Los poemas de Seda torcida se visten con la delicadeza de
las canciones medievales. Los versos parece que se deshagan. En la lectura
cobra cuerpo la seda de su título, no solo la resiliencia cuando se la
retuerce, sino también pervive su sutilidad original. Evanescencia que al mismo
tiempo que se diluye resiste. Igual que en un cancionero, hay poemas
vivaces y poemas que meditan. Unos van trazando el tema; otros, ofrecen el
contrapunto. En los primeros vibra el espacio, en los segundos resuena con
hondura el tiempo. Unos y otros se trenzan en un libro que, sobre todo, acompaña.

