jueves, 9 de julio de 2026

Séptimo libro de odas (3)



El arco es silencioso. Cuando el cazador lo levanta del suelo donde reposa, el rutinario piar que habita en las copas de los árboles continúa como si en el bosque no existiera ninguna amenaza. Mientras un brazo lo sostiene en el aire, el otro retira una flecha del carcaj, que sale con un casi inexistente rumor. La coloca en su punto, perpendicular a la cuerda, con un gesto sutil. Despacio, templa el arma. La dirige hacia un bulto que el arquero distingue entre los troncos. Una danza callada parece el movimiento que realiza. Apunta. Tensa. Casi simultáneos, suenan dos chasquidos.