Sueño con el leve crujido de hojas secas extendidas sobre el camino como una alfombra dorada. De ahí, el tacto de los pies al caminar me traslada al interior de una jaima en una arenosa llanura. La luz de la luna llena sobre las dunas ilumina la mirada que extiendo sobre las montañas sentado, con los pies al aire, en una almena de la torre señera en un antiguo castillo que vi una vez ilustrando un anuncio, en una revista, lo recorté y aquí está colgado en la pared junto al resto de fotografías con las que a diario sueño.

