martes, 1 de marzo de 2022

1 | Azul de azules | 1



El agua tiene el hábito de huir. Ahonda caminos en la arena para irse y cuando aumentan se les llama corriente. También aparece, por sorpresa, con la lluvia. Y se divierte, traviesa criatura, entre dobleces del impermeable. El estanque tiene por costumbre, al contrario, quedarse. Ambos son impulsos que permiten que la vida respire: lo que se va, lo que se queda. Existen partidarios de una o de otra opción, yo prefiero ser devoto de ambas. De aquello que el río tiene de permanente en su cauce, y de lo que la alberca posee de fugaz, cuando se ha crecido.