Los once relatos de Ketty Blanco Zaldivar (1984) presentan un singular ajuste de tono y lenguaje literarios en cada pieza, que, por su parte, desarrolla un jirón narrativo donde se resquebraja el mundo de su protagonista, en una historia que no busca un remante moralizante, sino desviar la atención hacia las minucias del proceso. Los cuentos presentan una combinación de intereses temáticos compleja, en tres planos (el desmoronamiento personal, la relación con la madre y la decrepitud urbana del contexto), a los que cabría añadir el de construir un significado común por encima del relato, como en las buenas novelas.