viernes, 9 de julio de 2010

Vicolo del Puttarello

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Se sientan en las escaleras de la fuente y con la mano hunden la falda entre sus piernas de mármol blanco. Las chicas se miran y sonríen entre ellas, o a sí mismas cuando sacan del bolso un espejito nacarado. El chapoteo del caño sobre el agua acompasa las bromas a las que nadie más está invitado. Las chicas no miran, pero las agujas de su atención tejen tránsitos y gestos. Los chicos, giróvagos de la tarde de los domingos, clavan la vista y no ven nada. Quien se ríe de esta inocencia daría el alma por creer en ella.