístas, los estantes escriben versos espontáneos y efímeros que
vibran en la memoria. Como textos sagrados, sacuden las conciencias con
epifanías. Cuando uno sale no se reconoce en quien ha entrado.
martes, 10 de febrero de 2015
Elogio de las manos entrelazadas
Quien escribe sostiene una calavera en una mano y formula la pregunta que carece de respuestas. ¿Símbolo o realidad? Sin lo real, el hilo del símbolo se escapa de la mano del niño que lo sujeta y se pierde en el cielo de una tarde de domingo. Sin valor simbólico, lo real resulta mera mecánica, espurio ejercicio. Pero símbolo y realidad rara vez ligan. Habrá que hacerlos ligar. Eso, la escritura. Y para aprehenderla, fuera de ella, observo algunos pequeños gestos que al tiempo son realidad y son símbolos. El que siento con mayor emoción: caminar con las manos entrelazadas.
viernes, 6 de febrero de 2015
Elogio de los números
No me aburre ojear libros de física. En su intrincada formulación hay algo que fascina, la certeza de que existe ahí un conocimiento, pero que es, para mí que solo los contemplo, inaccesible. Me llama la atención siempre que en las fórmulas matemáticas que los nutren apenas hay números. Y eso sí lo entiendo. Porque los números cada vez son menos ese latigazo frío y preciso de lo objetivo. La vida los carga de significados, es decir, se convierten en nociones subjetivas. Los números acaban por decir cosas nuestras y también cosas por nosotros. Náufragos del mar de la semántica.
lunes, 2 de febrero de 2015
Elogio de la poesía
pura entre impureses
JM
Si algún valor conserva todavía es el de carecer de cualquier valor. Lo valioso le resulta nimio. Su mérito es mayor cuanto menos vale. De ahí que los mejores nunca coincidieran con quienes mostraban pecharas predispuestas a las medallas. No es milicia. Ni privilegio. Ni aristocracia. A veces un joven, otras un oficinista, un lunático, qué sé yo, alguien al margen. Alguien casi por casualidad, se diría. Lejos siempre. Su acierto solo en manos del desacierto. Cuanto más se apunta, más se yerra. Amiga solo de quien más tiempo pierde. Una impureza, ahora, entre tanta vocación de interesadas, pragmáticas, purezas.
viernes, 30 de enero de 2015
Becqueriana / 62
La cocina, un rectángulo lleno de milagros. La fuente con frutas. El tarro de la miel. El bote del café molido. El plato con galletas de avena. La panera con las rebanadas recién cortadas. El recipiente con membrillo. Una ventana al patio. La dicha recuerda lugares más hermosos para ubicarse, sin pensar que la humildad suele ser más generosa. Desde la cafetera se desprende un aroma que invita a conversar con alegría. En la bandeja las formas del bizcocho de chocolate imitan a la perfección la felicidad. Una palabra que guardará la servilleta donde se registra el prodigio del momento.
miércoles, 28 de enero de 2015
Becqueriana / 61
Las manos siempre han querido ser pájaros. Ya no solo ala de ave, sino ellas mismas, en sí mismas, pájaro. Conocen las manos las ondulaciones, el fluir en el aire, la dicción de los vientos, la respiración de los pájaros. Y aspiran a serlo. También saben posarse como pájaros. Sobre el hombro, con precisión; sobre la cabeza, con dulzura; sobre los labios, con delicadeza. Saben alanzar la rama y agitarla un instante casi imperceptible cuando se posan, ese estremecimiento que se siente cuando las alas de la mano rozan la mejilla, acarician el cuello, caminan por la espalda. Ese pájaro.
lunes, 26 de enero de 2015
El pabellón dorado [6]
Una manzana es el chasquido de la carne jugosa cuando hincan los dientes en ella su voracidad. La tersura en la mano que la ha acerado a la boca. El aroma ácido a tierra que desprende. Es la tarde remansándose y alrededor una bandada de estorninos al posarse en las ramas del eucaliptos más alto. Un lápiz también puede ser una manzana, se dice. Si al dibujarla el rumor del grafito sobre el papel se condensa en una imagen que carecerá de cuanto convierte en manzana una manzana. Quizá también lo sea. El papel cruje, es terso. No es jugoso.
viernes, 23 de enero de 2015
El pabellón dorado [5]
La oscuridad es el envés de una visión. Es la visión concebida como atmósfera. Como líquido. Como humo. Como sima. Es el interior de un envoltorio. El relleno de una tarta que aguarda en una repisa del obrador. Lo que se transporta en un baúl que recorre la línea ferroviaria apilado junto a una ventana. Que no contempla. La parte rugosa del tapiz que no trasluce los tintes. Donde están anudadas las costuras de lo real que la mirada no ve. La negrura de los ojos que la ven. De los ojos que solo acceden al dorso de la claridad.
miércoles, 21 de enero de 2015
El pabellón dorado [4]
No hay más lugar que el que alcanzan los dedos a desentrañar. La piel rugosa de los revestimientos. La aspereza de las paredes donde la pintura se ha ido secando en su correoso noviazgo con el tiempo. Las maderas cuya suavidad busca compañía. Quien deja la mano sobre la mesa de nogal, quien acaricia el abedul de las molduras de la silla. La impresión fría del cristal, su seductora perfección de realidad superpuesta. La rugosidad desengañada del barro. El puchero, el cántaro, las orzas. Cuando palpar es conocer, el horizonte está concentrado en la materia. No hay ideas, solo asimiento.
lunes, 19 de enero de 2015
Arnaldo Calveyra. Una elegía
De estudiante, en La Plata, —le escuchaba decir a Arnaldo— acudía todos los fines de semana a Buenos Aires, me alojaba en casa de Carlos Mastronardi y pasábamos los días hablando y paseando. Y al poco entre sus palabras se deslizaban detalles de las avenidas en las que caminaban, los parques por donde cruzaban, las luces de la tarde sobre las aguas del Río de la Plata que acompañaban aquellas interminables conversaciones evocadas. Las palabras ya no estaban, hacía muchos años que habían prendido sus simientes. Y ya eran otras. De aquel tiempo quedaba solo el reflejo cárdeno del aire.
No sé si entonces me extrañó o no que mencionara aquellos detalles. Pero ahora, cuando pienso en Arnaldo reaparece la puerta del hotel, la luz de una mañana primaveral en la acera donde alguien me lo presenta, la ruta que seguimos después por Barcelona y las calles que le muestro y me descubre descubriéndolas. También las de su barrio en París, estrechas y coloristas. Las sillas de mimbre con vistosas almohadillas donde nos sentamos a tomar un café. Cuando levanta la vista y señala el balcón de un primer piso y dice: ahí murió Verlaine. Y lo contemplamos con emoción.
[Diario de un inicio]
[Diario de un inicio]
viernes, 16 de enero de 2015
Cuaderno de tapas rojinegras \ 32
Viernes. El aleteo de una paloma que se despide del sopor de la plaza. La lámina de agua que se vierte por encima del mirador del estanque tras la lluvia. El ciervo que asoma curioso la cabeza un instante entre los arbustos antes de desaparecer. Habitar un viernes. Cucharada de miel en la infusión de hierbas de la tarde. Nube que brinda su blancura a los delirios cromáticos de un sol senil. Dedos que modulan sobre las teclas blanquinegras del piano una melodía cuya partitura fue escrita por el deseo. Hoy es viernes. Todo lo dice. Claro de bosque. Ensenada.
miércoles, 14 de enero de 2015
Cuaderno de tapas rojinegras \ 31
Esquinas, rincones, recovecos. Los
lugares. Universos en miniatura. La mesa de la cocina. El tronco de la acacia.
La marquesina de la parada del autobús. Cada lugar con su memoria, el relato de
una conversación, de una caricia, de una mirada. Los lugares humildes, casi sin
historia, sin prestigio. Son los que se eligen para permanecer, para charlar,
para quererse. Se impregnan de una historia, una memoria y ofrecen su gratitud,
su no pedir nada a cambio, su hacer sentir tan a gusto. Los lugares minúsculos,
donde la época no se detiene. Ni siquiera los mira. Los propios, los
inolvidables.
lunes, 12 de enero de 2015
Becqueriana / 60
Cabellos repeinados con gomina,
almidón en el traje, brillantina en las mejillas. Los músicos suben al
escenario. Susurros en el micrófono —sí,
sí, ¿se oye?—, algunas notas desparejadas, toques de baqueta en la caja,
temblor de platillos y un golpe en el bombo. Repentino silencio en la mano
elevada del pianista. Cuenta: uno, dos,
tres. Y la orquesta del atardecer arranca su bolo de viernes noche para los
dos únicos bailarines sobre la hierba del jardín. Con el vestido que más admira,
ella; con la camisa de lino que le gusta acariciar, él. Descalzos, los dos. La
noche, mirándolos.
sábado, 10 de enero de 2015
Becqueriana / 59
Lo mejor del día es cuando dejamos que nos hable la tarde. Que nos cuente el arroyo su vida nómada, la antigüedad mineral de su linaje, sus altas aspiraciones. Y lo haga con sonidos tenues, casi cansados, mientras le escuchamos, devotos siempre de los lienzos que pinta a cualquier hora con pigmentos desprendidos de la luz. Que nos reciten los peces de colores saltarines los poemas que aprendieron de memoria siendo alevines, cuando serpenteaban entre juncos. Que nos descubra la piedra de suave tacto su corazón enamorado. La paciencia con la que aguarda que la crecida la empuje. Y acerque.
jueves, 8 de enero de 2015
M \ 1000 \ Mil \ 千
(Al principio esta entrada era una aspiración. Un mito. Soñaba con lo que escribiría. Luego, conforme se acercaba, se convirtió en un lugar donde llegar. Era un final posible para una escritura que, por carecer de trama, andaba en su busca. La convención de un libro, unas páginas, una cubierta que se cierra sobre ellas. Un espejismo. Ahora ya sé que la reflexión soñada o el punto final carecen de sentido. Lo que anima estas palabras no es un argumento, sino un fluir. No acabarlas es su forma de irse consumiendo al paso que se apaga lo que las alienta.)
martes, 6 de enero de 2015
El pabellón dorado [3]
¿Ese ruido, madre?
El viento. Lo trastorna todo.
No, el viento ya lo oigo. Digo el chasquido.
¿Cuál? Hay tantos. Lo aturrulla
todo el viento.
El tris tris.
¿Serán las cañerías al pasar el
aire?
No, eso lo conozco. Es como un
rechinar, en grande.
¿Dónde lo oyes?
Hacia la izquierda. Por allí.
Ah, no es nada. Una bolsa que se
ha quedado atrapada en la verja.
¿Una bolsa? ¿Qué tipo de bolsa?
Una bolsa de plástico. De las que
dan en las tiendas.
Sí, lo veo.
El viento la empuja y el alambre
la frena.
¿Tantas bolsas hay perdidas?
domingo, 4 de enero de 2015
El pabellón dorado [2]
Lo que huele tiene también corporeidad. La rebanada de pan que se tuesta en la lumbre, el calor que vierte como una fuente la cafetera, el barro endurecido de la taza. El desvelado crea imágenes con aromas. El de los cuerpos que llegan del campo, el de los que salen el domingo por la tarde hacia el baile. Moldea volúmenes con fragancias. La acidez de las naranjas y de los limones, el dulzor de las fresas, lo floral de las manzanas. La salinidad que revolotea en el aire cuando el mar se encrespa y acaba por discutir todas las ideas.
viernes, 2 de enero de 2015
El pabellón dorado [1]
Rota contra el suelo la tinaja de la luz, en su derramarse la oscuridad se ensucia. Se encharca. La araña recorre la silenciosa geometría del aire donde la polilla no ha desistido aún de aletear. El gorrión se limpia el flanco con el pico, pero son las hojas de la enredadera las que se agitan. El perro le ladra a las sombras que bosqueja el lápiz del amanecer. Una bolsa de plástico regresa a estas horas abrazada al viento y dando traspiés de alcohólica. El insomne traduce a su nada las impresiones que le alcanzan. Lo que le habla existe.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Bye bye 2014
«¿Qué quedará de ti, año
de métrica alejandrina?» —pregunta la Sibila arrodillada sobre la losa de
mármol, con la cabeza oculta entre los brazos. «Todo», responde el Oráculo.
«¿Todo? ¿He oído bien?» —no sale de su asombro la Sibila, que levanta la mirada
inquisitiva hacia la piedra de donde la voz ha emanado— «¿no era más bien Nada
la respuesta? ¿Ha dejado de ser la nuestra una pregunta retórica?».
«Todo», reitera el Oráculo. E interpretando su postrer silencio el escriba anota: todo quedará registrado y cuando necesites
algún dato esquivo las noticias más triviales del 2014 lo ocultarán en Google.
lunes, 29 de diciembre de 2014
Becqueriana / 58
Desde el horno un aroma dulce, a canela y a virutas de limón, impregna la tarde. Con su vaho desembarca en el puerto del recuerdo la niebla de una infancia. Por la pasarela del presente desciende confusa dentro de uno mismo, que al evocar aquel olor de la inocencia habla ahora con un tono más alto, más desinhibido también. Es el dulzor que expande por el aire una idea muy precisa del gozo. Rumor de multitud que en el muelle espera ver llegar al forastero. Expectativa del encuentro, cuando la cafetera lo mezcla con el olor a cabaña de bosque.
sábado, 27 de diciembre de 2014
Becqueriana / 57
Cada gesto de la mujer que se ha asomado a la ventana modifica el paisaje, lo transforma. Si sopla como quien deshace un diente de león, las flores de la acacia pintan la hierba y los guijarros del sendero de amarillo-van-gogh. Si silba la melodía de una canción de amor las violetas despiertan en el talud del ferrocarril y lo saludan cuando pasa. Si canta la letra de un poema que se aprendió de memoria cuando era niña, los gatos se tumban en el alféizar a escucharla. Si sueña, unas manos vaporosas sujetan su cintura por detrás y la elevan.
jueves, 25 de diciembre de 2014
Ni por esas. (Pequeño cuento de Navidad)
En la radio, trompetas tempestuosas, violines sinuosos. La marcha Radetzky. Debe de ser Navidad. O quizá el anuncio de unos grandes almacenes. Me asomo a la ventana y veo la raya del peinado de la gente trazada con esmero. Sí, es Navidad. No cabe duda. La música me está animando. Es inaudito, pero la inesperada euforia me incita a acompañar la marcha con palmas. Me acerco al aparato, las manos enfrentadas, y chas, primero mi palmoteo e inmediatamente los platillos del percusionista. Espero el siguiente compás. Yo por un lado, la orquesta por otro. Qué humor de perros. Fuera radio.
martes, 23 de diciembre de 2014
Teoría del Lugar \ y 7
Medio desencajada y con los cristales rotos, los herrajes de la ventana chirrían cuando trato de abrirla, sin lograrlo. Tropieza su cierre. Astillas de pintura caen como escamas de un pez muerto nada más rozarlas. Sobrevuelan la estancia y brillan un instante sobre los escombros acumulados en el suelo. Tiemblan las hojas si las fuerzo. Ni yo mismo podría explicar por qué quiero abrir una ventana que ya no tiene cristales. Pero sigo intentándolo. La observo por descubrir el estorbo. Me empeño. Cuando lo consiga, me digo, habré hecho lo que otra persona hacía a diario. Aquí. Reharé sus gestos.
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