lunes, 27 de julio de 2026

Séptimo libro de odas (7)



En el estante donde los coloco por orden alfabético, mis libros forman un cauce. Más que un río, pienso en un arroyo de montaña. Unos son más altos, a otros les basta para expresarse la encuadernación en octavo. Esta irregularidad significa ímpetu, igual que baja el agua de los torrentes. También los lomos son diversos. Los de piel lucen más oscuros; los de cartón recurren, como las flores, a cualquier gama de color. A veces pienso que el anaquel de los libros es un bosque. Entre si me arrastra o me adensa, no me decido. Quizá solo sea un espejo.