domingo, 1 de febrero de 2026

Quinto libro de odas (1)



Le parece poco tal vez la arena prosaica del sendero y con un giro de riendas conduce al precioso alazán, cuyo sudor brilla con los rayos que la arboleda filtra, hacia la vegetación que crece pletórica en los márgenes. Espoleado por las botas del jinete, sus pezuñas pisotean plantas y flores, arranca pedazos de tierra tierna que se esparcen por la verdura ensortijados de raíces, asusta a flemáticos insectos que de repente huyen como disparos. Dicen que, enamorado, visita a la hija del vigilante del pantano, sin faltar ni un día. Si no rechaza pronto al pretendiente, arrasa nuestro paisaje.