He soñado que llamabas desde la puerta de la calle golpeando la aldaba dos veces primero, por el piso, y una tercera, separada, por la puerta de mi hogar. Y me atropellaba a mí mismo por no olvidar abrigo, sombrero y paraguas, y al mismo tiempo bajar los escalones lo más rápido posible. Y cuando lo logro, en el portal no encuentro a nadie, porque nadie ha pulsado mi interfono. Son mínimas alucinaciones por haber pasado la noche leyendo los poemas que escribiste hace cien años. Tan próximos los siento en la lectura que espero tu visita para comentarlos juntos.

