Siete secciones, con siete poemas
cada una, más un poema final conforman este volumen que, de traducirse al
español, se titularía La muerte es un
sonido insoportable. Esta estructura en bloques y la escritura de los
textos como fragmentos in media res que
permanecieran en la memoria de un antiguo poema épico crean un oleaje verbal
que arrastra en la lectura hacia el interior del libro: un feroz entramado de
asuntos alrededor de la angustia: «me he habituado enfermizamente a mi dolor».
Aunque más que desarrollos, la poesía de Eduardo Quina ofrece encarnaciones
temáticas. Recorrido que cierra una estremecedora elegía.

