Bajo el puente de las piernas fluye una corriente de versos destilados al amanecer entre los suspiros de un abrazo. Presagio de las aves que despertarán la luz sobre los prados y profecía de las manos que anhelan entrelazarse para contemplar los crepúsculos. Con la cascada de agua de una melena manan las palabras que cosquillean el papel donde han sido escritas. Su dicción transforma la ventolera del tiempo que eriza las aguas en una suave brisa que las detiene. En el valle de los brazos abiertos crece la hierba con el empeño de chiquillos que colorean dibujos. El poema.
viernes, 30 de agosto de 2013
martes, 20 de agosto de 2013
Caligrafías / 9
Ríos subterráneos cruzan las regiones interiores de las palabras. Súbitas heridas en la piel vierten su humedad, en ocasiones, al exterior. Así también las gotas que perlan la tersura de ciertos términos en verano. O la confusa sabiduría que derraman las fuentes cuando nacen en vocablos antiguos. Al contrario de lo que se cree, el silencio recupera los acuíferos del vocabulario, y su sobreexplotación merma y agota la generosidad de las palabras acotadas por cañerías de extracción. El desierto también se extiende en las frases que se pronuncian. Solo cuando se habla para no decir nada, llueve sobre las lomas.
viernes, 16 de agosto de 2013
Caligrafías / 8
Se lanza sobre sí misma para desbaratar el silencio. Entre la fronda resuenan tambores que borran trinos, ladridos y cantos de grillo. Tampoco cuando la brisa agita las copas de los árboles las hojas consiguen hacerse oír. Ni el tamborileo de la lluvia existe a su alrededor. El agua bate consigo misma y su resuello, como un rencor, la deja sola, deshabitada de cualquier otra armonía. La blanca melena entrega su belleza junto al perpetuo motor de estruendos. El clic de las cámaras fotográficas también perece, aunque es el único lugar donde el fragor de la cascada no consigue penetrar.
lunes, 12 de agosto de 2013
Caligrafías / 7
Rugoso cristal aficionado a redactar brillos y sombras sin preferencias. Impresiones más que realidades. Estados de ánimo a los que olvida darles valor. El tiempo no envejece su piel ni la luz la tizna. Admiro esta sencillez para utilizar términos joviales, entusiastas o afligidos con el mismo convencimiento. Está ahí cantarina, dispuesta a jugar siempre con el viento y con los frutos que caen de los árboles. Es la única caligrafía que sabe combinar lo que guarda dentro y lo que contempla fuera en una misma imagen. Me entretengo en aprender del agua la condición efímera de lo que permanece.
jueves, 8 de agosto de 2013
Becqueriana / 27
En las rocas tropieza el ímpetu con el que busca la playa y su súbita espuma se reparte y cuela entre los huecos que sestean como lagartos negros al sol. Con rodillas descarnadas de tanto golpearse y nudillos en carne viva, la ola se retira a las profundidades donde solo la displicencia de las medusas se preocupa por ella. Acaba de entregar un ronco y áspero poema de amor escrito con paciencia durante la travesía azul. Pero insensible, arrogante, el rompeolas lo desprecia. Solo a quien sentado en una piedra asiste atónito al idilio imposible le sobrecoge su agreste belleza.
domingo, 4 de agosto de 2013
Becqueriana / 26
Las aguas del puerto mecen las barcas con el cuidado que pondría una madre primeriza al acunar a su bebé. Cunas son también las embarcaciones, que se dejan balancear y les gusta cuando una ola chapotea en popa y las empuja contra las defensas de sus compañeras de amarre. Los cabos se tensan y destensan en un ejercicio con el que mantienen su trenzada musculatura. Al llegar la noche, la luz de la luna vuelve a pintar los cascos con el color nacarado de la oscuridad que, tras esta apariencia, oculta una navegación verdadera. En el sueño de los amantes.
jueves, 1 de agosto de 2013
Becqueriana / 25
De la tierra alta, seca, áspera. Color del viento cuando la levanta y esparce por el aire. Así el papel de los años malos, hecho de trapos sucios, sin pulpa vegetal, ni aguas limpias, ni maestros del oficio, que dejaron horario, saber y traje del día de la boda para los domingos por un fusil. De un tiempo opaco, tantas ausencias, el color del papel de los años cuarenta. Papel entristecido que aún se esfuerza por contener la tipografía de los sueños. Papel abrasado, pero papel, con el orgullo de que la belleza de las palabras mantenga intacto su fulgor.
domingo, 28 de julio de 2013
Caligrafías / 6
No es fácil leer las líneas del destino en los violentos montones de libros que nadie quiere. Su enmarañada caligrafía confunde. Como signos de una civilización derrotada cuyos significados se han diluido en la sangre de los nuevos colonos, así opera la tipografía despreciada. En la sombra. Literalmente en la sombra, en aquella que proyecta quien busca sobre el amontonamiento y quien espera. A veces, casi todas, se yergue de la genuflexión con que ha revuelto en el caos y se va. Raramente ocurre el prodigio del encuentro. Ese estremecimiento que también siente el libro. Por él se deja apilar.
jueves, 25 de julio de 2013
Caligrafías / 5
El conjunto de metáforas de una vida sale como lote a subasta cada madrugada de mercado. Conforme pasen las horas se irá descomponiendo el poema igual que bajo tierra lo hace el cuerpo que dirigió la orquesta de tropos a la venta, y uno a uno los objetos se irán incorporando como símbolos a otras versos, a la épica de un encandilamiento o a la lírica de una ausencia. Quién sabe. Y así, en esas metáforas que pasan de pared en pared, de vitrina en vitrina, acaso conserven lo único que perviva de un ser. Una memoria muda y áptera.
martes, 23 de julio de 2013
Caligrafías / 4
Avaro de su soledad, delata cualquier acercamiento. Lo repele con la amenaza de oscuridades, esa negrura tejida por el tiempo como pudorosa túnica ante la vida. La caligrafía uniforme del polvo no distingue entre las propiedades de la materia, ni le importa el alfabeto o el idioma que amortaja con su persistencia. Se sabe milicia imbatible, hormiguero en plena actividad reproductora, plaga, epidemia. Se denomina a sí mismo heraldo del señor más poderoso de cuantos rigen el acontecer, el olvido. A diferencia de la muerte, sus suciedades ásperas y secas prescinden de ritos. Esa carencia es, posiblemente, su mayor fortaleza.
domingo, 21 de julio de 2013
Intemperie / 15
Sin alguien que mire, ¿quién otorga realidad a la realidad? Lo preguntaba el obispo Berkeley, lo sugieren los físicos del presente, que ubican en el cerebro lo que los demás creemos que está ahí afuera. Sin alguien que esté mirando, ¿cómo saber que ocurre lo que está ocurriendo? Quizá la pregunta que esta pregunta sugiere sea otra: ¿Por qué el sujeto cada vez se siente más desvalido a la hora de certificar su experiencia por él mismo? Pero tampoco esta es la pregunta más curiosa: ¿Por qué necesita que quien esté mirando sea un ente múltiple, anónimo, una red social?
viernes, 19 de julio de 2013
Becqueriana / 24
Por el gusto de mirarse al espejo
y contemplar su belleza, las acacias siembran el suelo de flores amarillas,
tantas en el reflejo sobre la tierra como en sus ramas, y en idéntica
disposición. El jazmín crece tan prieto para que no se cuelen las sombras entre
sus hojas, ni siquiera al anochecer, cuando sigue exhibiendo la luz de su
fragancia. Las magnolias tallan con paciencia de orfebres las áureas flores que
lucen en la solapa de su traje de terciopelo oliva. El jardín escribe el poema
del verano en los ojos. Las manos abiertas lo recitan en voz alta.
miércoles, 17 de julio de 2013
Becqueriana / 23
Las palabras mantienen armarios, altillos, trasteros, desvanes e incluso cobertizos donde guardan montones de significados que no muestran cuando exponen su caligrafía. Quien las lee suele quedarse con el sentido que luce en el escaparate, sin ir más allá, sin indagar donde un simple trapo del polvo devuelve brillos antiguos o sabores ya desaparecidos. En cada palabra está inscrita también la luz que la iluminó y el tacto de la madera que sostuvo su escritura, los sonidos que pudo oír antes de viajar hasta el oído, donde al ser pronunciada enciende recuerdos tal vez inexistentes. Las palabras usan doble fondo.
lunes, 15 de julio de 2013
Becqueriana / 22
La tarde escribe novelas con los argumentos del verano. Sabe investigar qué ocurre en los intersticios que aparecen entre los pétalos de la rosa. Lo que oculta la frondosidad de las hortensias. Quién causó la tristeza de las glicinias. La tarde imagina y cuenta la coartada de las nubes que trajeron la lluvia súbita, atormentada, los mensajes cifrados que dejó en el aire el trino del ruiseñor, el código secreto del vuelo de las mariposas. La tarde es una escritora de best sellers y también de libros cuyos títulos no conoce nadie. A ambos géneros trata con la misma dedicación.
sábado, 13 de julio de 2013
1881
Sir Justo Horacio Perry consuela a Carolina Coronado en Lisboa
Cabecita de poetisa, sí. Conservas su belleza y también su locura, mi dulce esposa. Decir que las paredes de Mitra no hablan tu idioma. Qué ocurrencia. Sencillamente no hablan, ni a ti, cariño, ni a nadie. Aunque tal vez lo que necesiten para comunicarse por telégrafo sea un cable que las conecte (ríe). Mira estos dibujos sobre los ladrillos azulejos de la escalera. Hablan de historias antiguas que ignoramos, pero algún día, en un futuro palacio, los artesanos copiarán nuestros retratos junto al trazado del cable que cruza el océano. Convéncete, esta inversión será nuestra Gran Obra para la Humanidad.
jueves, 11 de julio de 2013
1881
Cornelia Adriana repudia las cartas de amor de su primo Vincent
Cómo quieres que lea la sarta de sandeces que me escribe cada día desde que llegó a Etten sin que nadie sepa qué demonios se le ha perdido aquí. Ya cometí el error de leer la primera que me mandó, y aún echo espuma por la boca. Maldito holgazán. ¿Por qué no se enamora de un pozo y se tira? Solo imaginarme su cuerpo seboso de zanahoria me entran arcadas. Y además, qué futuro tiene. Se pasa el día pintando tontadas. El otro día me enseñó un sembrador que parecía un payaso con retortijones. Que cosa más fea. Qué pesadilla.
martes, 9 de julio de 2013
1881
Vincent Van Gogh se enamora en Etten de su prima Cornelia
Pasos de nube sobre la arena es la inaudible fricción de las alpargatas de los sembradores al amanecer. Un silencio de rebanada de hogaza en la lumbre. Los hatillos de tela, cruzados en el pecho, albergan tantos síes que quiero saltar por la ventana y unirme a ellos en su jornada. La mía sembrará solo estas palabras que te escribo entre las lascas de granito de tu nombre, Kee, y tras rodar por su desnivel de alta montaña caerán en el regato que corre hacia ninguna parte. No lances al fuego esta carta, por piedad. Este temblor azul y amarillo.
domingo, 7 de julio de 2013
1881
Carolina Coronado recuerda a su hija muerta
Inhóspito lugar para quien despierte, la tierra. Su húmeda, áspera, doliente terquedad. Yerma negrura donde solo gusanos y alimañas transitan. Deja siempre, Carolina, hija, tu mano posada sobre el terciopelo de aquella cama para que sientas el calor de su luz si despiertas. Un espejo por si has de arreglarte el cabello, un tarro con polvos para tus sonrisas. Cuando despiertes del silencio con el que te ausentaste. Agreste refugio para quienes el corazón y las palabras y los sueños aman, la tierra. Inmunda sordera, clausura, sinrazón. Le hablo a las paredes, que no conocen mi idioma, hablándote a ti.
viernes, 5 de julio de 2013
Becqueriana / 21
Acicalada con polvos de arroz, la
luz se pasea en bata por la mañana. El viento la reprende desde las cañerías.
Transitan las nubes sin explicar hacia dónde se dirigen. Nadie parece contar
con ella. Persianas echadas, comercios cerrados, semáforos en verde. Habrá
quien ande besándose en la penumbra de algún portal; otros se abrazarán, es
posible, en sueños. Despeinada y ojerosa, la luz regenta un café en el que da
igual que haya madrugado para abrir sus puertas. Las sillas continúan bocabajo
sobre las mesas. Los cruasanes se reblandecen en el cesto. Una luna diurna
sonríe en lo alto.
miércoles, 3 de julio de 2013
Becqueriana / 20
Irradian tanta suavidad en su tersura que aún antes de morderlas ya palpitan donde la sangre las presiente. Tanto brillo su piel arrebolada, su mejilla incandescente por movimientos que no encontrarán nunca palabras que los describan, su bola de cristal escarlata que absorbe toda la luz de la noche. Tanto resplandor emanan de su cielo diminuto que ciegan. Tanto jugo promete su dejarse acariciar por la lengua, la tierna penetración que ofrece a los dientes, el terciopelo para cubrir las paredes del paladar. Tanto dulzor concentrado en la dimensión exacta de un beso, ahí, encima de la mesa. Las cerezas.
lunes, 1 de julio de 2013
Becqueriana / 19
El abrazo de la luna crece día a día. Unas noches hacia la luz; otras, camino de la oscuridad. Una metamorfosis que la conduce siempre hacia el interior de sí misma. El agua de las fuentes nace al atardecer tras haber sentido un presagio. Y como hontanar repentino, traza un cauce que serpentea sobre la arena. Que su movimiento refleje el rostro de la luna será su manera de quedarse quieta, ella, el agua, la constante fugitiva. La que da frescor a los labios de los amantes. Antes del abrazo, cuando se buscan, desconocidos, en el terreno de los sueños.
jueves, 27 de junio de 2013
Pedagogía
Tras los puntos suspensivos que deja una persiana bajada o en el paréntesis que abre una cortina siempre hay alguien que observa cómo nos besamos. Ella es feliz, dedicándose solo a la artesanía de los besos. A mí me deja el papel de vigilante. Escruto los ruidos que llegan desde el interior del piso para evitar a su madre el feo de descubrirnos y controlo el lugar desde donde nos espía algún vecino. Ya ni puedo concentrarme en la tarea y casi más satisfacción obtengo al imaginarme la suya, solitaria, escondida, tan íntima, cuando así nos retorcemos en el balcón.
miércoles, 26 de junio de 2013
Persuasión
—No, en esta tarifa no puede ser.
—¿Tarifa? ¿Quién habla de tarifas? Se trata de amor.
—Llámalo como quieras.
—Lo que te propongo es una manera más alta de amar.
—Igual por eso es más cara.
—Dinero, dinero. Yo solo hablo de amor.
—A la persona equivocada.
—¿Equivocada, por qué? ¿No me brindas tu cuerpo? El placer que tienes ahí reservado para mí. Lo quiero.
—La tarifa va antes.
—¿Algo antes que el amor?
—El orden es muy importante. Me lo decían en el colegio, de niña.
—Venga, por favor. Hagámoslo así en nombre del amor.
—Nací tonta del bote.
lunes, 24 de junio de 2013
La mañana de San Juan
Quien saltó el fuego y sintió cómo se le chamuscaban las perneras del pantalón duerme ahora tumbado sobre la arena. Cascos, latas, bolsas y colillas ardieron en la misma hoguera en la que intentó besar a una muchacha que se despedía en ese momento con amabilidad. El tiempo queda así varado entre las dunas. La madera de los sueños convertida en el polvo blanquecino que la brisa esparce por el aire. Y donde la llama fue avivada con deseos, cuarteados tizones, rescoldos aún humeantes. Ceniza cuanto se pronunció para ensalzar la noche. En las zarzas, las moras aguardan que despierte.
viernes, 21 de junio de 2013
El verano
El silencio deja unas gotas de agua sobre la hoja del níspero en las que se zambulle el primer rayo de sol de la mañana. Así se inaugura el verano. Las alondras picotean en los taludes del camino. Los mirlos acechan el brillo de las cerezas desde los muros de piedra. La brisa remueve los álamos altos y un algodón blanco nieva sobre la hierba. Las tomateras crecen al paso de las cañas y llenan de pecas rojas la luz. La flor del calabacín luce su vestido de volantes. Los ojos se encandilan ante el cuadrado luminoso de las ventanas.
miércoles, 19 de junio de 2013
Patriota
Aquel que se fija en el guijarro huido del parterre. Lo identifica en la acera, entre colillas. Lo sitúa en el centro de un objetivo imaginario y a partir de entonces no hay otra realidad en la realidad de una calle céntrica de la ciudad, a una hora comercial. Se acerca. Felino. No le quita ojo al pedazo de granito. Despacio flexiona la rodilla y levanta la pierna derecha medio palmo. La suelta con fuerza. La puntera de la bota impacta en la piedra. Saliva luego la mano y con la palma trata de limpiar la mella en el cuero.
martes, 18 de junio de 2013
Paternidad
«Tu padre, tu padre… En alguna parte guardo una foto suya», me dice al fin, después de que se lo pidiera un millón de veces. «Aquí está, acabáramos. Toda tuya. Puedes enmarcarla. Ya ni me acordaba del careto. Valiente imbécil». De su mano sale volando una polaroid que cae justo al lado del cubo de fregar. Que está lleno. Me encierro en mi cuarto a mirarla. La camisa a cuadros se le sale del pantalón, es lo único que veo porque entre lo borroso de la toma y la barba su rostro se queda en nada. Ese desconocido, mi padre.
domingo, 16 de junio de 2013
Pareja
La jaculatoria de la bombilla apenas alcanza a cubrir la espalda desde la mesita de noche. Como un eco, el espejo exterior del armario refleja un raro planeta en mitad de las sombras. Jadea el tráfico de la tarde al otro lado de la persiana echada, y a este. El jergón atiende a los movimientos igual que las guijas de una senda en un jardín abandonado. El tipo palmotea frases sin sentido entre breves aullidos. Fastidiada por la carrera que le acaba de hacer en la media con una uña rota, la mujer ensaliva su índice para tratar de detenerla.
viernes, 14 de junio de 2013
Becqueriana / 18
De pronto he entendido por qué escribes lo que escribes, Gustavo Adolfo. Hay quien dice que son cagadas de mosca sobre el papel. Los que creen que no es buen poeta quien no ponga en aprietos al maestro tipógrafo por las existencias de la caja alta. Otros opinan que si lo escribiera su hija en el colegio llegaría con las manos coloradas por dos buenos palmetazos, pero si lo escribe en casa, benévolamente se ha de perdonar. Ahora lo comprendo, Gustavo Adolfo, escribes solo para aquella alma, una y única, que al leerte siente un levísimo sobrecogimiento. Para nadie más.
miércoles, 12 de junio de 2013
Becqueriana / 17
¿Bajamos a la biblioteca?, me propones. Las nubes realizan por el cielo el paseo de los jubilados y el viento se ha entretenido en alguna taberna del puerto donde anoche descargaron unas cuantas cajas de vino de Madeira. Es un buen momento para leer. Nos atropellamos un poco por las escaleras, algo avergonzados, claro, porque descendemos hacia la seriedad de una biblioteca. El jardín. Leer la letra pequeña de las petunias, memorizar las metáforas de color de las rosas, recitar la sonoridad de las camelias, deletrear el azul de las nomeolvides. ¿Subimos a la hemeroteca?, te propongo luego. Pillín, dices.
lunes, 10 de junio de 2013
Becqueriana / 16
Las buganvilias cantan siempre en voz alta estribillos subidos de tono, como son ellas, hermosas y descaradas. Las peonías interpretan melodías de tonos suaves y letras tímidas que al entonar algunas palabras de confidencia alteran un ápice su color. A los alhelíes les gustan las canciones modernas, simples y animadas, aquellas que sus pétalos pueden bailar despreocupados. Las prímulas aprecian las tonadas algo clásicas, con ensoñaciones y laberintos en su fraseado. El magnolio, cuando florece, elige antiguos himnos griegos que permanecen vivos en los ojos de mármol de las estatuas. La camelia, toda dulzura y sensibilidad, canta fados al atardecer.
sábado, 8 de junio de 2013
Sackville Street
Estremecimiento, Vita. Una heliconia en Bloomsbury, en este vertedero de niebla y espesor grisáceo. Una heliconia de siete pies espondeos y uno moloso como el broche que da esplendor a la seda de un vestido. Poema que no caligrafía palabras, sino colores. Carmesí anaranjado con reflejos verde limón. Un poema, Vita, compuesto con el esplendor cromático de jadeos y de gemidos. De clamores. Una flor para el amor, tu poema. Un poema para el amor, tu flor. Es difícil pronunciar palabras cuando al recitármelo pronuncias los acento —cada color— con la yema del dedo sobre mi pecho. Vita, un escalofrío.
jueves, 6 de junio de 2013
Newburgh Street
Las noches de verano dejo la ventana subida. Un palmo. Hasta la altura de la jardinera. Mi idea es que las plantas filtren el aire de la ciudad y lo esparzan por el cuarto con un ápice de su fragancia. Son ideas teóricas, porque lo único que cuela la ranura son retazos de conversaciones entre quienes van en busca de un milagro hacia el pub de la esquina. No puedo decir que no me dejen dormir, porque mi insomnio es capaz de señorear hasta un lunes de febrero nevando. Antes diré que ese poema fragmentado ameniza las soledades del verano.
lunes, 3 de junio de 2013
89 años sin Franz Kafka (díptico de EscayoLA)
1
Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz aKfka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz aKfka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz aKfka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz aKfka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz aKfka. Franz Kafka. Franz Kafka. Franz Kafka.
2
2
El tiempo no tenía límites para su dicha amorosa
FK
El tiempo se había quedado
áptero. Una mosca, quizá, aplastada con un periódico doblado contra el cristal.
El exoesqueleto, tal vez, abandonado por la libélula. La ooteca vacía de una cucaracha,
es posible. El tiempo había recobrado su pasado mineral. Un guijarro, quizá,
aún no convocado para ser camino. El hueso despellejado de un muñón granítico, tal
vez. El suave avanzar de la duna, es posible, sobre el bosque de pinos jóvenes.
El tiempo, los dos lo sentían, era lo único que en el abrazo se hallaba
ausente. La dicha, el vértigo, el aliento… los convertía en dioses. Sin
límites.
sábado, 1 de junio de 2013
Bedford Square
Demasiado elegantes. Y severas. Esas casas grises, idénticas. Salvo quien ha pintado de rojo la puerta. Tamaño idiota. Seguro que lleva el pelo oxigenado. Gafas de pasta gorda. Pantalones verdes. Verde mermelada de ciruela. Dios, si lo estoy viendo. ¿No será su padre el tipo de la puerta roja? Quién lo sabe. Esas ventanas como tableros de ajedrez sobre la mesa justo antes de empezar el campeonato del distrito. Me llenaron la cabeza con lo de que tenía posibilidades. Aquel tipo me vapuleó. Y ahora conozco a una chica y me cita en esta plaza, tan demasiado elegante. Para mí.
martes, 28 de mayo de 2013
Caligrafías / 3
Un muro suele anhelar, como si fuera un soneto, la perfección. La armonía rectilínea de su decir, el golpe de racionalidad que cuadró la piedra, las cesuras donde respiran las incógnitas. Un muro levanta catorce versos sobre un desconcierto o tal vez sobre una emoción. Como si fuera un soneto, el amontonamiento de palabras los oculta al otro lado, donde habitan gusanos, culebras de campo y algunas especies de escarabajos que se entierran tras aparearse. Un muro, al fin y al cabo, nunca dice nada. Como un soneto. Se atraganta quien lee su emplasto de sílabas numeradas y sillares desparejados.
domingo, 26 de mayo de 2013
Caligrafías / 2
Cielo nocturno a mediodía, la luminosidad de pétalos tan blancos dicta la oscuridad a su alrededor. Se dice que los filósofos estudian las estrellas reflejadas en un espejo; los poetas, tan predispuestos siempre a dejar olvidados los instrumentos encima de la mesa, contemplan las geografías de la noche en la trama de florecillas silvestres que crecen en el margen de los caminos sin tránsito. Igual que soles muertos, continúan deslumbrando mucho tiempo después de haberse apagado. Alguna rueda despiadada pasará por encima. Las arranca el campesino térreo para que no corra su semilla, pero permanece inalterable su tan diminuta enormidad.
viernes, 24 de mayo de 2013
Caligrafías / 1
La tarde escribe sus odas de género con la pluma del viento sobre el verdor adolescente de los campos de cereal. Los trigales se apuntan con entusiasmo a cualquier juego. Les gusta deshacer la trenza de su espiga y brindársela a la brisa. El sol, pintor paisajista aficionado, desenrosca el tubo de amarillo que acaba de comprar. Un simple apretón en el culo vierte sobre la paleta el churretón luminoso con el que repasará cada una de las sombras. La primavera se expresa con una métrica clásica, en su armónica cadencia las amapolas crecen siempre dispuestas a subvertir la rima.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Una habitación de hotel en Málaga
Para o JLBG
No es por el color mustio del papel pintado, tampoco por el tacto acrílico en las cortinas, pero siempre impregnan con su tristeza. Digo yo que quizá sea porque las habitaciones de hotel son lo más parecido que exista a nosotros mismos por dentro. El huésped que acogió ayer nuestra alma, sus emociones o pensamientos, ya no está hoy, cuando entra otro con un presente que dejará de serlo cuando salga mañana por el pasillo arrastrando una maleta. E igual que en la memoria, del visitante quedará solo la melladura en el mueble donde se dio el golpe al pasar.
lunes, 20 de mayo de 2013
Carmen. Elegía.
A nuestra espalda, la espalda del templo del Tibidabo. Delante Collserola, una alfombra verde tendida ante la llanura industrial y en exceso poblada del Vallès. Como fondo, algunas nubes dibujadas por la mano de un niño. Te quedaste, Carmen, un instante ensimismada. Francisco hablaba de cómo había aprendido la filosofía que corre por sus escritos. De pie los cuatro, en la explanada de tierra sin urbanizar, estábamos hechos de la materia efímera del habla. Sin siquiera imaginarlo, el arte —la memoria— ya trabajaba para extraer el tiempo de aquella tarde y convertirla en un símbolo. Un dolor, aturdimiento. Un silencio.
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