Nada hay tan divertido como mezclar palabras y dibujos. Tan irreverente como suplantar palabras con dibujos, dibujos con palabras. El caligrafiar un paisaje con acuarelas o el trazar con acuarelas las líneas de una carta. Nada hay tan estimulante como combinarlo todo y encontrar sentido a cualquier combinación capaz de ser imaginada. Porque solo el pensamiento racional separa las artes y las cosas. Una manera de comprender escolar, que disgrega cuanto permanece unido, olvida las singularidades que cada cosa posee para enfrentarla a una idea de cosa que sirva para todas las cosas. Pero nadie piensa así si quiere divertirse.
lunes, 9 de abril de 2018
sábado, 7 de abril de 2018
Dietario de sensaciones, 44
Hay un instante en el que la calma desciende sobre los cuerpos para abrigarlos y bajo su manto, mientras el sudor se funde con el sueño y las respiraciones se acompasan con el balanceo de dos actores camino del fundido final de la película, la noche susurra sonidos que parecen un bordado en la sábana del silencio. El sapo que croa en el estanque próximo. Una lechuza ulula en la nada. El ladrido enigmático de un perro. Son quizá palabras pronunciadas durante el día en un lugar lejano que llegan con atraso a los oídos, y cuyo significado desvela incógnitas.
jueves, 5 de abril de 2018
Dietario de sensaciones, 43
La visita del viento estremece la
superficie sosegada del cauce. Su fluir cotidiano, un ir yendo por los días
ensimismado, tiembla de repente, se agita. Siente. El tiempo abandona su
condición de túnel y la corriente, sin remedio, olvida su destino. Cuando la
mano del viento roza su piel. Se remueve en el lecho. Vibra, se desorienta. Se
daría la vuelta y regresaría a las fuentes para tumbarse en los prados de
montaña a percibir el aliento de los bosques. Basta que el viento lo acaricie. La
longitud se alza en una inflamación vertical que convierte el río en géiser.
martes, 3 de abril de 2018
Dietario de sensaciones, 42
Todas las palabras son mágicas. O mejor será decir que son magos. Extraen del sombrero de unos sonidos la paloma blanca de un significado. Nada por aquí, nada por allá, dicen las palabras, y de repente sale de la nada una ristra de pañuelos anudados. Son las frases que descubren lo que existe. Que le dan sentido. Se mira a veces sin saber qué se ve, son las palabras las que le explican qué está viendo a la mirada. Uno va por la calle despistado y de pronto le dicen algo, sonríe y la piel de la realidad se estremece.
domingo, 1 de abril de 2018
Dietario de sensaciones, 41
El invierno dedica sus noches a la fabricación del blanco. En pleno dominio del negro nocturno, teje una sábana de blancura sobre el paisaje. Y cuando llega por fin la luz, su paleta de colores le resulta inútil. Ni puede pintar los árboles, que amanecen blancos; ni los campos, que se extienden blancos; ni los tejados, que lucen blancos. Solo se le permite gastar unas gotitas de marrón mezclado con una pizca de amarillo sobre los pájaros que sobrevuelan la blancura. La insistencia de la luz, sin embargo, con las horas, acaba imponiéndose y devuelve los colores a la costumbre.
viernes, 30 de marzo de 2018
# 588
Linternas, lámparas, bombillas. La claridad no está en encenderlas a la máxima potencia, sino en apagarlas. En dejar la luz de la luna acostada sobre la arena del sendero que se sigue. No está la claridad en borrar las sombras ni en desbaratar las penumbras, sino en comprender a través de la umbría la certidumbre del camino. No aparece más claro lo que no ven los ojos, sino lo que se sabe que está ahí aunque para verlo sea preciso cerrarlos. La claridad no solo oculta, sino que acostumbra a vivir sin aquello que esconde y solo de madrugada muestra.
miércoles, 28 de marzo de 2018
# 587
Cuanto se ha descubierto hasta hoy aún queda por descubrir. No basta ponerle nombre, fecha, lugar. De nada sirve archivar los descubrimientos en gabinetes cerrados con llave, ignífugos y herméticos o en simples cajas de cartón, paraíso de los pececillos de plata. Dentro, carecen de propiedades, de sensaciones, de provecho. Los descubrimientos andan siempre fuera. A la intemperie. Hay que ir a ellos, y descubrirlos cada vez una vez más. Y están, también, en quien los anda buscando. Que al encontrarlos, sabe que los ha encontrado. Los comprende. Los hace suyos un instante y luego los deja a su aire.
lunes, 26 de marzo de 2018
# 586
Nada hay en el tiempo donde reconocerse. Va a lo suyo, cuenta las horas por minutos y los minutos por segundos. Lo único que le importa es no descontarse. Sabe que avanza solo porque existen las fechas y las numeraciones. Sus ojos andan ciegos para cuanto ocurra a su alrededor que no sea su paso marcial. Sin embargo, cómo nos parecemos al espacio, aquel hermano menor del tiempo. El olvidado. Tan iguales al sitio donde estamos somos que si contemplamos nubes, somos nube; si andamos, sendero; si paseamos por la playa, oleaje. Cualquier lugar adquiere ser con lo que somos.
sábado, 24 de marzo de 2018
Maga Losnay, dietario # 585
La palabra oscuridad ilumina. También se puede bailar con la palabra silencio. Los días le añaden significados nuevos a lo que se dice con costumbre de siglos. Sentidos que se incorporan a las palabras, aunque solo los conozcan pocas personas. Igual que los cuentos enseñan que la palabra alfombra vuela y que la palabra flauta reúne, se acumulan otras enseñanzas en las voces con las que se ordena la realidad para que la realidad continúe siempre desordenada. La palabra río acerca, se puede nadar en la palabra duna. Y cada atardecer guardo con mimos en un tarro la palabra luz.
jueves, 22 de marzo de 2018
A destiempo
La mañana en la que el tiempo no comparezca, bien porque haya perdido el tren que lo trae puntualmente cada amanecer, bien porque se tome un día de fiesta que no le corresponda, esté o no justificado, porque eso no me incumbe fiscalizarlo; esa mañana, me digo, en la que los relojes desandarán los círculos y las citas dejarán sobre las páginas de las agendas la mancha de un poema minimalista, aprovecharé para desaparecer. Sin cumplir ningún preparativo me iré a oír los graznidos de las aves migratorias en los abruptos acantilados donde la realidad renuncia a la mezquindad.
martes, 20 de marzo de 2018
Lectura
Si la forma en la que se comprende lo que existe es una manera de leer, cuanto está ahí será una manera de expresar. Una escritura. Y también cuando se lee el tránsito de las nubes y el vuelo de las aves se pronuncia en su irse lo que impulsa al deseo. Leer y repetir lo leído era el medio de los antiguos para conocer. Ahora se usa un interruptor para desechar las sombras y otro para convocar las notas del piano, pero se camina por idéntica senda. Se dice lo que la luz escribe en la mirada para expresarse.
sábado, 17 de marzo de 2018
Cuadernos
No todas las palabras quedan anotadas. Dejo el lápiz un instante sobre el cuaderno abierto y los ojos pasan a leer la página que ofrece la ventana. Las hojas del albaricoque aleteando con el viento como si quisieran aprender a volar, las macetas ingenuas del alféizar, el pájaro que las merodea con insistencia, un trocito de cielo con una nube pizpireta que se muere por salir en el rectángulo de cristal que contemplo para llenarme de palabras que están ahí, conmigo, cuando escribo, pero que no apunto porque ya sé, y estoy seguro, que se podrán leer en las escritas.
miércoles, 14 de marzo de 2018
Becqueriana / 131
De la lavadora la extraigo triste. Bueno, quizá solo arrugada y húmeda, pero con tantos pliegues y el agua que oscurece su viveza se parece a la melancolía. La extiendo con las manos y al extenderla es como si recobrara algo de alegría. Rugosidades aún abundan en el tejido, pero ya no mandan. Ahora las mangas, el talle reviven. Adquieren la forma que tuvieron antes de marearse en el centrifugado. Y en la cuerda, sujeta con dos pinzas de color combinadas con sus colores, al aire, revive igual que cuando un cuerpo la mueve con gracia y soltura. Tu blusa.
lunes, 12 de marzo de 2018
Becqueriana / 130
Hemos empezado a escribir, entre los dos, un libro. Tú le has puesto título: Manual de aves. Yo he preparado los bocadillos, los frutos secos, unos pastelitos japoneses de té verde y el agua para la primera jornada de escritura. «El nido». Será el capítulo inicial. Caminaremos por el bosque alzada la vista. Para descubrirlos. Preguntaremos en los pueblos, para que nos dejen entrar en los cobertizos. Desarrollaremos los siguientes aspectos: ubicación, medidas, materiales, formas, proceso y construcción. De los nidos. A casa regresaremos con el macuto vacío y con el cuaderno lleno de notas. Habrá que redactarlas. Otro día.
sábado, 10 de marzo de 2018
Becqueriana / 129
Todas las historias conducen a una única historia. Una playa. Salitre en el aire. Una mujer camina descalza. A lo lejos la figura de un marinero que extiende las redes en la arena. La espera. Un bosque. El viento agita las copas de los árboles, la vegetación. Un hombre camina ensimismado, ausente. A lo lejos la imagen de una mujer que corta un ramillete de salvia y aspira en su mano el agreste aroma. Le aguarda. Dos luces blancas al atardecer. Siempre hay una historia que está a punto de empezar. El final de cada frase coincide con el inicio.
jueves, 8 de marzo de 2018
# 584
La luna juega al escondite. Busca árboles altos, edificios, colinas para que nadie la vea. Luego, al entrar en una calle, al salir al claro, ahí está. Dice: aquí estoy. Con su círculo incompleto, pero con una luz que sobrecoge en la oscuridad. Corretea también por el cielo. Unas veces contempla el mundo a sus pies, otras parece que se pueda llegar hasta donde se encuentre sencillamente caminando en esa dirección. La luna, su inquietud, enseña algo sobre el tiempo: que la niña o el niño que cada cual ha sido continúa siendo quien juega al escondite con la luna.
martes, 6 de marzo de 2018
# 583
Entre las cepas, por las viñas, voces. Rumor de tijeras. Una bandada de estorninos convierte en pecosa la luz dorada de la tarde. Un tractor con remolque se acerca, a lo lejos. En el sendero, el otoño aguarda paciente con su equipaje de hojas, varas y sarmientos amontonados al pie. Las copas amarillentas de los árboles respiran con dificultad y se les cierran los ojos en el sofá del atardecer. El viento lo aprovecha para concertar citas secretas con sus hojas. Y quienes lo contemplan, caminan; conversación atenta a los silencios y mirada entregada a los diminutos descubrimientos. Sus clarividencias.
sábado, 3 de marzo de 2018
# 582
À memória da Maria Gabriela Llansol, dez anos de saudades
El sueño es la paisajista que planta el caballete, abre la caja con los tubos de pintura, dispone colores en la paleta, traza con carboncillo la línea del horizonte y pinta. Pero el paisaje que aparece no es el que ven los ojos del paseante fortuito que se detiene frente al cuadro y después mira lo que hay detrás. ¿Y por qué no hay nada en el lienzo de cuanto veo ahora delante?, pregunta el caminante accidental. La paisajista, con gesto pedagógico, le explica: No retrato lo que existe, sino lo que existirá porque queremos que exista. Soy tu sueño.
jueves, 1 de marzo de 2018
Maga Losnay, dietario # 581
El deseo es un don que la naturaleza entrega a los cuerpos. A veces en forma de lluvia y viento desatados sobre la realidad. Una avalancha que anega cualquier espacio que se habite. Una fisura en la esfera del tiempo que vierte sobre el presente las horas, las pasadas y aquellas que han de llegar, juntas y enmarañadas. Otras veces, en forma de duna. Suave sensación de deslizarse sobre una arena blanca a favor de una brisa amable. La naturaleza es un inmenso, inabarcable, tratado del deseo. Se estudia con paciencia de erudito y con voracidad de lector de tebeos.
martes, 27 de febrero de 2018
Aquí y allá | Encuentros | RMR
Crepitaban los guijarros en la suela de unos zapatos nada propicios para el sendero. Sin levantar la vista de la página, lo había oído llegar. Adecentó con un pañuelo el espacio que quería ocupar en el banco, a mi lado, bajo uno de los tilos del jardín. Sabía que era su lugar predilecto y por eso me había adelantado. Disimulaba. Se dio la vuelta para sentarse. Se sentó. Llevaba en las manos un volumen pequeño, encuadernado en piel. Al tiempo que lo abría, musitó un murmullo que interpreté como un saludo. Quise decirle mi apellido, él me habría respondido: Rilke.
domingo, 25 de febrero de 2018
Aquí y allá | Encuentros | FF
Nada más cruzar la puerta lo veo en un asiento del abarrotado atrio del aeropuerto. Fernando, al descubrirme, agita la mano como quien reconoce a un viejo amigo al que, sin embargo, acaba de ver por primera vez. Del avión bajo, o eso creo, sordo. Así que le oigo hablar e incluso yo mismo hablo sin que el sonido exista alrededor. Pienso que he aterrizado en Valladolid, pero tras un sintiempo que no sé precisar, en silencio me dice: Hemos llegado, ¿la conoces? Es una Cirrus Floccus. Por aquí se camina sin que el pie encuentre apoyo en el suelo.
miércoles, 21 de febrero de 2018
Aquí y allá | Encuentros | EED
No podría afirmar que estaba contento con la plaza que me habían asignado, sin duda en Massachusetts hay mejores destinos, pero con el tiempo agradecí la tranquilidad y también el trabajo que me daba la señora Dickinson, de Main Street. Son harto descuidados los portes postales. Grasa, barro, hollín. A primera hora buscaba sus cartas y con un cepillo las limpiaba concienzudamente. Las aguardaba con anhelo. Eran su vida. No iba a entregárselas tal como llegaban, sucias y descuidadas. De hecho, lo hacía siempre en mano, para recoger las que ella enviaba. Antes que el de Amherst, era su cartero.
jueves, 15 de febrero de 2018
Aquí y allá | Encuentros | JAF
Abriste la cremallera de la mochila y extrajiste un libro. Bien, pensé. Acababa de levantarme para que accedieras al asiento de ventanilla. Volviste a introducir la mano y salió otro. Prevenido, añadí para mis adentros. No te quitaba la vista de encima, tú seguías a lo tuyo. Un tercero. Vaya, el viaje a Filadelfia resultará largo. Luego, un cuarto. Hay que cruzar el Atlántico, es cierto. Cuando apareció el quinto no sabía qué decirme. Fugitivo: no piensa regresar, se lleva la biblioteca consigo. Ante el sexto, Jesús, ya no pude reprimir algún triste tópico: ¿Es por si pinchamos una rueda?
domingo, 11 de febrero de 2018
Aquí y allá | Encuentros | FNP
Uma ginginha —oí a mi espalda antes de ni siquiera haber podido pronunciar una sílaba cuando el tabernero me preguntaba qué quería. De inmediato me di la vuelta con cara de ningún amigo y lo vi. Anteojos redondos, bigotillo ralo, rostro fino y algo desmejorado. Que sejam duas—gritó, aunque había entrado solo. Me dijo que se llamaba Ricardo o Alberto, quizá Fernando, ¿quién recuerda ya un nombre en el apelotonamiento de los días? Cuando nos las sirvieron, ofreció su copa para brindar. ¿Qué celebramos? —le pregunté. É horário laboral e no entanto cá estamos—y le brillaron los ojos.
miércoles, 7 de febrero de 2018
Aquí y allá | Encuentros | RPE
Rafael: aquel mediodía portugués en Troia ya estaba sentado cuando ocupaste la última silla de la mesa del costado. Y bebía el vino de una cooperativa del norte que parecía pisado en un lagar de la época de Livermoore. El de tu mesa, elegido por un entendedor que jugaba en campo contrario, era común. Al poco me preguntaste mi nombre y, agradecido, te serví una copa de la ambrosía. Mientras el tiempo se detenía para ti tras ese sorbo, el mío se estancaba escuchándote elogiarlo. Hicimos un gesto y juntamos las mesas que el vino y las palabras habían unido.
sábado, 3 de febrero de 2018
Aquí y allá | Encuentros | MCS
Al tiempo que tú lo alargabas estiraba yo el brazo para alcanzar la única jarra que la mesonera —¿Maritornes se llamaba?— había dejado entre los dos. Y junto al asa las manos, una tuya, Miguel, y otra mía, se rozaron, pero no para saludarse. A la vez retiramos el gesto y a la vez con un movimiento de cabeza nos cedimos, uno al otro, el pichel de vino. Me miraste y te miré. Teníamos la misma edad y nos habíamos sentado a la misma mesa. Los brazos descubiertos de la tabernera dejaron delante sendos platos grasientos de las mismas alubias.
martes, 30 de enero de 2018
Becqueriana / 128
Con frecuencia escribo poemas en verso. La métrica, sastrería de sonidos, requiere cortar las telas con precisión, reunirlas de modo que parezcan siempre continuidad y coserlas sin que las costuras resulten visibles. En ocasiones también escribo poemas en prosa. Es como nadar en una piscina en verano. Se puede cambiar de posición constantemente, flotar o hundirse no importa, tampoco saludar desde el agua. Uno se siente libre en el cuadrado de palabras para subir o bajar en busca del efecto de realidad o de las sensaciones de un sueño. Pero a veces prefiero escribir eternos poemas efímeros sobre la piel.
domingo, 28 de enero de 2018
# 580
Desde la ventana la luz susurra una monodia que resucita los objetos. Se deja seducir la lámpara apagada por la historia que le cuenta el libro que anoche se quedó abierto bocabajo. Un escalofrío recorre la columna vertebral de la cómoda cuando la cortina al moverse levemente la roza. Le cuchichea versos desconcertados a los arabescos de la alfombra el tulipán en su traje de porcelana. Se miran con disimulo el edredón azul que abriga y la marina en la pared que refresca. Las cosas se trenzan en el cuarto. Aunque nadie se dé cuenta o no lo quiera escribir.
jueves, 25 de enero de 2018
# 579
No es de nadie. Si alguien al paso le lanzara una mirada de las que colocan un libro en su estante, entre dos letras no consecutivas. Pero tampoco. Si se detuviera apremiado de improviso, tan atento a los símbolos como a la naturaleza. Ensoñaciones. Los lugares de nadie que he hecho míos no son de nadie. Rincón que solo reconoce el olfato de un perro cuya dueña se ha detenido frente a un escaparate un momento antes de estirar de la correa para alejarlo de lo que no existe. Extrañas posesiones las del recuerdo, tan aficionado siempre a los olvidos.
martes, 23 de enero de 2018
# 578
Está la vida que ocurre y la que no tiene lugar. A veces elijo esta. Ocurre, tal vez, igual que la que ocurre, pero no tiene lugar. Carecer de lugar libera a la vida de sujeciones. Ocurre, sí, pero en ningún lugar. En un lugar que carece de las condiciones que cumple el lugar para que en él ocurra la vida. Que está libre de estas condiciones. No sujeto a ninguna condición, dado que es un ningún lugar. Es esta libertad la que me hace preferir la vida que no tiene lugar a la que ocurre. Ambas igualmente frágiles. Efímeras.
domingo, 21 de enero de 2018
Maga Losnay, dietario # 577
El momento en el que la barca se detiene y mis dedos juegan con la superficie cristalina del agua, en el lago. El tiempo tiene solo esta dimensión. Como en su metáfora se mueve, paso a paso, se cree que va siempre avanzando. Pero su camino transcurre siempre por el lugar por donde ha pasado. Es incapaz de salirse de la esfera y trazar en la pared, o en la muñeca, o en el campanario, un recorrido diferente, un irse sin saber hacia dónde. Al contrario de este momento, que crea espacios en lo desconocido, construidos para vivir un presente.
viernes, 19 de enero de 2018
Pablo García Baena
Una pluma del ave que se aleja en el cielo y entre las nubes parece que se pierde cuando hace tiempo ya que los ojos no la ven. La que planea las corrientes de aire y se posa con delicada mano sobre el barniz de la madera. Una elegía. El ángel que queda en el aire cuando el ángel se ha ido. La elegía, Pablo, a la que dedicaste la revista que cantaba con voces de alabastro. La elegía, Pablo, de los objetos que El Baúl salvaba. La elegía, Pablo, de versos que garabateabas en el cinematógrafo. Ángel, pluma: Elegía.
miércoles, 17 de enero de 2018
Becqueriana / 127
En el libro de la tarde quedan escritos algunos poemas. El que trazan las ruedas de la bicicleta sobre la arena del camino con caligrafía menuda pero infatigable. El que dibujan en el cielo las nubes blancas en letra meditabundas. El que sueñan los vencejos con su grafía acrobática. El que componen los tejados de la aldea, a lo lejos, cuando la mirada se da la vuelta al oír las horas en el campanario. El que transcriben las hormigas en filas que ascienden por los muros con trazos geométricos. Cuando se quede la página a oscuras, los recitaremos de memoria.
lunes, 15 de enero de 2018
El cuenco sobre la mesa
El cuenco de porcelana que presta su imagen durante este mes de enero a la bitácora perteneció a Maria Gabriela Llansol. Hoy se encuentra sobre una mesa ante la puerta que da al patio, de donde toma la luz que refleja en su satinada textura. En la habitación dialoga de manera sorprendente con los cuadros que Ilda David ha dedicado a la escritora. Y todo ello en la casa del Campo de Ourique que guarda su memoria —los objetos (personajes también de sus libros), la biblioteca, la correspondencia y, en especial, la colección de cuadernos donde escribía a diario—.
sábado, 13 de enero de 2018
Becqueriana / 126
El silencio es un vendedor ambulante que extiende en el suelo una sábana con los cachivaches que ofrece. La campanada de un cuarto. Un ladrido lejano. El piar incansable de los vencejos. El llanto de un bebé. Un maullido. La furgoneta del panadero, que tiembla como si un camión la hubiera pedido en nupcias. Al despertar, nos quedamos embobados antes su despliegue de mínimos sonidos. Tan breves, otros hechizan. El latido de un corazón. El chasquido de un hueso al mover una pierna. El rumor de la piel al rozar otra piel. Dos respiraciones acompasadas. Lo que expone el silencio.
jueves, 11 de enero de 2018
Hay que estar siempre empezando
Porque a Vicente Luis Mora en su edición de La mirada se le ocurrió hacer la lista, y no fue fácil completarla, sé que he publicado desde 1982 treinta y cinco títulos de creación literaria, algunos incluso repetidos (él relaciona 32; La mirada, 33; y después han aparecido en Polibea dos más). No sé si son demasiados. Uno por año de dedicación literaria: eso sí me parece una exageración, no haber desistido nunca de la escritura. De los 35 solo dos se han presentado en Barcelona, dos novelas. Mañana presento en mi ciudad por primera vez un libro de poemas.
lunes, 8 de enero de 2018
Puerto
El chapoteo de la ola bate contra la roca cuando tras el salto las botas alcanzan el muelle. Lo percibe. Y entonces advierte la bofetada del agua a la piedra, lo que de tanto oír, día y noche, el crujir de la madera allá donde imparta el viento su lección de desconciertos, se olvida. La oscilación de la proa sobre el oleaje, el chasquido de las salpicaduras en los cristales de cabina, todo el repertorio sonoro del silencio. Cuando pisa la superficie que no tabalea siente el vértigo de la quietud. Escucha con recelo la ola que no le mece.
viernes, 5 de enero de 2018
El pequeño cuento de la noche de Reyes
En enero el jardín recibe cartas del invierno, pero nunca las lee. Deja que se amontonen sobre la estera de la puerta, con descuido. Un día, me digo, las abrirá una tras otra. Qué hermosa jornada, tanta correspondencia. La víspera de Reyes lo que se acumula son personas frente a las cajas de los comercios. Por eso me he venido aquí, lejos del bullicio. Algunos niños corretean en los columpios y las cuidadoras forman un círculo ciego junto a la tapia. Me he sentado en este banco y al poner la mano: la cubierta de un libro. Olvidado. ¿Mi regalo?
miércoles, 3 de enero de 2018
Bicicleta
El neumático es casi redondo, pero en la parte que roza el suelo se une a la llanta. Es el aire que ya no está dentro el que primero dice. Luego la cadena se afloja, con el tiempo, pierde la condición rectilínea de la tensión. Dibuja la imagen del cansancio y eso es lo que su negación del movimiento afirma. El metal se oscurece con el polvo. Una infección de tonos parduzcos recubre la osamenta cilíndrica. Lo manifiesta con unas motas cobrizas que enferman el brillo primigenio del manillar. La locuacidad del abandono crece. Nada hay que hable tanto.
lunes, 1 de enero de 2018
Pequeño cuento de Año Nuevo
Un charco de raso rojo en el suelo. Lo reconozco, mi vestido. Pero no el pavimento que lo rodea. Baldosas antiguas con cenefas granates y fondo gris. Alguna desajustada. No recuerdo haberlas pisado nunca. Un destello de charol asoma bajo la cortina. También lo reconozco, mi zapato. ¿Habré estado bailando descalza aquí? Pero, ¿dónde es aquí? Una sensación de descuido de repente me agobia. Paredes desconchadas, algunos pósteres de cantantes antiguos, descoloridos, con las puntas vencidas. Un colchón en el suelo, donde, por cierto, acabo de despertarme. Sábanas arrugadas, mantas raídas. ¿Quién vive aquí? ¿En esto consistirá el Año Nuevo?
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