martes, 23 de junio de 2026

52 Miradas



La primera vez que oí el leve estrépito de un objeto metálico chocando contra las baldosas me alarmé. Pronto supe identificarlo. Es el dedal que usaba si cosía. Cada noche lo deja caer en cuanto sitúo mi sombra en el interior de la reja que custodia su ventana. Su saludo y el mío. A partir de él, aprendo a distinguir el crujido de los patrones, el rumor de las telas al desplegarse, el chasquido de las tijeras, el silbido al rasgarlas, el susurro de la aguja en el pespunte. Me habla cada uno de los sonidos que conforman su silencio.